Capítulo 1: El predio: la ESMA en cuatro tiempos
1.2 Dictadura y centro clandestino de detención
El 24 de marzo de 1976 el golpe de Estado derrocó al gobierno encabezado por María Estela Martínez de Perón e instaló en el poder a una Junta Militar, compuesta por Jorge Rafael Videla, por el Ejército, Emilio Eduardo Massera por la Marina y Orlando Ramón Agosti por la Fuerza Aérea, y delegó el cargo de presidente de la Nación al jefe del Ejército.
Si bien muchos autores coinciden en señalar que la dictadura llevó adelante un plan sistemático de exterminio contra los llamados “subversivos”, no todos ponen el acento acerca de lo que fue la dictadura en el mismo sitio, es decir, en los mismos actores y circunstancias. Lvovich y Bisquert (2008) identifican como uno de los principales objetivos de los militares la búsqueda del disciplinamiento social en consonancia con lo que consideraban como los valores de “un buen argentino”. El mantenimiento de estos valores, correspondientes con los de la occidentalidad cristiana, implicaba aniquilar a los sujetos que hacían un libre uso de sus relaciones sociales (Fierstein, 2004). De esta forma se le sumó al disciplinamiento de lo cotidiano, la
33 Ley de seguridad interior, promulgada el 6 de enero de 1992.
34 Sitio web de la Armada Argentina. http://www.ara.mil.ar/pag.asp?idItem=69. Consultado el 10/01/2017 35 Sitio web de la Armada Argentina. http://www.ara.mil.ar/pag.asp?idItem=19&p=1. Consultado el
limitación de las diferencias, la coacción de instituciones y la eliminación de una cultura política igualitaria (Alonso, 2007). Como señala Hugo Vezzetti la dictadura, autodenominada Proceso de Reorganización Nacional “anunciaba desde la desmesura de esa denominación que no le bastaba intervenir sobre el Estado y las instituciones sino que la nación misma debía ser objeto de una profunda reconstrucción” (2003, 23).
Daniel Fierstein (2004) se pregunta sobre la pertinencia de la utilización del término genocidio para designar hechos violentos en Latinoamérica, especialmente en la Argentina de los setenta. Quizá sus reflexiones, en relación con otros autores, sean esclarecedoras para pensar quiénes eran específicamente los destinatarios de esta violencia extrema, y cómo fue el juego político en esos años.
La pregunta sobre la pertinencia de designar a la dictadura como un genocidio o no, cobra importancia si tenemos en cuenta que la discusión jurídica impone discursos de verdad y la posibilidad de actuación (Fierstein, 2004). Si retomamos la reflexión de este autor, emprendemos un camino de reconstrucción sobre el concepto de genocidio y cómo ha sido acuñado en diversos momentos por organismos internacionales (Convención para la prevención y sanción del delito de genocidio en 1948), por la justicia (sentencias del Juez Garzón en1997) y por diversos especialistas en el tema36. Lo interesante de este planteo reside principalmente en que el autor llega a la conclusión de que la dictadura argentina fue un politicidio (retoma la definición de Harff y Gur). La principal característica que delimitaría a este tipo de genocidio radica en que las víctimas de la represión están definidas fundamentalmente en términos de oposición al gobierno. Es decir, que se resalta su condición política. Esta visión tiene puntos de contacto con la propuesta por Luciano Alonso, quien identifica claramente una confrontación basada en una guerra de clases, en donde la violencia intraestatal se combinó con prácticas específicas de violencia en situaciones sociales conflictivas, con el fin de que las elites mantuvieran la dominación. Desde esta perspectiva, las fuerzas opositoras que pretendían un cambio (militancia política armada y no armada) se encontraban derrotadas, por lo que se llevó a cabo una represión capilar, con el fin de eliminar planificadamente a sus opositores (Alonso, 2007).
36Fierstein retoma diferentes acepciones del concepto genocidio y luego las pone en discusión. Los
autores que utiliza son: Frank Chalk y Kurt Jonassohn, Helen Fein, Henry Hutterbach, Israel Charny, Steven Katz, Barbara Harff y Ted Gur, y Mark Levene.
Ahora bien, si nos concentráramos en esta propuesta, ¿no estaríamos dejando de lado otros actores-situaciones que también formaron parte del escenario político de la época? Por un lado, los grandes bloques económicos que se vieron beneficiados por la política económica implementada por Martínez de Hoz (apertura comercial selectiva, reforma financiera –liberalización del capital-, tablita cambiaria, estatización de la deuda privada, endeudamiento externo). Además de que la conflictividad social no estaba compuesta sólo por las Fuerzas Armadas contra la militancia armada, sino que existían una multiplicidad de actores que formaron parte de este proyecto. Algunos consintiendo y avalando las políticas represivas para mantener posiciones de poder e intereses económicos (como la burguesía agraria, la Iglesia, los grandes medios de comunicación y grupos económicos), y otros que se oponían y resistían desde la clandestinidad, como los obreros de las coordinadoras interfabriles, o los periodistas y artistas desaparecidos, exiliados, o que permanecieron “guardados”. No puede dejar de mencionarse la labor de los organismos de Derechos Humanos; tanto de los que ya existían antes del golpe37, como los que se formaron durante la dictadura38, porque ellos también configuraron una fuerza de resistencia y generaron espacios alternativos de poder fuera del Estado (Sorgentini, 2007). Finalmente, algunos autores han recalcado la complicidad de la sociedad civil con respecto al régimen represivo (Vezzetti, 2002), y los imaginarios que existían en la clase media y media alta sobre el “caos” reinante en épocas previas al golpe, que generaron una preferencia por el “orden” militar (Lvovich y Bisquert, 2008)39.
La lógica de la represión se basó en la implantación del terror, y la maquinaria para efectuarlo fue fundamentalmente a través de centros clandestinos de detención (CCD) llamados por Pilar Calveiro (2007) campos de concentración-exterminio. En Argentina existieron 520 CCD distribuidos en todo el territorio nacional. Estas
37 Liga Argentina por los derechos del Hombre (1937), Servicio de paz y justicia (SERPAJ; 1950),
Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH; 1976) y Asamblea permanente por los Derechos Humanos (APDH; 1975).
38Centro de estudios legales y sociales (CELS, 1976), Asociación Madres de Plaza de Mayo (1977),
Asociación Abuelas de Plaza de Mayo (1977), Asociación Familiares de Desaparecidos y Detenidos por razones políticas (1976).
39Es importante tener en cuenta que los actores en sí mismos eran portadores de contradicciones hacia
adentro de sus grupos; las mismas fueron trabajadas en las FF.AA. por Palermo y Novaro (en Sorgentini, 2007), o en Montoneros por Pilar Calveiro (2005). Estos elementos presentan un panorama cada vez más complejo, que además involucra tradiciones locales y coyunturas específicas en el ámbito internacional.
instituciones represivas “funcionaron principalmente desde el golpe de Estado de marzo de 1976-1980, aunque no se pueden precisar con exactitud las fechas de su creación ni de su desmantelamiento, puesto que algunas de ellas operaban desde antes -incluso durante el último período del gobierno peronista- y existen indicios de cierto funcionamiento posterior” (Calveiro, 2007: 188). Los CCD funcionaron en dependencias militares, policiales, escuelas, hospitales, empresas y demás dependencias. Los procedimientos que se realizaron en esos lugares fueron el secuestro ilegal de personas, la tortura, el trabajo esclavo, el robo de niños nacidos en cautiverio, el asesinato y la desaparición de los cuerpos, entre otros hechos aberrantes. Según Vezzetti las modalidades que adoptó el aparato represor pusieron el acento en la maquinaria, la burocracia y el asesinato industrial. “El campo argentino revelaba, del lado de los perpetradores, algo que no estaba ausente en la sociedad: una combinación de obediencia y revancha, de adhesión ideológica y oportunismo de facción, incluyendo la disposición a obtener los máximos beneficios en condiciones de impunidad (...) pero esa brutalidad no excluía cierta disciplina, burocrática incluso” (Vezzetti, 2003: 149).
Calveiro plantea la cuestión de la eficacia dentro del accionar represor: dados ciertos objetivos, que ciertamente iban mucho más allá de las organizaciones guerrilleras, la tortura adquiría una siniestra racionalidad en orden a aquel fin. Por otra parte, la tortura cumplía una función para el propio orden del campo como institución, un ritual de iniciación brutal que establecía la drástica separación, la ruptura fundamental con la realidad del mundo anterior.
La Escuela de Mecánica de la Armada se convirtió en el CCD más grande del país, según el cálculo más preciso hasta el momento, cerca de 4.250 personas fueron secuestradas en esta dependencia de la Armada (Oliveira-Cezar, 1988). También fue el de más larga duración ya que estuvo activo como CCD desde los inicios de la dictadura hasta su finalización. Durante esos años, la totalidad del predio de la ESMA -el complejo de edificios y el campo de deportes40- estuvo al servicio de la actividad represiva, sin abandonar sus funciones educativas originales. El núcleo de la acción
40El campo de deportes es hoy un terreno de 12 hectáreas ubicado detrás del predio de la ex ESMA hacia
el Río de La Plata. Se trata de terrenos ganados al Río y ocupados por la Armada posteriormente a la cesión de la Municipalidad de Buenos Aires en 1924. Este lugar, tiene medidas cautelares de no innovar por parte de la Justicia, y se encuentra trabajando allí el Equipo Argentino de Antropología Forense.
represiva se ubicó en uno de los edificios, el Casino de Oficiales, complejo habitacional y comedor de las altas jerarquías de la Marina, función que mantuvo paralelamente.
El Casino de Oficiales, denominado “Selenio” por los represores, fue la base principal del grupo especial asignado a la represión, el Grupo de Tareas (GT) 3.3/2 (creado por Emilio Massera en mayo de 1976)41 y del Servicio de Inteligencia Naval (SIN). Las instalaciones también fueron puestas a disposición de otros grupos represivos dependientes de la Fuerza Aérea y el Ejército, grupos de Prefectura Naval y policiales. El GT 3.3.2 estaba organizado en cuatro áreas: inteligencia, operaciones, logística y guardias. El sector de inteligencia era el encargado de planificar operaciones, interrogar y torturar a las víctimas y decidir su destino final, que en la mayoría de los casos implicaba el asesinato y la desaparición física del cuerpo. Desde comienzos de
41De acuerdo con la investigación de Melisa Slatman “Al tiempo que se dictaba la Directiva del Consejo
de Defensa N° 1/75, la Armada Argentina adaptó su organigrama para participar en el plan represivo. El comandante en jefe de la Armada (Emilio Massera), emitió en el mismo mes de octubre, la Directiva Antisubversiva COAR 1/75 “S”, que indicaba que la misión de la Armada sería operar en su jurisdicción y fuera de ella contra las organizaciones subversivas, para “detectarlas y aniquilarlas”, e instruyó al Comando de Operaciones Navales (CON) para que emitiera un “plan estratégico operacional”. El resultado fue el Plan de Capacidades CON N°1 “S”/75 Contribuyente con la Directiva Antisubversiva COAR N°1/75 “S” (PLACINTARA/75) del 21 de noviembre de ese mismo año. Estos documentos definieron los objetivos y el modo de la participación de la Armada en la represión durante la dictadura. El “Plan Anual Naval” de 1976, determinó la preeminencia de las actividades contrarrevolucionarias, especialmente en lo que hacía al uso de instalaciones, gastos, ocupación de personal y recursos de formación.
Las normativas antes mencionadas estipularon que a la organización administrativa (la cadena de mandos y responsabilidades orgánicas de la Armada), que se ordenaba según el reglamento R.G -1 -007- “C”, Reglamento Orgánico de la Armada, del 14 de enero de 1975, se sobreimprimiera una cadena de mandos funcional a la “lucha contra la subversión” que se desprendía del PLACINTARA/75. Así, la Armada fue dividida en once Fuerzas de Tarea (FT), a las cuales se le asignaron dependencias edilicias, circunscripciones territoriales y misiones específicas. Estas FT que se subdividieron, a su vez, en Grupos de tareas (GT) y estas en Unidades de Tareas (UT) y en Elementos de Tareas (ET).
Esta forma de organización no era nueva en la Armada, era la forma de organización funcional que debía adoptar en caso de conflicto bélico u otras circunstancias especiales y fue la que adoptó también para su participación en la guerra por las islas Malvinas, por ejemplo. La coordinación de las FT quedó a cargo del Comando de Operaciones Navales, quien reportaba directamente al comandante en jefe de la Armada. De esta manera se creó una cadena de mandos paralela a la administrativa. Las FT, al funcionar dentro de dependencias en las que seguía vigente el organigrama administrativo, debían coordinar con los jefes de dichas dependencias el uso de los recursos.
La FT3 fue denominada “Agrupación Buenos Aires”. Según el PLACINTARA/75, su misión era la actividad ofensiva contra el “enemigo subversivo”. Estaba organizada en diferentes GT, apostados en dependencias de la Armada, en la Capital Federal y provincia de Buenos Aires. Dentro de la FT 3 funcionó el GT 3.3, con base territorial en el predio la Escuela de Mecánica de la Armada, dividido en dos Unidades de Tareas denominadas UT 3.3.1, (a cargo de tareas defensivas en el perímetro Avenida Congreso, Avenida de los Constituyentes, Avenida General Paz y el río de la Plata, en la Capital Federal) y UT 3.3.2 a cargo de las tareas ofensivas. La UT 3.3.2 no tenía una zona geográfica asignada y cuando operaba fuera de los límites defensivos indicados debía pedir autorización a la Jefatura de la Zona I (Comando del Primer Cuerpo del Ejército).
La UT 3.3.2 estaba compuesta por personal estable y personal rotativo, proveniente de otras unidades de la Armada”. (2012: 5)
1977, fue el sector que gestionó el llamado “proceso de recuperación”, por el que muchos detenidos fueron sometidos a trabajar en condiciones de esclavitud para proyectos políticos de Massera y del sector de la Armada que lo apoyaba. El área de operaciones se ocupaba del secuestro de las víctimas y el robo de sus pertenencias. El área de logística era responsable del aprovisionamiento de los grupos operativos, del desarrollo y mantenimiento de la infraestructura del CCD (Slatman, 2012). Finalmente, el área de guardias, estaba compuesta en su mayoría por alumnos de la ESMA, que se encargaban de la gestión cotidiana del CCD: alimentación y traslado de las víctimas encapuchadas por el interior del recinto (Feld, 2010). Las guardias estaban a cargo de un Suboficial Principal, apodado primero "Pedro" y luego "Pablo". Las cuales eran cumplidas en su mayoría por alumnos de la ESMA, llamados "verdes" por el color de su uniforme. Se trataba de jóvenes de entre 15 y 25 años (CELS, 2016).
El GT 3.3.2 y el SIN también realizaban actividades represivas extraterritoriales, que según la investigación de Slatman (2012) desarrollaban las siguientes acciones: operativos para la recolección de información para la confección de inteligencia sobre activistas argentinos que se encontraran residiendo en el exterior del país; operativos de repatriación forzada de exiliados secuestrados fuera del país; operativos para intentar asesinar a dirigentes de la organización Montoneros en el exterior; operativos de acción psicológica con el objetivo de desprestigiar a los exiliados y principalmente, a los de la organización Montoneros, vinculados o no con la repatriación forzada de miembros de esa organización que se encontraban en el exilio y su posterior desaparición; y operaciones de infiltración en las comunidades de exiliados con el fin de desalentar las denuncias contra la dictadura en general y contra la Armada en particular.
Dentro de la actividad educativa que siguió funcionando durante todo este período, en febrero de 1979 se dictó en la ESMA un curso sobre “lucha antisubversiva” que inauguró Jorge Acosta -alias “Tigre”, jefe del sector de inteligencia del Grupo de Tareas instalado en la ESMA-. El mismo tuvo la asistencia de oficiales de Paraguay, Bolivia, Brasil, Nicaragua y Guatemala. Este programa “proveía enseñanzas sobre el funcionamiento del GT 3.3.2 y sobre las torturas psíquicas y finalizaba con unas planchas anatómicas que presentaban los puntos del cuerpo más sensibles a la picana eléctrica” (testimonio de Amalia Larralde, CONADEP, 1984).
Sobre su dinámica concentracionaria las prácticas de tortura de la ESMA, “por lo menos a partir de 1977, consistieron en el tratamiento guiado por la racionalidad de la eficiencia en la obtención de información” (Calveiro, 2007: 195) y la desintegración de la identidad individual a través de distintos procedimientos, como el reemplazo del nombre por un número. Entre los vejámenes de los que eran objeto los secuestrados existía una sistematicidad de prácticas de violencia sexual, que según el análisis de Corradi y Nespiras (2015) eran otras de las formas de desestructurar la identidad del sujeto en cautiverio.
En la ESMA se dieron también otras dos dinámicas particulares: la instalación de una maternidad clandestina y la apropiación sistemática y planificada de niños nacidos en cautiverio,
Durante la represión ejercida en la ESMA las habitaciones y espacios del Casino de Oficiales fueron utilizados para distintos fines. Las instalaciones del edificio de tres pisos se reacondicionaron a lo largo del tiempo, a la vez que fueron cambiando y reubicándose para el desarrollo de distintas funciones dentro del período dictatorial. A continuación escribiremos los distintos usos y transformaciones edilicias que tuvo el edificio para el desarrollo de su dinámica concentracionaria durante toda la dictadura; para luego analizar los alcances de la represión allí ejercida. (Ver infografías en el ANEXO II). El Equipo Huella Digital42y el IEM (Instituto Espacio para la Memoria), realizaron estas infografías en uno de los primeros trabajos llevados a cabo desde que el predio se convirtió en sitio de memoria. Estas imágenes, fueron realizadas a partir de visitas al espacio con sobrevivientes de ese CCD.
El edificio del Casino de oficiales cuenta con tres plantas. La planta baja del edificio estuvo destinada a la casa del director de la ESMA, a oficinas para inteligencia y operaciones, a la cocina y comedor. También existía un amplio salón llamado El Dorado. Los secuestrados no accedían a esta área del edificio.
La actividad represiva se realizó fundamentalmente en el sótano, en la primera planta, el tercer piso y en el altillo llamado “Capuchita”. Los secuestrados ingresaban esposados y engrillados por el sótano que tenía una escalera que daba al garaje. El
42El proyecto “Centros Clandestinos de detención, tortura y exterminio de C.A.B.A”(2011- presente)
surge de la iniciativa de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA) en colaboración con el Instituto Espacio para la Memoria (IEM) para contribuir al relevamiento y registro de los ex CCD y luego fue utilizado como herramienta judicial. El Proyecto se encuentra bajo la dirección del Arq. Martín Malamud.
sótano tuvo diversos usos: sala de torturas, laboratorio fotográfico, oficina, enfermería, oficina de documentación, baño, sala de maternidad, imprenta y sala de reclusión. Como sucede con la plata baja, en 1979 frente a la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (cuestión a la que volveremos más adelante) fue desmantelada, y eliminado el ascensor y la escalera que daba a la planta baja.
La tercera planta estaba dividida en tres sectores, el ala de la derecha y el sector central estaban bajo el mando del GT 3.3.2, y el ala izquierda a disposición del SIN. El tercer piso no sufrió grandes cambios, durante 1976 se le agregó al área llamada “Capucha” (del ala derecha) los tabiques entre las colchonetas donde eran mantenidos los detenidos. En el área central funcionaba la maternidad clandestina y habitaciones de reclusión. El ala izquierda funciono primero como “pañol’’ -espacio donde se guardaba y se clasificaba los bienes robados en los secuestros-, y luego se transformó en la “pecera’’, donde los secuestrados eran obligados a desarrollar tareas de inteligencia, cuestiones que desarrollaremos a continuación. Finalmente, el área de “capuchita’’, bajo el mando del SIN, estuvo destinada al alojamiento de prisioneros y luego fue desmantelada para la instalación de una biblioteca.
Como señala Florencia Urosevich (2015) en su análisis sobre el juicio conocido como “Plan Sistemático de Apropiación de Menores” y como quedó probado en instancias judiciales, “en el sótano del Casino de Oficiales funcionó una enfermería y luego, (hacia fines de 1977) se construyó un espacio reconocido por sobrevivientes como la ‘Huevera’ donde se realizaban partos. Más tarde, en el tercer piso hubo un espacio reconocido por los sobrevivientes como ‘pieza de embarazadas’. (...) Las instalaciones y personal de la ESMA fueron utilizados para atender los embarazos y partos de mujeres que fueron secuestradas por el grupo de tareas 3.3 y el Servicio de Inteligencia Naval, que operaron dentro de este centro clandestino. A su vez, como