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Desafíos al final de la vida

DESAFÍOS AL COMIENZO Y FIN DE LA VIDA EN LOS ESTADOS UNIDOS

B- Desafíos al final de la vida

De los 2,2 millones de muertes en los Estados Unidos, el 80 por ciento tiene lugar en los centros de salud; en 1,5 millones (aproximadamente 75%) de estos casos, la muerte está precedida por una decisión explícita de interrumpir o no comenzar un tratamiento médico (Kass, 1993). Para muchos, esto significa que la muerte es algo que podemos con- trolar y contradice la noción de que Dios es el autor de la vida y de la muerte.

A continuación enumeramos los enfoques subyacentes a la muerte y al morir:

La vida -y el hecho de que “a las per- sonas buenas le pasan cosas malas”- ya no es un “misterio” que debemos contemplar sino, un “problema” que debemos resolver. A la mayoría de nosotros nos disgusta enfrentarnos con “problemas que no podemos resolver” y hay una tendencia creciente a eliminar el problema lo más rápido posible, inclusive cuando el proble- ma sea otro ser humano. Si una mujer puede abortar un embarazo “inconve- niente” ¿por qué no podría abortar un “anciano” inconveniente que le insume mucho tiempo? La conveniencia y el pla- cer, son prioridades principales…

En lugar de aprender lo que el sufri- miento tiene para enseñarnos cuando perdemos el control, propio o de una persona cercana, debido a nuestro enve- jecimiento, enfermedad o muerte … rechazamos el sufrimiento y luchamos a toda costa para controlar nuestra expe- riencia.

Se percibe entonces un grado de absolutización de la autonomía: lo importante es que las personas sean libres de elegir; no que elijan según lo que es bueno.

En tanto reiterados estudios norteame- ricanos demuestran que muchos no mue- ren bien en los EE.UU. Un estudio nacio- nal reciente (Teno, JAMA, 2004) demos- tró lo siguiente:

Una de cada cuatro personas que murió no recibió suficiente medicación contra el dolor y, en algunos casos, no recibió medicación alguna.

Uno de cada dos pacientes no recibió suficiente apoyo emocional.

Uno de cada cuatro encuestados manifestó preocupación por la comuni- cación con los profesionales de la medi- cina y por las opciones de tratamientos.

El veintiuno por ciento se quejó de que la persona moribunda no siempre recibía un trato respetuoso.

Uno de cada tres encuestados expre- só que los miembros de la familia no recibieron suficiente apoyo emocional.

Aún no se ha investigado si se identi-

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fican y satisfacen las necesidades espiri- tuales de los gravemente enfermos y moribundos. La experiencia demuestra que se presta poca atención a los proble- mas tales como la aflicción espiritual, la angustia existencial, problemas de senti- do, desesperanza, etc.TTooddoo eessttoo pprruueebbaa q

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Por su parte un artículo de una colec- ción reciente de cuidados paliativos sos- tenía que los médicos que cuidan a los pacientes gravemente enfermos deberían conocer las intervenciones paliativas de “última instancia” y deberían decidir cuáles están dispuestos a utilizar. “El de- safío es encontrar la alternativa menos perjudicial al considerar las circunstan- cias del paciente y los valores del pacien- te, la familia y los profesionales que intervienen. Los cuidados paliativos de “última instancia” incluyen:

1. Tratamiento estándar para el dolor. 2. Abstención de practicar terapias del

mantenimiento de la vida.

3. Interrupción voluntaria de la ingesta de alimentos y bebidas para causar la muerte.

4. Sedación terminal: sedación severa

para huir del dolor, falta de aire u otros síntomas graves.

5. Suicidio asistido

6. Eutanasia voluntaria activa [4]

Suicidio asistido y eutanasia activa

Al contrario de lo que ocurre en el resto de los Estados Unidos (y en la mayor parte del mundo), el estado de Oregón legalizó el suicidio asistido por el profesional de la medicina (no la eutana- sia: ni un médico ni cualquier otra perso- na pueden matar, directamente). En el año 2003, Oregón informó la existencia de 42 casos de suicidio asistido por el profesional de la medicina (0.14 % del total de muertes), todos causados por la ingesta de una fuerte dosis de barbitúri- cos. Desde 1998 hasta 2004, 171 perso- nas de Oregón confiaron en la ley de sui- cidio asistido. De acuerdo con lo dispues- to por la ley, no se requiere que el médi- co esté presente, aunque en 12 casos estuvo. Si bien estas cifras son tan sólo anecdóticas, hay pruebas de la existencia de estas prácticas, aún en estados en donde son ilegales y en donde no existen registros precisos.

Abstención de practicar las terapias del mantenimiento de la vida

Si bien queda claro que la ley esta- dounidense y las enseñanzas católicas

[4] Quill, T.E., Lee, B.C., Nunn, S. Palliative treatments of last resort: choosing the least harmful alternative. Annals of Internal Medicine, 2000, 132(6), 488.

permiten a los pacientes, o a los que están a cargo de ellos, la abstención de practicar terapias de mantenimiento de la vida que se consideran mínimamente efectivas o, desproporcionadamente onerosas, el reciente caso dramático de Terri Schiavo demostró que estas decisio- nes pueden ser muy complicadas. El caso se transformó rápidamente en un espec- táculo mediático y parecía acrecentar la tensión entre los liberales y los conserva- dores. Por un lado, los liberales apoyaban a los tribunales y a Michael Schiavo (el esposo de Terri) argumentando que a Terri no le hubiera gustado vivir de esa manera y que estaban haciendo lo que consideraban humano. Por otra parte, los conservadores apoyaban a los Schindlers (los padres de Terri) y sentían que sacar- le el tubo de alimentación a Terri era eutanasia y, por lo tanto, inhumano. Como ocurre en muchas cuestiones polí- ticas, ni siquiera había consenso dentro de la Iglesia dado que, tanto los miem- bros de la Iglesia como los teólogos apo- yaban ambas posiciones. Para la Iglesia era una cuestión de definir si la nutrición e hidratación clínica son medios ordina- rios o extraordinarios de tratamiento para alguien en un estado vegetativo persistente. (PVS)

La Asociación Católica de la Salud Estadounidense emitió los siguientes comunicados sobre la Sra. Schiavo:

En la tradición católica, las decisiones sobre la interrupción de los tratamientos

de mantenimiento de la vida se toman al evaluar la carga potencial del tratamien- to en proporción con los beneficios espe- rados, en relación con la condición del paciente y desde la perspectiva del paciente. En relación con la nutrición y la hidratación administrada por los médi- cos, la Directiva 58 de las Directivas Éti- cas y Religiosas para los Servicios Católicos del Cuidado de la Salud instan a la presunción en favor de su uso. Sin embargo, como dijo recientemente el Cardenal William H. Keeler, presidente de la Conferencia Estadounidense del Comité de Obispos Católicos para las Actividades Pro-Vida y según estipulan las Directivas, “hay veces en que aún medios tan básicos pueden dejar de ser moralmente obligatorios porque se tor- naron inútiles o indebidamente onerosos para los pacientes.” Sin embargo, sacar- los con la intención de causar la muerte del paciente, es en todos los casos, inaceptable.

En marzo de 2004, Juan Pablo II afir- mó en un discurso la dignidad inherente de todo ser humano, incluyendo aquellos en estado vegetativo persistente. Estas personas “son seres humanos… que nece- sitan amor y cuidados.” En situaciones como en las de la Sra. Schiavo, es esen- cial que los pacientes reciban el trata- miento y cuidados que son beneficiosos para ellos y que no les impongan cargas muy pesadas.

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De acuerdo con mi experiencia, hay muchas más instancias en donde existe demasiado tratamiento de mantenimien- to de la vida, al final de la vida, que ins- tancias donde existe demasiado poco. Recientemente, una enfermera le pidió a nuestro consultor de ética que revea la historia clínica de una paciente de 98 años de un hogar de ancianos a quien se la envió a un hospital por dificultades respiratorias, deshidratación e infección. La mujer no tenía familia ni nadie que la cuidara. El plan del médico era estabilizar su condición y enviarla nuevamente al hogar con un tubo de alimentación, ya que no podía tragar alimentos. La enfer- mera preguntó si el tubo de alimentación y la cirugía que se necesitó para colocar- lo eran coherentes con el cuidado com- pasivo. Ella citó la decisión de Juan Pablo II de que no lo internaran e inquirió hasta qué punto otros pueden tomar esta deci- sión, especialmente otros como esta mujer de 97 años que no podía hablar por sí misma, debido a su demencia avanza- da. ¿Qué significa vida, y vida en abun- dancia, para esta mujer? La Asociación Católica Estadounidense de la Salud ini-

cia sus Directivas Religiosas para los

Servicios Católicos del Cuidado de la Salud con una exhortación firme para que los profesionales de la salud distin- gan los casos en los que las tecnologías médicas representan avances genuinos

que benefician a los pacientes y los casos en que violan la verdadera dignidad y vocación de la persona humana.

En tiempos de nuevos descubrimien- tos médicos, rápidos desarrollos tecno- lógicos y cambio social, todo lo que es nuevo puede ser una oportunidad para un avance genuino en la cultura huma- na o puede llevar a políticas y acciones que son contrarias a la vveerrddaaddeerraa ddiigg-- n

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naa. …Creados a imagen y semejanza de Dios, la familia humana comparte el dominio que Cristo manifestó en su ministerio de sanación. Este compartir implica el manejo sobre toda la creación (Gn 1:26) que no debería ni abusar ni desaprovechar los recursos de la natura- leza. A través de la ciencia la raza huma- na comienza a comprender la maravillo- sa obra de Dios; y a través de la tecno- logía debe conservar, proteger y perfec- cionar la naturaleza en armonía con los designios de Dios. Los profesionales de la salud tienen una vocación especial: continuar y colaborar con la Obra dado- ra de vida y de sanación de Dios. [5]

Algunos estadounidenses parecen tan resueltos a luchar en contra de la “cultu- ra de la muerte” que olvidan que no- sotros, los humanos, somos todos criatu- ras mortales y que llegará el momento en

que Dios nos llame para volver a nuestra casa. Es ahí donde nuestro papel es acep- tar la invitación de “¡Volver a casa!” Es una posición católica extraña que niega la muerte y le da la espalda a Dios dicien- do “¡No tendrás esta vida!”

LA “ESTRUCTURA DE PECADO,” PARTI-