3.1 ESPACIO PÚBLICO
3.1.2 EL DESARROLLO DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS A TRAVÉS
evoluciones y avatares en su desarrollo y que distintos pueblos le han dado distinto tratamiento.
El espacio público se origina principalmente como opuesto al ámbito de la esfera privada del individuo. En el espacio público es donde el individuo se desarrolla como ser social y donde encuentra la posibilidad de desarrollar sus potencialidades propias y aportarlas al conjunto de la sociedad. En el espacio privado el individuo desarrolla fundamentalmente sus relaciones afectivas y emocionales, donde se procrea y perpetua a la especie y encuentra su realización afectivo-emocional. De esta dicotomía y separación se dieron perfectamente cuenta en la Grecia Antigua -de antes de Cristo- y posteriormente en el Imperio Romano. Aunque si bien es cierto que el significado del espacio público fue distinto en Grecia y en Roma.
Para los griegos el espacio público era la ciudad y su entorno, en este espacio el individuo se realizaba como ser social. Para los romanos el concepto de espacio público estaba ligado a las conquistas territoriales y a la expansión del imperio a través de estas conquistas. Sólo cuando dichas conquistas no se pudieron continuar y tampoco se pudo conservar toda la amplitud del Imperio Romano el espacio público se desmorono y con él la sociedad romana. (Navarra Cano Manuel , 2003)
El la arquitectura mesoamericana no existe simplemente un afuera y un adentro. Existe, por el contrario, toda una serie de variaciones que articulan el sistema. Un patio es una forma abierta respecto a los recintos oscuros, cuya única apertura es una puerta. Sin embargo, el mismo patio resulta ser una forma cerrada cuando se separa del gran conjunto por medio de cambios de nivel. Con esto podemos observar en la Plaza de la Pirámide de la Luna observamos dos plazas: la primera, delimitada por basamentos laterales, y la segunda, delimitada por los dos basamentos que preceden a la Pirámide y forman a su vez un subconjunto con el cuerpo adosado de la misma.
La arquitectura mesoamericana se puede definir como un diálogo entre generosos espacios abiertos y volúmenes herméticos monumentales. De acuerdo a su escala y enmarcamiento el espacio a cielo abierto presenta toda una gama que va del espacio abierto público multitudinario hasta el patio privado de la casa habitación pasando por las plazas de los subconjuntos y los patios ceremoniales de los palacios. (Godoy Ileana, 2004)
Un “espacio público” se refiere a cualquier espacio abierto en el cual se reúne un número de personas. “Espacio público” es un concepto situado históricamente; sin embargo, tiene una base política y legal en la democracia liberal y la formación del Estado nacional moderno. Utilizando la discusión de Habermas (1974) sobre el desarrollo de una esfera pública, el espacio público fue creado por los burgueses capitalistas del siglo XIX para proteger y expandir sus intereses comerciales contra la aristocracia y otros regímenes no democráticos, definiendo y controlando el espacio. (Davis, 1986).
Mientras que hasta la Edad Media los espacios abiertos eran concebidos meramente como recintos cerrados en el tejido urbano (edificios sin techo), Desde el Renacimiento hasta la Segunda Guerra Mundial, el criterio dominante fue el de la apertura. En un principio, los espacios abiertos fueron indiscriminadamente usados por la comunidad para fines religiosos, comerciales y gubernamentales. La cultura griega desarrolló un sistema de espacios sumamente articulado para servir en diversas funciones religiosas, comerciales y recreativas. Este sistema incluyó acrópolis, ágoras, paseos urbanos y teatros, todos encaminados en servir a los intereses sociales de los ciudadanos al estimular la vida social, política y cultural, tecnológica y artística de su sociedad democrática. Los romanos, por su parte desarrollaron tres tipos de espacio abierto: el comercial, ceremonial y recreativo. (Brambilla Roberto, 1981)
Los ciudadanos perciben a la plaza como un espejo cultural a través del cuales pueden verse a sí mismos
(Low Setha, 2000).
La plaza hispanoamericana ha sidoidentificada como un espacio público preeminente, fuente y símbolo de poder cívico, con una larga tradición como centro cultural de la ciudad. Es un escenario para encuentros donde diversos grupos y clases sociales aparecen juntos en una forma altamente estructurada, segmentada por espacio y tiempo, sin embargo entremezclándose e interactuando en el mismo sitio. La plaza hispanoamericana estaba situada habitualmente en el centro geométrico del pueblo o ciudad, con excepción de las localidades costeras, donde a menudo se localizaba en el frente de agua. En las localidades pequeñas había una plaza, pero a medida que el pueblo se expandía, se agregaban barrios adicionales o plazas de mercado. Aún cuando la plaza histórica en muchas ciudades ya no corresponde al centro físico de éstas, todavía permanece como el foco psicológico de la comunidad, mientras que las plazas más nuevas, para turistas y negocios, se sitúan en los distritos periféricos de compras o entretenimientos. (Davis, 1986)
El espacio público se vuelve aún más valioso con la globalización. (Castells,1989) define un nuevo tipo de ciudad dual, en la cual el “espacio de flujos” – informacionales y productivos- reemplaza el significado del “espacio de lugares” – barrios y lugares donde la gente realmente trabaja y vive. La ciudad dual es un espacio compartido dentro del cual las esferas contradictorias de la sociedad local están constantemente tratando de diferenciar sus territorios, basándose en lógicas diferentes.
De acuerdo con Castells, Los espacios de flujos se organizan sobre principios de actividades de procesamiento de información, mientras que los espacios cotidianos se organizan por la lógica de hacer una vida, proveer el sustento y encontrar un lugar donde vivir. La falta de conexión entre estos espacios, y la falta de significado resultante de los lugares cotidianos e instituciones políticas es resentida por las personas, y resistida a través de una variedad de estrategias individuales y colectivas.
Las personas intentan reafirmar su identidad cultural a menudo en términos territoriales, “movilizándose para lograr sus demandas, organizar sus comunidades y singularizar sus lugares para preservar el significado, para restaurar todo lo que limite el control que ellos puedan tener sobre su trabajo y residencia (Castells, 1989, p. 350). Castells continúa argumentando que: “En el nivel cultural, las sociedades locales, definidas territorialmente, debe preservar sus identidades y construir sobre sus raíces históricas, a pesar de la dependencia económica y funcional del espacio de flujos. La remarcación simbólica de los lugares, la preservación de símbolos de reconocimiento, la expresión de la memoria colectiva en las prácticas actuales de la comunicación, son medios fundamentales a través de los cuales los lugares pueden continuar existiendo” (Castells, 1989, p. 351).
Estos lugares, que identifica como los centros simbólicos de la vida social, tan básicos para la comunicación y resistencia reales, son los espacios públicos –en este ejemplo, las plazas latinoamericanas- en los cuales estoy interesada. Así, con la creciente globalización, el papel de la plaza como un significativo centro de la vida social, se vuelve aún más crítico.
Con el tiempo, la plaza tomó funciones especiales, transformándose en el lugar del mercado donde eran intercambiados los bienes agrícolas y las mercancías, o en un centro ceremonial de significado religioso, gubernamental o militar. Pero a pesar de sus otras funciones, la plaza central permaneció como el espacio preeminente de interacción social, y es en este papel como ámbito de convergencia social que las plazas fueron transformadas en parques-jardines con césped, árboles, flores y paseos escénicos. (Low Setha, 2000)
El espacio público de interacción que se pretende proyectar en los Espacios Urbanos Sustentables para la Transferencia del Conocimiento, sugiere rescatar las funciones que tenía la plaza pública en las ciudades, un lugar de encuentro para los miembros de la comunidad. Un lugar de interacción atractivo formalmente y sustentable que fomente el ambiente idóneo para que surjan platicas informales entre los integrantes de la comunidad, las cuáles podrán generar lazos vecinales necesarios para el futuro progreso de la comunidad. Importantes son los componentes educativos y de desarrollo personal y comunitario que se forman en los espacios públicos de encuentro.