2. Marco teórico y estado de la cuestión
2.5. Contextualización del protocolo y de la diplomacia
2.5.4. Diplomacia y protocolo en la prensa
Hemos visto a lo largo de estas páginas cómo las funciones del diplomático, pero sobre todo y más importante, la realidad y las circunstancias de la persona que desarrolla esta labor en la actualidad, ha variado profundamente con respecto a la figura del diplomático en antaño.
Para el embajador Coderch44 en Gil (2006:01) información y diplomacia van
juntas, pero hay que reconocer que, en muchas ocasiones, la relación entre diplomáticos y periodistas está marcada por la desconfianza:
Ha habido poco aprecio mutuo hacia la labor que realizan unos y otros. El periodista piensa que el diplomático es un frívolo y que vende su alma por un cóctel, mientras que el diplomático teme que el periodista saque sólo el lado negativo de las cosas que él cuenta.
Gil también reflexiona en este sentido (2006:11-15) aunque ya empieza a vislumbrarse un cambio de actitud, los tópicos sobre los diplomáticos no podían dejar de verse afectados por estos cambios, de lo que la opinión pública está sobradamente informada. Y es que, según el autor, a través de los medios de comunicación el público averigua que los diplomáticos se parecen cada vez menos a esos proverbiales funcionarios que ejercían vestidos de frac o esmoquin.
Reverte (1989)45 citado en Gil (2006), añadía ya un cierto punto de encuentro
entre estos dos sectores:
Los periodistas y los diplomáticos son dos especies condenadas a entenderse y a soportarse en una relación en que juegan al amor y el desamor, el cariño y el desdén, la admiración y el desprecio. Es probable que los periodistas no sean tan impresentables como creen los diplomáticos, ni éstos tan cursis como piensan aquellos. En el fondo, los unos están fascinados por los otros.
Por ello, creemos que las inquietudes a las que hacían referencia estos autores y que eran un hecho años atrás, ha evolucionado hacia un mejor
44 Coderch, José, en prólogo de Gil, Javier (2006): La ambigüedad del tópico del diplomático en
la prensa española actual. Madrid. Gráficas Abulas, SL.
entendimiento entre diplomacia y medios de comunicación, y consecuentemente la percepción que la sociedad tiene del diplomático, ha mejorado notablemente.
Cambios como la revolución en la comunicación, que marca el inicio de una nueva era, con contactos más próximos y frecuentes entre los gobernantes, obligando a repensar el protocolo y la propia diplomacia. Hasta ese momento, los contactos entre jefes de Estado habían sido muy esporádicos y el número de Estados era también bastante limitado. Actualmente las Naciones Unidas congregan 191 países miembros y existen más de 15.000 ONG. Se organizan y multiplican cumbres sin parar desde 1960 y la cercanía y familiaridad entre los jefes de Estado es un factor nuevo en las relaciones internacionales. Las imágenes de los líderes mundiales en los intervalos de esas cumbres transmiten un nuevo orden internacional y la desaparición de conceptos como Este/Oeste o Norte/Sur, obliga a reconsiderar el protocolo como instrumento de diplomacia global. Es decir, la diplomacia continúa teniendo las mismas tres funciones –informar, negociar y representar- pero ahora el estilo de las negociaciones es más informal, el ritmo de las informaciones es más acelerado y el nivel de la representación es más sofisticado.
Para adaptarse a los nuevos tiempos, la diplomacia no abdicó de un instrumento tan preciado como es el protocolo. Por ese motivo, continúa siendo responsabilidad del servicio de protocolo encontrar el lugar ideal para las negociaciones o cumbres, garantizando que se desarrollen en un clima de orden y armonía, sin malentendidos ni situaciones que impidan el ritmo normal de los trabajos. Sabemos que el acto protocolario que no tiene difusión o presencia en los medios de comunicación, no existe. La información se ha convertido en el eje promotor de cambios sociales, económicos y culturales. Como ya hemos visto, el auge de las telecomunicaciones ha producido una transformación de las tecnologías de la información y de la comunicación, cuyo impacto ha afectado a todos los sectores de la economía y de la sociedad.
La diplomacia y el protocolo se han ido adaptando a esta gran transformación y se han modernizado hacia el funcionalismo y la practicidad, al mismo tiempo
que los medios de comunicación también han ido dejando los tópicos diplomáticos de antaño a un lado, para ir reflejando su realidad actual.
Pero a diferencia de lo que ocurre con la diplomacia, la relación entre medios de comunicación y protocolo, a día de hoy, sigue siendo conflictiva, incluso en alguna ocasión, los profesionales del protocolo han manifestado sentirse “maltratados”. Un claro ejemplo es la carta que Fuente (2012)46 publicó en
ABC en protesta de una noticia que este periódico había publicado una semana antes:
Decir que hay cosas que no se aprenden en el instituto, ni en casa, ni en la universidad, cuando se habla de la organización de comidas de trabajo, es desconocer absolutamente la realidad de la enseñanza oficial que se imparte en este grado (…). Quiero transmitir nuestra indignación también al referirse la autora a que las clases de protocolo van dirigidas únicamente a grandes empresarios, políticos y gente de la nobleza.
En este sentido, y apuntando a la relación que los medios de comunicación mantienen con el protocolo, cabe destacar la opinión de Batlle, San Juan, Sunyé (2007:99), los profesionales de los medios de comunicación deberían recibir unos cursos de formación en protocolo. Laforet (1997:52) apuesta por lo mismo, afirmando que existe un desconocimiento entre dos sectores que deben trabajar con tanta coordinación, los gabinetes de protocolo y de prensa. Frente a lo cual, puntualiza el autor, no sólo se palpa una inexistencia casi absoluta de cursos enfocados y adecuados para los miembros de los medios de comunicación, en sus diversas escalas y actividades, sino que no existen manuales ni textos dirigidos a ellos y relacionados con las materias de interés para su tarea como informadores. Afirmaciones que parecen realmente acertadas pero que convendría confirmar con rigor científico y por ello nos parece una interesante propuesta como línea de investigación futura que en su momento detallaremos.
Debemos ser conscientes, por tanto, de que estamos ante dos disciplinas destinadas a encauzar comunicación y que se caracterizan, sobre todo, por ser actividades técnicas y sociales. En esta línea, Laforet (1997:39) apunta:
46
Si miramos atrás, e incluso hoy en día: El concepto comunicación diverge mucho si se aplica a protocolo o periodismo, pues eran disciplinas que apenas convergían, ni tenían el interés mutuo suficiente para organizarse conjuntamente de cara a un objetivo y un destinatario que fuera común a los intereses de ambos.
La prensa, especialmente la que se concibió con fórmulas próximas a las que perviven en la actualidad, aparece muy tardíamente en la historia de la humanidad, si lo comparamos con la actividad protocolaria, no ya en lo que se refiere a la organización y desarrollo de los más diversos ceremoniales, sino a la regulación, sistematización y oficialidad de las normas que regían y rigen la vida oficial de la esfera pública y privada.
En la actualidad, el protocolo ha cambiado el objetivo y el destinatario de esa comunicación que, gracias a la acción y colaboración de los medios informativos, se ha convertido en una comunicación de masas, que ofrece al ciudadano la actividad oficial de aquellas autoridades elegidas democráticamente y que ocupan un rango o puesto determinado en función de la representación que ostentan. Si, por otro lado, tenemos en cuenta que las normas y la organización protocolaria contribuyen a facilitar y encauzar la comunicación en la sociedad, no es de extrañar que también las empresas, grandes y pequeñas, como la sociedad civil en su conjunto, reclamen, cada vez con mayor interés, el uso del protocolo en sus actividades a través de los medios de comunicación de masas, a la audiencia con la que se les interese comunicar.
Hoy por hoy, el protocolo conserva su carácter organizador de una determinada modalidad de comunicación social, pero el objetivo y el destinatario de esa comunicación han pasado a ser los mismos que los de los medios informativos, debido a la presencia de éstos durante la celebración de los actos públicos.
El protocolo en esta función rectora define la proyección externa de los actos y condiciona su imagen pública a través de los medios de comunicación social mediante un proceso comunicativo que permite la interacción entre la organización y su público. Coincidimos, por tanto, con Marín Calahorro (1997:20) cuando indica:
Los departamentos de protocolo deben moverse dentro de dos lógicas: la lógica de la eficacia en el proyecto y la lógica de que sean valoradas y comprendidas por los públicos. La primera se construye desde el conocimiento y la práctica del protocolo; la segunda, mediante la difusión de sus contenidos y explicación de sus códigos.
Y aquí es donde nos adentramos en el verdadero conflicto que existe entre la prensa y el protocolo, porque desde nuestro punto de vista, no difunde de manera correcta ni sus contenidos y la explicación de sus códigos.
Llegados a este punto, estaremos de acuerdo en que el binomio protocolo- medios de comunicación es imprescindible para una buena gestión de la comunicación. A lo largo de estas páginas hemos ido viendo la importancia que tiene el protocolo para nuestra sociedad, tanto a nivel social, institucional como internacional, pero no debemos olvidar el papel que juegan los medios de comunicación. El tratamiento de la información es esencial para un buen conocimiento, porque lo que no se difunde no existe. Y porque tampoco podemos pasar por alto lo que los departamentos de protocolo y de prensa tienen una gran responsabilidad a la hora de satisfacer todas las necesidades informativas de los medios.
Como ya sabemos, uno de nuestros objetivos que nos proponemos con la parte empírica de la presente tesis doctoral, es demostrar con rigor científico el escaso o incluso negativo tratamiento informativo que la prensa española hace sobre el protocolo, y analizar hasta qué punto traslada a la opinión pública una visión desvirtuada de lo que realmente significa esta disciplina. Con ello, nuestro fin es demostrar que la imagen que traslada la prensa española del protocolo no se corresponde con la realidad para, en último término reivindicar el papel que el protocolo cumple en la sociedad como la gran herramienta de comunicación de la que se trata.