Superar esas tendencias, supone re-pensar la dimensión co- municativa de los movimientos sociales, en particular desde su articulación en los procesos de cambio social que se despliegan como parte de las prácticas de estos actores colectivos. Tal ejerci- cio debe tener como puntos de partida, en primer lugar, una com- prensión del carácter contrahegemónico de las acciones comuni- cativas y, en segundo lugar, asumir la compleja articulación de la dimensión comunicativa con otras dimensiones, en particular la
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como parte de los procesos de cambio social que proponen los movimientos sociales.
La particular dimensión simbólica de los movimientos sociales ha sido destacada por varias teorías, en particular la escuela teórica de los NMS y el constructivismo. La elevada integración simbólica
y el carácter colectivo movilizador de los movimientos sociales, son GRVHOHPHQWRVTXHVHLQFOX\HQHQODVGH¿QLFLRQHVVREUHHVWRV5DV- chke, 1994: 124). La función simbólica e incluso profética es sub- UD\DGDSRU0HOXFFLTXLHQGH¿QHDHVWRVDFWRUHVFROHFWLYRV
como “profetas del presente”, no solo porque descubren los con-
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resultan agentes creadores de códigos culturales alternativos. Los objetivos planteados por los movimientos sociales incluyen, entre sus más importantes metas, propósitos simbólicos y culturales, un desafío a la lógica hegemónica de apropiación y a los sentidos de la
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sino que, como señala este autor, las propias formas de organiza-
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En consecuencia con esa marcada importancia de lo simbólico,
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estos actores, al punto de que algunos autores consideren la pers- pectiva de la identidad social como el paradigma que, de manera más satisfactoria y global, explica el comportamiento colectivo y los movimientos sociales, desde la perspectiva psicosocial (Javaloy, 1993). De hecho, la identidad colectiva se incluye entre los aspectos básicos de los movimientos sociales, junto a las redes de relaciones
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política o cultural (Diani, 2000: 169).
(QWDOVHQWLGRKDQVLGRGH¿QLGRVFRPRUHGHVGHLQWHUDFFLyQHQ- tre diversos individuos y/o grupos, justamente implicados en “con-
ÀLFWRVSROtWLFRVRFXOWXUDOHV´'LDQLRTXHFRPSDUWHQVX DGKHVLyQDXQDFXOWXUDGHOFRQÀLFWR0HOXFFLRLQFOXVRFRQ-
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culturales comunes” (Touraine, 2002: 91). Lo cultural se entien-
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tanto como dimensión simbólico-expresiva inherente de todas las prácticas sociales y políticas, no como una instancia exterior.
Al mismo tiempo, la especial recuperación de lo emocional que proponen los movimientos sociales -en una reacción contra los
VLPSOL¿FDQWHVHFRQRPLFLVPRVSURSLRVGHOSUR\HFWRUHDOVRFLDOLV- ta y los movimientos contrahegemónicos asociados al mismo en el siglo XX- ha sido destacada, por ejemplo, por Bauman (2011),
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riesgo para la trascendencia de estos agentes, pues “la emoción
HVLQHVWDEOHHLQDSURSLDGDSDUDFRQ¿JXUDUQDGDFRKHUHQWH\GX- radero”. Esta singular dimensión emocional replica, además, la tendencia a la racionalización que algunos autores (Papakostas,
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(VWDUHOHYDQFLDGHORHPRFLRQDOUHVXOWDVLJQL¿FDWLYDGDGDVX
pertinencia como dimensión sociológica transversal, recuperada por las teorías sociales contemporáneas como perspectiva vin-
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la rigidez desde la que se ha presentado lo racional en su concep- ción moderna (racionalismo); y 2) su condición de dimensión
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los autores fundamentales que recupera esa centralidad de la emociones en lo social, Collins (2009: 3, 60, 61), propone la no- ción de energía emocional para dar cuenta de la “emoción social
por autonomasia” -distinguible de las emociones concretas que
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de los individuos en determinadas situaciones sociales. Esta energía es una poderosa fuente -de procedencia social- de senti- mientos (seguridad en sí mismo, audacia, coraje), motivaciones
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La comunicación se presenta como una dimensión que media -a la vez que es mediada por- todas estas dimensiones, en un jue- go de intermediaciones mutuas y múltiples. Ello se debe a que:
1. La comunicación presenta tanto una dimensión cogniti-
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2. La comunicación no es sólo una cuestión de aptitud -unas ciertas capacidades, biológicas, culturales, tecno-
OyJLFDVHWFpWHUDVLQRWDPELpQGHactitud comunicativa, puesto que implica un cierto comportamiento (Martín Se- rrano, 2007).
3. La comunicación presenta una intrínseca naturaleza expresiva (Martín Serrano, 2007), ya que que los actos co- municativos son actos expresivos.
4. Las formas organizativas y procesos comunicativos se hallan estrechamente ligados, aunque de manera dinámi- ca y no mecánica y unidireccional, ya que precisamente los hábitos comunicacionales tienen un anclaje más pro- fundo que los organizacionales, pues aquellos operan fundamentalmente en un nivel ideológico-cultural, con frecuencia no consciente, mientras estos lo hacen en el
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5. La comunicación presenta una doble naturaleza feno- menológica: material y simbólica, económica y cultural al mismo tiempo (Gramsci, 1997).
Todo ello supone asumir que comunicación y cultura apare- cen complejamente interrelacionadas. Pensar la comunicación desde una perspectiva cultural, como parte constitutiva de las dinámicas de la cultura, y al mismo tiempo considerar la natura- leza comunicativa de toda cultura (Martín Barbero, 2006), ofre- ce un enfoque complejo de la cuestión, que apunta directamente a la articulación de la comunicación con la socialidad y, en con- secuencia, los procesos de cambio social. Considerar la comu- nicación como cuestión de mediaciones, esto es de cultura - y al
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manera que no solo se limite a la administración de institucio-
QHVODGLVWULEXFLyQGHELHQHVHWFpWHUDVLQRHQSDODEUDVGH0DU- tín Barbero, a la “producción misma del sentido en la sociedad y a los modos de reconocimiento de los ciudadanos”-, permite un desplazamiento metodológico, que conduce a la posibilidad a revelar el proceso de la comunicación en su totalidad, desde el
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de los movimientos sociales.
Tal perspectiva de lo comunicativo es coherente con una comprensión de esta dimensión vinculada al que se considera
como uno de los principales desafíos de los movimientos socia-
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y nuevas formas de relación sociales (Della Porta y Diani, 2006: 256; Laraña, 1996: 30-31). Desde este enfoque, la comunicación se articula tanto a la emergencia de nuevos sentidos, como a los procesos que, de manera vivencial, dan cuenta de esos novedosos
VLJQL¿FDGRV(QWDOVHQWLGRSDUDXQDFRPSUHQVLyQGHODGLPHQ- sión comunicativa de los movimientos sociales, desde su articu- lación con los procesos de cambio social y superadora de visiones instrumentales o pancomunicacionistas, resulta pertinente una aproximación a la misma en tanto que práctica contrahegemó- nica, parte del repertorio de tácticas de resistencia (De Certeau, 1999, 2000) que despliegan estos actores colectivos.