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El discernimiento ignaciano de acuerdo a las Operaciones Intencionales Libres

2. La experiencia trascendental como intellectus amoris

2.3 El discernimiento ignaciano de acuerdo a las Operaciones Intencionales Libres

Si el principio y fundamento es el horizonte en que se plantea la visión ignaciana, donde cada individuo realiza una respuesta personal e irrepetible en forma consciente e intencional. Esta respuesta se da como resultado de un proceso que empezó con el inquirir. Dado que al inquirir, teniendo como horizonte de respuesta el fin por el cual el hombre ha sido creado, desencadena en el hombre que busca, la intención de querer hallar la voluntad de Dios en la contemplación del misterio salvífico. Esta contemplación del Misterio, permite considerar el lugar del hombre en el mundo, a la vez que encuentra sentido a la vida en la integridad de la fe y espiritualidad de la revelación acaecida en Jesucristo. “Si se

concibe al hombre como colaborador de Dios, será Él mismo Dios quien lo conduce; deberá

108 Baena, Fundamento del discernimiento en la revelación, ¿Cómo acoge el ser humano la voluntad de

Dios?, en Apuntes Ignacianos 37, 40.

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estar atento para captar el querer de Dios sobre él y sobre las demás criaturas en su situaciones y circunstancias concretas lo cual constituye la base del método que hoy

conocemos como Discernimiento Ignaciano.”110

El discernimiento ignaciano tiene en cuenta las acciones, actos y comportamientos más la intencionalidad del sujeto, ya que por medio de estas operaciones intencionales libres se puede saber qué es lo que Dios quiere, cuál es su voluntad. El criterio fundamental para conocer la voluntad de Dios es cuando el hombre está saliendo de sí mismo, asemejándose a Dios. De allí, la importancia de reconocer en las operaciones categoriales el modo de ser auténtico hombre. Es decir, la puesta en marcha y coherencia con la intimidad de Dios aconteciendo en el sujeto. Por otro lado, y en esta misma línea, con respecto a la Revelación de Dios podemos inferir que es el encuentro del acto de creación continuo con la interpretación que el hombre hace de dicho acto existiendo por medio de sus operaciones intencionales libres.111

Al considerar que no hay un acto humano que no esté salpicado de algún interés, surge la siguiente pregunta, ¿qué fundamenta que una persona en un acto intencional libre tenga por cierto que está haciendo la voluntad de Dios? En este orden de ideas, el caso de Jesús es único y diáfano. En los evangelios podemos observar que los creyentes ven que Jesús sabe que lo que experimenta, conoce, piensa, juzga, desea y actúa, es voluntad de Dios porque no tiene otro interés que salir de sí mismo a los demás. Se ha dicho que el conocimiento humano es un proceso cognoscente y existencial del sujeto a partir de la experiencia que éste tiene de la realidad, cuya intencionalidad va dirigida a entender un objeto en sí mismo y en todas sus determinaciones. Se decía también que las operaciones intencionales libres son comprendidas como el conglomerado de procesos implicados en la actividad del conocimiento y la existencia propia.

Por lo tanto, son operaciones categoriales, ya que son la puesta en función de las facultades trascendentales o aprióricas del conocimiento. Y estas son la puesta en marcha de la existencia del hombre. Dios, al acontecer en el hombre, comunicándose y dándose se manifiesta en sus afectos y acciones internas. Ignacio se da cuenta de esta manera de acontecer y revelarse Dios en el hombre. El discernimiento busca, precisamente interpretar

110 Sandoval, Orígenes y actualidad de la educación en la compañía de Jesús, en Pensamiento Educativo,

100.

111 Este pensamiento será desarrollado en el siguiente capítulo de manera más concreta desde el acontecer

56 y trasparentar la voluntad de Dios en el mismo hombre. “La finalidad de la insistencia de Ignacio en los sentimientos, las mociones y los sentidos es tomar para sí mismo los mismos

sentimientos de Jesucristo (…) La estructura misma de la oración ignaciana lleva a poner en marcha unas determinadas operaciones que permiten hacer efectivo y vital lo que acabamos de afirmar: operaciones como percibir, reflexionar, juzgar, decidir y actuar.”112

En el caso de san Ignacio, a través de la búsqueda de sentido, este hombre fue descubriendo y diseñando un modo propio de orientarse dentro de la complejidad del seguimiento de Jesucristo. “Ignacio caminará siempre preguntándole al Señor a dónde lo quiere llevar: « ¿Dónde me queréis, Señor, llevar? Y esto multiplicado muchas veces <me parecía que era guiado>, y me crecía mucha devoción, tirando a lacrimar.»”113 Ignacio a lo largo de su experiencia espiritual se da cuenta de la prioridad que tienen los sentimientos a la hora de hallar la revelación que se da en su intenso mundo interior. Este conocimiento interno no implica solamente la racionalidad conceptual sino que es más consecuente con la racionalidad afectiva en el mismo orden del intellectus amoris como inteligencia experimental, propia de los místicos del siglo XVI. “Llamamos racionalidad afectiva al

ordenamiento lógico que en los ejercicios tienen los afectos, pues ellos son reveladores de la

voluntad de Dios o de los engaños del mal espíritu.”114

La vida humana se mueve en el espacio moral del sentido de la vida. Si la vida del hombre no tiene sentido, la pregunta por la acción ética carece de consistencia. La visión ignaciana coloca de antemano que la realización y salvación del hombre pasa por la búsqueda de

sentido. “El discernimiento, entendido como el proceso por el cual descubrimos el sentido de nuestra vida - la vocación en términos cristianos - y decidimos sobre nuestras acciones, es el camino que nos propone san Ignacio. Fijémonos que el discernimiento es primero que todo un medio para encontrar sentido, el sentido de nuestra vida, es decir, no sólo para decidir qué hacer, sino primeramente para encontrar el tipo de vida que queremos vivir.”115 Ignacio encontró que el discernimiento le ayudaba a ser consciente y distinguir la revelación de Dios en su vida trasformado esa relación en una constante tensión creativa que se derivaba en un tratar de servir bien a los demás.

112 Sandoval, Orígenes y actualidad de la educación en la compañía de Jesús, en Pensamiento

Educativo1, 332-333.

113 Osuna, Amigos en el Señor, 69.

114 Vélez y otros, El conocimiento de la voluntad de Dios, en Teología y Espiritualidad de la pedagogía

Ignacia, 332.

115 Mesa, El reto de una educación moral para vivir a la intemperie, en Teología y Espiritualidad de la

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Por esto es la insistencia de Ignacio en los sentimientos, las mociones acontecidas en el sujeto. “los afectos, dentro del sistema que propone Ignacio para conocer la voluntad de Dios, tienen un carácter definitivo. En otras palabras, sin conciencia de consolaciones, desolaciones, sentimientos, pensamientos (mociones) y afectos, no será posible llegar a conocer cuál será la concreción de la voluntad de Dios de hacernos hijos en el Hijo en el

aquí y el ahora del ejercitante.”116 O sea que los sentimientos y las mociones son la materia prima para diferenciar o distinguir el impulso en orden a la acción praxica, puesto que la voluntad de Dios se manifiesta precisamente en los sentimientos humanos. “Por voluntad de

Dios entendemos la orientación que Dios pone en el ser humano para realizar su existencia saliendo de sí mismo generosamente hacia el otro, moviéndose a dejar su propio amor e interés. Dios crea al ser humano desde dentro, y seguir su voluntad creadora es vivir

conforme a Él mismo que es don de sí, comunión solidaría y gratuita.”117

Sin embargo, la naturaleza humana tiende a replegarse, condicionándose en su propia finitud. Es por esto que es indispensable en la espiritualidad ignaciana distinguir y diferenciar en el sujeto que busca hallar y obedecer la voluntad de Dios, los sentimientos contrarios o afecciones desordenadas, acaecidos en la interioridad del hombre. “Esto quiere

decir que la voluntad de Dios aparece tanto más claramente cuanto más se identifiquen los afectos (los desordenados) que obstaculizan la toma de conciencia de dicha voluntad. Por tanto, al conocimiento de la voluntad de Dios se llega por un trabajo consciente y ordenado sobre los afectos de la persona para que ésta pueda ser libremente movida por Dios.”118 Por consiguiente, la personalidad de Dios es la manera específica como Dios crea, como Dios es Dios: saliendo de sí mismo, en función del otro. Esta es la manera como Dios se revela. De esta manera, el destino del hombre, según la fe, es averiguar lo que Dios quiere para él y así mismo qué quiere de él. En este sentido surgen las siguientes preguntas en un hombre que desea ser fiel a su más íntimo destino: ¿Qué hago para saber cuál es la voluntad de Dios en mí? ¿Acaso lo que yo capto como voluntad de Dios no puede llegar a ser una proyección de mi ego? Por tales cuestiones, se precisa ponerle cuidado al ahora, al existir concreto. Para ello, el hombre tiene como medio de interpretación las operaciones intencionales libres, ¿con qué interés/intencionalidad realizó las operaciones intencionales? Los actos intencionales con los cuales interpretamos la estructura de la existencia - la voluntad de

116 Vélez y otros, El conocimiento de la voluntad de Dios, en Teología y Espiritualidad de la pedagogía

Ignacia, 333

117 Ibíd., 331. 118 Ibíd., 331.

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Dios- son auténticos si están en la misma dirección de la personalidad de Dios. Al decir auténticos se quiere dar a referir que están acordes a la voluntad de Dios. Por tal razón es indispensable tomar conciencia de Dios mismo.

O sea, que el discernimiento busca precisamente, comprender el acontecer del Espíritu en la interioridad del hombre. Interioridad marcada por la contingencia y finitud. A pesar de esto, es en la interioridad donde acontece el Espíritu que impulsa al hombre a ir hacia la infinitud. En otras palabras, el discernimiento se convierte en parte importante para ser consiente de la experiencia trascendental. Por lo cual el discernimiento es una estrategia para el hombre obediente a la voluntad de Dios, que pretende dejar actuar de manera consiente a Dios en su vida. Si el hombre, escucha y pretende poner en práctica la voluntad divina, en clara obediencia, debe saber en función de qué espíritu está actuando. La espiritualidad ignaciana concibe en su principio y fundamento que la manera para alcanzar el fin para el cual el hombre ha sido creado es hacer la voluntad divina, tal como lo hizo y enseñó Jesús en su pedagogía.

Por lo cual para que se de una autentica experiencia trascendental que permita que el hombre llegue a ser lo que está llamado a ser, conviene eliminar todo aquello que estorba e interfiere en la comunicación que el hombre intenta escuchar en la palabra y acción de Dios. El conocimiento y cumplimiento de la voluntad divina. Por esto, según la espiritualidad ignaciana, hay que refrenar las afecciones desordenadas, dejando a un lado el amor propio. Esta abnegación de la voluntad propia se entiende como una manifestación de obediencia a la voluntad de Dios y una total indiferencia a las demás cosas, en tanto no ayuden a configurar el fin último por el cual han sido creadas y una disponibilidad generosa a la

voluntad de Dios. “Ignacio exige un ascetismo austero, un esfuerzo vigoroso y continuo de

creciente generosidad con Dios. Nada de pasividad inerte, sino actividad interna, tensa de la libertad hacia un apertura cada vez más honda- magis -a la voluntad de Dios.”119

119 González, Espiritualidad y Pedagogía Ignaciana, en Teología y espiritualidad de la pedagogía

59 Capítulo III

La experiencia trascendental de San Francisco Javier Introducción

Karl Rahner comentaba hace años en una de sus tantas entrevistas: “No se puede partir de

otro modo que de sí mismo y, por ello, del hombre, en cuanto que no es Dios el que hace teología, sino yo como hombre. Y no obstante, toda la teología es búsqueda de Dios y sólo es correcta si ve en el hombre un ser totalmente orientado hacia Dios y, por otro lado, yo puedo conocer algo de Dios sólo en los límites que ha sido revelado y en la medida en que

Él, con su gracia se me ha mostrado.”120El hombre tiende a la trascendencia, al plus de Dios que lo habita y lo impulsa. El misterio de Dios es que siendo infinito está en seres finitos. El mismo Dios Creador es el mismo Dios implicado en lo creado, es lo que podemos llamar Acto-Creador-Continuo. Jesucristo, como ya se ha mencionado, es el caso concreto de la comunicación de Dios, caso pleno de la percepción de Dios.

En este orden, el conocimiento reflejo de Dios no es otra cosa que la tematización de la experiencia trascendental en el hombre. Experiencia que llena de contenido significante la categoría de experiencia espiritual de acuerdo a lo expuesto por Karl Rahner. Si la revelación trascendental acaece en el hombre; él cual es espacio, tiempo y sentido, habría que preguntarse por la manera cómo a pesar de la distancia en el tiempo la interpretación de la Iglesia en su tradición y texto sagrado comunica y actualiza el mensaje revelatorio. Sin embargo, como la pretensión de este trabajo investigativo es indagar por la manera como acontece fenoménicamente Dios en el hombre y cómo de este análisis se pueden hallar incidencias estructurales para la antropología que subyace a la Pontificia Universidad Javeriana, se disertará sobre la manera como Francisco Javier asumió la experiencia trascendental.

Para alcanzar este objetivo se ha optado por recurrir al método de la antropología trascendental que busca en la historicidad, contexto y horizonte del hombre, la revelación de Dios. La antropología trascendental concibe al hombre como espíritu, en tanto que aprióricamente se encuentra abierto a la escucha de la Revelación. El hombre es espíritu en el mundo. O sea, hombre histórico, deseoso de Dios. El hombre mediante su existencia

120 Mondin, dove va la teología? Interviste a K. Rahner Roma 1982. Citado por Sayes, la esencia del

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desarrolla su ser, y la existencia no es más que un ser siendo con lo demás. El ser hombre es un proceso que no tiene fin; sin embargo el hombre se realiza en el tiempo. En su existencia. Como el hombre es un ser siendo en la medida que existe, es coherente preguntarse por la manera cómo Dios acontece en el hombre.

El hombre es ser y conocer, ya que al encontrarse en el mundo se relaciona. La relación es conocimiento, en tanto que el hombre al percibir a otro ser o ente, sale de sí mediante sus sentidos y retorna nuevamente trayendo una impresión que será incorporada a su estructura interna. Esta acción cognitiva y espiritual del hombre genera en él estructuras internas, redes de relaciones que mueven al hombre a ir más allá de su estructura interna para conocer a la par que es. Esto se manifiesta en la capacidad del hombre de sentir, de pensar, de decidir, etc. Estas operaciones categoriales son el resultado de lo que el hombre hace con su condición apriórica trascendental, de acuerdo a su libertad.

En este orden de ideas, aparece la figura de san Francisco Javier como intérprete y comunicador de la Revelación trascendental según su experiencia de fe y el ambiente cultural en el cual se gestó y maduró su existencia como movimiento espiritual único. San Francisco Javier bebió de la revelación vehiculada y vivida en la historia, de acuerdo con la interpretación y cosmovisión hecha por la Iglesia trasmitida en su texto sagrado y su Tradición. San Francisco Javier, hijo de su época, se encuentra con la significación común cristiana de la revelación trascendental propiciando en él una libertad interior que lo lleva a romper fronteras, no sólo geográficas y topográficas, como de hecho ocurrió, sino en su misma seidad.

Lo que ocurre en Javier, es que en la medida que efectúa sus operaciones categoriales (experiencia), se repliega en sí mismo (reflexión) y se da cuenta de la habitación de Dios en él, la cual lo impele a salir de sí ilimitadamente (acción). En este orden de ideas, este santo misionero es un vía-andante. También de su interior. Un viajero, que al inquirir y preguntarse por el sentido de su existencia abre horizontes insospechados en su personalidad. O como dice Michel de Certeau en su interesante libro la Fábula Mística siglos XVI-XVII a propósito del movimiento místico interior: “Por los caminos o las vías de que hablan tantos textos místicos, transita el viajero itinerante, Wandersmann [Caminante].”

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En este mismo sentido, frente a la figura de viajero apostólico que representa Francisco Javier, llama la atención la afirmación de León-Dufour: “el itinerario seguido no es tanto el de la conquista del mundo por el apóstol cuanto el de la conquista del apóstol por Dios; mejor dicho, a través de la conquista del mundo el apóstol se deja conquistar por Dios. Los hombres ven actuar a un hombre, pero el que actúa es Dios solo. El primero en rebelarse sería sin duda alguna el mismo Francisco Javier si nos limitáramos tan sólo a contemplar las proezas del héroe: ¡Dios es admirable en todos sus santos!”122 En efecto, las peripecias de aquel noble navarro por el mundo desconocido de aquel entonces, en cierto modo dan parte y son reflejo de lo que en su interior pasaba: traspaso de fronteras y ataduras a nivel emocional y moral, una ampliación de fronteras en su personalidad, una travesía sin límites a nivel existencial. Una experiencia trascendental que lo llevó a alcanzar niveles inigualables en su realización como auténtico hombre.

Al tener en cuenta lo anterior, este capítulo se detendrá a observar la vida interna y mística del gran apóstol de Oriente desde sus acontecimientos visibles de cara a su contexto y tiempo. Este capítulo, por tanto, abordará la manera como un hombre concreto, Francisco Javier, percibió y asumió en potentia oboedencialis la voluntad de Dios como experiencia de revelación trascendental en su vida; y la manera cómo ese acontecer trascendental se configuró con su misma accidentalidad sicológica y personal, propia y única en todo hombre, afectando su entorno, llevándolo a una vida espiritual y apostólica itinerante. Donde el contexto siempre cambiante, y por ende novedoso, se percibía como una realidad interna en la medida en que Javier se abría al cambio posible desde el acontecer de Dios en su interioridad como aventura espiritual e itinerario místico. De tal forma que esta reflexión parte de la premisa que la vida itinerante de Francisco Javier como hombre apostólico es el reflejo del movimiento trascendental que acontecía en su interior.

Es decir, una experiencia de trascendencia. De movimiento, que se da gracias a una dinámica dialéctica acaecida en el acontecimiento de replegarse en sí para salir de sí al encuentro del otro llevando en ese movimiento algo de la intimidad de Dios. En palabras de León-Dufour, “Toda vida es un itinerario; sólo el itinerario místico da su sentido verdadero al externo y material que se ve.”123 Por tal motivo, para poder dar cauce y desarrollar la proposición planteada, este capítulo abordará la experiencia trascendental, como travesía existencial y espiritual en Francisco Javier desde dos perspectivas. La primera, desde la categoría de itinerario místico según León-Dufour; y la segunda categoría será la geografía