En junio del año 1991, mi esposa y yo sentimos que e l Se- ñor nos entregaría un ministerio con la juventud. Nuestro primer impulso fue comenzar un programa de radio enfoca-do a ese objetivo particular. Pero no llegaríamos al corazón
E L DIVINO S H O W M A N
de los muchachos haciendo un programa tradicional. Ellos no están dispuestos a oír a un predicador durante una hora, con un anuncio de las reuniones cada quince minutos. Así que nos pusimos a orar intensamente y echamos a volar nuestra creatividad. Hablamos de los sufrimientos de un hombre de Dios a través de un bloque titulado: «Los pensa- mientos del perro del pastor». Nos inmiscuimos en la salud espiritual con un personaje que era mitad carnal, mitad cris- tiano y lo llamamos «Cristianeitor». «Las aventuras del su- perdiácono» nos hacía reflexionar respecto a las vicisitudes que pueden aparecer en una reunión. Decenas de bloques más hacían que el programa se hiciera ameno y didáctico a la vez. En menos de seis meses nos transformamos en el pro- grama más oído por la juventud. Actualmente, «El Show de los Jóvenes» se transmite por quinientos cincuenta emisoras en veintidós países de habla hispana, formando una de las cadenas radiales más grandes de Iberoamérica.
En el verano del 2002, estrenamos un show evangelístico multimedia en uno de los teatros más renombrados de A r - g e n t i n a . Nuestro equipo montó un show de una hora y me- dia con dobles de riesgo, efectos en tres dimensiones, telo- nes de fibra óptica, cambios escenógraficos, vestuario, láser y actores de primer nivel. Lo llamamos «Misión Rec» [Recu- peremos el Control] y logró excelentes críticas de las revistas y programas de espectáculos. Obviamente, a cierta parte de la tradición le resultó una total herejía, pero nos alentaba ver a cientos de personas que al salir del teatro eran tierra fértil para predicarles el evangelio completo.
Tuvimos que trabajar duro, ensayar, calibrar la labor acto- ral con el sincronismo de los efectos, pero valió la pena el es- fuerzo. Mientras escribo este capítulo, estamos cerrando las negociaciones con una importante empresa que costeará to- do el tour de Misión Rec por cada provincia de Argentina y en varios países de Latinoamérica.
Un famoso productor de espectáculos me dijo que nues- tra obra.fracasaría por no tener mujeres desnudas y palabras con doble sentido. Luego del estreno, y al ver las largas filas que la gente hacía por ingresar al show, tuvo que reconocer que la creatividad divina era superior a su escasa y procaz ta- bla de valores.
La reforma no tiene que ver necesariamente con un show o un programa de radio o televisión innovador, sino con un cambio drástico de nuestra manera de pensar. Tenemos que cambiar los.odres para que el vino nuevo pueda ser habitá- culo en nuestro interior.
Hay cientos de maneras de servir a Dios utilizando a ple- nitud tu potencial. Puedes ser actor y ganarte una estatuilla como «mejor película extranjera», demostrando que puedes hacer cine para toda la familia. Puedes ganar la copa del mundo siendo el mejor jugador de fútbol de la historia sin apelar a anabólicos o drogas estimulantes. Puedes ser pro- ductor de contenidos y aportar nuevas ideas a una televisión devaluada y sin ideas. Puedes ser un excelente político y ad- ministrar los graneros de tu país, en lugar de tener que orar para que los presidentes corruptos se arrepientan o regalar- les biblias para que las amontonen en algún armario. Puedes ser un empresario o un gerente de banco, que financie los grandes proyectos evangelísticos.
Pero para todo eso, necesitas prepararte.
Un campeón sabe que el entrenamiento es vital y deter- minante. Cuando te sorprendan las ganas de servir a Dios a «tiempo completo» y de «vivir por la fe», resiste y ponte a estudiar. Capacítate. Trabaja duro, ve por el oro, por el pri- mer lugar.
Para experimentar una verdadera reforma, necesitamos genuinos locutores de radio, excelentes conductores y pe- riodistas llenos de capacidad intelectual y unción, para que ya no tengamos esas mediocres programaciones cristianas
EL
DIVINO SHOWMANhechas por hermanitos que solo cuentan con buenas inten- ciones en su haber.
Necesitamos una manera de predicar envuelta en distintos formatos para televisión; de otro modo, solo tendremos una televisión cristiana llena de predicadores que le hacen la tarea más fácil a los que quieren ver el servicio desde la sala de su hogar. Poseemos medios de comunicación que solo consumen la familia del predicador, dos abuelas y el que tiene encendida la televisión cristiana todo el día, para que «Dios le bendiga la casa». No producimos, no generamos ideas, no disparamos originalidad.
Ahora ponte una mano en el corazón y respóndeme con sinceridad. No tienes que dar una respuesta inteligente, so-lo
tienes que decirme lo que piensas realmente.
¿En verdad crees que ese amigo inconverso y hombre de negocios aguantaría uno de nuestros eternos servicios del sábado por la noche? ¿Crees que cambiarla su película favo- rita por ver nuestro canal cristiano? ¿Estás realmente con- vencido de que entendería alguna palabra de lo que ese Ií-der espiritual dice por la radio?
Si se te cruza por la mente un remoto «ni pensarlo», es que necesitamos una reforma urgente, un golpe de timón a nuestro concepto de ganar al mundo para Cristo.
Por último, quiero que te detengas a leer el siguiente diá- logo, ya que fue algo verídico y comprobable.
—Creo que necesita paz en su vida, y solo si tiene a Cris-to
lo logrará...
—No lo creo. Siento mucha paz. Mi vida es relajada. — Bueno, pero tal vez las crisis económicas le afligen. — No tengo ese problema, soy millonario.
—Ahá... pero cuando se siente solo...
—Nunca me siento solo, tengo una familia que me contiene.
—No. Mi médico de cabecera logra prevenir cualquier problema de salud.
—Bueno, entonces regresaré a predicarle cuando necesite algo.
¿Crees que es ficción? Te equivocas.
Hace poco en la República Dominicana me encontré con un cristiano que tuvo ese desopilante diálogo con un cono- cido cantante del ámbito secular. Su única manera de pre- dicar era partiendo de la necesidad. El día que se topó con alguien que creía tenerlo todo, no supo cómo hablarle del Señor.
El éxito no es que un vendedor logre que alguien descal- zo compre un par de zapatos, sino que alguien que se cree coleccionista de ellos, le compre un nuevo par.
El endeudado, el pobre, el descorazonado, la mujer que se acaba de enterar de que su marido le es infiel, el joven que anoche intentó suicidarse, todos ellos, estarán en nues- tros servicios durante cinco horas, harán lo que les digamos, asentirán con su cabeza lo que apenas comprenden y aplaudirán todas las veces que se lo pidamos. Pero hay otro grupo de gente allá afuera. Gente que no nos entiende, aunque hagan un gran esfuerzo. Empresarios, universitarios, intelectuales, gente con poco tiempo. Hombres que dependen de la cotización de la bolsa de valores. Gente de celulares que no paran de sonar. Hombres de negocios que transitan su vida sobre cheques posdatados. Críticos de los buenos espectáculos.
Gente que cree tenerlo todo: una esposa, dos hijos, una casa, dos autos, un perro y una amante para los fines de se- mana. Ellos también necesitan a Cristo tanto como el droga- dicto que anoche visitó el templo. Solo que nadie sabe cómo decírselo. Tenémos el mejor producto, pero somos pésimos vendedores.
E L
DIVINO S H O W M A NTal vez sea necesario pegarle otro vistazo al Señor
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El Maestro camina por una de las principales arterias de la ciudad, mientras un gentío se agolpa tras él. Una llovizna helada humedece sin piedad a la multitud. De pronto, uno de los discípulos se percata de que deberán detenerse en la esquina para dejar pasar a un cortejo fúnebre. Cuatro veci- nos llevan el ataúd. Y una mujer llora sin consuelo mientras acaricia el lúgubre y frío cajón. Ella no sospecha que es ob- servada por el Creador, por quien acomodó el cosmos en su lugar y metió el mar en su cauce.
Jesús se para en la mitad de la esquina e interrumpe la procesión. Simón se agarra la cabeza y observa de reojo a los familiares que se sienten molestos por la intromisión.
Pero el Maestro oculta un as bajo la manga, otra vez, romperá las estructuras. Le dice a la mujer que no hay razón para llorar. Alguien se enoja por la falta de respeto y un ado- lescente deja oír una ahogada risita.
Pero el Señor es creativo. E innovador.
Toca el féretro y le dice a su ocupante que se levante. Ahora el que estaba muerto se sonríe y pregunta a dónde lo llevan. La mujer, que además es la madre, se desmaya de la emoción.
Los vecinos gritan despavoridos y los que ofrecían el ser- vicio fúnebre maldicen por haber perdido un negocio. La multitud que seguía al Maestro experimenta una mezcla de asombro y miedo.
El Señor no tiene un método, sencillamente se dedica a asombrar. No es predecible, es majestuosamente extraño e inverosímil. Los discípulos lo siguen hace tres años y aún no pueden descifrar cuál es su dogma. Hasta ahora, ningún mensaje fue igual, ningún servicio se pareció entre sí. Tiene el estilo de los grandes genios. Se parece al Padre.