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MODELO PROVISORIO CORRESPONDIENTE AL GRUPO

5 DI SCUSI ÓN Y CON CLUSI ON ES

Enferm edad y sociedad en los Valles Calchaquíes

Nuest ra consideración de las est rat egias t erapéut icas frent e a la enferm edad en los valles Calchaquíes, nos conduce a plant ear, en prim er t érm ino, que estas estrategias no solo involucran al enferm o y los terapeutas cualesquiera sean ellos, “ m édicos cam pesinos” o m édicos del hospit al, sino a un espect ro de act ores que, de diversas m aneras, int ervienen en el proceso de búsqueda de la salud. El análisis de los casos de gripe y susto hizo posible contrastar y corroborar gran part e de los result ados obt enidos en la prim era et apa de la invest igación, lo cual nos conduce a una ciert a caract erización del recorrido t erapéut ico de los m iem bros de la com unidad est udiada.

En prim er lugar, la recurrencia sim ult ánea a m arcos referenciales t erapéut icos provenient es de la m edicina cient ífica y t radicional. Así por ej em plo nos fue posible reconocer, por una part e, la im port ancia y vigencia de los expert os m édicos t radicionales, incluyendo a los fam osos m édicos Kallawaya ( Vellard, 1980) cuya visita es esperada en los valles donde se los reconoce com o los principales proveedores de los recursos terapéuticos tradicionales y, por otra, la cada vez m ás frecuente utilización de los recursos de la “ m edicina científica” paulat inam ent e int egrados a las est rat egias locales frent e a la enferm edad. La creciente plasticidad de los sistem as etnom édicos, definidos por Good com o “ el t raslapo de la biom edicina, las m edicinas t radicionales y el aut ot rat am ient o” ( en I doyaga Molina, 1999: 8) se pone en evidencia en los relat os de casos. Est os m uest ran cóm o la población cam pesina convive con dobles diagnóst icos y tratam ientos, los de la biom edicina y los de las m edicinas tradicionales. Com plem ent ariedad t erapéut ica que le perm it e at ribuir la cura - si est a sucede

1999: 12) . De est e m odo, nuest ra m et odología nos perm it e acceder a enfoques com plem ent arios, profundizando y am pliando el cam po de problem át icas involucradas en la consideración de las est rat egias de búsqueda de la salud. En segundo lugar, la incom pet encia asignada a la m edicina cient ífica en lo que respect a al diagnóst ico y t erapia de la enferm edad del susto. En t ercer lugar, la referencia a ciert a especialización de los t erapeut as t radicionales, lo cual confiere particular prestigio a quienes han dem ostrado sus dotes y eficacia en el diagnóst ico y t rat am ient o de enferm edades específicas. En cuart o lugar, la exist encia de int erm ediarios, en su m ayoría m iem bros del grupo dom ést ico, que asum en un rol act ivo en lo que respect a a las decisiones t erapéut icas. En el cont ext o de las est rat egias para el t rat am ient o de la enferm edad del

susto distintos recursos intervienen con gran peso y valor: el sahum ado com o acto1, la lim pieza de las habitaciones, las oraciones, el silencio y el llam ado son t an im port ant es en est e com plej o t erapéut ico com o el valor int rínseco de los principios presentes en los elem entos adm inistrados m ediante el sahum ado

com o m edio y las t om as. En general se at ribuye m ayor eficacia t erapéut ica a la com binación de est as práct icas. Se observa concordancia en los elem ent os utilizados y determ inadas com binatorias específicas ( Palm a, 1978; I doyaga Molina, 1999) . El caráct er fuert em ent e rit ualizado de la cura del susto asigna im portancia tanto a las técnicas y elem entos utilizados y sus com binatorias com o a las personas autorizadas para llevar a cabo su diagnóstico y t rat am ient o. Se est ablece una clara diferencia ent re quienes son buenos para

“ hallar” ( diagnosticar) el susto, y quienes son buenos para curarlo. Ent re est os últ im os t am bién se m arcan diferencias. Solo llam an en el lugar del susto

aquellos expert os que han dem ost rado part icular eficacia en el m anej o de est e t ipo de t écnica t erapéut ica. En la m uest ra considerada sólo un m édico cam pesino en com pañía del padre del enferm o, puede llevar a cabo est e com plicado rit ual. Por su part e, las m édicas cam pesinas se destacan por sus habilidades en la confección de recet as para el sahum ado y las t om as y la event ual provisión de est os recursos en form a aislada o com o “ preparados” . Asim ism o, los m iem bros fem eninos del grupo dom ést ico est án habilit ados a

efectuar el “ llam ado en la coronit a y en los pies” del enferm o y a preparar y realizar el sahum ado y las t om as que acom pañan al llam ado.

En general, t ant o en los casos de gripe com o en los de susto se asigna relevancia al rol de los m iem bros del grupo dom ést ico del enferm o, en part icular las m uj eres m ás est recham ent e vinculadas al m ism o – m adre, esposa, abuela –, en la resolución del problem a de la enferm edad. Al respect o hallam os una est recha correspondencia ent re los result ados obt enidos en nuest ro est udio y los derivados de la invest igación realizada por Laurie Price ( 1997) a fines de los 80 sobre las historias de enferm edad en el curso de la conversación en las tierras altas de Quit o ( Ecuador) . At ribuyendo el fuert e sim bolism o de la figura m at erna en las cult uras lat inoam ericanas a la influencia del cat olicism o hispano, la aut ora dest aca: “ en la narrat iva se m arca el rol cent ral de la m adre en el cuidado de sus hij os enferm os. Las responsabilidades y act ividades de la m adre ocupan un espacio cent ral y distintivo en el m odelo de fam ilia”.

En los casos de susto en los Valles el grupo dom éstico se am plía a otros personaj es fem eninos: am igas, vecinas, herm anas que viven en lugares dist ant es, las cuales coadyuvan a la t area de reunir los recursos necesarios a las elaboradas terapias locales. Mientras tanto, los personaj es m asculinos – padre, abuelo – “ por ser m ás coraj udos” pueden afrontar las riesgosas instancias rituales del “ llam ado” del espíritu en el lugar en que se produj o el

susto. Nuevam ent e en concordancia con lo observado por Price: “ el m odelo cult ural de fam ilia revelado en est as hist orias de enferm edad, m uest ra una clara diferenciación de género en las expect at ivas acerca de la t om a de decisiones, arreglos económ icos, enferm ería y otras esferas de actividad asociadas con los problem as de salud. Se espera que los m iem bros fem eninos de la fam ilia asum an el peso cent ral en la enferm ería en el hogar y que avancen hacia los sist em as de cuidado de la salud especializados en represent ación de sus fam ilias. Aunque el rol prot ot ípico de la m uj er en la fam ilia es el de m adre, el m odelo cult ural prescribe que el peso del cuidado del

dom ést ica ( la observación et nográfica confirm a est o com o un pat rón de com port am ient o general) . El m odelo acuerda que los hom bres....no est án asociados con el sufrim ient o y la pena. No est án preparados ni psicológica ni socialm ent e para hacerse cargo de la angust ia. Las narrat ivas t am bién indican que los hom bres poseen conocim ient o cult ural acerca de la búsqueda de la t erapia y los t rat am ient os caseros, sin em bargo nadie espera que se involucren en est as act ividades siem pre que las m uj eres de la fam ilia est én disponibles para asum irlas”.

La red social involucrada en los casos de susto t am bién incluye a personas que de uno u ot ro m odo int ervienen en las circunst ancias en que el susto se genera. El dueño de una finca, una em pleada dom ést ica y personal del hospit al, result an agent es involunt arios de la em ergencia del susto. Una conduct a desaprensiva ( present ársele con una m áscara, dej ar caer al niño) o com port arse de acuerdo a lo paut ado por inst it uciones aj enas a la com unidad ( hacerle inyecciones en el Hospit al de Salt a) producen com o efect o la irrupción de la enferm edad. De est e m odo, los agent es significat ivos en t orno a la enferm edad del susto se dist ribuyen en un espect ro que da cuent a de las diferencias sociales ubicando al grupo del enferm o y sus pares en el espacio de la reparación y la cura, y a quienes desem peñan ot ros roles en la j erarquía social - patrón de finca, personal de servicio - o en instituciones oficiales - personal del hospit al - en espacios de riesgo de cont raer la enferm edad. La sociabilidad ent re pares coadyuva a la salud. La soledad, o el cont act o con gent e ext raña o socialm ent e dist ant e, hace a los vallist os vulnerables a la enferm edad. En est e sent ido, las est rat egias frent e a la enferm edad expresan y reafirm an los m odos de organización social en los valles, los contextos relevantes a las diferencias sociales: la finca com o estructura económ ica, el hospital com o institución sanitaria oficial, el servicio en el ám bito dom éstico y los valores asociados al desem peño de roles en esos contextos. A la m ism a conclusión arriba Price cuando dice: “ Las hist orias de enferm edad de los ecuatorianos a m enudo trascienden sus focos tópicos y expresan m odelos generales de fam ilia, relaciones de vecindad y am ist ad y de j erarquías sociales de la sociedad ecuat oriana.”

Por ot ra part e, nuest ro est udio de la narrat iva de casos nos perm it e reconocer t ipos de roles relevant es al proceso de búsqueda de la salud. En el cont ext o del caso surgen las figuras del enferm o, m ediador y t erapeut a, com o act ores sociales significativos. Nuestro análisis hizo posible establecer algunos m ecanism os m ediant e los cuales el relat ant e dest aca su propio rol en el caso, elim inando algunos suj et os en su relat o o am pliando su propia esfera de acción en det rim ent o de la de ot ros act ant es. Análogam ent e, evaluando los resultados obtenidos en su investigación Price señala: “ Las historias de enferm edad, sin excepción, codifican conocim ient o cult ural significat ivo acerca del rol que t uvo el narrador en los event os de una enferm edad. Así sea el m arido, vecino, m adre o hij a, el que cuent a la hist oria siem pre focaliza su at ención en la acción de la que ella o él part icipó. El narrador frecuent em ent e sostiene im plícitam ente ‘hice lo correcto’ esta declaración pública constituye un m odo de negociar el significado de los event os de enferm edad y puede ser una fuent e im port ant e de validación social del narrador”. Las esferas de acción at ribuídas a los act ant es, se corroboran y am plían al considerar la inform ación que cada t ipo de act ant e provee com o relat ant e del caso. Así, nuest ro análisis del volum en de discurso dest inado a dist int os ít em s – causa, sínt om as, t écnicas t erapéut icas, et c. – varía según el rol de quien relat a com o prot agonist a del caso: el enferm o se det iene en las circunst ancias en que se produce la enferm edad y en los síntom as; el m ediador en los circuitos recorridos para su cura; el t erapeut a en las técnicas y recursos terapéuticos específicos. Cada relat ant e describe con peculiar det alle las inst ancias en las que le ha t ocado act uar, int roduciendo a su int erlocut or en sus esferas de actividad específica y a través de ello al universo de expectativas respecto a su acción. El caso - com o otros m icro- contextos de actuación social - se present a, en est e sent ido com o un cam po de int erés para la exploración de roles y m odos de organización social que result an del m anej o de sit uaciones problem áticas en la vida diaria. El dom inio de acción de los actores y sus interrelaciones despliegan los recursos y alternativas disponibles y los m odos de viabilizarlas. La percepción del riesgo, los m odos de prevenirlo y de asum ir

resalt ando la com plem ent ariedad de creencias y práct icas com o pat rim onio de suj etos que asum en roles específicos en el espectro social de los pobladores del valle. Así, las expect at ivas en t orno al rol de una m adre, un padre, un

m édico cam pesino o el doct or del hospit al frent e al problem a de la enferm edad, se ven ilustradas y j ustificadas por referencia a los m atices con que est os act ores describen las alt ernat ivas de su accionar. En el m ism o sent ido, Price dest aca que en la t area de int erpret ar y hablar acerca de la enferm edad, se delinean m odelos cult urales de soport e social fam iliar y ext rafam iliar, un m odelo cult ural de j erarquía social ( con esquem as asociados de inst it uciones biom édicas) y un conj unt o de nociones int errelacionadas acerca de la causación de la enferm edad. La com unicación de t al inform ación a través de la conversación y narrativa aum enta y refuerza m odelos cognitivos com partidos acerca de los roles sociales en la situación de enferm edad, incluyendo expectativas acerca de parientes fem eninos y m asculinos, vecinos y am igos y m édicos y enferm eras. Est os m odelos const it uyen un subconj unt o de m odelos culturales de roles en las interacciones fam iliares cotidianas y de las relaciones sociales en general.

Así, los m odos de participación en la acción terapéutica em ergen com o criterio para la delim it ación y diferenciación de roles sociales. Est o im plica un supuest o de alcance m ás general: la organización social es relat iva al cont ext o, del cual se deriva la consideración de las act ividades t erapéut icas com o contexto adecuado para la caracterización de tipos de roles y m odos de art iculación social en la com unidad est udiada.

La const rucción sim bólica de la enferm edad en los Valles Calchaquíes Las hist orias de enferm edad cont ienen num erosas “ t razas” de m odelos cognit ivos que conform an la int erpret ación de la enferm edad ( Price, 1997) . La exploración sistem ática de estas trazas - a nivel de la enunciación y del enunciado - en nuest ro corpus, hizo posible delim it ar el susto com o ent idad

sim bólica, com o sím bolo nuclear en t orno al cual se agrupan referencias a dist int os cam pos de experiencia.

En principio fue posible est ablecer el predom inio de la concept ualización de la ent idad com o obj et ivable, sust ant ivable, fact ible de ser ident ificada, hallada o poseída por alguien ( consideración est át ica) frent e a la concept ualización de la ent idad com o acont ecer o est ado t ransit orio del suj et o ( consideración dinám ica) . De la relat ivam ent e escasa presencia de form as m odalizadoras del lexem a de designación y lo rest ringido de su espect ro, result ó que el susto se present a com o una ent idad no cualificada, cuyas posibilidades de t ransform ación se reconocen sólo en el ám bit o de lo cuant it at ivo – “ ( se) t iene poco o m ucho susto” –.

El análisis de las form as de designación de est a ent idad en su anclaj e en la enunciación perm it ió est ablecer dist inciones relevant es a la caract erización del

susto en relación a ot ras ent idades com o el quedado. Fue posible observar que la dist inción ent re susto y quedado em erge en la referencia a su ocurrencia concret a m ient ras se diluye o desaparece al aludir a am bas ent idades en un cont ext o m et alingüíst ico. En los enunciados considerados se observaría que, a m ayor abst racción concept ual ( m enor adherencia referencial a los hechos) , m enor posibilidad de diferenciar las entidades designadas. Asim ism o las relaciones identificadas en el discurso entre el susto y otras entidades a las que se asocia, com o la “ pena”, o afect a, com o el “ corazón”, asignan pert inencia a la inclusión del susto ent re las enferm edades del espírit u.

De la evaluación de la dist ancia suj et o del discurso- enunciación result a la t endencia del grupo de inform ant es a sost ener su discurso en lo que “ es sabido” en la com unidad u ot ros “ dicen” , eludiendo apoyarlo en sus propias experiencias o convicciones.. Est a part icular form a de expresión de la act ividad sim bólica del grupo est udiado revelada por nuest ro análisis de las enunciaciones de designación de la enferm edad, es subrayada en un est udio reciente de Marisa Villagra ( 1995) acerca de la narratividad de los pobladores

en Am aicha del Valle, la aut ora señala: “I gualm ent e sobresalen por la abundancia de su uso las form as de cit ación de ot ro narrador o de la voz que corre ( dice, dicen, diz que) . Est e procedim ient o es un caso de int ert ext ualidad según Reyes ( 1984: 64) . Para Ducrot ( 1984: 139) esta posibilidad de hacer hablar al ot ro dent ro del propio discurso guarda m ás bien relación con no querer asum ir com o propia la afirm ación ant erior, lo cual lleva a la aparición de una pluralidad de voces diferent es o “ polifonía” sost enidas por la voz del narrador. García ( 1994) at ribuye a la frecuent e aparición de est as part ículas narrat ivas el valor de subordinant e focalizador del relat o.” Nuevam ent e encont ram os en el est udio de Price un correlat o de nuest ros result ados: “

“ Ellos dicen” es una frecuent e ocurrencia lingüíst ica im plem ent ada en est as hist orias: funciona para conducir al hablant e a decir algo sin t om ar part ido acerca del valor de verdad del enunciado

El análisis de las expansiones de los enunciados de designación a otros grupos de enunciados reveló el caráct er convencional que asum e la relación ent re la ent idad designada y la t erapia o los sínt om as ( form as de m anifest arse en el suj et o) , m ient ras que la relación con la causa se present a com o aleat oria en t ant o vinculada a la experiencia exist encial del suj et o que la enuncia.

La am plit ud y variedad de sit uaciones pasibles de generar el susto, no im pide reconocer que todas ellas refieren a circunstancias inesperadas o a contextos no fam iliares. La alusión a ent ornos y event os no fam iliares o desconocidos com o causa del est ado no deseado pone el énfasis en problem as de