• No se han encontrado resultados

Los deseos bisexuales de la infancia

Sexualidad y creatividad

4. Los deseos bisexuales de la infancia

Como lo he mencionado en el prólogo, el niño se identifica normalmente con sus dos progenitores y quiere obtener de ca­ da uno de ellos los privilegios y los poderes mágicos que les atribuye. Estos atributos son en general simbolizados por sus órganos sexuales. En la medida en que aceptemos nuestras partes masculinas y femeninas, todos tenemos en nosotros mismos el potencial de crear, de sublimar, por así decir, nues­ tro deseo imposible de pertenecer a los dos sexos y tener hijos de nuestros dos progenitores. De esta manera nos resulta po­ sible producir “hijos” partenogénicos que se encarnan en nuestras creaciones.

EL POTENCIAL INHIBIDOR DE LOS FANTASMAS DE LA ESCENA PRIMITIVA

Las cuatro situaciones que acabamos de perfilar (lucha con el medio de expresión, lucha con las proyecciones sobre el pú­ blico, fuerza de las corrientes pregenitales e importancia de la bisexualidad psíquica) pueden considerarse cuatro versiones de la escena primitiva. Todas pueden convertirse en fuente de

fertilidad o esterilidad. Si añadimos a esto su fuerza de atrac­ ción, cada situación es percibida psíquicamente como prohi­ bida o lindante con el peligro, para uno mismo o para algún* otro. No hay probablemente ningún acto creador que no sea inconscientemente percibido como un acto de violencia y trans­ gresión; uno se ha atrevido a jugar solo, a través de un medio de expresión escogido, con un fin secreto (libidinal, narcisista y violento); uno se ha atrevido a exponer el resultado de esa tra­ yectoria ante los ojos del mundo; uno se ha atrevido a explotar la sexualidad pregenital con todas sus ambivalencias, y fi­ nalmente uno se ha atrevido, en una fantasmática inconscien­ te, a robarles a los padres sus órganos y sus poderes reproduc­ tores, y a servirse de unos y otros para engendrar creaciones propias.

Trataré de apuntalar estos elementos teóricos con breves viñetas clínicas, a fin de ilustrar la manera en que los deseos pregenitales y bisexuales pueden desempeñar un papel esen­ cial en el proceso creador, estimulándolo o paralizándolo. Es­ tos anhelos inconscientes se cuentan entre los elementos fun­ damentales que posee la investigación psicoanalítica para realzar la significación de la inhibición del proceso creativo.

EL EROTISMO PREGENITAL

La riqueza e importancia de la sexualidad pregenital son nutridas por los cinco sentidos, al mismo tiempo que por to­ das las funciones corporales. No obstante, sucede a menudo que ciertos sentidos, así como determinadas zonas y funciones corporales, son experimentados como fuentes de placer prohi­ bidas, o como sensaciones violentas y potencialmente peligro­ sas. Absorber las impresiones corporales y mentales que nos envían los cinco sentidos es en sí mismo un acto creativo. Sea cual fuere el ámbito de creación, el artista se inspira inevita­ blemente en el mundo externo, el cual le proporciona impre­ siones, percepciones y pensamientos que él incorpora mental­ mente y cuyo impacto enriquece su realidad psíquica interna. Sin embargo, es posible experimentar y al mismo tiempo te­ mer ese movimiento perpetuo entre los dos mundos, como un acto de devoración o de destrucción.

En lo que concierne a la violencia de las pulsiones orales, recuerdo a un pintor retratista que, a pesar de una técnica extraña a la que debía su reputación, captaba muy bien el pa­ recido, pero destruía a menudo los retratos más significativos para él. Pudimos comprender que su megalomanía infantil lo llevaba a hacerse responsable de la sémiparálisis facial de la madre, a la cual, en sus fantasmas inconscientes, pensaba ha­ ber atacado oralmente y devorado. En cierto sentido, se había pasado la vida tratando de reparar de manera mágica los da­ ños que de este modo le había “causado” a la madre. Los re­ tratos que realizaba eran ataques explosivos al mundo visual ys al mismo tiempo, una reparación, en cuanto presentaban un parecido sorprendente con los modelos.

Un drama inconsciente análogo se reveló en el análisis de un cirujano plástico, quien sostenía que su madre era parti­ cularmente fea. En algunas oportunidades él estimaba que no había tenido un éxito completo con una operación; el análisis de esas situaciones nos permitió descubrir que inconsciente­ mente se consideraba responsable de la fealdad de la madre, por lo que todas las pacientes parecidas a ella lo hundían en un estado de ansiedad. Sin embargo, mediante una técnica particularmente original en materia de cirugía plástica, ha­ bía logrado investir la misma violencia que él había experi­ mentado en la relación temprana con la madre. “Corto para curar”, me anunció un día. Al escucharse decir estas pala­ bras, logró comprender que “cortando” satisfacía diferentes corrientes pregenitales, al reparar la destrucción fantasmáti- ca de la que se creía autor. A partir de allí pudo aceptar las fallas en su trabajo, y las críticas de los colegas, sin una reac­ ción catastrófica.

De la misma manera que podemos absorber en nosotros percepciones del ambiente y por otra parte temer este acto co­ mo un acto destructor, la actividad que consiste en dar algo de uno mismo al mundo exterior puede también ser vivida in­ conscientemente como una defecación, y por lo tanto como un don o como un acto eventualmente humillante. También el goce y la excitación que se pueden experimentar en el acto de mostrar lo que uno ha creado son frecuentemente vividos co­ mo una exhibición del cuerpo o una masturbación realizada en público.

Esto me recuerda a un paciente mencionado por Hanná Segal en su artículo sobre los “equivalentes simbólicos” (1957), un músico que se volvió agresivo cuando ella intentó analizar su completa inhibición ante el público. Ese paciente le dijo que ella estaba sencillamente alentándolo a mastur- barse delante de todo el mundo. En su comentario, Hanna Se­ gal observa que la confusión entre tocar un instrumento mu­ sical y masturbarse no tenía un valor de símbolo, sino más bien de “un equivalente simbólico” en el que la realidad exter­ na y la realidad interna aparecerían efectivamente confundi­ das. De modo que estamos ante un mecanismo teñido de ar­ mónicos psicóticos.

LA SEXUALIDAD PRIMITIVA Y LAS PROYECCIONES DEL CREADOR

Estas reflexiones subrayan la magnitud de lo que el crea­ dor puede proyectar sobre su público anónimo: una imagen benévola o, al contrario, rechazante de su ser o sus creacio­ nes personales. Aunque las proyecciones hostiles son la fuen­ te principal de la inhibición, paradójicamente el placer ex­ tremo que se obtiene al ser reconocido y apreciado puede también conducir a fases de depresión o sentimientos de falla frente a lo que aparece como un éxito. La naturaleza comple­ ja de estas proyecciones tiene evidentemente interés para el

analista.

Mis analizantes me han enseñado que, en muchos senti­ dos, el proceso de la creación está estrechamente ligado a la imago materna, mientras que el “público” al que está destina­ da esa creación encarna a menudo la imago paterna. Ahora bien, he observado con frecuencia que cuando predomina una representación materna aplastante, ésta es la fuente de pro­ yecciones hostiles o rechazantes sobre el público fantasmáti- co. Estas proyecciones diversas pueden ir desde lo neurótico puro hasta lo psicótico declarado (el páciente de Hanna Segal que no lograba distinguir la realidad interna de la realidad externa constituye un ejemplo).

A continuación presento dos fragmentos clínicos que ilus­ tran estas ideas. En el primero, una violinista proyecta sobre

su público una imagen materna negativa derivada de la neu­

rosis, junto a una imagen paterna con potencial destructor.

La otra viñeta ilustra los efectos inhibidores de los fantasmas fecales y urinarios.