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II. Antropología relacional como base de una espiritualidad del encuentro

2.1 El modelo trinitario como fundamento para una antropología relacional

2.1.2 Dios Trinidad y sus implicaciones antropológicas

Los capadocios presentan a un Dios dinámico, vinculado y vinculante como parte de su ontología. Zarazaga lo expresa claramente:

Esto implica que Dios realiza su existencia misma como vinculación y relacionalidad. Una ontología trinitaria es posible porque en su misma revelación Dios se ha manifestado no como una substancia o un solitario sujeto autónomo sino como lo que realmente es en sí mismo: el único origen plural de todo, una pluralidad originaria en perfecta unidad originaria.60

57 Ibíd., 213. 58 Ibíd., 211. 59 Ibíd., 210.

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Pluralidad y unidad originarias constituyen el ser de Dios. Pluralidad revelada en las tres Personas y unidad entendida en su naturaleza divina. Ahora corresponde hacer el puente hacia el hombre, es decir, entender al hombre con base en la lógica Trinitaria. “Dios Trinidad, en su autocomunicarse en la historia del hombre es el horizonte dado una vez por todas en la historia de Jesús, del sentido del hombre, de su verdad y su vida.”61 La revelación hecha por Jesús incluye a la Trinidad. Dios se revela a sí mismo como camino para la humanidad.

Para profundizar en la dinámica trinitaria se incorporará dos conceptos muy iluminadores respecto a la misma. El primero se refiere a la perijóresis que “significa el mutuo contenerse de las Personas divinas, el recíproco estar dentro una de la otra, la presencia o compenetración que se da recíprocamente entre ellas, las cuales se unen distinguíendose y se distinguen siendo una sola cosa.”62 Este término fue utilizado por primera vez por Juan Damasceno para explicar que las tres Personas están unidas pero no se confunden o fusionan, sino que habitan una en las otras. La perijóresis evoca un elevado grado de intimidad, de compenetración profunda, de no poder ser sino por el otro y con el otro.

El segundo concepto que se incluye es el de kénosis, “significa despojarse de lo propio por amor, darse totalmente para hacerse uno con los demás, para vivir el otro, para permitirle al otro realizarse y de este modo poner las condiciones para llegar a ser plena y felizmente uno mismo.”63 La lógica de la kénosis implica una entrega amorosa y completa hacia las

otras personas, quienes también se entregan completamente, y en este ejercicio encuentran su propia identidad.

La perijóresis y la kénosis tienen consecuencias muy importantes en el ser humano. Una antropología basada en la trinidad implica acercarse a la vivencia de una actitud perijorética y kenótica, lo cual resulta un gran reto para la humanidad.

Pensar en una actitud perijóretica conduce a pensar en humanos capaces de adentrarse en la otra persona. Evoca un fuere sentido comunitario y de conocimiento e implicación en la realidad humana. Habitar en la otra persona y dejarse habitar por el otro requiere una apertura radical a dejarse formar y transformar por el otro. Los seres humanos no son

61 Coda, “Trinidad y antropología”, 27. 62 Cambón, Trinidad ¿modelo social?, 31. 63 Ibíd., 34.

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entidades independientes, se configuran y se hacen personas en el encuentro con el otro y con la realidad. Ciertamente, cada persona tiene un modo de ser único e irrepetible, pero eso no significa que no necesite de los otros para poder desplegar incluso sus diferencias y ser quien está llamado a ser.

Una actitud kenótica precisa un vaciamiento, dejar de perseguir los propios intereses y quereres para estar dispuesto a adentrarse en los deseos y necesidades del otro. La donación por amor, al hacerse recíproca, produce un efecto entre los que se donan, se vive el amor en su plenitud y en esa dinámica de dar y recibir amor se crea un vínculo profundo, y es precisamente en los vínculos que se forman que el ser humano descubre su identidad, encuentra quién es en su sentido más hondo. Cambón señala: “Para vivir en sentido trinitario, es necesario siempre tomar la iniciativa en el amor fraterno, siempre acoger, siempre unir”64 Es así, como la humanidad está llamada a relacionarse en el amor, las relaciones constituyen el fundamento del ser persona. “Una nueva antropología trinitaria en la teología actual, supone una nueva comprensión de la relación como acto constitutivo del ser personal en cuanto tal, es decir, como acto que es a la vez y simultáneamente constitutivo- comunicativo.”65 La relación no es momento segundo de ser persona, a manera de accidente

o de elección volitiva, sino que constituye su más profundo fundamento. La persona solo puede ser persona gracias a las relaciones que establece, los vínculos que crea, no como unicidad autónoma y carente de la cualidad de ser modificable por sus relaciones.

Por otro lado la humanidad está llamada a la apertura y donación como forma de vida. “Una fenomenología de la donación permite comprender la riqueza plural de lo creado como manifestación, prolongación y apertura de la eterna autodonación intratrinitaria, abriendo así el camino hacia una nueva ontología trinitaria.”66 La donación abre la posibilidad de recibir

y de ser transformado, por ello es de suma importancia librarse del egoísmo soberbio que cierra el corazón humano a toda posibilidad de transformación y reconstitución. Solamente desde esta actitud de donación-vaciamiento es posible comprender la realidad que tenemos delante y responder a ella.

64 Ibíd., 23.

65 Zarazaga, “Hacia una antropología trinitaria”, 62. 66 Ibíd., 51.

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En síntesis, “las personas divinas se constituyen precisamente en virtud de que ellas realizan en toda su perfección el movimiento infinito de donación y recepción, este vivir dándose y recibiéndose sin límites las unas desde y hacia las otras, en mutua constitución amorosa.”67