CONCIENCIA: LA FUNCIÓN DE LA BIOÉTICA
Lo antes mencionado debería aclarar que los desafíos de la vida, no meramen- te la vida física, sino la abundancia de vida que prometió Jesús, sobran en la sociedad contemporánea. La encíclica
Evangelium Vitaerecalca correctamente, la atención hacia las estructuras sociales que promueven la muerte. Cita:
De hecho, si bien el clima de incerti- dumbre moral reinante puede, en cierto modo, explicarse por la multiplicidad y gravedad de los problemas sociales de hoy en día y estos pueden, a veces, mitigar la responsabilidad subjetiva de las personas, no menos cierto es que nos enfrentamos con una realidad, inclusive mayor, que puede describirse como una verdadera
estructura del pecado. [EV, 12]
Uno de los resultados del Concilio Vaticano Segundo fue la concientización de que un menor énfasis en el pecado, en el sentido personal, era la razón principal por la que los católicos no ven la situa-
ción del mundo moderno como una ver- dadera “situación de pecado.” Esto, junto con una apreciación sociológica más ele- vada de la realidad de las estructuras del pecado, llevó al llamado de la
Evangelium Vitaea promover la “cultura de la vida,” una cultura que exhorte y aliente a todos a promover y ser testigos de la inviolabilidad de la vida humana ... aún cuando esto implique una virtud heroica. Henriot (1972) brinda ejemplos de tres clases de pecado social:
Una estructura social que oprime la dignidad humana y reprime la libertad es una estructura de pecado.
Una situación social que promueve y facilita los actos individuales de egoísmo es una situación de pecado.
Una estructura social o situación que es injusta se convierte en una situación de pecado cuando se tiene conciencia de la injusticia pero no se hacen esfuerzos para revertir dicha situación. Este es el pecado social de la complicidad.
El intento de los eticistas de promover el Evangelio de la Vida necesitará com- prometer a los ciudadanos para que reflexionen y analicen la mejor forma de utilizar la palabra profética, el testimonio simbólico y la acción política a fin de luchar contra las estructuras de pecado de la muerte.
El efecto que estas estructuras de pecado ejercen sobre la conciencia indi- vidual es especialmente significativo. Tal
Evangelium Vitae: su eco en Norteamérica / ARTÍCULOS
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como aclara la Evangelium Vitae: El resultado final de esto es trágico: la destrucción de tantas vidas humanas por nacer o en su etapa final es extremada- mente grave y perturbador, aunque no menos grave y perturbador es el hecho
de que a la conciencia misma, opacada
por tal condicionamiento generalizado, se le dificulta distinguir entre el bien y el mal en lo que respecta al valor básico de la vida humana.[EV, 4]
En nuestra cultura contemporánea debemos cuestionarnos el papel que de- sempeñan la religión y, más importante, el papel del conocimiento de la voluntad de Dios y el deseo de amar a Dios cuan- do cumplimos su voluntad, al dictaminar nuestras decisiones individuales. Se necesita mucho trabajo, no sólo para promulgar las enseñanzas de la Iglesia, sino para ayudar a las personas a de- sarrollar una relación personal de amor con Dios que hará de la obediencia del amor el determinante principal de las elecciones morales. Este tema se desarro- lla en detalle en Veritatis Splendor.
“Entonces alguien se acercó y le dijo, ‘Maestro ¿qué bien debo hacer para tener vida eterna?’” Mt 19:16
En el joven podemos reconocer a toda persona que, concientemente o no, se
acerca al Cristo Redentor de los hombres y le pregunta acerca de la moralidad.
Para el joven la preguntano apunta a las
reglas a seguir sino, al sentido completo
de la vida.De hecho, esto es la aspiración en el corazón de toda decisión y acto humano, la búsqueda silenciosa y el mensaje interior que pone la libertad en movimiento. En definitiva, esta pregunta es una apelación al Bien absoluto que nos atrae y llama, es el eco de un llama- do de Dios que es el origen y objetivo de la vida del hombre. Precisamente, en esta perspectiva, el Concilio Vaticano Segundo exhortó a una renovación de la teología moral de modo que su enseñan- za demostrara la noble vocación que los fieles recibieron en Cristo, la única res- puesta capaz de satisfacer el deseo del
corazón humano. Dios dispuso su Iglesia
a fin de hacer posible este “encuentro” con Cristo. De hecho, la Iglesia desea cumplir con este único fin: que toda per- sona pueda encontrar a Cristo para que Cristo pueda caminar con cada persona en el camino de la vida. [Veritatis Splendor, 1993, p. 13].
Antes de continuar, me gustaría hacer un comentario sobre la reforma en el cuidado de la salud. Las publicitadas dis- paridades en los resultados de la salud en los Estados Unidos, junto con la continua desgracia de los más de 45 millones de estadounidenses no asegurados, siguen escandalizando al mundo.
Desafortunadamente, no demasiados estadounidenses están lo suficientemen- te escandalizados para demandar una verdadera reforma del cuidado de la salud. Por lo tanto, seguimos sufriendo
muertes innecesarias.
Uno de los resultados del idioma de la cultura de la muerte y la cultura de la vida en los Estados Unidos es que parece haber facilitado el desarrollo de dos gru- pos diferenciados de católicos, que a falta de otros rótulos, designaré como católicos conservadores y liberales. Si bien existen católicos conservadores “radicales” y liberales “radicales”, la mayoría de los católicos se encuentran en algún punto entre ambos grupos radi- cales. Es interesante mencionar que ambos grupos creen fervientemente que poseen la “verdad del Evangelio” y no pueden comprender la intransigencia de otros.
LA NECESIDAD DE PENSAR MÁS ALLÁ