CAPÍTULO TERCERO AMOR NATURAL Y AMOR SENSITIVO
I- Dentro de las funciones preparativas para la actividad del entendimiento, encontramos también dos órdenes:
1)- aquellas funciones de la cogitativa que preparan para la abstracción del concepto simple,
2)- aquellas que preparan para la captación del concepto complejo, es decir, del juicio.
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“Socrates, et filius Diaris, et amicus et alia huiusmodi: quae per se cognoscuntur in universali intellectu; in particulare autem in virtute cogitativa in homine, aestimativa autem in aliis animalibus”. In IV Sent., d.49, q.2, a.2.
En las funciones del primer modo (1) existen dos posibilidades de acción de la cogitativa:
a) Que la cogitativa prepare la imagen con anterioridad a todo concepto y a toda operación del entendimiento.
Esto significaría que la cogitativa es capaz de captar ‘algo sensible’ en la imagen, una cierta unidad sensible que no viene dada por la presencia del concepto. Aquello sensible supondría ciertamente la existencia de una multiplicidad de percepciones, pero la cogitativa sería capaz de compararlas porque capta en esa pluralidad algo común, sensible, que no pueden captar los sentidos externos ni la imaginación. Este algo común a múltiples imágenes no sería todavía el universal abstracto, sino la intentio individualis. La unidad que, en este caso, guiaría el trabajo de la cogitativa para la preparación de la imagen (sobre la cual el intelecto podrá abstraer el concepto simple) sería la unidad de la ‘intención individual’ y no la de la intención universal.
¿Qué es, entonces, propiamente la ‘intención individual’? ¿Cómo es posible que un sentido pueda captar una unidad sensible no captada por el sentido exterior? ¿Cómo es posible que se pueda establecer una comparación de imágenes sobre una unidad que la imaginación no puede captar, pero que tampoco es objeto del entendimiento? La existencia de una actividad cogitativa previa a toda intervención actual del entendimiento es una posibilidad discutible, difícil de discernir, plena de cuestionamientos.
Ahora bien, si se acepta que la cogitativa interviene en la preparación de la imagen prescindiendo de la guía del concepto, todavía cabe preguntarse si esta intervención de la cogitativa se precisa para la abstracción de todo concepto simple o sólo de algunos.
Si decimos que se requiere para la formación de todo concepto simple (es decir, para toda simple aprehensión), entonces la cogitativa interviene en la preparación de la imagen para los primeros conceptos del entendimiento (ente, uno,...). Esto podría significar dos cosas: una, que la imagen de la cual el intelecto abstrae sus primeros conceptos supone una anterior comparación de múltiples imágenes, puesto que la actividad de la cogitativa importa cierta collatio; o la otra, que la actividad de la cogitativa no siempre implique una collatio de impresiones sensibles, sino que en una única imagen pueda la cogitativa captar ya la ‘intentio individualis’, y según ella organizar la imagen para la abstracción.
Si, por el contrario, afirmamos que interviene en la formación de la imagen para la abstracción de sólo algunos conceptos ¿cuál es criterio que nos permite saber en cuáles interviene y en cuáles no? Seguramente deberá decirse que debe intervenir en la formación de aquellos conceptos simples que significan o suponen algún tipo de relación de unos entes con otros, como los mismos conceptos de relación (hijo de..., padre de...).
b) La segunda opción es que la cogitativa prepare la imagen con posterioridad a algunos conceptos universales, y bajo la guía de éstos.
Esta segunda posibilidad parece más factible. Significaría que el entendimiento puede abstraer los primeros conceptos a partir de pocas imágenes o de una única imagen, actuando sólo la imaginación y no la cogitativa en la formación de tales imágenes. Formados estos primeros conceptos, la cogitativa vendría a intervenir en la formación de imágenes posteriores, puesto que tiene ya una unidad que le permita establecer comparación entre ellas.
Sin embargo, esta hipótesis no deja de implicar algunas contradicciones: ¿la cogitativa puede conocer el universal? Sólo el entendimiento conoce el universal y, por tanto, pudiendo llegar éste a la imagen mediante la conversio, debería decirse que sólo el entendimiento puede comparar singulares a la luz del universal abstracto. La comparación de la cogitativa debería darse bajo la guía de una unidad inferior: la intentio individualis.
En las funciones del modo dos (2), es decir, aquellas que preparan la imagen para la captación del concepto complejo (o juicio), la actividad propia de la cogitativa se presenta con más claridad. Puesto que se trata de preparar la imagen que permitirá al entendimiento establecer la relación entre dos conceptos es evidente que la actividad de la cogitativa se encuentra precedida por la existencia de los conceptos o términos simples del juicio, previamente abstraído. En este caso la función cogitativa se encontrará ordenada a comparar imágenes y recuerdos sensibles y organizarlos bajo conceptos ya existentes en el intelecto.
Esta organización de las imágenes comparadas entre sí por la cogitativa constituye la llamada experiencia (experimentum). Sobre la base de la experiencia (originada por muchos recuerdos de lo mismo), el entendimiento está en condiciones de abstraer los principios de las ciencias. Tales principios son juicios, pero no al modo de los juicios particulares (de los que trataremos después y en los cuales simplemente se aplica el universal al particular), sino que se trata de juicios universales y necesarios, no demostrados, sino inducidos de la experiencia. El Doctor Angélico habla claramente de la intervención de la cogitativa en la preparación de la experiencia necesaria para realizar la inducción de los principios primeros.
Sin embargo, la cogitativa no interviene en la inducción de todo principio, como veremos más adelante, sino sólo en la de los principios naturales. Para la inducción de los primeros principios lógicos y de los matemáticos basta la intervención de la imaginación.
II- Existe un segundo orden de funciones de la cogitativa, más evidente y claro; se trata de las funciones que van ‘desde la inteligencia hacia la imagen del singular’, es decir, se trata todas aquellas funciones que permiten a la razón el aplicar el universal en los casos particulares. Las llamaremos funciones de singularización del universal. Decimos que estas funciones van desde la razón hacia el particular porque todas suponen la existencia del concepto universal, simple o complejo, y la actividad de la inteligencia que, mediante la cogitativa,
reconoce el universal en los individuos. Estas funciones pueden dividirse en 4 clases:
1)- La conversio ad phantasmata.
2)- La enunciación de juicios particulares.
3)- El desarrollo de los silogismos con conclusiones particulares.
4)- El gobierno de la razón sobre los apetitos inferiores (concupiscible e irascible). Esta última función es la consecuencia más inmediata de las actividades anteriores, pues, la cogitativa permite dicho gobierno gracias a su intervención en la singularización de los conceptos universales, principalmente por la formación de los juicios particulares y en el desarrollo del silogismo práctico.
Hemos clasificado las funciones de la cogitativa, según la dirección de la actividad, en dos grandes grupos: funciones preparativas del universal y funciones aplicativas del universal en el particular. También hemos señalado que la posibilidad de una función preparativa de la imagen para abstraer el concepto simple supone serias objeciones; en realidad, entendemos que éste es el núcleo de las más duras controversias que se han dado respecto a la existencia y actividad propias de la cogitativa. Daremos, pues, una explicación del problema con un poco más de detalle.
3. 2. 1. Preparación de la imagen para la abstracción del concepto simple.
“Lo singular es sentido propiamente y per se, pero también es sentido, en cierto modo, el universal; pues (el sentido) conoce a Calias no sólo en cuanto es Calias, sino también en cuanto es ‘este hombre’, y lo mismo a Sócrates en cuanto es ‘este hombre’. Y por esto, a partir de esta preexistente captación del sentido, el alma intelectiva puede considerar al hombre en ambos (individuos). Pero si sucediese que el sentido sólo aprehendiera aquello que pertenece a la particularidad, y de ninguna manera aprehendiese, junto con esto, la naturaleza universal en el particular, entonces no sería posible que se produjese en nosotros el conocimiento del universal a partir de la aprehensión del sentido”110.
“Pertenece a la facultad cogitativa el distinguir las intenciones individuales y compararlas mutuamente, así como el intelecto separado e inmixto, compara y
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“Singulare sentitur propie et per se, sed tamen sensus est quodammodo etiam ipsius universalis. Cognoscit enim Calliam non solum in quantum est Callias, sed etiam in quantum est hic homo. Et similiter Socratem in quantum est hic homo. Et exinde est quod tali acceptione sensus praeexistente, anima intellectiva potest considerare hominem in utroque. Si autem ita esset quod sensus apprehenderet solum id quod est particularitatis, et nullo modo cum hoc apprehenderet universalem naturam in particulari, non esset possibile quod ex apprehensione sensus causaretur in nobis cognitio universalis”. In II Post. Anal., lec. 20, n. 595
distingue entre las intenciones individuales, y porque por tal facultad, junto con la imaginación y la memoria, se preparan las imágenes para que reciban la acción del entendimiento agente, por el cual se hacen inteligibles en acto, por eso, la anterior facultad recibe el nombre de intelecto y de razón, de la cual dicen los médicos que tiene sede en la parte media de la cabeza. Y según la disposición de esta facultad difiere un hombre de otro en el ingenio y en otras cualidades para la intelección, y por el uso de aquella y por el ejercicio, adquiere el hombre el hábito de la ciencia”111.
¿Qué quiere decir que la cogitativa, junto con la memoria y la imaginación, prepara las imágenes para que éstas reciban la acción del entendimiento agente? ¿A qué acción del entendimiento agente se refiere? Evidentemente a la iluminación del entendimiento agente por la cual éste separa lo universal del singular material y actualiza al entendimiento posible para que éste forme el concepto. Ahora bien, por la iluminación del entendimiento agente y la separación del universal, el entendimiento posible puede realizar dos modos de operación y, por tanto, puede formar dos tipos de concepto: o el concepto simple a partir de la simple aprehensión de una esencia o la proposición o juicio, operación de composición o división. En el caso del juicio se requiere una comparación de términos, no es así en el caso de la captación de las esencias de las cosas, pues el concepto formado por simple aprehensión es efectivamente simple, absoluto. ¿La cogitativa prepara la imagen que precede a la simple aprehensión o sólo a la formación del juicio?
La acción de la cogitativa supone cierta collatio, cierta comparación de múltiples imágenes o percepciones semejantes, destacando o considerando un aspecto común a todas. Esta comparación de lo múltiple con referencia a algo uno no parece contraria a la formación del juicio, puesto que este supone la comparación o relación de términos: ciertamente en el juicio incluimos lo menos universal en lo más universal, y en este sentido, unificamos bajo un término
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“Huius cogitativae virtutis est distinguere intentiones individuales, et comparare eas ad invicem: sicut intellectus, qui est separatus et immixtus comparat et distinguit inter intentiones universales; et quia per hanc virtutem simul cum imaginativa et memorativa praeparantur phantasmata ut recipiant actionem intellectus agentis, a quo fiunt intelligibilia actu;... ideo praedicta virtus vocatur nomine intellectus et rationis, de qua medic dicunt quod habent sedem in media cellula capitis: et secundum dispositionem huius virtutis differt homo unus ab alio in ingenio et in aliis quae pertinent ad intelligendum, et per usum huius et exercitium acquirit homo habitum scientiae”. Cont. Gentes, II, 60.
Este pasaje es parte de un argumento averroísta mediante el cual pretende demostrarse que el hombre recibe su especie no del entendimiento paciente, sino del intelecto pasivo o cogitativa. El Doctor Angélico rechaza la argumentación alegando que cada operación manifiesta la existencia de un principio de tal operación a modo de acto primero; por tanto, que si el hombre puede ‘entender’ existe en el principio de intelección (que no puede ser la cogitativa) sino el entendimiento paciente, que es lo propio del hombre y aquello de donde se toma su especie. Sin embargo, a través de toda su argumentación no rechaza en ningún momento que la función de la cogitativa sea la asignada por el razonamiento averroísta; se limita a señalar que la cogitativa no puede realizar el acto de intelección porque éste es ‘inmaterial, impasible e inmixto’. Cfr. Summa Theol., qq.73, 80, 81.
común. Más aún, el juicio intelectual supone ya la aprehensión de conceptos universales simples; por tanto, cuando la cogitativa interviene para la formación de los juicios (específicamente para la formación de los juicios particulares y para la inducción de los principios de las ciencias) se supone ya la previa existencia de conceptos universales en el entendimiento. Puede entenderse que estos mismos universales ya concebidos son la guía y la luz de la cogitativa, la medida por la cual puede unificar múltiples imágenes guardadas en la memoria. Hasta aquí se entiende perfectamente que la cogitativa prepare ciertas imágenes para la iluminación del entendimiento agente, pero esta preparación presupone ya la previa existencia de universales abstraídos por el entendimiento y que la cogitativa aplica sobre la experiencia sensible para poder reconocer: ‘esto (coloreado y que veo) es un hombre’.
La preparación de la imagen para el juicio del intelecto va desde la percepción sensible preparada por la cogitativa hacia la concepción del entendimiento posible mediante la iluminación del entendimiento agente112. Sin embargo, esta orientación del proceso para formar el juicio, debe estar precedida por la formación del concepto simple, del universal, que dirija la acción unificadora de la cogitativa. Es decir, previa a la acción preparatoria de la imagen para el juicio, se da una acción de dirección contraria: desde el entendimiento (que ya posee el universal) hacia la cogitativa, iluminando aquél la acción de ésta.
La pregunta es la siguiente: ¿se precisa la acción de la cogitativa para la abstracción del concepto simple mediante la iluminación del entendimiento agente? A primera vista esto parece querer decir el Doctor Angélico al afirmar que la imagen es preparada por la acción de la imaginación, de la memoria y de la cogitativa. Sin embargo, una respuesta afirmativa comporta varias y serias objeciones, algunas de las cuales ya hemos esbozado:
1- La actividad de la cogitativa es cierta collatio. Si la preparación de la imagen para la abstracción requiere de la cogitativa, entonces la abstracción implicaría una comparación o collatio previa a la actividad del entendimiento. La acción del entendimiento requeriría multiplicidad de imágenes, y la unificación de ellas ¿de dónde provendría tal unificación, puesto que el universal aún no está formado? Debería suponerse que la cogitativa es capaz de captar algo común previo a la actividad del entendimiento. Además, el intelecto no podría abstraer de una imagen única, sino que sería preciso cierta repetición de cosas semejantes para poder formar el concepto simple.
2- Si el entendimiento es capaz de captar el universal en el particular material por virtud de la cogitativa, esto supone que la misma cogitativa puede percibir, de algún modo, lo universal en el singular. Ahora bien, si la cogitativa interviene en la preparación de la imagen desde donde se forma el concepto simple, entonces previamente a la formación del universal debería suponerse que la cogitativa ya ha captado, de algún modo, el universal. Consecuencia de una afirmación semejante sería que el entendimiento no ejecuta una operación más
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El resultado es un juicio universal y necesario: el juicio particular y contingente supone la dirección inversa.
inmaterial que la del sentido, lo único que hace es separar lo que el sentido ya ha conocido. Si el sentido ya conoce lo que el entendimiento separa (a saber, el universal), entonces, o el sentido es absolutamente espiritual (lo cual no es cierto, porque es acto de un órgano), o el entendimiento no realiza una operación más inmaterial que el sentido, y entonces estamos arriesgando la espiritualidad del alma.
A pesar de tan serias objeciones, no por ello debemos negar tan rápidamente la capacidad de la cogitativa para preparar la imagen de la cual será la abstracción. También surgen objeciones si se quita la acción de la cogitativa en la preparación de la imagen:
En primer lugar, ¿por qué se necesita, entonces, la cogitativa para la conversio ad phantasmata, si dicha potencia no ha intervenido en la formación de la imagen? Si el paso hacia la formación del concepto simple ha sido desde la imaginación al intelecto ¿por qué el regreso a lo singular debe requerir algo más que la imagen formada por la imaginación? No olvidemos que en la conversio el entendimiento vuelve sobre su acto y sobre el origen de su acto; pero si la actividad de la cogitativa no está en el origen ¿por qué ha de intervenir este sentido en la conversio?
Además, aunque el entendimiento pueda abstraer de una sola imagen, la formación de esta imagen supone la comparación y unidad de múltiples sensaciones (función del sentido común), cuya impresión retiene la facultad imaginativa. Según algunos autores tomistas (como, por ejemplo, A.Segura y C. Fabro) la preparación completa de la imagen para la abstracción supone la dirección de la cogitativa sobre los demás sentidos internos, pues es ella la que capta las intenciones individuales y así llena de significado sensible a las cosas percibidas. Pareciera que en la formación de una única imagen interviene ya la cogitativa en cuanto puede juzgar de la multiplicidad de sensaciones según algo común y puede realizar una organización secundaria de la imagen113.
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“En la sicología tomista es por la función de la ‘cogitativa’ que se realiza la síntesis sensorial; ella recoge, funda y organiza los datos de la experiencia actual y pasada y puede juzgar sobre todos los sensibles y, en particular, de aquellos per accidens, para los cuales no son suficientes todos los sentidos externos ni tampoco el sentido común (De Verit., q.1, a.11). En pocas palabras, la función de la cogitativa constituye el ápice del conocimiento infrarracional del hombre; ella suministra al intelecto los esquemas, por decirlo así, más actualizados sobre las condiciones de facto de la realidad (phantasmata), de los cuales el intelecto abstrae el universal y por los cuales eso se puede añadir a la reflexión junto a la realidad concreta” FABRO, C. “Percepción y Pensamiento”, EUNSA, 1978, p.222.
FABRO cita la opinión de FERRI, L., adhiriéndose a ella: “Entre la memoria de la sensación o el fantasma y la intelección de la especie está la cogitativa, que mediante una doble operación. o sea la de abstraer los elementos simples y la de unir lo semejante y separar lo distinto, constituye con síntesis de abstractos las especies y los géneros y su jerarquía, y así suministra las especies inteligibles, que recibidas en el entendimiento son entendidas finalmente, o sea , en la visión intelectual vienen a ser consideradas universalmente”. La psicologia di Pietro Pomponazzi, Roma, 1875. B., 56.
Pero si existiese una función preparatoria de la imagen mediante la cogitativa con anterioridad a toda abstracción del entendimiento, esta función supondría que la cogitativa midiese o comparase las diversas imágenes o al menos las diversas sensaciones según algún tipo de unidad sensible, anterior al concepto abstracto y no perceptible por los sentidos externos. Tal unidad tendría que entenderse como una medida de los singulares sentidos. En consecuencia, la acción de la cogitativa no podría reducirse a aplicar el universal sobre el particular, sino que tendría un papel director en la formación de la imagen previa a