V. ANÁLISIS
2. Dinámica interna de las organizaciones locales
Contando con una revisión del panorama general de las organizaciones locales, revisaremos algunos componentes de la dinámica interna, en particular las formas e instancias de participación de la comunidad en ellas, y las formas que asumen las dirigencias.
a. Formas e instancias de participación
Las formas de participación que pueden observarse pueden diferenciarse entre participación activa y participación pasiva. Además, reconocemos un alto nivel de no participación entre las personas, aspecto que también revisaremos.
Participación activa
La participación activa es aquella en el que las personas están comprometidas en el cumplimiento de los objetivos de la organización, asumiendo roles de gestión de recursos para ello. Es el caso del Club de adultos mayores y el Club deportivo, donde se observa que todos participan en alto grado como gestores y como beneficiarios. Pareciera ser que la rotación de roles dirigenciales favorece un mayor nivel de participación en todas las instancias, sin delegar las funciones de gestión en las personas que están de turno en la dirigencia.
“La directiva [del Club de adultos mayores] es rotativa, va cambiando (…) entre todas en realidad se hace todo. Ahí participan todos, no hay uno o dos organizando, participan todos”.
“En el Club [deportivo] hay buena participación. Hay una buena directiva, y se va rotando”.
Participación pasiva
La participación pasiva, que definimos como aquella en que los sujetos se apersonan en las actividades, pero sin formar parte de su organización, reúne a la mayor parte de las personas de las organizaciones. Es el caso de las organizaciones instrumentales, en donde las personas desean ser parte de los beneficios, pero no de las tareas que deben ejecutarse para lograrlos. También es el caso de la Iglesia evangélica y el Club de rehabilitación. El que las personas actúen sólo como beneficiarios o participantes, parece estar dado por la estructura jerárquica que se puede observar en estas organizaciones, en que los roles están claramente delimitados. Las personas que no asumen roles
dirigenciales, delegan las responsabilidades en los dirigentes, y de esta manera se desligan de la gestión organizativa.
“…acá nadie quiere tomar cargo. Porque en el campo los cargos son un cacho. Porque todos las cosas se las dejan a la directiva. Si hay que organizar un baile, la directiva tiene que estar haciendo todo, no cooperan los demás”.
En este grupo también reconocemos a las personas que participan en las actividades de tipo solidarias, que muchas veces son transversales a las organizaciones.
“Hay mucha participación cuando se necesita solidaridad. Participa harta gente. Por ejemplo un bingo, para ayudar a una niña enferma, qué se yo. La gente sí es generosa, es solidaria”.
Como vemos, la participación pasiva es una instancia en que la población se hace parte de un evento, pero sin asumir responsabilidades respecto a la organización, gestión y ejecución de las diversas iniciativas. Si bien se reconoce que esto en general ha sido así casi siempre, herencia de una sociedad con marcadas diferencias sociales entre el campesino y el patrón, hoy en día, las relaciones más horizontales que se establecen entre las personas debieran favorecer relaciones más participativas y un trabajo coordinado no sólo entre los dirigentes. Sin embargo, esto no se observa, y las personas que sólo actúan como espectadores son un grupo importante de la población.
¿Por qué no participan las personas?
Un grupo importante de personas no participa en ninguna organización, aunque sí en el caso de las actividades solidarias.
“Cuesta para juntar a la gente, ya no sé cómo incentivarlos (…) La gente por tantos años no se juntó, que ya no tienen costumbre. Además que la gente es muy… siempre están pensando mal. Que tú estás ganando algo, que te vas a quedar con las platas, no sé, cualquier cosa”.
Se observa que la participación es baja debido a diversas causas. La primera, es debido a los altos niveles de desconfianza entre las personas. Los vecinos sienten que los dirigentes están obteniendo beneficios personales de las organizaciones. Esta desconfianza desincentiva la participación social y dificulta la conformación de redes entre las personas. Se genera un ambiente individualista, en el que cada uno desea obtener el máximo beneficio personal, bajo la suposición de que el otro está pensando en lo mismo. El círculo vicioso de esta dinámica requiere de un importante trabajo en cuanto a la confianza y la comprensión del espacio dirigencial como un servicio a la comunidad, pero esto resulta difícil frente al ejemplo que brindan los liderazgos existentes.
Una segunda causa, se refiere a que las personas están inmersas en una lógica económica, en la que el trabajo asume un rol preponderante, y excluye la posibilidad de ser en otros ámbitos.
“Y esto de que la gente no participe siempre ha sido así. Y yo estoy dedicado a mi trabajo. Del trabajo a la casa, de la casa al trabajo. Yo trabajo como tractorista, y eso quita harto tiempo. Y ahora quieren hacer turno de noche también, porque están atrasados”.
El trabajo se constituye en la principal preocupación, frente a las exigencias de una sociedad de consumo. La necesidad de obtener ingresos lleva a dejar de lado los espacios de socialización.
Lo anterior se refuerza con un tercer elemento que las personas reconocen como crucial para comprender la lógica de la acción individual: la relevancia de la televisión.
“Parece que la gente ve mucha tele, llegan tarde del trabajo y se van a la casa a tomar once, a ver tele, y ahí se acaba la participación. Así que también es una cosa que no deja juntarse a la gente”.
El espacio de ocio, tan importante para el desarrollo de las personas, está siendo copado por la televisión. Después del trabajo, las personas llegan a su casa y se
insertan en la lógica de este medio, que fortalece la necesidad de consumo. Además, a través de un medio que tiende a la homogenización de la cultura, el espacio local pierde relevancia, y la identidad se conforma de acuerdo a los patrones exhibidos en la pantalla.
Un cuarto y último aspecto, se refiere a que las personas dicen que en el mundo rural, con los programas gubernamentales de desarrollo, se ha producido un acostumbramiento a los diversos beneficios que se entregan. En base a las prácticas del pasado, en que se entregaron muchos beneficios sin esfuerzo de lo beneficiarios, hoy las personas sienten que se les debe seguir ayudando, fortaleciendo un importante rasgo de dependencia.
“El problema es que acá en el sector, y en todo el país, parece que la gente está demasiado mimada. Le gusta que le den las cosas hechas. Que le den cosas. Ha sido así siempre, la gente de escasos recursos está acostumbrada a recibir dádivas del Estado. Quieren que le den las cosas sin aportar ni un esfuerzo”.
Sin duda que este es un problema importante, pero el alcance y las formas en que se sustenta este proceso requiere de un estudio minucioso en el futuro al respecto, para determinar la profundidad de la dependencia y sus límites.
En definitiva, lo que podemos observar es un panorama de participación en que pocos cargan con el peso de la gestión de los recursos; una gran parte se suma
a las actividades, pero sólo como espectadores1 o beneficiarios; y otros
simplemente no participan en ningún tipo de actividad, a excepción de aquellas expresiones solidarias que convocan a gran parte de la población.
b. Formas dirigenciales
Los dirigentes debieran ser el sustento de las organizaciones, en tanto soportes de la capacidad de asociación. Ellos deben representar y articular las diversas visiones dentro de un grupo, escuchando los diversos puntos de vista para congeniar un proyecto común. Sin embargo, la realidad particular que
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estudiamos muestra un panorama diverso en cuanto al rol que ellos asumen. Como hemos podido observar existen dos tipos dirigenciales relevantes. Estos son la dirigencia autoritaria, y la dirigencia democrática.
Dirigentes autoritarios
Los dirigentes autoritarios asumen todas las responsabilidades de su cargo, incluso despreciando el trabajo de la directiva que lo acompaña. Un caso extremo es el de la Junta de vecinos, en que el resto de la directiva ha renunciado por las formas autoritarias que asume el presidente. Esto ha significado que no se realice ningún tipo de actividades comunitarias, que las diversas gestiones en general se enfoquen a beneficios personales o para personas cercanas, y que las personas a quienes representan no estén interesadas en participar.
“El año pasado, dos años atrás, la municipalidad hace viajes gratis para la gente de las organizaciones de la comuna. Entonces, a solicitud del presidente de la Junta de vecinos, viene un bus para ir a Iloca. En los buses van seis pelagatos. Me costa, yo lo vi, cuando se fue el bus este verano iban los puros dirigentes, y un par de gallos más”.
En el caso de la dirigencia del Comité de agua potable, la dirigencia autoritaria asume todas las responsabilidades desde hace años, aunque ahora algunas personas del entorno organizacional presenten un interés porque las acciones se determinen a partir de decisiones grupales. Sin embargo, al ser una organización que tiene fines instrumentales que se están cumpliendo, las personas no sienten la necesidad de espacios de participación en la toma de decisiones, pues estas son de carácter técnico, y existe conformidad mientras el servicio de agua se mantenga.
Dirigentes democráticos
El caso de los dirigentes democráticos se encuentra en el otro extremo. Son personas elegidas por todos, y que representan los intereses del grupo. En
general esto se encuentra en las organizaciones de tipo expresivas, en donde el encuentro de las subjetividades representa un espacio común muy valioso para las personas. Es un lugar de acogida, que fortalece un sentido de pertenencia, lo que lleva a la preocupación por mantenerlo y trabajar para que se cumplan los objetivos. Esto representa un incentivo importante para la participación, en el que se asume la organización como un espacio que les pertenece, por lo que existe interés por trabajar.
El hecho de que las directivas sean rotativas, es otro aspecto que fortalece la participación de todos, sin que necesariamente se esté cumpliendo roles dirigenciales. Cuando se asumen roles definidos, los dirigentes saben que pueden contar con el otro, pues se establece una relación de reciprocidad y cooperación. Yo coopero contigo, porque tú cooperaste conmigo en el pasado, y sé que cooperaremos en el futuro. Existen lazos de confianza establecidos en relaciones del pasado y con base a la acción del futuro, sumado a la importancia que las personas le dan al espacio común que han construido. En las organizaciones que tienen dirigencias democráticas, se observa un alto nivel de capital social, en que las características de la organización, la confianza, las normas y redes, son el sustento para mejorar la eficiencia en la consecución de los objetivos a través de las diversas acciones coordinadas.
Dependencia externa para la participación
Un aspecto importante en cuanto a la dirigencia, es que las personas sienten que deben llegar personas de afuera para activar las organizaciones y las actividades de la comunidad. Si no llegan personas de afuera, no se realizarán actividades. Y si llegan personas de afuera, organizan actividades y se activan grupos, en cuanto ellos se vayan se acabará la participación.
“Igual acá faltan algunas organizaciones, como de jóvenes. Si hubieran actividades, los jóvenes participarían, pero como no hay, se dedican a puro tomar y fumar. Falta alguien que los motive, porque ellos solos no harían nada. Y yo creo que si hubiera algo para las mujeres, también participarían. Pero falta la actividad que hacer. O sea, no falta la actividad, la actividad se puede hacer.
Pero faltan las personas que la inicie. Pero el problema es que cuando se van esas personas que organizan, la gente deja de participar”.
Las personas asumen que esas personas que pueden reactivar la participación son de afuera, que dentro de la comunidad no se pueden encontrar quienes asuman roles de liderazgo. Esto resalta una importante diferenciación entre dirigentes y líderes. Hemos observado que en aquellas organizaciones donde la dirigencia es democrática, la dinámica interna es fuerte, las personas participan en todas las instancias, y no trabajan sólo quienes están a la cabeza para lograr los objetivos esperados. Es decir, existe dirigencia y se evidencian roles de liderazgo. En el caso de las dirigencias autoritarias, no existe dinámica, sino más bien un sistema en el que la dirigencia asume las responsabilidades, mientras que los miembros o no participan en ninguna instancia (Junta de vecinos) o sólo para recibir información, asumiendo algunos rasgos de control, pero no de responsabilidades (Comité de agua potable). De esta manera, se asumen como dirigencias sin liderazgo.
En el caso de las dirigencias democráticas, los liderazgos fuertes son menos necesarios, pues todos comparten el espacio construido como un lugar de expresión importante. Pero en el caso de las dirigencias autoritarias, los liderazgos están enlodados por prácticas de beneficio personal. De esta manera, las posibilidades de mejorar las prácticas y la necesaria reactivación de las organizaciones se ve dificultado por liderazgos negativos que no fomentan el encuentro de intereses. Por ello, la solución de encontrar líderes en el otro que viene desde afuera, se constituye como la oportunidad para relevar intereses y construir lazos que signifiquen la recomposición de acciones en común. Si bien las personas resaltan el hecho de que cuando se vayan estos líderes la participación volverá a caer, cabe la oportunidad de que durante este tiempo de participación se reconstituyan lazos sociales y se activen confianzas que permitan continuar un trabajo, con liderazgos locales positivos e intereses en común sobre los que trabajar.
Síntesis de la dinámica interna de las organizaciones
Hemos revisado dos aspectos importantes de la dinámica interna de las organizaciones de Palquibudi, en cuanto a los niveles de participación y las formas dirigenciales que se observan. Estos dos aspectos están relacionados entre sí, determinando el funcionamiento interno de las organizaciones. Las dirigencias que favorecen la participación se encuentran en organizaciones con altos niveles de participación, mientras que dirigencias autoritarias abren pocos espacios para que la comunidad se involucre. La experiencia histórica contiene elementos que mantienen altos niveles de desconfianza entre las personas, por lo que se complejiza el lograr procesos de transformación. La comunidad, entonces, espera la llegada de agentes externos que posibiliten liderar la reunión de intereses comunes, aunque a sabiendas de que, como ha ocurrido en otras ocasiones, cuando se van estas personas la participación se acaba. De esta manera, observamos organizaciones fuertes porque responden a intereses de expresión colectivos e individuales, y organizaciones que pasan por profundos problemas internos por dirigencias mal perfiladas y carentes de liderazgo.