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DESARROLLO Y ENFOQUES DE LA RESILIENCIA

“Es una estrategia útil cuando el fenómeno de interés esta oculto desde el punto de vista del observador externo, con el objetivo de obtener información a partir de un caso

GENERAL RESTRINGIDA TOTAL

4.2 DESARROLLO Y ENFOQUES DE LA RESILIENCIA

Este apartado responde al segundo objetivo que identifica el desarrollo y los enfoques

de la resiliencia, a partir de la producción escrita seleccionada para esta investigación.

Para hablar del desarrollo de la resiliencia se hace importante presentar los conceptos que se han elaborado a partir de los años 90’s. A continuación, se relacionan:

Cuadro 9. Conceptos sobre la resiliencia.

AUTOR/A CONCEPTO

1 Werner y Smith 1992 La resiliencia es entendida como una capacidad innata para hacer las cosas correctamente, para transformar conductas y lograr cambios. 2 Rutter Michel 1992 La resiliencia se ha caracterizado como un conjunto de procesos

sociales e intrapsíquicos que posibilitan tener una vida “sana” en un medio insano.

3 ICCB, Institute on Child resilience and Family, 1994

Define la resiliencia como la habilidad para resurgir de la adversidad, adaptarse, recuperarse y acceder a una vida significativa y productiva. 4 Masten, 1994 La resiliencia se refiere a (1) personas de grupos de alto riesgo que han

obtenido mejores resultados de los esperados; (2) buena adaptación a pesar de experiencias (comunes) estresantes (cuando los estresantes son extremos la resiliencia se refiere a patrones de recuperación) y (3) recuperarse de un trauma.

5 Vanistendael 1994 La resiliencia distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, es decir, la capacidad de proteger la propia integridad bajo presión y, por otra parte, más allá de la resistencia, la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo pese a las circunstancias difíciles. 6 Grotberg 1995 La resiliencia es una capacidad universal que permite a las personas,

familias, grupos o comunidades prevenir, minimizar o sobreponerse a los efectos dañinos de la adversidad, o anticipar adversidades inevitables. 7 Suárez Ojeda, 1995 La resiliencia como una combinación de factores que permiten a un niño,

a un ser humano, afrontar y superar los problemas y adversidades de la vida, y construir sobre ellos.

8 Kotliarenco, Cáceres, Álvarez, 1996.

La capacidad universal, que permite a una persona, grupo o comunidad, minimizar o sobreponerse a los efectos nocivos de la adversidad, la resiliencia puede transformar o fortalecer la vida de las personas.

9 Infante 1997. La resiliencia es una respuesta global en la que se ponen en juego los mecanismos de protección, entendiendo por estos no la valencia contraria a los factores de riesgo, sino aquella dinámica que permite al individuo salir fortalecido de la adversidad, en cada situación especifica y respetando las características personales

10 Masten y Coatsworth 1998 La resiliencia es un constructo dinámico que incluye una amplia clase de fenómenos implicados en las adaptaciones exitosas en el contexto de amenazas significativas para el desarrollo.

11 Fraser, Richman y Galinsky 1999

Han sugerido que la resiliencia implica (1) sobreponerse a las dificultades y tener éxito a pesar de estar expuestos a situaciones de alto riesgo; (2) mantener la competencia bajo presión, esto quiere decir saber adaptarse con éxito al alto riesgo y (3) recuperarse de un trauma ajustándose de forma exitosa a los acontecimientos negativos de la vida. 12 Luthar y otros 2000. La resiliencia es un proceso dinámico que tiene por resultado la

adaptación positiva en contextos de gran adversidad. 13 Crecer después de un

trauma. 2000

La palabra resiliencia proviene del latín resalire -volver a saltar- y define la posibilidad de empezar de nuevo, basándose en la creatividad de la persona, en su capacidad de autoprotegerse.

El concepto de resiliencia es abordado por diferentes autores en los documentos reseñados, por lo tanto puede identificarse el avance en su conceptualización. Se visualizan conceptos desde 1992 al 2003.

Las definiciones que se ubican desde 1992 a 1994, hacen referencia al concepto definiéndolo como una capacidad o habilidad innata para afrontar la adversidad. También identifican la adaptación y la recuperación después de la situación adversa. Es decir, se entiende como la capacidad que permite enfrentar la adversidad, adaptarse al cambio y recuperarse de ésta.

De acuerdo con lo anterior, se reconoce no sólo como la capacidad de resistir a una situación difícil sino que permite construir un proyecto de vida sano. Así mismo, el significado general del concepto reconoce un carácter individual, viendo a la persona como la responsable de construir resiliencia.

Hacia 1995 se integran otros contextos para la comprensión del concepto. A partir de ahí, se ve además de la persona, a las familias, grupos y comunidades como poseedores de la resiliencia, y además, se plantea la posibilidad de prevenir o anticiparse a las adversidades.

A partir del mismo año, las conceptualizaciones se transforman, pues en un primer momento la resiliencia es considerada como una dimensión personal, que constituye un rasgo de los individuos, luego, es posible evidenciar un segundo momento, en el que se asocia el desarrollo de la resiliencia a aspectos relacionados con el entorno.

En las conceptualizaciones realizadas entre 1995 al 2000, se utilizan términos como

combinación, respuesta global, constructo dinámico y proceso dinámico, para referirse a

la resiliencia. Dentro de estas conceptualizaciones se plantea la necesidad de contar con factores no solo internos (cualidades personales) sino externos (familia, apoyo, comunidad), y de la combinación de estos factores depende que se desarrolle la resiliencia.

En estas construcciones se retoma como función de la resiliencia el permitir la adaptación de la persona después de superada la adversidad. Sin embargo, se habla de una adaptación positiva o exitosa, en la medida en que dicha adaptación cumple con las expectativas asociadas a una determinada etapa del desarrollo humano o porque no se producen signos de desajuste.

Alrededor de las definiciones sobre resiliencia, se elaboran dos conceptos que posibilitan una mayor comprensión del término: factores de riesgo y factores protectores. Según Munist, et al, (1998: 20) entienden los factores de riesgo como “(...) cualquier característica o cualidad de una persona o comunidad que va unida a una elevada probabilidad de dañar la salud” y los factores protectores como “(...) las condiciones o los entornos capaces de favorecer el desarrollo de individuos o grupos y, en muchos casos, de reducir los efectos de circunstancias desfavorables. Los factores protectores, se pueden distinguir entre externos e internos. Los externos se refieren a condiciones del medio que actúan reduciendo la probabilidad de daños. Los internos se relacionan con atributos propios de las personas”.

De acuerdo con Edith Grotberg, citado por Munist et al, (1998: 25) para hacer frente a las adversidades, superarlas y salir de ellas fortalecido, los niños toman factores de resiliencia de cuatro fuentes que se visualizan en las expresiones verbales de los sujetos con características resilientes: “yo tengo” en mi entorno social,”yo estoy” y “yo soy” hablan de las fortalezas intra psíquicas y condiciones personales y “yo puedo” concierne a las habilidades en las relaciones con los otros.

Melillo (2002) plantea como factores protectores internos, que caracterizan la resiliencia: autoestima consistente, introspección, independencia, capacidad de relacionarse, iniciativa, creatividad, humor, moralidad y capacidad de pensamiento crítico. Estos factores también son llamados características personales o rasgos de personas resilientes.

1. La resiliencia esta ligada al desarrollo y el crecimiento humano, incluyendo diferencias etáreas y de género.

2. Promover factores de resiliencia y tener conductas resilientes requieren diferentes estrategias.

3. El nivel socioeconómico y la resiliencia no están relacionados.

4. La resiliencia es diferente de los factores de riesgo y los factores de protección.

5. La resiliencia puede ser medida; además es parte de la salud mental y la calidad de vida.

6. Las diferencias culturales disminuyen cuando los adultos son capaces de valorizar ideas nuevas y efectivas para el desarrollo humano.

7.

Prevención y promoción son algunos de los conceptos en relación a la resiliencia.

En cuanto a los enfoques de la resiliencia, se establecen dos: el sistémico y el

psicoanalítico.

La versión ecosistémica de la resiliencia se basa en la interacción y dinamismo de los sistemas sociales y ecológicos. Como lo señala Infante (2002) “Durante los años 1999 y 2000, la orientación de las investigaciones cambió hacia un enfoque interaccional- ecológico basado en el modelo ecológico de Bronfenbrener, en donde empieza a considerarse la resiliencia como un proceso dinámico dentro del cual, ambiente y sujeto, se influyen mutuamente en una relación reciproca que permite a la persona adaptarse y funcionar apropiadamente a pesar de la adversidad”.

A partir del enfoque sistémico, Ángela Maria Quintero (2004) relaciona elementos de éste con la resiliencia:

El lenguaje apreciativo, la recursividad y la autopoiesis son términos desde el constructivismo, el construccionismo y la teoría de la complejidad, que respaldan estas

nuevas dinámicas de acción social y se incorporan en la sistematización de la resiliencia, para asumirla tanto como concepto sustentado científicamente como estrategia metodológica:

El lenguaje apreciativo es una alternativa para la disolución de problemas relacionales en la familia y la comunidad, divulgado por Bárbara Zapata Cadavid (2001: notas personales): “Es una tendencia inspirada en el construccionismo social, que busca superar la cultura del déficit, mediante la identificación en el lenguaje y la acción de logros y capacidades que al ser desarrollados creativamente podrían facilitar el cambio en las familias, los grupos y las comunidades”.

La autopoiesis: (Hernández, 1997:36) Para Maturana, es la capacidad de los sistemas vivientes para desarrollar y mantener su propia organización… significa procesos interactivos específicos entre los componentes del sistema, los cuales producen a su vez un sustrato constitutivo de sí mismos… El término en griego significa “algo que se hace a sí mismo.”

El principio de recursión organizativa… Es una curva generadora en la cual los productos y los efectos son ellos mismos productores y causantes de lo que los produce. (Morin, 1996: 13) Esto se conecta con los recursos que la resiliencia, define como parte de su esencia.

Desde este mismo enfoque se plantea que la resiliencia “(...) como proceso no es estático, es dinámico y flexible, cambiante a través del tiempo y de acuerdo a las circunstancias. Ninguna característica por si sola promueve o es indicador de resiliencia ya que ésta es el resultado de la interacción de factores tanto internos como externos” (Arango, et al, 2003: 25)

Lamas y Marrugarra (2004) plantean que: ”La esfera de resiliencia es un todo con sus partes, pero éstas no adquieren sentido sino en función del todo que es una amalgama de factores interactuantes”. De la misma manera agregan que: “Se trata más bien de ver al ser humano "en resiliencia", como la persona que entra en una dinámica en la que

constituyen una amalgama de posibilidades que producen respuestas asertivas y satisfactorias que permiten no solo la solución de conflictos, sino también el desarrollo y potenciación de otras posibilidades (...)”.

Desde las concepciones anteriores, queda claro que el proceso de resiliencia constituye una interacción constante entre los factores internos y externos, éstos no pueden verse separadamente como si fueran ingredientes ni como una simple sumatoria, ya que es la misma dinámica en que operan la que hace posible que la resiliencia se vea como un todo.

Como se plantea anteriormente, la resiliencia como proceso incluye al sujeto y a los demás sistemas en los que interactúa. Desde esta concepción sistémica, no es sólo el sujeto el encargado de facilitar el proceso, ya que requiere de los factores externos que su entorno le puede aportar. Desde esta visión se hace necesario la participación de todos los sistemas en los que se encuentra el sujeto para poder desarrollar el proceso de resiliencia, que posibilite no sólo la superación de la situación adversa sino la activación de factores y redes de apoyo que se fortalezcan en futuras situaciones.

El enfoque sistémico parte de los factores protectores evidentes en una cultura, se relaciona con la familia y el hogar como principal fuente de identidad, así como las comunidades en las que están interactuando los sujetos, para promover cambios sistémicos y obtener la adaptación resiliente.

La resiliencia ha tenido un avance significativo en cuanto a su conceptualización sistémica y amplía su aplicación a todos los sistemas humanos: individuos, familias, grupos, comunidades y organizaciones.

Una concepción sistémica de la resiliencia en el contexto familiar: “en los procesos de abordaje familiar, podemos inferir que resiliencia es la capacidad que tiene un sistema para resistir cambios producidos por el entorno, para persistir a través del cambio, para absorber el cambio cualitativo y mantener la integridad estructural a lo largo del proceso de desarrollo” (Hernández 1997, citada por Fiorentini 1999)

La resiliencia se relaciona con el enfoque sistémico, a partir de “los principios de circularidad y de totalidad que posibilitan ver a la familia como un sistema complejo integrado por subsistemas (conyugal, parento-filial y fraternal) e inmerso a su vez en un suprasistema social, que varia cuando alguna de sus partes se afecta y viceversa. Este contexto da cuenta de que la activación de la resiliencia en cualquiera de estas esferas compromete no los componentes de forma aislada sino de un sistema relacional”. (Quintero, 2004)

Por consiguiente, dentro del contexto familiar se busca promover la resiliencia individual, destacando la influencia decisiva de las relaciones y del apoyo social para luego proponer una concepción sistemática de la resiliencia desplazando el foco de los rasgos individuales a los procesos de interacción que deben ser comprendidos en su contexto ecológico y evolutivo.

Las funciones sistémicas de la familia: cohesión, afectividad, comunicación y adaptación, son factores resilientes en tanto preparan a la familia para enfrentar y superar eventos traumáticos internos y externos, y además son elementos claves para activar la resiliencia en situaciones de crisis como en programas preventivos. (Quintero, 2004)

De esta manera, se reconoce el papel fundamental de la familia en los procesos de activación de la resiliencia, a partir de los vínculos afectivos y de la creación de un espacio propicio para el desarrollo. De esta manera, al consolidar la resiliencia se fortalece a la familia como sistema, permitiendo que se inculque en todos sus miembros.

La resiliencia también ha incursionado en el contexto educativo, ya que la escuela aporta condiciones ambientales que promueven reacciones resilientes ante circunstancias adversas. El término en este contexto se entiende como “la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito frente a la adversidad, y de desarrollar competencia social, académica y vocacional pese a estar expuesto a un estrés grave o simplemente a tensiones inherentes al mundo de hoy”. (Rirquin Y Hoopman 1991, citado por Henderson y Milstein 2003).

Hablar de resiliencia en la escuela, implica para los docentes como para los estudiantes, centrarse en los puntos fuertes que en el déficit, es decir, analizar conductas individuales desde su fortaleza y así potencializar esos puntos fuertes como posibilidades que conduce a la resiliencia. Se considera como factible que los estudiantes puedan poner en práctica actitudes resilientes, dado que la resiliencia no es una capacidad que nace con el individuo, sino que puede aprenderse en cualquier momento de la vida, siempre y cuando una persona significativa los impulse a ese logro. (Simari, 2004)

Los docentes juegan un rol importante en la activación del proceso de resiliencia en los estudiantes. El docente tiene una función de guía y facilitador de aprendizajes significativos, por tanto, la resiliencia es una vía fácil para que los niños, jóvenes o adultos a su cargo sientan que son capaces de alcanzar los objetivos trazados. (Valverde, 2000)

Es necesario que los docentes contemplen la resiliencia como una red y que la empleen no solo con los estudiantes, sino también con los padres de familia, para promoverla en la medida en que se puede ayudar a descubrir sus fortalezas. De igual manera este primer acercamiento a las fortalezas posibilitaría la creación de programas de prevención e intervención y estrategias adecuadas para desarrollar factores protectores individuales y sociales.

Las escuelas, así como las familias y las comunidades, pueden aportar las condiciones que fomentan los factores protectores individuales: enriquecer los vínculos, fijar límites claros y firmes, enseñar habilidades para la vida brindar afecto y apoyo, establecer y transmitir expectativas elevadas y brindar oportunidades de participación significativa. (Henderson y Milstein, 2003)

Desde el contexto comunitario se hace un acercamiento a la resiliencia desde un enfoque colectivo planteado por Suárez Ojeda. La resiliencia comunitaria se desarrolla a partir de observar que daca desastre que sufre una comunidad, muchas veces genera un efecto movilizador de las capacidades solidarias que permiten reparar los daños sifridos y seguir adelante. (Melillo, 2002). De esta manera la resiliencia comunitaria menciona dos tipos de factores que pueden incidir en ella: positivos y negativos. En cuanto a los primeros enuncia: altruismo, participación comunitaria, pensamiento estratégico,

innovación, diversidad económica y laboriosidad; con relación a los segundos: fatalismo, paternalismo, falta de decisión propia, burocracia, corrupción, racismo y violencia. (Suárez, 2000, citado por Cerisola, 2003).

Desde esta propuesta, se plantea la resiliencia como una alternativa de trabajo en un contexto socio-comunitario, cuyo interés principal es la preparación de las comunidades y familias para que activen la resiliencia en el marco de garantizar la calidad de vida y desarrollo sostenible, enfrentando y superando las adversidades y catástrofes que pudieran presentarse.

Esto fundamenta las opciones de incluirlo en programas de desarrollo sostenible, para aumentar la capacidad de adaptación al cambio o incluso, para utilizar el cambio de manera positiva para el logro de objetivos que garanticen mejores condiciones de vida a las comunidades, ya que la resiliencia es una herramienta que puede ser utilizada para enfrentar problemáticas emergentes.

En el contexto organizacional, la resiliencia no es vista solamente como la capacidad de reaccionar ante una crisis única, no se trata solo de recuperarse, se trata de anticipar y adaptarse continuamente a diversas situaciones a largo plazo que puedan interferir con la capacidad de generar utilidades de un negocio. Así, la resiliencia se entiende como la capacidad de reinventar dinámicamente los modelos de negocios y estrategias a medida que las circunstancias cambian. (Hamel y Välikangas, 2003)

De acuerdo con la concepción anterior, la organización que quiera ser resiliente debe enfrentar algunos desafíos: el desafío cognitivo: la empresa debe estar dispuesta a considerar los cambios que puedan afectarla, el desafío estratégico: capacidad para crear opciones atractivas, el desafío político: apoyo de nuevas inversiones con el capital y el talento humano, y el desafío ideológico: innovación y renovación en la empresa. (Hamel y Välikangas, 2003)

En el contexto de la Salud se vinculó el concepto de resiliencia con el de salud mental, en el sentido de la semejanza o coincidencia de las acciones promotoras de resiliencia

pública que se puede adoptar para salir del concepto de "patologización" hacia la posibilidad de vivir de otra manera, de construir un mundo diferente. La noción de resiliencia introduce nuevas miradas sobre los sujetos y la relación con su entorno. Ya que el riesgo se centra en la enfermedad, en el síntoma y en aquellas características que se asocian con una elevada probabilidad de daño biológico, psicológico o social. Por el contrario, la resiliencia describe la existencia de factores protectores que permiten la superación de la situación difícil, además posibilita que las personas, familias y comunidades se fortalezcan.

La resiliencia así, se plantea como un constructo que permite o facilita la comprensión de la persona más allá de sus sufrimientos, es decir, el ser capaz de desarrollar sus potencialidades y recursos propios y no sólo de verse inmersa en situaciones de riesgo.

En el campo de la intervención existen dos modelos relacionados con la resiliencia, el primero el de prevención de adversidades y su impacto, y el segundo, el de promoción, comprometido con la maximización del potencial y del bienestar entre los individuos en riesgo (Melillo y Aldo, 2001: 45).

Por tanto, el objetivo prioritario en la promoción de la salud debe ser el desarrollo de la resiliencia, promoviendo una serie de factores protectores a nivel del individuo y la comunidad, con el objetivo de mejorar su capacidad de respuesta ante los agresores externos, por lo que no es adecuado evitar las situaciones de riesgo o adelantarse a sus actos, con intervenciones que limiten la posibilidad de poner a prueba las capacidades y habilidades individuales.

La promoción de la resiliencia puede establecerse a partir de diferentes campos como: