4.1 Las categorías como ruta que posibilitan llegar al objetivo planteado Para dar inicio a este capítulo quiero aclarar que expongo cinco categorías las cuales
4.1.5 Del pensamiento sensible a la actitud estética.
el pensamiento es como una piedra arrojada al aire: la piedra tiene forma y peso; es materia, existe concretamente en su vuelo, pesa. La energía que la mueve, que la lleva a vencer en su lucha con la atmosfera logrando que se oponga a la gravedad, esa es inmaterial. El objeto que vuela es materia, pero el acto de volar es inmaterial. Podemos con las manos, atrapar la piedra, jamás el vuelo
74 “El acto de pensar con palabras empieza en las sensaciones” (Boal, 2016, p.31),
sensaciones que se van configurando de acuerdo a las experiencias previas que han ido
constituyendo nuestra historia de vida, sentimos y en ese sentir expresamos, “Tenemos que estar de acuerdo: ¡los sentidos tienen sentido! No son meras sensaciones que se borran con el tiempo: tienen sentidos y direcciones!” (Boal, 2016, p.31).
El plantear las anteriores categorías me permiten llegar a esta última que propongo como objetivo general en mi proyecto investigativo, en el cual planteo el sentido estético como un compromiso con los elementos del mundo, los sujetos, los objetos y los contextos con los cuales nos cruzamos en la acción pedagógica y en el relacionamiento cotidiano con los demás y lo demás. Pero como llegamos a comprometernos con ello, cuando se nos ha enquistado una cultura de la violencia que naturaliza y legitima el ejercicio de la violencia, cuando evidenciaba los golpes que tenían los jóvenes cuando fueron golpeados por agentes de la policía o algunos funcionarios de la institución, me enfrentaba con una paradoja que me generaba frustración frente a las posibilidades de cambio de los jóvenes, ¿Cómo podía promover la desnaturalización de la violencia cuando ella estaba siendo ejercida incluso por quienes trabajaban en el centro privativo de la libertad, no se suponía que somos garantes de derechos?. Encontrar el fenómeno en medio de todo no fue el problema, estuvo tan presente como lo estuvo mi indignación e impotencia frente a las situaciones que ocurrían, recuerdo un día en que los jóvenes realizaron un desorden institucional, los más pesados se armaron con cuchillos de fabricación artesanal y salieron corriendo hacia el muro, mientras los demás encerrados en las secciones empezaron a romper los vidrios y a gritar, yo me encontraba llevando a un joven al área de salud ya que estaba enfermo de las amígdalas, desde allí se escuchaba el alboroto y como la cosa ya se había puesto muy caliente, mis compañeras y yo nos tuvimos que encerrar en la oficina de deportes, desde ahí
75 escuche que entraron los sijinetos y el alboroto que se escuchaba había cambiado su tono, ya no eran los gritos del desorden institucional, eran los gritos por los palazos que estaban recibiendo “los cuerpos desobedientes”.
La emoción sobre lo percibido determina el significado que se le asigna, así como al significado de toda acción (Lizarralde, s.f, p.2), por tanto generar una actitud estética en un escenario hostil como lo es el contexto privativo de la libertad al que se sumaban las dinámicas delictivas que traían los jóvenes antes de su ingreso a la unidad, implicaron un reto que debía sumarse desde mi acción pedagógica hacia la población, por tanto la
Estética social que comprende el resultado de la formación de una serie de actitudes sensibles ante las relaciones sociales, pues los preceptos y disposiciones sensibles que se constituyen y aprenden en la interacción con los otros, llevan a definir la postura ética de los sujetos; de hecho lo que posibilita las decisiones frente a acciones como matar o no matar, excluir o incluir, obligar o negociar, doblegarse o rebelarse, no es el resultado de una argumentación racional, sino la consecuencia de nuestra emoción frente a ello, es el resultado de una actitud sensible, de cómo percibimos y significamos al otro. (Lizarralde, s.f, p.3-4)
Durante mi experiencia en la institución escuchaba profesionales que referían “bien
hecho, que les den palo pa que afinen” y en muchos casos justificaban las acciones disruptivas que cometían las figuras de autoridad argumentando que los jóvenes tenían que ser golpeados para ser controlados, de esta manera se armaba una cadena de terror que reproducía las lógicas de violencia de padres que golpearon a sus hijos, hijos que golpearon a sus compañeros, hijos que fueron golpeados en el escenario privativo no solo con los golpes sino con impunidad y omisión.
76 De acuerdo con lo que afirma Lizarralde, los jóvenes significan y se expresan según sus experiencias y la manera en cómo se relacionan con ellos, planteo entonces promover el
pensamiento sensible para crear el “espacio de exploración de experiencia y sensibilidad para que algo nuevo podamos ver y plantearnos como sentido educativo” (Contreras, 2016), el
pensamiento sensible se forja no solo en la palabra, sino en el sentido y con el sentido que brindo a los jóvenes un reconocimiento de sus capacidades no solo cognitivas y de transformación, sino sensibles, son sujetos sensibles, que sienten aunque no quisieron demostrarlo, que lloran, que sufren y se escudan en identidades que hacen parte de los imaginarios maléficos para hacerse ver más fuertes; pero cuando se generaban los espacios de diálogo tanto los jóvenes como yo en mi rol no solo pedagógico sino como ser humano, “necesitábamos otro tiempo y de un tiempo otro (…) otro espacio y de un espacio otro” (Skliar, 2002, p.87) y escapábamos en medio del
lenguajera para viajar por la memoria que evocaba los recuerdos tristes y alegres de los jóvenes, para evocar los sueños y proyecciones que desearon tener fuera del marco delictivo y disruptivo, para evocar la desesperanza que los perseguía y la esperanza que los impulsaba y era motivada principalmente por sus familias, sabían que vivimos en un mundo injusto, en un país corrupto, sabían el daño que habían cometido a la sociedad, a sus familias y así mismos.
Cuando propongo esta categoría no la propongo solamente como un objetivo que tenga que ser cumplido con los jóvenes en conflicto con la ley, se trata de identificar desde nuestro rol pedagógico las capacidades sensibles de los individuos y los factores que las limitan, cuando relato cada uno de los acontecimientos violentos que se suscitaron, quiero expresar las razones por las cuales en cierto modo los jóvenes significan de la manera en que significan al otro, ya sea invisibilizandolo, insignificandolo o transgrediéndolo. El pensamiento sensible surge cuando reconocemos aquellas causas disruptivas que acontecen en las acciones de todos aquellos que
77 configuran el escenario de los jóvenes incluyéndome, por tanto cuando tengo la capacidad de pensar sensiblemente frente a los históricos de vida, frente al fenómeno de violencia que se presenta en el escenario privativo de la libertad, tengo entonces la capacidad de plantearme una actitud estética y comprometida que me permita “revelar lo que habitualmente no se ve, no se oye, no se espera,” (Grenne, 2005, p.51) y parafraseando a Maxine Green (2005), desde una percepción, sensación e imaginación en relación con conocer, entender y sentir de manera apreciativa, reflexiva y sensible frente a ese o eso otro diferente y diverso.