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II.4. El animal como el objeto oculto de la filosofía

II.4.2. Devenir-animal

El concepto de devenir-animal pone en juego una ontología y una aproximación a la cuestión animal que es importante tener en cuenta, como también lo es el concepto de rizoma. La clave del planteamiento de estos autores está en la prioridad del devenir sobre el ser, lo que se expresa también en la prioridad de lo dinámico sobre lo estático, lo verbal sobre lo sustantivo, del cambio sobre la identidad. En este marco, el animal como algo clasificable, identificable y objetivamente cognoscible es un fenómeno secundario respecto de los procesos a escala molecular. Antes que especies discretas en una relación, póngase el Homo sapiens y el Sus scrofa domestica, el cerdo, se pensaría la relación dinámica entre distintos elementos que sólo de un modo posterior cristalizan en objetos. Con el mismo ejemplo en mente, lo denominado «ser humano» sería la objetivación individualizante de múltiples procesos moleculares, bacterianos, alimentarios, ambientales, geográficos, entre otros muchos más. En un sentido análogo al lenguaje, en el que series de elementos mínimos sin significado –fonemas– producen por un sistema de combinaciones el efecto del significado, los animales, animal humano inclusive, son

producidos por una red de múltiples procesos impersonales, no-subjetivos, no- significantes y no-orgánicos (en el sentido de ser previos a la conformación de un todo funcional). La diferencia entre devenir-animal y el ser animal de la metafísica y la ciencia occidental es también expresada por Deleuze y Guattari mediante dos términos procedentes de la botánica: rizoma y árbol. Del mismo modo que la sistematización de la filosofía primera aristotélica estaba organizada por Porfirio por diferencias específicas dicotómicas en el Arbor Porphyriana, la taxonomía biológica está organizada por ramas de diferenciación y parentesco basada en rasgos resultado de un proceso evolutivo. En ambos casos se trata de un sistema de organización arborescente a partir de un principio, diferenciaciones excluyentes y la asunción de entidades unitarias y definidas. Desde la perspectiva rizomática los procesos arborescentes son secundarios, una reificación limitante de la multiplicidad previa de puntos. El rizoma no tiene ni principio ni fin, no opera por diferencias específicas y no conforma unidades; el rizoma se conforma por múltiples dimensiones que no generan una totalidad orgánica sino una yuxtaposición indefinida de elementos. Frente a la genealogía arborescente que presupone entidades de las que rehace su historia, el rizoma opera como una anti-memoria, estableciendo conexiones semióticas muy diversas (biológicas, políticas, económicas…). Si se piensa el rizoma y el devenir-animal en relación con la noción de mundo-ambiente (Umwelt) de Uexküll no se llega a una unidad natural, a un uno-todo, ni a una jerarquía natural de

seres, sino a una yuxtaposición de mundos sincopados continuamente siendo transformados, algunos completamente ajenos entre sí, otros entrelazados.

No sería descabellado hacer un análisis de la llegada de los barcos de la Monarquía Hispánica al Nuevo Mundo y la subsecuente conquista desde la perspectiva transversal del rizoma, desde el resquebrajamiento del conocimiento cartográfico y de navegación hasta la inmensa cantidad de indios muertos por enfermedades portadas por los españoles, retazo de siglos de coexistencia con ganado bovino y porcino. Para los cometidos de este trabajo tener presente la perspectiva de los conceptos de rizoma y de devenir-animal es muy importante para no asumir de entrada identidades claramente definidas, del tipo de lo humano frente a lo animal o de la civilización frente a lo salvaje. El análisis específico que realizaré en los siguientes capítulos se mueve en la erosión de estas dicotomías, nunca carentes de implicaciones socio-políticas. Además, el planteamiento de la cuestión animal en su radicalidad filosófica es en lo disciplinar ineludiblemente rizomática, en tanto que desenreda el objeto «animal» en diversas líneas procedentes de dimensiones dispares (biología, mitología, iconografía, semiótica, historia, política…).

Sin embargo, la exposición tanto del rizoma como del devenir-animal por parte de Deleuze y Guattari está acompañada de una serie de implicaciones, principalmente en lo político, que no necesariamente se siguen de la comprensión del animal (entre otras tantas objetivaciones) como algo fenomenológicamente secundario, como es que el

sistema arborescente esté siempre orientado teleológicamente hacia una unidad trascendental (en un sentido que asume el Uno metafísico con una organización política vertical y autoritaria). Asimismo, y pese a que los autores se adelantan a estas objeciones en el capítulo mismo dedicado al rizoma en Mil Mesetas, aludiendo a que la oposición rizoma/árbol no debe tomarse en sentido maniqueo y que en el árbol mismo hay líneas de fuga rizomáticas así como en el rizoma hay líneas de reterritorialización arborescentes, se podría caer fácilmente en un salto de la descripción de dos ámbitos de comprensión a la prescripción de lo rizomático como única forma válida. En otras palabras, parece que se pasa de considerar el devenir-rizomático anterior a su reificación en el ser-arborescente a la invalidación de cualquier decantado arborescente, lo que en el marco hermenéutico que estoy planteando en este escrito no hay por qué asumirlo de entrada.