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Dios está en los detalles

In document El mundo según Inés (página 53-58)

3. La construcción de sentido

3.1 Dios está en los detalles

Del mismo modo en que caí en cuenta de los matices personales que quería que mi producto tuviera, fueron claros para mí ciertos puntos que condensaban y expresaban lo que yo quería contar sobre mi abuela.

Pero, cuando de un viejo pasado nada subsiste, después de la muerte de los seres, después de la destrucción de las cosas, solas, más débiles pero más vivaces, más inmateriales, más persistentes, más fieles, el olor y el sabor se mantienen largo tiempo, como almas, a acordarse, a aguardar, a esperar, sobre la ruina de todo el resto, a sobrellevar, sin doblarse, sobre su gotita casi impalpable, el edificio inmenso del recuerdo. (Proust, 1996, p.6)

Encontré que era en ciertas frases precisas, ciertos actos de mi abuela y ciertos momentos, que se acumulaban y se reunían las enseñanzas que ella me había dejado para habitar el mundo.

El modo en que siempre que le regalábamos ropa la desteñía, la cortaba, la cosía, le ponía cierres, etc. era un simbolismo y una representación de la manera en que ella había elegido vivir su vida: casándose en el momento en que ella quiso y no en el momento en que la sociedad señalaba,

viviendo sola y sosteniéndose por sí misma, sin un marido que proveyera en su hogar, adoptando una hija en una sociedad donde ser madre soltera era algo mal visto y casi pecaminoso, etc.

Otro elemento fue su costumbre, después de la muerte de mi abuelo, de acompañar la lectura nocturna de la Biblia con unos tragos de aguardiente. De por sí ya resultaba curioso y gracioso el hecho de que a mi abuela le gustara el aguardiente y para mí era muy especial recordar cómo, una noche en que mi hermana y yo nos quedamos a dormir en su casa y en su cama, la vi leer la Biblia y tomar un traguito por cada versículo que leía. Esto simbolizaba en escala más amplia la posición con que adoptó su cristianismo, saliéndose del fanatismo y dejando de lado lo que dictaba su religión o la costumbre en ella, para hablar de temas como la sexualidad, siendo tan abierta y dándonos a mí, a mis hermanas y a las mujeres de mi familia los mismos consejos: cerrar las piernas, usar condón y “hacernos un hijo” cuando el tiempo fuera el indicado.

Finalmente, el otro elemento y el que fue la base de este trabajo era su historia de amor con mi abuelo. Su unicidad, su romanticismo y la belleza que encierra son elementos que vienen a reforzar la idea de que la vida de mi abuela y ella misma como persona fueron únicas, salidas de la normalidad y dignas de mostrar.

Retomando la discusión sobre los referentes a los que acudí para construir el producto, uno de los que más me marcó y ayudó a la definición de estos pequeños símbolos fue Nuestra Película de Luis Ospina.

En un momento de reflexión inicial el protagonista Lorenzo Jaramillo, está hablando sobre unos “garabatos” y el significado que el autor de estos podría haberles dado. Ahí comienza a pensar sobre el propio trabajo que Ospina y él están realizando:

(…) se me ocurre en este momento casi como podríamos estar trabajando nosotros, no? Con signos… sin ocuparnos de la historia, ni de lo que estamos haciendo, ni de… ni de que sea vea bonito, ni de que tenga coherencia. Sino no sé, creando tal vez signos para crear una cosa que llamaremos, nosotros… la llamamos Nuestra Película. 7:21.

Esto era precisamente lo que yo pretendía hacer, reflejar en tres frases estos tres elementos que simbolizaban todo un universo.

En este punto, Nuestra Película también me brindó un nuevo elemento para tener en consideración:

el uso de títulos para dividir la película en una suerte de capítulos. En este producto, estos capítulos están dados por los cinco sentidos y cada vez que aparecía uno de estos, se inauguraba una reflexión acerca de la obra y vida del personaje en relación al sentido mencionado, como se señaló en el capítulo anterior.

De modo que en este momento, me pareció que las frases seleccionadas podían funcionar a modo de títulos que marcaran pequeños capítulos que enmarcaban las enseñanzas que mi abuela nos había dejado.

Estos títulos fueron: 1. El taxista elegido.

2. “Lo que no le guste, arréglelo” 3. Religiosa pero no mojigata.

Ahora, el producto y el discurso me presentaban nuevos elementos para su construcción, pero también me presentaban el reto de saber cómo articularlos, cómo montarlos y estructurarlos para que transmitieran el mensaje y cumplieran su finalidad.

De acá en adelante, estos tres símbolos se convirtieron en los tres ejes alrededor de los cuáles la historia varió, se transformó y se acomodó. Las entrevistas, las imágenes de archivo y el resto de material debían girar y relacionarse alrededor de estos tres puntos vitales del discurso.

De modo que estas tres frases que evocaban una historia (la de amor) y dos acciones puntuales (tomar aguardiente leyendo la Biblia y modificar la ropa), se convirtieron en esas almas de Proust, que en su propia pequeñez y sencillez debían cargar con el grueso del recuerdo y la memoria.

Esto hizo que en muchas ocasiones me encerrara en lo que yo conocía y la edición se doblara mucho en mí misma, de modo que para mí algo tenía completa lógica pero era totalmente

incomprensible para alguien externo quien estaba conociendo toda la historia por vez primera a través del producto.

De acá en adelante fue importante mostrarle el producto a personas externas a mí y a mi familia, pues para mi familia estas memorias tenían todo un fondo que para otras personas no existía; y recibir de ahí las observaciones y apreciaciones necesarias para lograr construir el discurso correctamente.

Fue necesaria una tolerancia y una apertura a borrar ciertas frases y expresiones de los entrevistados que para mí eran muy bonitas y querían decir mucho, pero que descontextualizadas y por sí solas, no eran lo suficientemente claras. Del mismo modo, varios pedazos de la historia que no se sostenían solamente con los testimonios y que eran complicados de explicar y dar a entender, salieron de la línea narrativa.

Además, tuve que aceptar recursos que en principio quería reducir a un mínimo pues sentía que iban a convertir mi producto en algo muy cotidiano o que lo iban a llevar en direcciones que yo no quería, uno de estos recursos que tuve que aceptar de gran manera fue la utilización de la voz en off. Con respecto a esto, Lowis & Sourdis (---) dicen acerca del proceso de montaje:

Y es un singular proceso que atañe directamente a la construcción de la historia en la medida en que, tal y como sucede con el montaje de un filme, en el que se determina el sentido del mismo no sólo por lo que es incluido sino por lo que se excluye de él; la memoria opera sobre un proceso de inclusión y exclusión, de asimilación pero también de olvido. (p. 16).

De modo que la construcción del discurso se relacionaba íntimamente con el ejercicio de memoria que se hizo en principio para la concepción de la escaleta y de la historia en conjunto, no sólo por ser su base y su sustento y por ser esas memorias los pilares sobre los que se erigía toda la estructura, sino porque el mismo montaje demostró que algunas de estas memorias, a pesar de su carga emocional, debían eliminarse y salir en función de lograr transmitir con claridad y concretamente el mensaje que se buscaba.

Con esto se hizo claro para mí que el documental (este estilo híbrido que yo estaba proponiendo), si bien necesita de la escaleta para existir, concebirse y lograr construir un sentido, depende en buena parte del montaje que se ejerza sobre él.

Dado el margen de error que puede existir con respecto a lo que se espera de ciertas entrevistas o testimonios (que fue lo que me sucedió) y como lo expresa Nichols concretamente, “lo que el documentalista no puede controlar plenamente es su tema básico: la historia” (Nichols, 1997, p. 43), es vital el ojo del editor, que entre a manipular los elementos con los que cuenta para lograr transmitir el sentido buscado y mantenerse fiel al estilo que planteó.

Esta fue mi mayor lucha con el producto. Lo edité y edité, hasta tener aproximadamente unas 10 versiones diferentes; unas parecidas y que cambiaban en una o dos palabras o una frase de la voz en off, y otras totalmente distintas que parecían no pertenecer a la misma idea y el mismo proyecto.

In document El mundo según Inés (página 53-58)

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