Capítulo 7. El proceso en Core Energética Objetivo general
3. Niveles de personalidad humana
3.1 Discrimine y reconozca cada nivel de personalidad en el ser humano.
3.2 Descubra, intelectual y vivencialmente, la unicidad psicosomática que cada ser humano tiene.
3.3 Avance en la identificación de las perturbaciones y necesidades de cada nivel de personalidad.
3.1 Cuerpo
Toda nuestra existencia se manifiesta en nuestro cuerpo, vehículo a través del cual se expresa el alma y la mente, espacio por donde discurren las emociones y pulsan las sensaciones, donde se observan nuestras integraciones biológicas. En él se refleja toda nuestra historia, la heredada, la captada, la vivida para bien o mal; ningún momento está fuera de su registro, cada una de sus células posee toda esta información. En él habitan nuestras más grandes satisfacciones, y en él podemos perpetuar nuestras carencias. Puede ocultar nuestras más excelsas virtudes y nuestras más tremendas aberraciones.
Con el cuerpo podemos tocar a nuestros padres, nuestra familia, a otros y dejarnos tocar para confirmar que existimos, para nutrir nuestras necesidades físicas o afectivas; podemos avanzar y alcanzar lo que queremos o mantenernos en una postura ante la vida o ante un desafío; podemos retroceder, o huir cuando nuestra integridad está en peligro real o imaginario; podemos abrazar, golpear o mantenernos estoicos para soportar una agresión física, mental o emocional; podemos, de la piel para adentro, llevar a cabo una extraordinaria odisea de funciones, interconexiones, relaciones, integraciones biológicas para vivir o sobrevivir; allí adentro, bajan y se cultivan, en carne y movimiento, los impulsos de la fuerza vital. A través de él damos voz, signo, escritura, arte o expresión directa a nuestra psique, a lo inconsciente y lo consciente.
Nuestro cuerpo da forma a nuestras intenciones, a pensamientos positivos, bellos, negativos o tortuosos, a nuestro de deseo de dar amor o a nuestro deseo de venganza; muestra, a pesar de nuestro esfuerzo por aparentar, nuestro amor o nuestra culpa, nuestro rechazo u odio a nosotros mismos. Se pone de todos tonos y colores para evidenciar la verdad emocional o afectiva que se genera en el interior. Responde a todos los estímulos, más o menos sensibles, más o menos intensos, nos demos cuenta o no. Refleja, con una precisión impresionante, nuestro nivel de conciencia, si insistimos en aparentar algo que no está surgiendo del interior.
El cuerpo es nuestro templo, visible, presente, expuesto a todas las vicisitudes de la vida. Se expresa en todos los lenguajes, los verbales, no verbales, energéticos, actitudinales, metafóricos. Es imposible no comunicar y es imposible no ser impactados por lo que sucede dentro y fuera de él. Podemos no lograr integrar todo lo que ocurre y anestesiar nuestra conciencia, no sólo para no percibir lo que pasa, sino para alterar nuestra percepción y enajenarnos de ser cuerpo.
Por lo general, a causa de experiencias traumáticas, se bloquean las corrientes de vida en el interior; por rechazo a ellas, por castigo de poseerlas, por prohibiciones familiares, morales, religiosas, ocurre que el cuerpo físico se contrae, pues entra la alerta del sistema nervioso simpático. Surge el miedo, aparecen tensiones musculares como protección, se crean los bloqueos físicos (hay que bloquear la expresión de las corrientes del amor, el eros y la sexualidad), se crea la coraza, se crea la estructura caracterológica. El movimiento natural es detenido, algunas funciones corporales, como las sensaciones, son alteradas, el desarrollo del organismo, la capacidad de autorregulación y la percepción se alteran, los pensamientos repetitivos, el ego-mente controlador toma lugar, tratando de dominar el instinto natural y el medio ambiente. Ahora bien, es importante resaltar que:
K las sensaciones son expresión de la energía vital que fluye en el cuerpo. Músculos tensos y con ello acorazados hacen que la energía vital se interrumpa y deje de fluir: la percepción y la experiencia del cuerpo se pierden entonces, la conciencia ya no está en el “aquí y ahora”. Esto ocasiona una disociación, una escisión entre la conciencia y el cuerpo (Reich, 1999, p. 36).
En nuestro organismo existe un flujo de energía, una circulación. Nuestra energía vital circulante nos vincula o conecta a la tierra y a la energía cósmica. Por ello, una sensación no es una idea o una representación mental, es un suceso energético en el cuerpo. Hay algo que fluye en nosotros. Cuando nos alegramos, nos extendemos hacia el mundo, por lo contrario, cuando tenemos miedo, nos contraemos hacia nosotros mismos.
El cuerpo físico puede enfermar, puede manifestar síntomas; desde la visión psicosomática, encontramos una conexión entre los síntomas y conflictos internos no resueltos, estados emocionales ocultos, sentimientos y pensamientos negativos, que pueden estar en nosotros desde la infancia, o conflictos, presiones, experiencias más o menos recientes que giran en nuestro interior. Médicos de la antigüedad, al igual que recientes investigadores, muestran que el stress, la desesperación, la ira, la desesperanza, la depresión, la preocupación y el miedo son factores que afectan al sistema inmunológico, que terminan desencadenando la enfermedad física, que en realidad es también del alma, pues, como afirma Debbie Shapiro (1991): “Kel pensamiento, que es intencional en su propósito, dirige la energía; por consiguiente, la energía sigue al pensamiento. Donde quiera que se fije el pensamiento, en ese punto empezará a concentrarse la energía” (p. 21).
Cuando experimentamos negatividad, la energía asociada a esta debilita la zona del cuerpo que la refleja y la hace vulnerable y susceptible de sufrir daño o enfermedad. Las enfermedades físicas son, en realidad, una advertencia de que
tenemos un conflicto de emociones y pensamientos que amenazan la sobrevivencia, por lo que se convierten en tremendos desafíos y oportunidades de crecimiento; son mensajes a los que debemos prestar atención, para corregir el camino e intentar regresar a nuestro centro. Será muy importante hacernos preguntas: ¿Algo cambió recientemente? ¿Hubo alguna desgracia inesperada? ¿Hay acumulación de ira o de frustración? Lo que sea que fuese, lejano o cercano, se debe trabajar aquí y ahora.
Cada uno de nosotros, en nuestro cuerpo, poseemos cualidades internas, cualidades del core, de plasticidad, transformación, recuperación, flexibilidad y belleza; sólo necesitamos convencernos de que la sanación está en nuestro interior, que la salud es posible. En Core Energética, como en toda psicoterapia corporal, sabemos que necesitamos aceptar la situación en la que estamos, liberar nuestros bloqueos físicos y mentales, abrir espacio para la liberación emocional, para la toma de conciencia, y recuperar la libre circulación de nuestra energía, decir sí a la vida que se nos ha dado. Se trata de cuidar nuestro cuerpo, nuestros pensamientos, y atrevernos a tener fe en el poder de sanación que hay dentro de nosotros.
Debemos, pues, reconocer que no estamos en nuestro cuerpo físico; nuestro cuerpo físico es nosotros; por lo tanto, la base de nuestro trabajo es lo más denso: nuestro cuerpo. Es preciso para ello:
• Analizar lo que sí se recibió de los padres, del ambiente.
• Reconocer lo que no se recibió. Las carencias, las heridas y la respectiva resistencia, no consciente, a resolverlas.
• En su conjunto, visualizar la contrapartida corporal del carácter que desarrollamos.
• Permitir la expresión de lo reprimido, de lo misterioso y natural del ser respirando, movilizando, tocando, masajeando, en posturas de stress, en un espacio seguro de liberación, integración, experimentación y descubrimiento, dando límites y contención amorosa.
• A partir del conocimiento de que somos una unidad psicosomática y espiritual, traducir lo que el cuerpo, en sus formas, movimientos, posturas, sonidos, colores, energía, síntomas agudos o crónicos, nos dice de sí mismo físicamente y de lo que hay en nuestra mente y lo que ocurre con nuestras emociones y nuestro espíritu. Observar que cuando decimos sí a la vida, nuestro cuerpo luce vibrante, cálido, con buen color, flexible, con brillo, presente, despierto.
3.2 Emociones
Los sentimientos negativos son los que provocan más problemas en nuestra existencia. La energía y la conciencia, asociadas y apegadas a dichos sentimientos, poseen una naturaleza opuesta a la vida. Empeoramos las cosas manteniendo esa energía-conciencia inmóvil, al no permitir el flujo de nuestras emociones negativas –patrón que aprendimos de pequeños-. Esto rebaja la frecuencia vibratoria a una vibración inferior a la que sostiene la salud, provocando un estancamiento de energía en los primeros niveles áuricos, bloqueando más tarde el flujo de energía vital del cuerpo físico.
Lo que generalmente hacemos al inmovilizar, reprimir o negar estas energías negativas, es transferir parte de su energía-conciencia al nivel de la mente, convirtiéndolos en autocrítica, que contribuye a detener más los sentimientos. La energía en movimientos cargará y brindará conciencia y una experiencia emocional que permitirá a la persona profundizar más en sí misma, llegar a la raíz del problema y finalmente, a la esencia del ser. Es necesario incitar y apoyar a expresar los sentimientos, pues son necesarios, ya que el sentir disuelve lo estancado. El hecho de fluir energéticamente recarga el campo de energía saludable.
Si vivimos experiencias de hostilidad durante las etapas primarias de desarrollo, nos contraemos como mecanismo de protección. La motilidad natural de una criatura puede ser una de las primeras expresiones afectadas, y con ello su emocionalidad y sensibilidad, pues al empezar a inhibir y cancelar emociones, como el llanto (asociado al dolor), el enojo o la tristeza (asociado a la frustración), se inhibe la conciencia del miedo y el placer. Cuando perdemos la conexión con nuestras emociones o sentimientos, con nuestra sensibilidad, perdemos la brújula que nos guía, con mayor efectividad, por el camino de la vida, la cual, sin emociones ni afectos, es una existencia más bien muerta, carente de sensibilidad en las relaciones humanas.
La expresión emocional devuelve al cuerpo y al campo de energía su estado natural, experimentando las vibraciones sutiles de la aceptación del amor:
Las emociones son uno mismo, nuestra energía básica y las motivadoras de nuestra conducta. Los sentimientos estimulan el movimiento corporal, las emociones tienen componentes musculares. Cuando se permite el proceso natural, la experiencia interna y la emoción ocurre y moviliza los músculos, lo que lleva es a una conducta observable. Ese movimiento se vuelve parte de la experiencia de otros y conduce a tomar elementos del mundo (Baumgardner, 1982, p. 41).
Desde pequeños llegamos a diversas conclusiones, como la de que debemos esforzarnos por ser “perfectos”, “muy buenos” o “razonables” para obtener amor. Este esfuerzo se enfocó en mostrar una imagen ideal para merecer amor. Al tomar conciencia de ello, es inevitable sentir dolor de tanto esfuerzo realizado para “comprar amor”, mientras internamente se sentía no merecerlo, anhelando obtenerlo sin tener que hacer nada en especial. Hay dolor no sólo por lo que otros nos hicieron, sino por lo que nos hemos hecho a nosotros mismos, tratándonos cruelmente, con la exigencia de ser lo que no somos y en criticarnos por no lograrlo.
Crecer significa aceptarnos, permitir la expresión de lo que realmente somos y sentimos, crecer significa aceptar nuestro niño (a) interno (a) y abrir el camino para que este exprese sus emociones, sus sentimientos, su vitalidad, su capacidad de asombro y su alegría de vivir. Implica llevarlo de la mano por el camino del principio de realidad: importa él, ella e importan los demás, importa el mundo en que vive.
Respecto a las emociones, el guía Eyoan nos propone:
Dejad que el miedo sea vuestro aliado. El miedo tiene mucho que enseñaros. El miedo es la experiencia de estar desconectado de quiénes sois en realidad; es lo contrario del amorK “tengo miedo” se convierte en “siento miedo”. Esos sentimientos se basan en un gran número de supuestos de lo que podría ocurrir. La mayor parte del miedo no procede de lo que ocurre ahora. Así pues, cuando vosotros tenéis miedo no estáis en la realidad. Si sois capaces de permanecer en el momento presente, el miedo no os encontrará (citado en Brennan, 1994, p.69).
Tres emociones primarias:
• Rabia. Fluye a los músculos (nos defiende). • Miedo. Fluye a los órganos internos (nos avisa). • Placer. Fluye a la piel (nos relaja).
3.3 Mente
A medida que vamos creciendo, nuestra psique se va desarrollando. Las experiencias vividas, que son lo que vamos mirando y escuchando, así como la demandas de quienes nos dicen cómo debemos de ser, van configurando nuestro pensamiento, nuestras creencias acerca de nosotros mismos, del mundo, de nuestra relación con él, de lo que merecemos o no merecemos, de lo que
debemos ser, hacer, de lo que debemos o podemos recibir y dar, de qué aspectos vitales podemos a manifestar y cuáles no.
La psique, en su aspecto consciente, representa, en mayor medida, lo que debemos de ser, según lo que nos dijeron o lo que concluimos correcta o distorsionadamente; en su dimensión inconsciente, oculta aspectos rechazados, que fueron difíciles de asimilar en el momento de vida que sucedió (estamos hablando de cuando fuimos pequeños), que fueron inaceptables para la conciencia individual o familiar, como dolor, rabia, miedo, placer en sus diferentes matices.
Desde entonces, la capacidad inherente de protegernos ante el peligro y la amenaza levantó defensas mentales y corporales para sobrevivir. El ego, que estaba creándose, distorsionó su función, y en lugar de ser el mediador entre la expresión de lo espontáneo y auténtico de nuestro ser, de nuestro instinto, de la energía natural y el medio ambiente, cede a cancelar mucho de lo interno, controlando y falseando lo real y tratando de manipular, dominar, complacer el ambiente, a través de ser lo que el mundo externo quiere que se sea.
Cuando el instinto, lo intuitivo, la sensibilidad, se suprime, se exacerba entonces el pensamiento. Conclusiones mentales que se hicieron cuando éramos pequeños pueden seguir dominando nuestra existencia y nuestra relación con el mundo. Es un ego infantil que ha perdido contacto con las necesidades internas, necesidades de recepción y necesidades de expresión. En palabras de John Pierrakos: “Kes ver cómo el niño, que está fabricando su máscara de fingimiento (parte de su ego), está generalizando todos los sucesos de la vida, desde el punto de vista infantil” (1990, p. 121).
Esta generalización, que con frecuencia se efectúa muy temprano en la vida, es hecha y rápidamente enterrada en la mente inconsciente. En cierto modo, el niño crea impresiones, representaciones mentales o imágenes de situaciones donde no están permitidos ciertos sentimientos, por lo tanto, estas impresiones o imágenes enterradas siguen reproduciéndose una y otra vez en la vida adulta.
Hay una compulsión inconsciente por recrear el trauma originado en la niñez. Se ha formado un ego no sano. Cuando se ha generalizado que el mundo es hostil, el ego toma un cauce negativo, disminuyéndose, evidenciándose temeroso o contrafóbico, actuando contra el mundo, desconectándose de la energía y conciencia del core, así como de los buenos sentimientos, como la confianza y el amoroso interés por descubrir el mundo.
Cuando el ego se alía al ser inferior, a las emociones negativas primarias de rabia, miedo, deseo de venganza, se fortalecen las defensas y estas dejan encerrada la fuerza del core y la persona queda más atrapada en la máscara. El ego idealizado que presentamos al mundo teme la interacción con la fuerza vital, individual y universal; evitará rendirse a la fuerza de la gravedad, se inflará, pues teme que la personalidad se derrumbe por lo suelos y sea convertida en nada. En la entrega sexual, al fluir en el orgasmo pierde su poder controlador y cede a la voluntad de la energía vital sexual, o de la misma manera, siente que pierde cuando reabre su corazón al perdón, a la compasión, al amor. El ego se apega a su individualidad, se separa del todo, perpetúa el aislamiento, la desconfianza y la lucha, va por el logro por encima de sí mismo y de los otros:
El ego en un estado de salud se convierte en el ojo del core, percibe, sintetiza y dirige el flujo de energía de y hacia el core. Como servidor del core, el ego se hace a un lado y permite que toda fuerza del core emerja. Si ignora el core y se convierte en amo, el ego funciona negativamente, distorsionando en fluir de la energía (Pierrakos, 1990, p. 107).
Los bloqueos físicos y emocionales tienen qué ver con creencias que son parte de un ego desconfiado, no sano. Una persona puede pensar que la vida es injusta, quejarse, pelear, provocando reacciones agresivas, que le servirán para confirmar sus falsas creencias. Otra persona puede pensar que tiene que esforzarse mucho para prosperar, pues así es como se mueve el mundo; su percepción de la realidad está alterada y no recibirá nada fácilmente, ya que su ego se adapta de forma negativa.
Pierrakos (1990) propone contemplar al ego tan sólo como una partícula de la gigantesca conciencia del universo de la persona, a menos que se integre con la gran conciencia. Convirtiéndose en sirviente en vez de amo, el ego perdería su grandiosidad excelsa, quedando disminuido, sin dar lugar a su ser interno, a sus necesidades. En ese cambio, se reconoce que no se trata de forzarse a amar, sino que cuando surja el afecto, el amor, el ego oriente su voluntad hacia acciones positivas que le beneficien.
Cada estructura de carácter, que se llega a configurar a partir de las conclusiones y de una dinámica familiar y social, ha desarrollado un ego particular, una visión estrecha de sí mismo y del mundo, que en un proceso de desarrollo, sanación y transformación, habrá de ser trascendido hacia una conciencia más amplia de sí y del mundo material y espiritual. El ego no sano es un paradigma viejo, caduco, una posición muy controladora sobre la biología, lo instintivo, lo emocional, lo espiritual.
De este modo, los pensamientos generalizados llevarán siempre a las mismas experiencias. Pensar diferente lleva a prácticas diferentes. De este modo, si pensamos positivamente sobre nuestras relaciones, estas irán mejor, pero dichos pensamientos tienen que ser genuinos. La felicidad comienza por pensar que la felicidad es posible para nosotros y para los otros. Se requiere de disciplina para centrarse en el interior, para descubrir y acceder a algo mucho más grande y profundo dentro y fuera de nosotros. Esto requiere no sólo un trabajo profundo y sanador de viejos dolores, heridas y creencias, sino también de una reeducación que nos permita comenzar a pensar con el corazón.
En Core Energética se invita a desarrollar al observador interno y separar los apegos de la individualidad, se confronta esta parte egoísta y se conduce a movilizar y trabajar profundamente para recuperar la verdad de nuestro niño (a) interno (a), de nuestro hombre y mujer, de nuestra sabiduría interna, e integrar en nuestro saber, cada vez más, lo que fue rechazado, encubierto, excluido de esa conciencia, descubrir posibilidades donde se creía que nos las había, así como nuevas y mejores maneras de vivir.
3.4 Voluntad
Cuando hablamos de voluntad, nos referimos a la dirección de nuestras intenciones, hacia dónde dirigimos nuestras energías y qué pretendemos lograr con ello. Las intenciones del corazón o intenciones del ego no miran al interior, pues el ego es voluntarioso, y ha de querer que las cosas se hagan a su manera: “Que me ame, como yo quiero que me ame, quien yo quiera que me ame, cuando yo quiera que me ame”. Va por sobre el logro que mantenga en alto la imagen idealizada de sí mismo. La voluntad del ego usa en exceso las energías masculinas y tiende a negar las energías femeninas.
En este movimiento voluntarioso están implícitos sentimientos y pensamientos negativos. Podemos creer o sentir que no lograremos cambiar, pero nos falta reconocer el apego a la negatividad; esto se llama intencionalidad negativa, y se traduce en: vivir con miedo, desconfiar del mundo, tener adicción a drogas, mantener relaciones de violencia, no prosperar, no realizarse, mantenerse en la queja constante, dominar a otros, ser codependiente, no creer en el amor.
Por lo contrario, la intencionalidad positiva tiene qué ver con la conexión interna, con los valores esenciales de la vida y la relación armoniosa con los demás y la naturaleza. Está relacionada con moverse en la vida con la voluntad