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II.4. El animal como el objeto oculto de la filosofía

II.4.3. Juego de lenguaje y forma de vida

Con respecto a la relación de lenguaje y mundo conviene revisar ahora el segundo de los recorridos antes mencionados. Wittgenstein da herramientas clave para replantear la cuestión animal, como son las nociones de juego de lenguaje y forma de vida, si bien él mismo no las llevó tan lejos. La obra de Wittgenstein no piensa específicamente la cuestión animal y son muchos los lugares en los que muestra un pensamiento que los

pensamiento da los elementos suficientes para construir un marco desde el que pensar la cuestión animal, más allá o pese al autor mismo, como ocurre también con Levinas. La discusión sobre lo animal en Wittgenstein suele comenzar en torno a una frase recogida en las Investigaciones filosóficas: «si un león pudiera hablar, no lo podríamos entender» (511). Esta afirmación podría recordar a la radical diferencia de los mundos perceptivos de Uexküll. A este respecto, comentando la correspondencia entre la disposición de los hilos de una telaraña y la capacidad visual de una mosca, de modo que ésta queda atrapada, Agamben señala que «los mundos perceptivos de la mosca y de la araña están absolutamente incomunicados y, sin embargo, tan perfectamente coordinados» (83). La pregunta que surge respecto del león de Wittgenstein es si la incomprensión se debería al mundo perceptivo dado por la especie biológica o por otras razones, aunque hay que resaltar la especificidad del ejemplo dado por Agamben, al ser una relación predatoria.

La afirmación de Wittgenstein a primera vista parece continuar el paradigma moderno de la oposición humano/animal basada en atribuciones/privaciones. Sin embargo, si se lleva la afirmación más allá de la letra de Wittgenstein, pero aún dentro del pensamiento del mismo, resulta en un planteamiento novedoso. En su libro Animal

Happiness, Vicki Hearne sostiene que esta afirmación yerra de entrada en el sujeto de la

frase, wir, el «nosotros» elidido en la traducción: «los leones de hecho hablan a algunas personas y son comprendidos» (167 – inglés en el original). La perspectiva de Hearne, con una larga experiencia en el entrenamiento de perros y caballos, parte de que la

comprensión se construye precisamente en la participación de un juego de lenguaje común, por ejemplo, el juego de lenguaje del entrenamiento. En otro lugar de las

Investigaciones filosóficas, Wittgenstein sostiene que «imaginar un lenguaje significa

imaginar una forma de vida» (31; §19). En el hilo de la argumentación aquí seguida, «forma de vida» no haría referencia a una entidad previamente establecida (la forma de vida del león) sino a la relación dinámica entre elementos de diversa índole que por combinatoria crean efectos de significación.

La incomprensión del león se produciría, por tanto, por la falta de juegos de lenguaje en común, de ahí que Hearne sostenga que el entrenador de animales y el respectivo animal (león, perro o caballo) sí hablarían. El sentido de lenguaje que tendría esta línea de pensamiento inspirada en Wittgenstein se separa del excepcionalismo humano y de la lengua como conjunto de proposiciones con un valor de verdad para plantear el lenguaje a un nivel semiótico superior, enredado en la pragmática de los juegos del lenguaje. De este modo también se desactivaría el paso que va desde el lenguaje (como conjunto de proposiciones) al pensar: «se dice a veces: los animales no hablan porque les falta la capacidad mental. Y esto quiere decir: “no piensan y por eso no hablan”. Pero: simplemente no hablan. O mejor: no emplean el lenguaje». (41; §25). No emplean un lenguaje proposicional o lógico-enunciativo, pero sí pueden entrar en un juego de lenguaje; de hecho, la etología muestra una infinidad de juegos de lenguaje en el mundo animal. Además, añade Hearne, el caso del león no apunta a una ausencia de

consciencia sino a una forma de ser que está más allá de nuestra consciencia, de nuestra capacidad de pensar(nos) sin consciencia (170). Wolfe en su ensayo «In the Shadow of Wittgenstein’s Lion» (incluido en Zoontologies) concluye que la línea que parte de Wittgenstein sacude la diferencia entre lo humano y lo animal por su convención pragmática y convencionalista de los juegos del lenguaje, así como la noción de mundo se fragmenta en la multiplicidad de mundos a los que se accede por la participación de los juegos mismos de lenguaje, lo que son, a su vez, formas de vida (o modos específicos de esas formas de vida).

Entonces, según esta línea los mundos perceptivos de dos formas de vida distintas podrían coordinarse y hasta cierto punto solaparse en la medida en que participaran de un mismo juego de lenguaje. Esta puesta en común no opera solamente a un nivel social o conductual (eso sería presuponer entidades preestablecidas), sino que modifica el decantado que llamamos especie, alterando las pulsiones o marcadores de significado. Éste es un proceso de domesticación que asegura la coordinación a largo plazo. A propósito de Uexküll, Agamben afirma que «no existe un bosque en cuanto ambiente objetivamente determinado» (81), sino que existe el bosque para el guarda forestal, el bosque para el zorro, para el cazador, y así sucesivamente; que no sea objetivamente determinado significa que hay multiplicidad de relaciones, algunas de una complejidad nada desdeñable tanto a nivel intra-especie como entre especies, así como entre diversas esferas, pudiéndose traer a colación el rizoma deleuziano. Ahora bien, el

caso de la domesticación plantea una pretensión o proyecto de objetivación por parte de lo humano, sobre la que volveré en el siguiente capítulo en referencia al llamado «claro de bosque» de Heidegger.

Finalmente, volviendo a una metáfora del capítulo anterior, si la tradición filosófica occidental moderna establecía un abismo entre lo humano y lo animal, esta línea no rellena el abismo: lo multiplica. No sólo multiplica el abismo que separa lo humano de lo animal (lo humano de lo felino, lo felino de lo arácnido…), sino también el abismo que separa los distintos juegos de lenguaje, sean realizados por cualesquiera seres (humanos, anfibios, equinos…).