1.1. GENERALIDADES
1.1.2. Nociones Básicas
1.1.2.3. Salud Ocupacional
1.1.2.4.6. Diagnóstico y Dimensiones
El diagnóstico del síndrome de Burnout merece el término de “eslabón perdido”, ya que aun cuando su discriminación puede realizarse por múltiples vías, esta patología no ha sido aún estipulada dentro de los manuales internacionales de diagnóstico psicopatológico como una padecimiento independiente, por lo que resulta casi imposible colocarle una etiqueta distintiva como enfermedad (Montero-Maín & García, 2010).
El síndrome es aludido a breves rasgos por la (World Health Organization, 1994) en la Clasificación internacional de enfermedades bajo el código Z73.0, sin distintivo alguno dentro del apartado asociado a “problemas relacionados con el manejo de las dificultades de la vida”. Es necesario resaltar, que en ciertas naciones europeas a los pacientes con Burnout se les califica con el síndrome de neurastenia CIE-10, código F 48.0, tomando en cuenta
40
criterios como el hecho de que su sintomatología debe hallarse estrictamente asociada al trabajo (Bellingrath, 2008); en correspondencia con el raciocinio de planteamientos presentes en la mayoría de las investigaciones, quienes la relacionan dentro del perfil de enfermedad mental. Con respecto al manual DSM –IV es aún más ajena la connotación de este fenómeno dentro de los trastornos mentales paradójicamente.
Por lo antes expuesto, algunos escritores en sus trabajos sobre Burnout en todos los ámbitos, sugieren ciertos ejes y códigos dentro de los que podrían incluirse esta importante definición, en función de evitar el subdiagnóstico de la patología y la merma de su importancia. El psicólogo (Mansilla, 2014) piensa que se podría según el manual DSM-IV-R, añadir el síndrome de Burnout como un trastorno adaptativo con la codificación F43.25: Con alteración mixta de las emociones y el comportamiento [309.4] por sus rasgos clínicos, ya que el distintivo fundamental del trastorno adaptativo es el desarrollo de síntomas emocionales o comportamentales en réplica a un estresor psicosocial reconocible y además los síntomas deben exhibirse durante los tres meses consecutivos al inicio del estresor. La expresión clínica de la reacción consiste en un profundo malestar, superior a lo esperable dada la naturaleza del estresor, o en un menoscabo significativo de la actividad social, profesional o académica.
A ésta analogía se contradice el criterio de que la duración del trastorno adaptativo en cualquier grupo etario y ambiente con el cese del estresor y sus consecuencias no de persistir más de seis meses y tampoco debe encajar en otro eje del manual (American Psychiatric Association, 1997).
Otra opción diagnóstica para (Mansilla, 2014), es considerar el síndrome de Burnout como una enfermedad netamente laboral e incluirlo en el Eje I de la CIE-10 que agrupa los trastornos clínicos y otros problemas que pueden ser objeto de atención médica. Esta categoría se puede emplear cuando la esencia de atención clínica es un problema profesional no relacionado a un trastorno mental o que, si se corresponde a uno, no es lo suficientemente peligroso como para requerir cuidado médico especial. En este apartado encontramos a patologías como la insatisfacción laboral y la incertidumbre sobre la elección profesional. Sin embargo, el desarrollo de múltiples investigaciones permite el discernir que el síndrome
41
de Burnout despliega un cuadro mucho más difícil e incapacitante para la persona y para el ejercicio de la actividad laboral.
Desde otra perspectiva (Roth & Pinto, 2010) connotan en su estudio sobre personalidad y satisfacción laboral, el contenido de la Décima Revisión de la Clasificación Internacional de Las Enfermedades (C.I.E–10) y reseña que desde 1992 ésta hace referencia a los "factores que afectan al estado de salud" e incluye un código designado "agotamiento", dentro del capítulo destinado a los "problemas relacionados con el manejo de las dificultades de la vida". Además opina que el síndrome de Burnout correspondería en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders IV (DSM-IV), según ardua deducción a un trastorno distímico (300.4), un trastorno de ansiedad (300.01), y un trastorno de personalidad no especificado (301.9) (American Psychiatric Association A. , 2000)
Existen múltiples test por los cuales se puede llegar al diagnóstico de Burnout, muchos incluso adaptados a la realidad de la población que se va a estudiar. Sin embargo el de mayor difusión, sometido a estudios de validación que corroboran su fiabilidad y aceptado de manera internacional es el Maslach Burnout Inventory (MBI).
El cuestionario creado por Maslach y Jackson es reconocido universalmente como la medida cardinal de agotamiento profesional, éste concentra una amplia investigación que se ha realizado durante más de 25 años desde su publicación inaugural.
Un estudio de (García, Herrero, & León, 2007), exploró la disposición factorial de la adaptación al castellano del Maslach Burnout Inventory (MBI) en una muestra compuesta por 136 trabajadores del Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Sevilla, que incluyó desde los guardias de seguridad hasta los médicos psiquiatras. Efectuaron un análisis mediante componentes principales con rotación Varimax que presentó cinco factores con autovalores mayores que uno. En el primer factor agruparon los ítems de agotamiento emocional, en el segundo los de despersonalización, y en los factores tres, cuatro y cinco los ítems de realización personal en el trabajo. Con posterioridad realizaron otro análisis ajustando a tres la extracción de factores. La solución factorial reprodujo la distribución de los ítems del manual, aunque los ítems seis, catorce y dieciséis saturaban en más de una subescala. A razón de los resultados obtenidos, el cuestionario se consideró válido y fiable en la versión adaptada al castellano.
42
(Alvarez & Fernández, 1991), obtuvieron una consistencia interna, estimada por el coeficiente alfa de Cronbach, de 0.90 para Cansancio Emocional, 0.79 para Despersonalización y, 0.71 para Realización personal; (Aluja, 1997) a la par está de acuerdo con la seguridad que despliega el uso del Maslach Burnout Inventory, tanto en lo referente a validez de constructo como a consistencia interna. Además (Burke & Richardsen, 1991) afirman en su escrito sobre el Burnout en organizaciones deportivas, que la fiabilidad y validez del instrumento son adecuadas.
El investigador (Abu-Hilal, 1995) confirma la estructura factorial del instrumento, asimismo (Balogun, Helgemoe, Pellegrini, & Hoeberlein, 1995) encontraron correcta la estructura trifactorial, con índices de fiabilidad para cada uno de los factores bastante aceptables (Cansancio emocional: 0.82, Realización personal: 0.80 y Despersonalización: 0.60). Se han publicado varias formas a partir de este cuestionario que se han desplegado de la necesidad de enfocar de forma más específica los ítems a la realidad de cada profesión, dentro de los cuales encontramos:
Encuesta para profesionales de Servicios Humanos MBI - HSS creada por (Maslach & Jackson, Maslach Burnout Inventory Research Edition, 1981).
Encuesta MBI - Educadores (MBI - ES) que es una adaptación de la medida inicial para el uso con los pedagogos (Maslach, Jackson, & Schwab, Maslach Burnout Inventory Educators Survey, 1981).
Encuesta MBI General (MBI -GS) cuya versión más reciente fue diseñada para el uso con los trabajadores en otras ocupaciones (Maslach, Jackson, & Leiter, Maslach Burnout Inventory Tercera Edicion, 1996).
MBI Encuesta Estudiantil basado en el MBI –GS y la Encuesta de Pacientes MBI
fundamentada en el MBI – HSS.
Maslach Burnout Inventory – Human Services Survey
Para la validación de este cuestionario en el personal sanitario un estudio en México realizado por (Hernández, Gumbau, & Rodríguez, 2012) analizó las propiedades psicométricas del Maslach Burnout Inventory-Human Services Survey. Evaluaron la
43
estructura factorial tridimensional en 276 profesionales que trabajan en el sector sanitario, los resultados del Análisis Factorial Confirmatorio mostraron que tal y como se esperaba, el Burnout está compuesto por tres dimensiones independientes pero relacionadas y que esta encuesta las engloba muy coherentemente.
Las tres dimensiones que el test de Maslach Burnout Inventory HSS, son valoradas por medio de 22 ítems en forma de afirmaciones referidas hacia el trabajo; de los cuales:
Al agotamiento emocional corresponden 9 ítems que evalúan la vivencia del individuo con las exigencias del trabajo con pacientes y colegas mismos que resultan extenuantes, el valor máximo de esta escala es de 54 puntos (Gutiérrez, Celis, Moreno, & Suárez, 2006).
La subescala de Despersonalización con 5 ítems, valora el grado en que pueden reconocer en sí mismo actitudes de frialdad, insensibilidad y distanciamiento afectivo; su puntuación máxima es 30 (Carrillo-Esper, Gómez, & Espinoza, 2012).
La Realización Profesional, valora los sentimientos de autoeficacia y autoestima en el trabajo, su puntuación máxima es de 48 (Rubio, 2003).
Se diagnostica con valores altos en las dimensiones de agotamiento emocional y despersonalización y bajos en realización profesional, las preguntas correspondientes a cada escala son las siguientes:
Cansancio emocional: 1, 2, 3, 6, 8, 13, 14, 16, 20. Despersonalización: 5, 10, 11, 15, 22.
Realización personal: 4, 7, 9, 12, 17, 18, 19, 21.
Tabla 1. Puntos de Corte de las dimensiones de Burnout en el Maslach Burnout Inventory.
CRITERIOS ALTO MEDIO BAJO
Cansancio Emocional (CE) >27 26-19 <19 Despersonalización (DP) >10 9-6 <6 Baja Realización personal (RP) <33 34-39 >40 Fuente: Recuperado de Maslach C. (1982): MBI Maslach Burnout Inventory. Palo Alto. Consulting Psychologists Press.
44
El diagnostico se realiza cuando observamos que un sujeto obtiene altas puntuaciones en las dimensiones de Cansancio emocional y Despersonalización y bajas en Realización personal. Ya que el síndrome de Burnout no es una variable dicotómica, sino continua que se puede distinguir con diferentes niveles de intensidad, y no constan puntos de cohorte válidos a nivel clínico para calcular la presencia de Burnout y poder aislar los casos afectados por el síndrome de los no afectados.
La consonancia en percentiles ayuda a clasificar el síndrome del siguiente modo: P75 Burnout alto, P50 Burnout medio y P25 Burnout bajo (Gil-Monte P. , 2002). Estas puntuaciones han sido experimentadas en diferentes muestras y se ha concluido que los niveles de Burnout son diferentes según la muestra, es decir que no queda claro la demarcación entre lo normal y lo patológico. Esto sugiere que no se puede generalizar a todas las profesiones y culturas la clasificación del burnout, e implica la elaboración o adecuación de ciertos criterios (Ramos, 1999).