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Desaciertos estratégicos

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no hace desaparecer ipso facto la necesidad de inter- venciones de estabilización o de mediación, como lo demuestra Malí.

Afganistán enseñó no que “no habrá jamás tro- pas en el terreno” (para retomar el juicio apresura- do de Hollande), sino, por el contrario, que todas las configuraciones son posibles, con la condición de respetar cuatro principios cardinales. En primer lu- gar, la autonomía en la evaluación de la amenaza: la definición de “terrorismo” no se encuentra ni en los PowerPoint del Pentágono, ni en las novelas de in- vestigación de Bernard-Henri Lévy; en cambio, los libros de historia y de sociología tienen mucho que decir sobre los “terroristas” sahelianos… Luego, la legitimidad: estabilizar no es imponer indefinida- mente su presencia tutelar, so pena de fragilizar al gobierno sostenido ante sus vecinos y su población. En tercer lugar se encuentra la eficacia operacional: la acción militar de primera línea, que debe dispo- ner de medios acordes, debe ser limitada en el tiem- po, una vez obtenido el desbloqueo táctico y opera- tivo, para dar lugar al nuevo juego de los equilibrios políticos locales y regionales, así como a las fuerzas militares autóctonas. Por último, la libertad de ac- ción política: una estrategia de salida debe ser pla- nificada y definida antes del lanzamiento de la ope- ración, y es indispensable asegurarse aliados, con la condición de que sean voluntarios y de que estén convencidos de sus intereses en la zona.

Discurso guerrero

La intervención en Malí, ¿responde a estas caracte- rísticas? En términos de legitimidad, la participación de Francia en la estabilidad de África se basa en ar- gumentos concretos –la proximidad lingüística (4), cultural y geográfica–, mientras que no es el caso en Afganistán. Desde esta óptica, sería un error con- fundir las fechorías condenables del “África france- sa” por una parte y, por otra, la utilidad de acuerdos militares alcanzados con países africanos cuya sobe- ranía –que también pasa por una menor dependencia económica– se respetaría realmente. El Libro Blanco [de Francia] sobre la Defensa y la Seguridad Nacio- nal de 2008, al descuidar por un tiempo a África en favor de la creación de una base en el Golfo, frente a Irán, contradijo lo que se podría llamar el principio de geosubsidiariedad, según el cual el esfuerzo prin- cipal de estabilización o de mediación de una poten- cia dada se ejerce preferentemente en zonas que le importan lógicamente. A largo plazo, China, India y Rusia están más interesadas por Afganistán que Francia. En cambio, Pekín o Washington difícilmen- te podrán explicarle a París las sutilezas del África Occidental, aun cuando la presencia interesada de sus “formadores” en la zona resulta exponencial.

El caso de la política de asistencia militar france- sa en África, por ejemplo con el dispositivo “Epervier” en Chad, es revelador (5). El concepto de Refuerzo de las Capacidades Africanas para el Mantenimiento de acción, corriendo el riesgo de verse desbordado

por la situación local, cuyo desarrollo, por lo gene- ral, no podía controlar.

El 10 de enero de 2013, la ciudad-cerrojo de Kon- na, setecientos kilómetros al nordeste de Bamako, cayó en manos de los combatientes islamistas de Ançar Dine (Defensa del Islam) y de AQMI. Ya nada protegía a la capital malí. Con la Comunidad Eco- nómica de los Estados de África Occidental (CE- DEAO) expectante, la Unión Europea prudente y Estados Unidos dubitativo, sólo quedaban los avio- nes de combate y las tropas francesas. El 11 de enero, se lanzó la operación “Serval”. Tres meses después de haber declarado: “No podemos intervenir en lu- gar de los africanos”, el jefe de Estado francés se vio obligado a contradecirse. Este giro no sólo pone en cuestión la capacidad gubernamental para antici- parse a los hechos. Pone también de manifiesto la urgencia de comprender las formas que pueden to- mar en el futuro, y en diferentes niveles, las opera- ciones llamadas de “estabilización”.

Detrás de las incertidumbres del Elíseo, se en- cuentra obviamente el pantano afgano. Este fra- caso es sobre todo el de una teoría culturalista es- tadounidense, la “contra insurrección con enfoque global”, que amplió demasiado el marco temporal de la “estabilización”, confundiendo modos de acción tácticos con una política, moralizando en exceso los objetivos de la guerra y cerrándose por esa misma razón a cualquier salida digna. Lo cierto es que esta derrota del pensamiento estratégico, que inmovili- zó a cien mil hombres en un teatro de operaciones durante diez años sin un objetivo final alcanzable,

Plan vigipirate. El dispositivo interno de lucha contra el terrorismo que habilita la presencia

de militares fuertemente armados en sitios estratégicos del país fue instaurado en 1995.

© Elena Dijour / Shu

tt er st ock d Arsenal nuclear

(ojivas operativas y en reserva, 2013)

300 250 225 Estados Unidos Francia Rusia China Gran Bretaña 4.650 4.480

3 | UnA bRújULA PARA EL nUEvO mUnDO | dESACiERToS ESTRATéGiCoS

de todo guerrillero. ¿Chocante? Quizás. Pero, después de todo, el Frente de Liberación Nacional (FNL) arge- lino, la figura de Michael Collins en Irlanda, el Ejér- cito de Liberación de Kosovo (UCK), el Irgún israelí y los “talibanes buenos” con los cuales el presidente afgano negociará ineluctablemente después de 2014 procuran elementos útiles de meditación histórica y prospectiva sobre este tema delicado. La eficiencia estratégica sugería pues que el adversario y el obje- tivo sean caracterizados con mayor prudencia, y que el jefe de Estado se refiera más bien al tiempo necesa- rio para que los combatientes irregulares sahelianos más radicales sean rechazados del territorio malí de manera duradera. Este objetivo razonable, una vez al- canzado por “Serval”, dejaría la libertad necesaria pa- ra un acuerdo político entre Bamako, sus apoyos re- gionales y un espectro adverso multifracturado entre antiguos y nuevos combatientes irregulares, trafican- tes oportunistas, desertores del ejército malí, neoyi- hadistas radicalizados por el wahabismo del Golfo e independentistas laicos. ¿Cómo ver claro en ese pan- demonio en reconfiguración permanente, si uno se contenta con calzarse los anteojos deformantes de la “lucha contra el terrorismo global”?

Un objetivo de mediano alcance, más conforme a la confusión de la situación malí, saheliana y nora- fricana, cuadraría por otra parte mejor con las po- sibilidades reales de un ejército francés a punto de sufrir los recortes presupuestarios más drásticos de los últimos diez años. El discurso guerrero del Quai d’Orsay y del Hôtel de Brienne (8) es muy con- fiado. Falta saber si las capacidades militares po- drán mantenerse a largo plazo. ¿De qué manera el próximo Libro Blanco tendrá en cuenta las leccio- nes de “Serval”? No es la menor de todas las cues- tiones que suscita esta intervención. g

1. N. de la R.: en referencia al novelista y político francés André Malraux.

2. De manera reveladora, el primer ministro de Qatar, Hamad Ben Jassim Ben Jaber Al-Thani, criticó el 15 de enero de 2013 la intervención francesa, alegando preferir la vía del “diálogo regional”. Lo mismo hizo el [ex] presidente egipcio Mohamed Morsi. 3. Entrevista del 11-10-12 con los periodistas de France 24, RFI y TV5 Monde.

4. El idioma oficial de la República de Malí es el francés.

5. Este dispositivo, conviene aclararlo, no consistió jamás en “liberar a la mujer chadiana”.

6. François Hollande, discurso en Tulle, 19-1-13.

7. Scott Wilson y Al Kamen, “‘Global war on terror’ is given new name”, The Washington Post, 25-3-09.

8. Sede del Ministerio de Defensa.

*Encargado de investigaciones en el Institut de Stratégie et des Conflits (ISC), París.

Traducción: Florencia Giménez Zapiola la Paz (RECAMP) lo es aun más: formalizado en 1997,

considerado un éxito, fue adaptado a nivel europeo en 2004 (EUROCAMP, en asociación con la Unión Afri- cana). Francia continúa aplicando el RECAMP en el marco de sus relaciones bilaterales con algunos paí- ses africanos favorables al concepto. Estas iniciati- vas no alcanzan a garantizar la solidez de las fuerzas armadas entrenadas (el ejemplo de Malí es patente), pero muestran una parte del nuevo entramado sobre el cual puede desarrollarse en África una política de asistencia sin injerencia a fuerzas armadas amigas, in- cluso para acciones de alta intensidad, frente a grupos irregulares altamente armados.

Este trasfondo de conocimiento mutuo explica en parte que el 19 de enero de 2013, en Abiyán, la cumbre extraordinaria de los líderes de los Estados miem- bros de la CEDEAO haya intentado de manera unáni- me acelerar el despliegue de la Misión Internacional de Apoyo a Malí (MISMA), con el fin de que constitu- ya un apoyo eficaz para las fuerzas malíes y francesas de “Serval”. Nueve países –musulmanes o cristianos, francófonos o anglófonos– prometieron una contri- bución. Chad, Togo, Benín, Senegal, Níger, Guinea, Burkina Faso, Nigeria y Ghana se comprometieron a enviar 3.600 hombres.

En cambio, respecto de la definición del adver- sario –que determina la limitación concreta de los objetivos de la intervención–, el balance es diferen- te. Las declaraciones de Hollande, el 19 de enero de 2013, sosteniendo que Francia se quedaría en el te- rreno “el tiempo necesario para que el terrorismo sea vencido” (6), demuestran una nueva impruden- cia semántica, a lo Sarkozy, podríamos decir. Las palabras tienen un sentido: es chocante que des- pués de haber anunciado que Francia “no se involu- craría”, tres meses más tarde el Elíseo afirme, y sin

pestañear, que ya no fija un límite a su presencia. ¿Volverán los sobresaltos estratégicos? La sor- prendente epifanía malí del simplista eslogan de la “guerra contra el terrorismo” es tanto más per- turbadora cuanto que los propios estadounidenses, promotores de la fórmula, la abandonaron en 2009. Barack Obama hizo notar entonces –nunca es de- masiado tarde– que era una “estupidez [...] hacer la guerra a un modo de acción” olvidando estudiar las causas políticas de los incendios que se pretendían apagar… después de haberlos encendido (7). No se puede vencer al “terrorismo”, de la misma manera que no se erradica la gripe estacional o los chubas- cos de primavera. Sólo se lo puede limitar.

Un modo de acción, por más condenable que sea en lo absoluto, está por definición a disposición teórica

Envuelto en contradicciones, tras largos meses de indecisión,

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