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DIME CON QUIÉN ANDAS
Sergio Ramírez
Escritor
El derrumbe de la credibilidad de los gobiernos neoliberales, que vinieron siendo electos en América Latina desde comienzos de los años noventa del siglo recién pasado, ha producido el regreso del péndulo hacia el otro confín. La reacción de los electores parecía tardar frente a un panorama desalentador. Ajustes moneta- rios impecables, pero incremento sustancial de la pobreza. Reducción de la deuda externa, pero crecimiento de la deuda social.
Como fruto de la desesperanza, los electores frustrados llegaron a conside- rar benéficos hasta los golpes de estado, como ocurrió en Venezuela, y a partir de la ascensión de Chávez al poder se ha conformado una especie de hermandad vo- cal contra el demonio del neoliberalismo, encabezada por el mismo Chávez al grito de ¡síganme los buenos!, mientras enseña la talega repleta de petrodólares; cruzada de la que participan Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicara- gua, y Rafael Correa en Ecuador. Sello distinto tienen el gobierno de la presiden- ta Michelle Bachelet en Chile, parte del ya viejo experimento de socialismo con crecimiento económico, que depende de una alianza de probada resistencia entre socialistas y democristianos, y el socialismo responsable de Lula da Silva en Bra- sil, ambos países dueños de economías complejas y pujantes.
Bajo las caprichosas influencias de Chávez dominan la altisonancia de las propuestas y la retórica antiimperialista, pero sobre todo la voluntad de introducir
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_____________________________________________________________________________________ electorales como en las encuestas de opinión. Ninguno de ellos se ve en el poder como fruto de la alternancia política que manda la democracia, sino como líderes insustituibles, destinados al largo plazo, y para hacer posible su propia reelección cambian o quieren cambiar la Constitución. A esta tendencia bien puede agregar- se al presidente Néstor Kirchner de Argentina, cuya pretensión inmediata sería también su continuidad en el mando, o la elección de su esposa, Cristina Fernán- dez, al más tradicional estilo del general Juan Domingo Perón.
De esta manera se propone un nuevo orden en el que cualquier obstáculo enojoso que provenga de las leyes debe ser eliminado, y principios que se volvie- ron aspiraciones democráticas capitales al cese de las dictaduras militares, como ésa de la no reelección presidencial, están siendo colocados en último plano. Y dentro de este panorama, los también viejos principios de la libertad de prensa y la libertad de expresión comienzan a sufrir embates en algunos de esos países, bajo el criterio contumaz de que la verdad revolucionaria, que es la verdad ofi- cial, no puede contemporizar con quienes la desafían para destruirla.
Son criterios de vieja marca del socialismo autoritario, y peor cuando se trata de un socialismo que además de autoritario es populista, y en el que a veces la frontera entre izquierda y derecha llega a borrarse. Estamos retrocediendo, así, al tiempo de las verdades absolutas, que por coincidencia vienen a ser siempre las verdades oficiales. El poder se arroga el derecho exclusivo de la razón, y la propiedad de la verdad, para decidir qué es lo que es justo en cuanto a la infor- mación pública, justo y sano, lo que es perjudicial y lo que no lo es, y al no serlo se inscribe del lado de la conspiración para minar el poder que se llama a sí mis- mo revolucionario, o poder popular, o poder ciudadano, o poder de masas.
No estamos regresando simplemente al viejo terreno en el que la autori- dad, cuando se siente desafiada por las opiniones y por la información indepen- diente, reacciona con el puño cerrado, y lo hace de manera arbitraria. Estamos
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_____________________________________________________________________________________ frente a la articulación de un proyecto ideológico que parte de la idea de autori- dad única y cerrada, y que debe expresarse a través del aparato legal acomodado a las necesidades del poder. El poder que se declara incompatible con la toleran- cia frente al pensamiento ajeno, y por tanto se decide a impedir que ese pensa- miento ajeno se exprese, o a amenazarlo para que no se exprese, porque las dife- rencias, vistas desde ese mismo poder, no son circunstanciales, sino de fondo.
Mientras llegan las reformas y cambios que ya se anuncian en Venezuela en todo el orden institucional, y que resultarán de la potestad absoluta que el Congreso Nacional dio al presidente Chávez de legislar él solo, a pesar de que se trata de un cuerpo legislativo compuesto exclusivamente por partidarios suyos, ya estamos viendo los avisos de esa voluntad en la suspensión de la licencia de operación a la Radio Caracas Televisión (RTCV), bajo la acusación de golpista y derechista, mientras el periódico Tal Cual, que es independiente de izquierda y nunca ha estado involucrado en ningún golpe de estado —ni en el que dio Chá- vez ni en el que le dieron a Chávez— ha sido castigado con una multa brutal por haber publicado un articulo humorista en forma de una carta dirigida a una hija menor del presidente, que se consideró por esto agraviado, y usó a la fiscalía y a los tribunales de justicia para castigar al periódico.
Pero estos no son más que avisos de una filosofía de estado que resucita, y que enseguida busca manifestarse a través de nuevas leyes específicas, por medio de las que la libertad de expresión debe ser regulada, es decir, sometida, en nom- bre de un tropel de razones siempre recurridas. Los intereses de la seguridad na- cional, o los intereses de las grandes mayorías populares.
Estamos de cara a una singularidad. Se trata de gobiernos que han accedi- do al poder por la vía legitima del voto popular, en procesos electorales difícil- mente cuestionables, como en el caso de Chávez, que ha afrontado diversas
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_____________________________________________________________________________________ de opinión, como en una última realizada en marzo de este año por la firma Hin- terlaces, los votantes venezolanos rechazan de manera abrumadora sus políticas claves, en lo que se refiere, entre otras cosas, al establecimiento de lo que él lla- ma un régimen socialista, la suspensión de la licencia a RTCV, la nacionaliza- ción y expropiación de compañías privadas, la confrontación abierta con Estados Unidos, y la munificencia de su política de cooperación económica en la que se base el ALBA, sostenida por donaciones y préstamos generosos a sus países so- cios.
En Nicaragua, Ortega, electo apenas con el 38% de los votos, se queda le- jos de alcanzar el pretendido consenso que lo lleva a hablar en nombre de todo el pueblo cuando busca colocarse por encima del marco de la ley, con clara volun- tad autoritaria, y empieza a generar serias contradicciones, como se expresa ya en huelgas del gremio de maestros y otros sectores sociales. Y su dependencia de la política exterior de Chávez, comienza también a alejarlo del consenso; si antes se declaró partidario de que Nicaragua se hiciera socio de Brasil en la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, al apenas conocer la oposición de Chávez al uso de productos agrícolas como carburantes, dio un giro de ciento ochenta gra- dos y es ahora acérrimo enemigo del proyecto.
Su esposa Rosario Murillo, que comparte con él el poder a partes iguales, maneja un Consejo de Comunicación con atributos que desbordan los límites de las leyes vigentes, y se ha preocupado de establecer, desde ahora, la frontera en- tre el bien y el mal en lo que concierne a la información. En un instructivo secre- to llamado “Estrategia de Comunicación”, al anunciar el propósito de afianzar un “proyecto” ideológico y político de alcances más extensos que los de un período presidencial determinado por los votos, Murillo define tajantemente los campos entre la información de derecha (toda la que no viene del gobierno) y la informa- ción “pedagógica” e “incontaminada”, (que viene por regla del gobierno), y que
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_____________________________________________________________________________________ será pasada a los ciudadanos a través de los medios oficiales, tanto los del estado como aquellos que se suban al tren oficial.
Estamos de cara a un fenómeno de alcances mayores en lo que respecta al futuro de la democracia, y por ende a la libertad de información, que no puede verse como algo circunstancial. No se trata nada más de una voluntad dominada por el enojo y los malos humores del gobernante que se resiste a escuchar, y cas- tiga a los infractores. Se trata de una propuesta integral, compartida por varios gobiernos de identidad común, bajo la cual la libertad de expresión y el funcio- namiento de medios de comunicación quedan sujetos a las necesidades y conve- niencias de un proyecto cuyo eje de gravitación es la permanencia personal en el poder.
Y así pueden ambos, libertad de expresión y medios de comunicación con- trarios al proyecto de autoridad personal continuada, o independientes de ese proyecto, llegar a ser prescindibles, como pueden llegar a serlo los demás ins- trumentos democráticos.
Masatepe, abril 2007 www.sergioamirez.com