• No se han encontrado resultados

4. Antecedentes teóricos y empíricos

4.2 La alfabetización: una perspectiva multidimensional

4.2.2 La dimensión cognitiva

La dimensión cognitiva de la alfabetización se centra en los procesos mentales, estrategias y procedimientos para crear significado. A continuación describiremos brevemente los procesos implicados en la lectura y la escritura, ya que no podemos considerar la alfabetización sin la lectura. En cambio, el tema de la escritura, al constituir nuestro objeto de estudio, se aborda con más detalle a lo largo de los diferentes apartados.

Leer “es un proceso de interacción entre un lector y un texto, proceso mediante el cual el lector intenta satisfacer los objetivos que guían su lectura” (Solé, 1992, p.21). De esta definición se desprende, por una lado, que hay diferentes niveles de lectura, según los objetivos que tiene el lector; y, por otro, que el aprendizaje de la lectura es un proceso, al igual que la escritura, es decir, que no se completan en un momento determinado (Carlino, 2003; Solé, 2014). Asimismo, esta definición implica una perspectiva constructiva, no meramente reproductiva, que reconoce las diversas interpretaciones que pueden suscitar la lectura de un texto. Desde este enfoque constructivista, no obstante, se advierte que en el entorno académico, no todas las interpretaciones son adecuadas. Por lo tanto, pone el énfasis en un lector crítico con la argumentación y que busca en el texto la interpretación más exacta posible (Solé, 2014).

La lectura es un proceso en que interviene la percepción y la memoria. Las dos fuentes de información de la lectura son la información visual y la no visual que interactúan y en la que interviene la memoria (Smith, 1990). Este proceso es activo y constructivo, en el que el cerebro influye en la selección que hacen los ojos ante los estímulos visuales. La información se capta a través de los sentidos y se almacena en los esquemas de conocimiento, este proceso es común a todos los procesos de obtención de información (Colomer & Camps, 1996). Por lo tanto, cuanta más información tenga el cerebro menos dependerá de la selección visual y recíprocamente. Así, el objetivo que guía la lectura ayudará a la comprensión del texto.

56 Gracias a los avances tecnológicos como el eye-tracker se ha comprobado que los ojos se desplazan con pequeños saltos, movimientos saccádicos que avanzan y retroceden y focalizan en determinadas palabras, son las fijaciones. Sobre todo en palabras léxicas con contenido semántico el tiempo de la fijación es mayor. La información abarcada en cada fijación se envía al cerebro para su procesamiento, los lectores inexpertos abarcan pocas palabras en cada fijación, mientras que los expertos tienen un campo más amplio y se detienen con menos frecuencia. En todo este proceso también interviene la memoria a corto y largo plazo (Colomer& Camps, 1996; Kucer, 2001).

Un texto con sentido, organizado en conjuntos significativos, ayudará en el proceso de comprensión lectora. Los tipos de texto, que tienen una estructura convencional, permiten al lector tener un esquema que le facilitará la comprensión (Kintsch & Van Dijk, 1978). Así los trabajos de investigación también se caracterizan, en general, por tener una estructura fija: introducción, método, resultados y discusión (IMRD) (Swales, 1990).

Por otro lado, escribir es una forma de crear significado por medio de símbolos (Kellogg, 1994), o más detalladamente, es “el proceso mediante el cual se produce un texto escrito significativo” (Correig, 2008, p. 146). Si nos basamos en los modelos cognitivos tradicionales (e.g., Flower & Hayes, 1980) el proceso de escritura se considera un problema a resolver, esto es, la actividad de realizar determinados pasos secuenciados para conseguir un objetivo (Hayes, 1996). En este proceso hay un problema de contenido (qué decir) y un problema retórico (cómo decirlo), que requiere pensar estratégicamente la mejor manera de conseguir el objetivo comunicativo propuesto (Galbraith, 2001; Kellogg, 2008). Desde este conocido modelo teórico se considera que la escritura consta de tres elementos de nivel superior, la situación de comunicación, la memoria a largo plazo del escritor y el proceso de escritura, que a su vez, tiene unos procesos básicos: planificar, traducir las ideas a texto y revisar, que son recursivos, no son secuencias lineales. La situación de comunicación contiene elementos externos, el problema retórico, tema, audiencia y objetivos; y el texto que se va escribiendo.

57 En la memoria a largo plazo el escritor ha almacenado conocimientos, no solo del tema, sino también de la audiencia y las diferentes tipologías y estructuras textuales. El proceso de escritura, a su vez, tiene subprocesos, así en la planificación se generan ideas, se organizan estas y se formulan objetivos. En el proceso de traducir las ideas o redacción intervienen conocimientos de bajo nivel (e.g., composición de palabras), que si bien en adultos se ha convertido en un proceso automático, en estadios iniciales de la escritura, requiere habilidades motrices y gran demanda memorística. Asimismo, intervienen conocimientos de alto nivel (e.g., sintácticos, cohesión, etc.). En el proceso de revisión intervienen los subprocesos de evaluar y rehacer. Todo este proceso de escritura está controlado por un monitor, que es el responsable de coordinar este proceso, por ejemplo, el escritor decide cuándo pasar al siguiente proceso (Flower & Hayes, 1980).

Hay que tener en cuenta que, según algunos estudios (Breetveld, van den Bergh & Rijlaarsdam, 1994), la mayoría de las actividades cognitivas (planificación, traducción, revisión, etc.) muestran un patrón distinto de ocurrencia durante el proceso de escritura. Además, las diferentes combinaciones de estas actividades afectan de manera diferente y en momentos diferentes el proceso de escritura y así también la calidad del texto (Rijlaarsdam & van den Bergh, 2006). Es decir, la misma actividad cognitiva que muestra un efecto positivo en la calidad de texto durante una fase determinada, muestra un efecto negativo durante otra fase o ningún efecto en absoluto (Breetveld, van den Bergh & Rijlaarsdam, 1994). Esto conlleva una revisión de la unidad de análisis para establecer teorías sobre el proceso de escritura, ya que las actividades cognitivas tienen una relación funcional (Rijlaarsdam & van den Bergh, 2006). Todo ello revela, una vez más, la complejidad del proceso de escritura, que no solamente impone importantes retos a la cognición, tanto a nivel de memoria de trabajo como a nivel de razonamiento (Kellog, 2008), sino también a su análisis y estudio:"In writing process studies, we only have access to the tip of an iceberg. The more we know, the more complex the writing process seems to be" (Rijlaarsdam, et al. 2005, p. 135).

58