¿Cómo puede ser que nuestro país tenga una de las tasas más bajas de delincuencia y las prisiones más llenas del continente? Por las leyes estúpidas. Desde que se aprobó el carné por puntos mucha gente inocente ha entrado en la cárcel. Si nos miramos la nota de prensa del Instituto Nacional de Estadística de 2011[152] nos dice que: “los delitos contra la seguridad vial supusieron el 42,1% del total de delitos inscritos. Las penas más frecuentes fueron las de prisión y multa”. Estamos saturando los juzgados y las cárceles.
Y es que algunas leyes se hacen con el único fin de ganar votos o dar propaganda al partido del Gobierno. Eso es lo que ocurrió con la ley contra el maltrato. Los jueces se quejaron que estaba redactada con tanta prisa y tan mal que costaba interpretarla correctamente. Daba lugar a la interpretación personal y algo así en temas de justicia no es muy bueno que digamos. Claro que también podemos pensar que la ley era necesaria, ¿verdad? Es una ley absurda que otorga más derechos a un grupo respecto a otros, esto
es, nos hace diferentes ante la ley. Y si la ley es discrecional caemos en su máxima contradicción ya que se dedicará a crear injusticias en lugar de eliminarlas. Oiga, maltratar está mal, da igual que sea a niños, mujeres, retrasados mentales, hombres de negocios, enfermeros, abogados u hombres en general. No necesitamos hacer una ley específica para cada “colectivo”. Simplemente el inicio de la violencia unilateral contra otras personas no se puede permitir, punto. En este sentido un rotativo regional de Madrid entrevistó a Mercedes Patón, letrada especializada en temas legales de maltrato. La periodista preguntó a la especialista si los hombres y las mujeres somos iguales ante la ley con este nuevo mandato. Platón respondió:
“En absoluto, y las diferencias de trato están generando más violencia. Eso provoca, además, que los temas civiles se están viendo en los juzgados de violencia de género, que no tienen experiencia en derecho de familia y se están saturando”[153].
Y las cosas son peores cuando el Gobierno pone por encima los derechos de los niños a los de sus padres. Por ejemplo, recientemente en Alemania un chiquillo denunció a su madre porque ésta le “obligó” a ayuda en casa[154]. Cuando la policía pidió explicaciones a la señora, ésta dijo que solo le había dicho que recogiera lo que él mismo desordenó. También afirmó que su hijo siempre le amenazaba con denunciarla por "trabajos forzados". Bueno, el sistema judicial ha conseguido que los niños sean expertos en leyes ahora.
Aquí en España unos padres fueron detenidos por la Guardia Civil porque su hija, de 16 años, les denunció por no dejarla salir de fiesta[155]. La policía, acatando el Código Penal, consideró que tal acto era una conducta delictiva y pasaron el caso a la Fiscalía de Menores. La niña simplemente estaba castigada, pero a la ley no le gusto. Mucho ojo la próxima vez que castigue a su hijo porque puede acabar en prisión. Tal vez pensará que son casos aislados, pero no es así. De hecho, cada vez son más frecuentes estos escandalosos asuntos en la prensa.
Podemos ir más allá aún. En España hay más de 22.000 casos anuales por tráfico de droga. ¿Bueno, y si legalizamos las drogas? Reflexionemos, un vendedor de droga y su consumidor no hacen más daño que el que vende licor o tabaco, o el que los consume. Cada uno es libre de ser adicto a lo que le dé la gana mientras no cause daño al resto. Las prisiones españolas están repletas de personas que solo vendían y compraban droga. La droga no crea la violencia, la violencia la crea su prohibición. La Guerra Contra Las Drogas no ha significado eliminar su venta, al revés. Vaya a la puerta de cualquier discoteca y tendrá tanta variedad como diversidad tiene un supermercado en quesos. Prohibir las drogas ha causado que no sepamos su calidad, ni que tengan certificado, ni sepamos la pureza, ni lo que contienen, ni siquiera lo que estamos comprando realmente.
Nuestro país vecino, Portugal, abolió los castigos penales por posesión de drogas. Diez años después el número de adictos disminuyó. Es más, ¡el consumo en Portugal es uno de los más bajos de Europa! El abogado estadounidense Glenn Greenwald hizo un estudio sobre este caso[156]. No solo había bajado el consumo, sino que se reportaron menos casos de SIDA en el periodo. Productos como el cannabis, heroína, cocaína, éxtasis… disminuyeron su consumo casi a la mitad. Incluso las muertes por sobredosis se redujeron más de un cincuenta por ciento. Muchos países de América Latina, ante la violencia que causa la Guerra Contra Las Drogas, se están planteando legalizarla. Personas tan “moderadas” como Felipe González[157] y Kofi Annan[158] han hecho un llamamiento para despenalizar las drogas. No solo acabaríamos con la violencia que provoca la prohibición, las enfermedades, la cantidad de adictos… sino que liberaríamos a la justicia de procesos y a las cárceles de sobrepoblación. Y es que es injusto que se encarcele a alguien por comerciar sin que haya cometido delito de sangre o agresión.
Antes la justicia se aplicaba solo a los malos chicos que dañan a otros y sus propiedades, pero la aparición del relativismo moral y el derecho positivo han llevado a que el objetivo de la ley sea crear a ciudadanos modélicos mediante mandatos burocráticos. Y este sistema solo nos ha llevado a saturar la justicia, crear un estado policial, y abarrotar las cárceles. No tiene sentido que estemos enviando a la cárcel a ciudadanos que no han cometido delitos contra la propiedad ni vida de otras personas con el simple lema de “hacer un mundo mejor”. Como al Gobierno le dé por perfeccionar mucho más nuestra sociedad al final acabaremos todos entre rejas.