Considerando que educar va más allá de facilitar la adquisición de conocimientos o competencias, -entendimiento-, que todavía se está asimilando a un ritmo lento, aunque ya constante, principalmente por la poca capacidad para encarar una nueva forma de gestar el proceso formativo acorde a los tiempos y las necesidades éticas, además de la poca valentía para criticar y desechar la educación que durante siglos se ha aplicado, como una acción mecánica y unilateral de entregar conocimientos, tal si fuera abrir la mente del estudiante para vaciar conocimientos, sin que medie cuestionamientos, criticas u otros procesos emocionales u éticos.
Considero que un primer paso para avanzar hacia un modelo educativo integral pasa principalmente por entender y conocer la naturaleza del ser humano, tema que ya ha sido abordado por varios estudiosos en neurociencia, pedagogía, psicología e incluso biología, tal es el caso de Humberto Maturana, quienes dan cuenta sobre la necesidad de atender a las diversas inteligencias o necesidades de los niños en las escuelas, si es que deseamos apoyar su desarrollo integral, siendo que el aspecto emocional y valórico son prioridades y no simples rellenos.
Al respecto en el informe de la UNESCO se decía que es propicio reconocer:
“El efecto de ciertos factores ambientales, como la nutrición, el sueño, el deporte y el esparcimiento para un óptimo funcionamiento del cerebro. La misma importancia hemos de otorgar a la necesidad de enfoques holísticos que tengan en cuenta la estrecha interdependencia del bienestar físico e intelectual, así como las interacciones del cerebro emocional y cognitivo, analítico y creativo. Las nuevas orientaciones de la investigación en las neurociencias aumentarán nuestros conocimientos de la relación naturaleza- educación, contribuyendo así a mejorar nuestras iniciativas en
materia de educación. (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 2015).
Entender la forma en que los seres humanos tienen configuradas sus capacidades cognitivas y de cómo se gesta un aprendizaje efectivo de calidad, es un avance. De hecho muchos pedagogos a nivel mundial las han reconocido (capacidades) y están incorporando nuevas teorías a los modelos educativos actuales, aunque esto no se traduce necesariamente en alcanzar la formación que se requiere para sortear los desafíos que enfrentamos hoy día como humanidad. Si bien estos modelos educativos son exportados, validados, aplicados y hasta bien evaluados por ser considerados innovadores y altamente eficientes a la hora de aprobar auditorias con las que demuestran que los niños están incorporando más y más conocimientos. Realidad que no puede negarse, pues los niños de hoy en día, a diferencia de los del siglo pasado cuentan con más inquietudes, mayor información y destrezas en distintos ámbitos.
Aunque personalmente pienso que esta afirmación tampoco puede generalizarse, no sólo porque son realidades distintas, sino también porque todo depende de cómo se midan las mejoras, considerando que la calidad no siempre se mide por la cantidad. No es lo mismo tener un cúmulo de información superficial, o conocimientos que se obtiene del mundo del Internet, que tener conocimientos profundos producto de la lectura regular y reflexiones agudas.
Pero más allá de las lecturas particulares del grado de conocimiento que hoy en día obtienen los niños en el sistema educativo, lo cierto es que el éxito de la educación se continua midiendo a través de las pruebas. La lógica del éxito de los niños, maestros y colegios se establece a partir de mediciones estandarizadas. Al niño se lo mide por las calificaciones que obtienen en los exámenes. A los maestros por los logros que obtienen sus estudiantes y, el colegio por el lugar que ocupa en los ranking de colegios con excelencia académica o por lo puntajes obtenido en las pruebas SIMCE que el Ministerio de Educación realiza regularmente. Esta cultura de mediciones lo que en el
fondo nos dice es que vale más quien sabe más, y que ser competitivo es un valor deseado, de allí que se promueve una competencia poco sana entre los niños, donde los mejores son premiados.
Con estas reflexiones no es que se desmerezca a quienes demuestran un alto grado de responsabilidad académica, disciplina y compromiso, porque está claro que lo que finalmente se quiere es que todos los niños sean más capaces, aprendan más, desarrollen sus capacidades, sean más reflexivos y críticos, más innovadores, más proactivos, más sensibles, aprendan a manejar sus emociones, pero considerando que este su proceso formativo / educativo sea un medio de transformación para construir una nueva civilización cuyos estándares éticos garanticen la felicidad y bien común que apunta a una ética de la educación.
Por esa razón señalaba anteriormente que los aspectos éticos y emocionales en la educación, no deben ser rellenos de contenido, sino más bien deben ser considerarlos pilares esenciales que determinarían no sólo el clima escolar que se despliega en las unidades educativas, sino la concepción de cada una de las asignaturas; las relaciones humanas que se fomentan; la formación del plantel docente; las actividades extracurriculares; la priorización de materiales siendo las humanas /emocionales y éticas las centrales, el enfoque sobre la naturaleza del ser humano que implica el despertar en los estudiantes el deseo de ser ciudadanos. En definitiva lo ético debe impregnarse en toda la dinámica formativa, para pasar a lo que Anscombe decía sobre la ética hoy, como un grado mayor de consciencia del ser humano; que lo invitan a moverse bajo los patrones de coherencia que lo ayude a entender aquello que es bueno para sí mismo y para el contexto.
Con todo ello, y a luz de las propuestas de los tres autores estudiados para el trabajo, que con sus distinciones en términos usados como en los enfoques que priorizan, son parte de un grupo de intelectuales que reflexionan -junto a muchos más- sobre la
necesidad de establecer un nuevo enfoque no sólo de la educación sino principalmente de la estructura la sociedad que se quiere construir, siendo la educación el instrumento, el medio que permitirá concretar el mundo que deseamos y necesitamos.
Como decía en varias ocasiones cada uno de los autores tiene su particularidad, que tiene que ver con la forma, sin embargo, en el fondo todos miran a la misma dirección, reconociendo a la ética y a su incorporación en la dinámica general de la sociedad, pero principalmente en el campo formativo, como una tarea necesaria a la hora de formar el carácter de los individuos. Ven a la ética como el “motor de transformación y bienestar social”, “Como un arte que se aprende día a día capaz de elevar la consciencia de lo bueno y malo”, “Como el saber que desarrolla el carácter del ser y lo acerca a virtudes como actos de excelencia y de bien”.
Por lo tanto, la ética para Camps, Maturana y Cortina no debiera ser un elemento secundario para la vida de las personas ni para las estructuras sociales, políticas, económicas que sustentan la vida en comunidad. Los tres coinciden en que ser ético no es algo que venga por naturaleza, sino que requiere de una adquisición consciente y continua.
Otro aspecto común de sus propuestas es que consideran que la ética a un nivel discursivo no tiene ningún valor, por lo tanto no sirve de nada. Señalan que la ética sólo tiene valor en la acción, se aprenden en la convivencia, con el ejemplo del día a día y se traduce en actos de generosidad, servicio, amor, compasión, respeto, unidad, confianza, y otros. Todos estos actos son en definitiva virtudes que hacen la diferencia en la dinámica de la vida social. En ese sentido, se puede afirmar que la ética de las virtudes es una de sus metas en comunes para los tres.
En relación a la educación coincide en considerar que educar no tiene que ver con instruir, entregar información o conocimientos duros sino que tienen que ver con el
“formar el carácter y elevar la excelencia del individuo”, “gestar la transformación de quienes intervienen en el proceso formativo con la claridad de saber cual es la orientación de la transformación que queremos como humanidad”, elevar la consciencia para mejorar el mundo y luchar contra la indiferencia del ser humano como un medio para transformar la cultura, que se inicia en el cambio individual.
Si se tratará de rescatar un elemento distintivo en la propuesta de cada uno de los autores. De Adela Cortina, destacar su propuesta sobre Ciudadanía Mundial que por muy ambiciosa que parezca, considero que es una base estructural del mundo que deseamos -al que hacia referencia anteriormente-, que para su concreción se requiere de varios elementos, siendo la educación uno de los fundamentales por ser capaz de formar formar el tipo de ciudadanos que se requiere para tal emprendimiento.
De Maturana su concepto de educación. Si bien comparte con Camps y Cortina la concepción de no considerar a la educación formal un medio de acumulación de contenidos teóricos, su distinción radica en el hecho de considerar a la educación como un espacio de transformación en el que tanto, el maestro como el niño modifican su ser a partir del mundo relacional que se gesta. Además señala al amor como un aspecto constitutivo a ser fomentado como medio para lograr una convivencia más armónica y finalmente cambiar la cultura que se inicia en la persona desde su parte interior, sus paradigmas y los motivos que le mueven.
De Camps decir que su apuesta es que el trabajo de la ética de las virtudes sea parte de la responsabilidad de los gobiernos y lideres, para así dejar de depositar unilateralmente la responsabilidad de formar el carácter de los individuos en el seno familiar. Esta propuesta es precisamente contraria a lo que sucedió en la modernidad cuando lo racional desplaza a la ética a un plano invisible y familiar. Asimismo, sus reflexiones sobre las emociones, considerando que la ética es una necesidad que facilita la tarea de gobernar tanto nuestras acciones como las emociones.
Sobre la familia, y ahora, con el actual gobierno de Sebastián Piñera, será interesante ir observando y evaluando el trabajo a realizarse desde el Ministerio de Desarrollo Social. Cartera que, según se dijo en el Programa de Gobierno, situará a la familia en el lugar prioritario, considerando que es una entidad social central para el desarrollo del país.
Aunque a la fecha lo que se resalta en su sitio Web dista mucho de una política de Estado que fortalezca a la familia de manera transversal, potenciando y reconociendo su desafío de formar ciudadanos cuyas características sean éticas sin importar el estrato social. La página Web18 oficial del Ministerio Social da cuenta de líneas de acción de corte asistencialista a grupos familiares de escasos recursos. Se habla del Apoyo a Iniciativas Familiares Comunitarias, Bono de Protección, Bono de Base Familiar, Bono de Control Niño Sano, Bono de Asistencia Escolar, Bono de Formalización, Bono por Graduación de 4to. Medios, Subsidio de Cedula de Identidad y Programa de Apoyo a Familias para el Autoconsumo.
Sin embargo, y más allá de lo que figure en el sitio Web, habrá que esperar para analizar cuál será su real alcance. De hecho hay una expectativa en torno a poner en el centro a la familia, que va sumando adherentes y adversarios. Éstos últimos se rehúsan aceptar que desde el Estado se establezca un único modelo de familia, ignorando la diversidad de ellas. Pese a esta critica -muy válida por cierto-, considero que podría ser un avance en miras de lograr que la familia pase a ocupar un espacio en la agenda pública, considerando que es precisamente en el seno familiar donde se inicia el proceso educativo de los niños, y que de no contar con la conciencia, estrategia y sistematicidad necesaria para fomentar el desarrollo de un carácter, basado en virtudes tales como el respeto, responsabilidad, confianza, cooperación, entre otros, los niños tendrán un vacío importante en su formación inicial.
En ese sentido, debemos comprender la real importancia de la familia en el desarrollo de la comunidades y del país, considerando que los niños en el entorno familiar reciben mucho más que alimentación, protección, cuidado y afecto, pues la familia es el primer espacio formativo del niño más allá de la diversidad /pluralidad. Por lo tanto, lejos de considerar una desventaja, una política Estatal puede ser un aporte al desarrollo de la sociedad.
Sobre la pluralidad, Adela Cortina sugiere establecer una norma común que implique avanzar hacia una ética de los mínimos compartidos, que no anula las diferencias, sino que las hace posible, las potencia. Su propuesta es construir una “sociedad civil rica de matices con base común”. Señala:
“La ‘ética de los mínimos’ o ‘ética mínima’ para los valores comúnmente compartidos, y ‘ética de máximos’ para los proyectos completo de la vida feliz. Una sociedad pluralista debe articular sabiamente mínimos y máximos, más si cabe una sociedad cuyo pluralismo consista en la convivencia entre distintas culturas. Las sociedades pluralistas y multiculturales deben tener buen cuidado en articular máximos y mínimos de modo que ni puede atropellar la justicia ni se pierdan las ofertas de felicidad”. (Cortina, Ciudadanos del Mundo, 1997, pág. 33).
Cuando iniciaba este trabajo con la pregunta de por qué y para qué sería necesaria una ética de las virtudes en la dinámica social y en la educativa en particular, mi intención era responder a dicha pregunta con las aportaciones de los tres intelectuales elegidos, consciente de que ellos no son los únicos ni los primeros en hablar de dichos temas de promoverlos de manera tan clara y directa. Mi intención era, en una primera instancia, rescatar algunos elementos innovadores de sus trabajos, de elegir algunos intelectuales que reflexionan sobre estos temas no ligados con una religión, y consciente que hablar y reflexionar sobre ética es cada vez más común, todavía hay una pequeña tendencia de relacionar la ética con religión y ni que se diga cuando se oye hablar de virtudes; palabra que durante la edad media fue apropiada por
el cristianismos y hasta nuestros días se hablan de virtudes en general y las cardinales específicamente. Lo cual no es que esté mal, sin embargo, también es necesario visualizar a las virtudes en un contexto laico, considerando que es aplicable a todos y cada uno de nosotros como individuos responsables de transformar nuestro mundo.
Asimismo, otra de las grandes intenciones de este trabajo fue el de reflexionar sobre una educación integral a la que deberíamos apuntar como un medio que ayudaría a superar los grandes desafíos de la sociedad, donde el tema ético, emocional sean los pivotes centrales.
Educación Integral: Una medicina para los desafíos éticos
Reflexionar sobre los desafíos (corrupción, pobreza, terrorismo, desigualdad entre hombres y mujeres y cambio climático) que hoy en día enfrentamos como humanidad, los mismos que fueron desarrollados en el tercer capítulo, podrían ser resueltos con una adecuada educación que esté basada en una ética de las virtudes. Lo decía Bernardo Klisberg que al mundo no le hace falta riqueza ni conocimiento para enfrentar los desequilibrios, lo que hace falta son personas que actúen en todo lugar y momento con virtudes. De hecho la corrupción no existiría si en el proceso formativo (escuela y hogar) se hubiera inculcado un carácter que dé cuenta de virtudes tales como: honestidad y veracidad sin excepciones, de un respeto a lo que no nos pertenece, de la justicia en cada uno de nuestros actos como pilar para construir una sociedad armónica.
En el caso de la pobreza se eliminaría si se fomentará la empatía hacia el dolor del otro, la justicia en la distribución de la económica, la promoción de la igualdad como reflejo de nuestro respeto a la dignidad humana, la responsabilidad de construir una sociedad equitativa. El terrorismo no fuera real ni pensable si los fundamentos de unidad, tolerancia, confianza, cooperación, respeto hacia los demás estarían
desarrollados en todo individuo, lo que evitarían hacer un daño a los demás por conceptos fundamentalistas que imposibilitan un dialogo franco y abierto frente a las diferencias. De igual modo, hay ciertas virtudes que de adquirirlas evitarían la discriminación hacia la mujer, tales como el reconocimiento de la valía de cada ser humano sin importar su género, el concepto de la justicia, el respeto y sentido profundo de cooperación entre hombres y mujeres como un camino para el desarrollo sostenible.
En el caso de la crisis ecológica, producto de un falta de absoluto de respeto no sólo a nuestra casa sino a los propios habitantes, podría ser mitigada y a la vez avanzar a una adaptación con un entendimiento sobre el respeto a todo ser vivo, con la responsabilidad de mantener y cuidar nuestro entorno no sólo porque somos parte de él sino porque requerimos dejar a las nuevas generaciones un hogar con las condiciones adecuadas. Otra virtud que se requiere en este aspecto viene de la mano con el desprendimiento, eliminando la sed de acumulación de riquezas que es frecuentemente fomentado por el sistema de consumo y todo su aparato comunicacional.
El desafío de lograr una educación integral, sin duda no pasa por la búsqueda de una receta mágica, sino requerirá de ciudadanos capaces de reconocer la necesidad de edificar un nuevo orden mundial como proyecto común, capaces de reconocer el concepto de la unidad de la humanidad que invita a ver a los demás como parte de la familia humana, donde la diversidad / pluralidad de los miembros no es una amenaza sino una riqueza. De tener clara esta mirada del mundo, los ciudadanos, sin duda alguna, serán capaces de diseñar las bases de una estructura educativa integral que pueda llevar adelante este proyecto: un nuevo orden mundial basado en virtudes
Bibliografía
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