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10 Democracia imperialista y democracia colonial.

Para el SU hay más democracia obrera en los regímenes burgueses que en los actuales estados obreros. Es así como nos dicen, recordémoslo de nuevo, que el control por parte del partido único “.. signifi ca de hecho limitar y no

extender (subrayado en el original) los derechos democráticos del proletariado

comparados con los que gozaban en la democracia burguesa” (SU, 1977)62. Pero

¿a qué democracia burguesa se refi ere el SU? Si es a la del siglo XIX, ésta no daba el voto a los trabajadores y a las mujeres, ni permitía la existencia de sindicatos legales. Si se refi ere a las de este siglo, se olvida de decir que es una democracia imperialista. No es casual que esto ocurra. Los ideólogos de la burguesía siempre han hablado de democracia en general para oponerla a la dictadura en general.

Han acompañado su argumentación con un planteamiento idéntico al del SU: toman en consideración el régimen interno democrático del país imperialista y lo relacionan con los regímenes de los estados obreros o de los países atrasados. Fue lo que ocurrió en la polémica entre reformistas y revolucionarios sobre Abd-EI- Krin. Los Primeros sostenían que el régimen francés era democrático y civilizado y el del dirigente marroquí, feudal y bárbaro, comparando el régimen interno francés y el del nacionalista árabe. Lo mismo hicieron los ideólogos yanquis en relación con el peronismo: Estados Unidos era la democracia, el Peronismo, el fascismo.

Este razonamiento es falso, pro imperialista desde su base. No se puede, ni se debe tomar como punto de partida la comparación de regímenes nacionales, Porque justamente el imperialismo es un régimen internacional y no nacional. Al imperialismo norteamericano no se lo puede defi nir por el régimen interno (el existente en Estados Unidos), sino por el régimen de conjunto, mundial, de dominio, del cual el régimen interno americano es sólo su parte privilegiada. Parte del régimen imperialista yanqui son los regímenes de Pinochet, Somoza o del Sha de Irán. Tornando el régimen imperialista yanqui en su conjunto, con todos los Shas que lo integran, cualquier estado obrero, por burocrático o totalitario que sea, signifi ca una colosal extensión y no limitación “de los derechos democráticos del proletariado comparados con los que gozan en la democracia burguesa”, imperialista. Porque la mayor parte de los obreros y campesinos de ese régimen democrático imperialista, los centenares de millones de trabajadores iraníes, brasileños, chilenos, fi lipinos no tienen prácticamente ninguna libertad democrática para su clase, en oposición al proletariado ruso o chino.

Con respecto a las libertades democráticas del propio proletariado metropolitano, también hay mucho que decir y discutir. Que lo digan los obreros portugueses o argelinos de Francia, los chicanos indocumentados de Estados Unidos, los turcos de Alemania, los desocupados, los viejos jubilados o sin jubilación, la baja cuota de sindicalización y de organización, las minorías, etc.

Al negarse a defi nir la democracia burguesa como imperialista, siguiendo en esto a los ideólogos burgueses, el SU no la denuncia como poseedora del mismo contenido que la de los esclavistas; en este caso, democracia para unos pocos países que explotan a otros muchos, todo el mundo colonial y semicolonial. Esto le impide al SU, cuando resuelve combatir la democracia burguesa, el darnos un programa efi caz y revolucionario para enfrentarla.

Decimos esto porque el documento jamás habla de la lucha antiimperialista que comienza por desenmascarar al imperialismo del propio país, por poner al descubierto el carácter colonial de cada democracia burguesa. Esa batalla no se ganará tratando de determinar quien da mas democracia, como dice el SU, sino combatiendo al imperialismo en el punto en que demuestra su carácter totalitario

y represor; es decir, luchando por defender a las semicolonias y las nacionalidades oprimidas dentro del propio país imperialista. Y es justamente la forma mas efectiva de luchar por la erradicación de los prejuicios democrático burgueses y de combatir a la socialdemocracia, a los eurocomunistas y a las burocracias reformistas.

Esta vía, práctica, movilizadora, es la que defendemos contra la de Mandel, meramente polémica. Una de las formas más contundentes de desenmascarar ante las masas a la democracia imperialista, es oponerle las consignas más avanzadas de la democracia burguesa que el imperialismo no puede conceder. Hay que defender sistemáticamente el derecho a la autodeterminación nacional de los pueblos sojuzgados por él y de las nacionalidades oprimidas dentro de los países imperialistas, con todas las consecuencias tácticas transicionales que estas grandes consignas cobijan.

Por otro lado, la dictadura revolucionaria del proletariado en los países atrasados, coloniales y semicoloniales podrá o no adquirir características soviéticas, pero sólo llegará al triunfo si levanta las banderas de la liberación nacional, y en los más atrasados, el de la revolución agraria, es decir, si se toman las reivindicaciones del pueblo en su conjunto. No es una cuestión de la forma soviética de la dictadura, sino del contenido de las tareas de esta dictadura revolucionaria del proletariado. La resolución trata de demostrar que ésta tendrá prácticamente la misma forma y contenido en la mayor parte de los países adelantados y atrasados, sin señalar las profundas diferencias de contenido de estas dos dictaduras revolucionarias. La primera dictadura revolucionaria del proletariado que triunfe en los países adelantados tendrá que asentarse en una movilización antiimperialista permanente, de desenmascaramiento de su propio imperialismo y de lucha por el derecho a la autodeterminación de las naciones que oprime su imperialismo.

Por otro lado, la dictadura revolucionaria del proletariado en los países atrasados tendrá que tener como eje la lucha contra el imperialismo opresor. Decimos todo esto porque las tesis ocultan bajo siete llaves esta línea maestra y fundamental del trotskismo. Es imprescindible impedir que se repita el grave error del SWP de los Estados Unidos. Este levantó, junto con La Gauche, el periódico de la sección belga, una feroz y sistemática campaña contra el gobierno de Salvador Allende, diciendo que era la mejor variante del imperialismo y haciéndolo centro principal de sus ataques, en vez de atacar centralmente al imperialismo yanqui, señalando que éste tenía contradicciones con Allende y que nosotros teníamos que defender a Chile de la agresión y del golpe que preparaba la CIA. Esta vergonzosa historia, esta mancha en la trayectoria de nuestra Internacional, no se debe repetir nunca más. Pero tanto las resoluciones que criticamos como las declaraciones del tipo de las del compañero Mandel, preparan nuevos desastres respecto a esta política de preparación de la dictadura revolucionaria del proletariado.

La denuncia debe ser en primer lugar, contra el propio imperialismo, como la mejor forma de combatir los prejuicios democrático burgueses.

IV.- ¿QUIÉN TOMA EL PODER

Y PARA QUE?

1.- Normas e instituciones versus movilización permanente.

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