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DISCRIMINACIÓN DE «ENTERADOS»

In document Investigacion y Ciencia Octubre 2014 (página 95-97)

Bernd Heinrich y Thomas Bugnyar

DISCRIMINACIÓN DE «ENTERADOS»

En la naturaleza los cuervos silvestres acostumbran a comer en grupo. Pasan buena parte de su tiempo escondiendo lo sobran- te para su aprovechamiento posterior. En esta situación, se- ría casi imposible para un pájaro ahuyentar a todo cuervo que por azar pasara cerca de cualquiera de sus docenas de escon- dites. Pero los cuervos adultos reducen mucho la posibilidad de que haya competidores que los vean preparar sus escondri- jos o de tener que ahuyentar a posibles merodeadores: disper- san sus tesoros escondidos sobre una superficie de muchos ki- lómetros cuadrados.

En el marco de nuestro aviario resulta imposible que un in- dividuo escape a los ojos escrutadores de los competidores. Una situación que nos permitió, en cambio, determinar por vía ex- perimental si las aves se hallaban capacitadas para discrimi-

LOS CUERVOS MADUROS, que tienen una envergadura alar de 1,25 metros y pesan alrededor de 1,25 kilogramos, se acer- can a un animal que los lobos acaban de cazar en el Parque Nacional de Yellowstone. El comportamiento juguetón de los cuervos jóvenes, según los autores, les enseña a habérselas con carnívoros mucho mayores, de los que dependen para buena parte de su comida. JI M B RA N D EN BU RG M in de n P ic tu re s

nar entre cuervos competidores, basándose en lo que estos po- dían saber, del mismo modo que habían discriminado entre se- res humanos.

En esta serie de pruebas nos apuntalábamos sobre un dato conocido, a saber, que los cuervos distinguen unos de otros entre miembros de su especie (como hacen con nosotros, aun siendo de otra especie). Creamos aves «enteradas» y «no enteradas»; las primeras habían observado la localización de los escondites de un cuervo determinado, mientras que las segundas no podían haber observado el emplazamiento de los escondites. Después emparejamos al cuervo que había guardado en escondrijos con estos competidores diferentes, tal y como habíamos procedido en los experimentos en que examinamos las respuestas de aves jóvenes a ladrones y no ladrones. Sin embargo, en este caso la disposición experimental exigió una modificación del aviario.

Un compartimento grande del aviario servía como campo de escondrijos. Levantamos una pared opaca entre esa área y otra menor. En la pequeña abrimos una ventanilla de observa- ción y colocamos un posadero ante ella, para que un pájaro se posase y mirara a través de una malla de alambre al cuervo que ocultaba comida en el compartimento principal. Junto al com- partimento de observación, otro similar contenía un cuervo, si bien en este caso la ventana de observación quedaba velada por

una cortina. De esta manera, dos cuervos tenían el mismo ac- ceso auditivo a un pájaro que escondía comida, pero solo uno de ellos contaba con acceso visual.

A los dos cuervos de los compartimentos pequeños se les per- mitía pronto (a los cinco minutos) acceder a la zona de escondri- jos, en busca de comida. Tenían razones, por lo tanto, para ob- servar al ocultador. En efecto, el pájaro enterado se posaba para intentar ver al ocultador; el no enterado, en el compartimento con la cortina, intentaba levantar esta para observar lo que pa- saba al otro lado. (Descubrimos que teníamos que fijar la corti- na para que no pudieran levantarla.) Después de que el cuervo ocultador hubiera escondido comida en tres puntos, lo sacába- mos del compartimento grande; cinco minutos después, lo de- jábamos volver para que recuperara lo que había escondido. Se le permitía recuperarlo ya en privado, ya en presencia del ente- rado y del no enterado. (Ambos ladrones potenciales eran de un nivel jerárquico subordinado al del ocultador, para evitar que anularan sus respuestas defendiendo el botín.)

Los ocultadores recuperan su comida cuando el robo pare- ce inminente. Los experimentos demostraron que extraían del escondite una parte bastante mayor cuando estaban empare- jados con enterados que cuando lo estaban con no enterados o se los dejaba solos. Además, cuando un enterado se acercaba a JEN

C H RI ST IA N SEN

CAPACIDAD DE DISTINGUIR ENTRE INDIVIDUOS: Que los cuervos parecen poseerla se demostró en un experimento en el que se escondía comida. Los autores crearon pájaros «enterados» (como el de la parte inferior de la primera viñeta), que podían observar la situación de un escondite establecido por otro cuervo, y «no enterados», que no podían ver la posición del escondi- te. Cuando enterados y no enterados fueron puestos en la zona de los escondrijos (segunda viñeta), el cuervo que establecía un escondite distinguía al enterado como tal; le atribuía conocimiento y, en coherencia, tomaba precauciones ante su intrusión, al tiempo que ignoraba al no enterado, aunque se hallara cerca de la comida escondida. (En el experimento real, se colocaba por separado al cuervo enterado y al no enterado en la zona de escondites y no se ponían anillas coloreadas en las patas; se han aña- dido aquí para ayudar al lector a distinguir las aves.)

dos metros de la comida camuflada, el ocultador lo ahuyenta- ba, mientras que ignoraba a los no enterados. Supusimos que los ocultadores recordaban qué cuervos los habían observado cada vez que escondían algo y después se prevenían de ellos, como si les atribuyeran conocimiento. Parecían anticipar las in- tenciones de los observadores y tomaban precauciones contra su esperable latrocinio.

Pero los enterados se precavían, a su vez, de la defensa de los ocultadores: en su presencia, no se dirigían directamente a los escondrijos; esperaban a que se hallasen a cierta distan- cia. Los resultados de estos experimentos dan a entender que atribuyen conocimiento a otros y anticipan su reacción.

En una versión modificada del mismo ensayo, nos propu- simos descartar que los enterados hubieran proporcionado de manera inadvertida pistas sutiles que los defensores de los es- condrijos pudieran leer. No se trataba, por tanto, de averiguar si los defensores del escondrijo sabían realmente que los ente- rados habían visto tales ocultamientos.

Con esa intención, pues, decidimos que fuera un humano, pa- sivo en todo lo demás, el que se encargara de esconder. Tal como predijimos a partir de los resultados de los primeros experimen- tos, los enterados, si estaban emparejados con otro enterado, se apresuraban a ratear en el escondite de los humanos. En cam- bio, cuando se los emparejaba con un competidor ignorante pero

dominador (que atacaría al merodeador para quedarse con el

escondrijo), dilataban, unas 10 veces por término medio, el tiem- po transcurrido antes de acercarse al escondrijo, a la espera de que el cuervo dominante estuviera lejos y ocupado.

Estos resultados no excluyen que los enterados suministren algunas pistas sutiles desconocidas que los merodeadores de es- condrijos puedan usar, pero tal posibilidad es improbable. Los hallazgos apuntan con claridad a que los pájaros adoptan un comportamiento asombrosamente refinado que se basa en la ca- pacidad de interpretar o de anticipar las acciones de los demás.

In document Investigacion y Ciencia Octubre 2014 (página 95-97)