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Protocolo, Diplomacia y Globalización

2. Marco teórico y estado de la cuestión

2.5. Contextualización del protocolo y de la diplomacia

2.5.1. Protocolo, Diplomacia y Globalización

Fuente:https://www.google.es/search?hl=es&q=Protocolo+y+globalizaci%

La globalización es resultado de una serie de procesos que tienen orígenes y velocidades diferentes y que han ocurrido en distintos momentos y sectores de la sociedad. Tellería (2005:163) en su particular análisis del concepto, afirma:

En general, los analistas prefieren el término “globalización” a otros como universalización o mundialización que han caído en desuso. Estos conceptos evocan una esperanza o un proyecto común, mientras que el término “globalización” implica un proceso irreversible del que nadie se hace directamente responsable.

Beck (2001:40)31 en Tellería (2005:155) apunta, globalización es una de las palabras peor empleadas, menos definidas y probablemente menos comprendidas; la más nebulosa y políticamente la más eficaz de los últimos años.

El motor de la globalización es la economía neoliberal, la búsqueda de beneficios. A lo largo del siglo XX, el sistema capitalista global fue sacudido por una serie de crisis financieras y empezó a desintegrarse. La globalización se produce en el paso de la economía de mercado capitalista a un nuevo mercado mundial, pero la entrada de las economías nacionales emergentes en un único gran mercado no hubiera sido posible sin las transformaciones tecnológicas. En las últimas décadas del siglo XX, las nuevas tecnologías permitieron reorganizar los procesos de producción y posibilitaron un sistema global de interacciones. Las transformaciones tecnológicas significaron una ruptura no sólo en el campo de las comunicaciones, sino también en la esfera económica y política. Gracias a las redes integradas de ordenadores, la fibra óptica y los satélites, los mercados financieros y bursátiles se expandieron. Tellería (2005:163) concluye por tanto, la inmediatez en las comunicaciones ha sido posible gracias al desarrollo de la electrónica, que algunos autores consideran que es la cuarta revolución industrial.

Estamos, por tanto, de acuerdo con la visión global de la era actual que tiene Marín Calahorro (1997:21) donde sólo puede contemplarse desde la perspectiva de la globalización de las relaciones sociales de todo tipo, que crecen día a día en un mundo en el que la comunicación se instala como paradigma de la nueva sociedad del tercer milenio.

Si las nuevas tecnologías y los adelantos alcanzados en el campo de los transportes y de la comunicación han cambiado por completo el campo de la acción del funcionario, la esencia del protocolo sigue siendo la misma. Es el entorno lo que ha cambiado sustancialmente. Las naciones, para solucionar

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Beck, Ulrich (2001): “¿Qué es la globalización?”. Ediciones Paidós. Barcelona, en Tellería, María (2005): Los medios de comunicación al servicio del poder. La influencia mediática en la sociedad global. Barcelona. Erasmus Ediciones.

los problemas que enfrentan en la esfera internacional, actúan hoy igual que en el pasado.

Hoy, como señala Vilarrubias (2010), los pueblos han pasado a ser actores, protagonistas y espectadores a la vez, en el nuevo ciclo de la Historia, marcado por las nuevas tecnologías, la velocidad informativa de los medios de comunicación y la conquista del espacio que han puesto en nuestra vida social tal cercanía, que han derribado toda frontera de tiempo y espacio, dando lugar a lo que hoy conocemos como Globalización.

En este panorama en el que los Organismos Internacionales cada vez más entrelazados con la vida política de cada Estado, tienen un peso mayor, se exige una formación rigurosa para cubrir el gran reto de la jerarquización, del ordenamiento y a su vez de su proyección pública, acorde con el nuevo Orden europeo y mundial. Dicho ejercicio, impuesto por todo Estado, para proyectar su poder y presencia en el seno de las instituciones y ante los ojos de la ciudadanía, no se encuentra encorsetado en una cerrada y exclusiva unidad institucional, sino que la propia dinámica de gobierno del Estado fracciona su jurisdicción a través de divisiones territoriales bajo calificaciones diversas: gobiernos federales, autonómicos o federados, pero, ahora, además deben sincronizarse con otros Poderes, unos de carácter superregional, como la UE, o los de ámbito internacional: la ONU, la OTAN, OEA, etc.

La globalización exige la virtud social de la convivencia que implica un deber de ciudadanía y de participación activa en la vida de la sociedad a la que pertenecemos, sin olvidar que ésta no es estable, sino cambiante: aparece la presencia activa y positiva de la mujer en todos los ámbitos de la vida social y laboral, la influencia decisiva de los distintos y sofisticados medios de comunicación, la figura del turista, la presencia del inmigrante con todo el peso de su cultura ascentral, así como un sinfín de nuevos factores sociales que influyen en la situación real, hoy en día.

Acoplar todo este escenario de soberanías y pactos en el ejercicio del protocolo y sus entornos, constituye el gran reto: dar la Forma y dictar la Norma, para que un protocolo comunitario refleje la letra y el espíritu de la

Organización Internacional que representa. Por tanto, podemos confirmar, sin reparo alguno, que el protocolo ha de incorporar esta globalización a su formación para respetar con dignidad la identidad sagrada de cada nación, de cada bandera y de cada himno. El protocolo internacional y la diplomacia han hecho posible, por tanto, la convivencia mundial a través de diversos estadios, desde la diplomacia bilateral a la multilateral, y conforme a Vilarrubias (2010:533) con un fin siempre muy claro, el de salvaguardar el derecho de todo país independiente, por pequeño que sea, a hacer oír su voz y a mantener una vida libre.

Como consecuencia de la globalización, los años 90 fueron la época de las acciones de marca país. Conscientes de que tenían que competir con otras naciones en mercados globales para atraer turistas, inversiones o consumidores, muchos países pusieron en marcha planes de posicionamiento, comunicación internacional y diplomacia. Por ello, estamos completamente de acuerdo con Noya (2007:96) cuando apunta que cuanto menor es la visibilidad del país en la percepción internacional, mayor es el esfuerzo que debe ponerse en la creación de una marca atractiva. Efectivamente, la política moderna del Estado-nación de los 90, dio paso a la política posmoderna del Estado-marca, y en su creación tiene un papel imprescindible la diplomacia y el protocolo internacional.

Asimismo, los problemas de los EEUU tras el 11-S y la guerra de Irak nos recordaron que también las grandes potencias tienen que preocuparse por su imagen, no sólo los países árabes, sino también Europa y América Latina. Después del 11-S el gobierno de los Estados Unidos puso en marcha varias iniciativas. Entre ellas, la Oficina Global de Comunicaciones, y una campaña publicitaria consistente en microdocumentales emitidos en países islámicos sobre la tolerancia con los musulmanes en los Estados Unidos. Esta última iniciativa fue un fracaso y no se llegó a emitir en muchos países, como Egipto. Si unimos esto a la impopularidad de la guerra de Irak en la opinión pública mundial, el resultado fue el desplome de la imagen de los EEUU en todo el mundo. Aunque hemos de destacar que la opinión pública diferenció perfectamente la marca EEUU de la política exterior norteamericana, ya que la mala imagen política no afectó apenas al aspecto comercial.

En España también vivimos algo parecido tras el 11-M. El proyecto Marca España apoyado por el gobierno Aznar, dio paso a la Alianza de las Civilizaciones de Rodríguez Zapatero. La importancia creciente de la opinión pública internacional ha jugado, así, un papel fundamental en muchas situaciones.

El alumbramiento, en definitiva, de una sociedad internacional cada vez más interdependiente por efecto de la globalización, pone en cuestión el modelo de sociedad jerárquica, igual que ya sucediera en las sociedades nacionales. Hay que añadir a esto que las sociedades actuales también son sociedades del conocimiento, en las que la opinión pública tiene más acceso a la información en todos los ámbitos, incluido el de las relaciones internacionales, y no es sólo que haya conocimiento, sino que cuenta su opinión, porque la política internacional importa cada vez más a los votantes.

El panorama actual, que tiene como telón de fondo el de las telecomunicaciones, resultaría algo difícil de entender hace unos años. En este nuevo marco de relaciones internacionales surge la que algunos autores como Noya, han denominado “diplomacia técnica”, para definir la pérdida de peso del Ministerio de AA.EE frente a otros departamentos ministeriales, debido a la globalización mundial, importantes cuestiones técnicas, como el medio ambiente, el terrorismo o el narcotráfico requieren cualificados expertos no pertenecientes a la carrera diplomática, lo que obliga a una necesaria incorporación de funcionarios procedentes de otros ministerios en delegaciones negociadoras y en embajadas.

Asimismo, es muy interesante la reflexión que hace Riordan (2006:5) en cuanto al avance que han supuesto las nuevas tecnologías y afectando a la logística diplomática tradicional:

Las comunicaciones modernas permiten a los gobiernos un acceso directo a la información sin necesidad de tener que contar con las embajadas. La velocidad de los medios electrónicos hace que las embajadas se las vean y se las deseen para estar al día y poder informar a sus gobiernos. E Internet abre todavía más posibilidades.

Esta misma tecnología que en la última década del siglo pasado nos ofrecía la posibilidad de acceder a la información sin límites, evolucionaba poco a poco hacia un nuevo universo social: el conocido como 2.0, sinónimo de un nuevo modelo de comunicación en la que se acaba con la monodireccionalidad de los canales de comunicación para alcanzar metas de bidireccionalidad, interactuación y participación inmediata incluso en las acciones de gobernanza.