Es curioso ver como los mayores egoísmo y van i dad, en lugar de
Desde niño carecí de confianza debido a la imposición de mis caprichos, y de adulto sufrí el complejo que es el más común de la gente; creerse más de lo que se es, y apreciarse en menos de lo que uno vale. En mi casa me consideraba lo más importante, pero en el medio hostil de la calle, ante los que mostraban seguridad en sí mismos, me sentía muy poca cosa, aun cuando aparentaba una ridícula autosuficiencia.
Debe disculparme; sin querer me alejé otra vez del relato sobre mis heridas...
Mi madre nunca imaginó el alcance que tendría la lección que me dio sobre los mágicos duendes que habitaban mi cuerpo, pero yo pude comprobarlo al relacionar lo que me dijo, con lo que decía mi libro. Así fue como pude entender que esos duendes pudiesen reparar mi piel, porque tenían consciencia de su misión.
Interrumpí a mi huésped para protestar; lo que estaba narrando era una cosa absurda. No estaba atento a su plática para que me hablara de duendes... por lo tanto le dije:
No creo que haya en el cuerpo humano ningún tipo de seres conscientizados de su deber; eso ya es demasiada fantasía. Yo sí estoy de acuerdo en que hablemos, pero de cosas reales, por lo que me extraña que haya tomado nuestra conversación este giro.
—Siento mucho el haberlo decepcionado --me aclaró de in- mediato; no fue ese mi propósito. Los temas que hemos venido trat a n d o pueden resultar áridos en sí; por eso es difícil abordarlos si no tenemos calma e interés por ambas partes. Si mi relato le parece inocente e insustancial, es porque quiero ser detallista en la exposición de las circunstancias que concurrieron para que pudiera orientarme en un terreno en el que estaba perdido.
La importancia que encierra el concepto consciencia, no lo había comprendido en toda su amplitud, debido a que se aplica de manera indiscriminada para calificar diversas actitudes que en ocas i ones son paradójicas; por lo tanto, se ha desvirtuado lo que ella es y representa.
De la consciencia hablan los científicos, los místicos y el grueso de la humanidad, sin definir sus funciones; se aplica su nombre tan a la ligera, que le hemos restado valor a su significa-do, y es así como la ignoramos en los errores, y la reconsideramos en los aciertos.
Ahora bien, hablemos de la consciencia, pero con letras mayúsculas, y verá usted qué sencillo es aplicar su nombre con propiedad.
Los famosos duendes de que estaba hablando, no son otra cosa que las células que forman los tejidos, los órganos y los sistemas del cuerpo humano. Cuando el organismo necesita restaurar una herida, ellas deciden lo que tienen que hacer y se aprestan a reparar el daño
Estos minúsculos seres están programados por la Consciencia Cósmica, que los ha dotado de conocimiento para que atiendan los requerimientos del organismo. Esto obedece a que el Plan Inteligente de la vida, demanda que cada una de las células conozca cuál es su cometido para que lo cumpla al pie
de la letra; es así como los tejidos, los órganos y los sistemas, están formados de miríadas de células que tienen consciencia nerviosa, circulatoria, muscular, etc. y se rigen con precisión y armonía dentro del sistema al que pertenecen.
Siento mucho la desilusión que le ha ocasionado mi forma infantil de abordar el Plan y Orden perfectos que rigen la vida, tanto en los organismos, por medio de las células, como en el Cosmos, mediante la consciencia del átomo.
Por el momento no quiero desviar la conversación para narrarle todo lo que pasé para entender el conjunto que está formado por la vida y el hombre; pero si no lo asociamos al Creador, no podríamos comprender que exista un plan tan perfecto que no alcanzamos ni siquiera a imaginar, no obstante que formamos parte de él.
Si al principio no me fue posible entender que la restauración de los tejidos dañados, era hecho por medio del conocimiento que tienen programado las células, menos aún hubiera visualizado el inconmensurable orden en que opera la Consciencia Cósmica, al dotar también de conocimiento, a cada partícula de energía de la que se compone el Universo.
Ahora bien, como cada célula está dotada de conocimiento, el organismo se rige por sí mismo, sin que nosotros nos demos cuenta que su perfecta sincronización se debe a que cada uno de esos pequeños corpúsculos cumple su cometido, siempre y cuando no alteremos su funcionamiento con las tensiones emotivas.
El hombre tiende en general a prestarle mayor atención a su apariencia, porque no toma en cuenta que su estado interno se refleja en su aspecto externo; por lo tanto, no evita provocar las alteraciones que tanto lo dañan.
Es un hecho que la angustia, el miedo, el rencor y aun la misma inseguridad enferman al individuo y tarde o temprano, los estados conflictivos o de tensión, son causa de las enfermedades cuyo origen, en ocasiones, no se sabe a qué atribuirlo.
A esto me refería cuando mencioné que las gentes cuidan su aspecto exterior con esmero y constancia; pero no toman en cuenta el daño que les ocasionan las reacciones violentas, así como los estados de angustia prolongados, que tanto alteran las neuronas que forman el sistema nervioso.
El hecho de ocuparme de esos minúsculos duendes, me in-dujo a meditar profundamente en la consciencia. Deseché que ésta fuera solamente el juez acusador de nuestras malas acciones; era mucho más que eso. . .y tanto así, que entre más pensaba en ella, más la sentía manifestada como el Conocimiento Universal, actuando lo mismo en el átomo, que en cada célula de mi cuerpo. Pensando en todo lo anterior, llegué a la siguiente conclusión: el funcionamiento de todos mis órganos se realizaba en forma perfecta, porque mis células tienen consciencia de la misión que deben cumplir.
T a m b i é n pude visualizar cómo los animales desde su formación genética, vienen dotados de consciencia; de tal manera que cada especie actúa de acuerdo al conocimiento que trae programado; así como también conoce la manera apropiada de alimentarse y la época en que debe reproducirse.
('tula especie animal es guiada por la consciencia, sólo que en ellos actúa en sus niveles elementales de instintos y sensaciones.
No puede excluir los reinos vegetal y mineral; éstos también están sujetos al proceso evolutivo; por esto, tanto las células vegetales como los elementos que constituyen la materia iner-
te del reino mineral, están sujetos a transformarse para cumplir su misión, de acuerdo al rango o clasificación al que pertenecen.
Aproveché la pausa que hizo mi visitante, para decirle:
- ¿Qué le hace suponer que nada escapa a ese orden tan perfecto que usted señala?
— Antes de contestar su pregunta —respondió—, tengo que hacer una aclaración que considero oportuna: recuerde que no soy un hombre instruido; tampoco tuve maestros que me guiarán en este tipo de conocimientos. Lo poco que sé lo aprendí en
mi libro; pero lo que me dio la clave final fueron mis propias vi- vencias que acepté como verdades, cuando tuve una experiencia espiritual que me aclaró en toda su magnitud, un concepto que a pesar de haber leído y releído no logré captar.
No podía imaginar que se pudiera resumir en tan pocas pala- bras, la relación que guarda el Creador con Su Creación: "El Uno está en el Todo... y el Todo está en el Uno." Le ruego que no olvide estas breves palabras que encierran la clave del Plan y el Orden de la vida.
Al hablar del Uno en el Todo, me estoy refiriendo a la esencia, potencia y presencia del Creador en Su obra, por medio de
un poder energético que más adelante voy a intentar explicarle. A través de esa energía inteligente se manifiesta Dios, tanto en la partícula más ínfima del átomo, como en la capacidad de contener en Él mismo, todo lo que no alcanzamos ni siquiera a imaginar.
Como me tenía intrigado la organización del Universo, fue mi anterior observación sobre las células, la que me llevó a com- prender que todo en el Cosmos se rige por un orden, que integra en su proceso evolutivo, todos los elementos de los que se compone la Creación.
La Organización Suprema, según llegué a entender más adelante, requiere que cada partícula de energía actúe por sí misma, dentro del plan de la vida; para lo cual ya están programa- das de antemano sus funciones, por medio de la Consciencia Cósmica que lleva a cabo ese orden perfecto.
Lo perfecto sólo puede venir de lo perfecto, y es perfecto el orden en que la Voluntad Suprema delega, en la consciencia, I proceso de evolución de todo lo creado.
P a r a ma yor claridad le explicaré en otra forma: un gobernante nombra un jefe para mantener el orden del país, y éste asume el mando general e impone su autoridad a todos los que integran el cuerpo encargado de mantener ese orden, desde el grado más bajo, basta las jerarquías que le siguen. El jefe, aun cuando tiene a su cargo toda la organización no es la autoridad suprema; así, en la misma forma, el Creador delega en la consciencia el orden dentro del cual se lleva a cabo la evolución.
Interrumpí al caminante para hacerle una aclaración. Según entendí, nada escapaba a ese orden perfecto en que todo evolu- ciona, y a mi manera de ver quedaba fuera de ese proceso, nada menos que el ser humano; por lo tanto le dijo:
-- Estoy de acuerdo en que el Cosmos evoluciona en un orden debido a que las partículas de energía tienen consciencia, y acepto que el organismo humano es regido por la consciencia de las células, así como todos los organismos que existen en la Naturaleza. También reconozco que las especies de animales ya vienen programadas para someterse mansamente a la misión que traen, y en esta forma acatan el propósito para el que fueron creadas; pero en el caso del hombre, únicamente se integra a ese orden en su plano físico.
Ahora bien, como el ser humano es imprevisible en sus deci- siones, escapa definitivamente a ese magno sistema que usted señala. Por otra parte, el hecho de que el hombre quede excluido, desvirtúa la perfección que usted le atribuye a ese Orden Universal establecido.
Cuando terminé de hablar, el caminante había concluido de poner leña a la chimenea, y al volverse para tomar asiento, me di cuenta que se dibujaba una sonrisa en su rostro, pero al ver que ya esperaba su respuesta, de inmediato me contestó:
No sabe cuánto me agrada que exprese sus juicios cuando no esté de acuerdo con mis ideas. Eso me demuestra que no aceptará lo que le diga, como un simple relato. Al analizar mis conceptos y rebatirlos, le aseguro que no dejaremos ninguna duda sin aclarar.
Su observación respecto a que la consciencia no viene programada en el hombre en la misma forma en que opera en los demás reinos, es muy acertada, si tomamos en cuenta que hay algo muy especial en él, respecto a la libertad de que goza para. manejarse por sí mismo, como usted ya lo señaló. Y ya lo creo que es imprevisible lo que pueda venir del ser humano, porque él no está sujeto a ninguna subordinación, como no sea la que acepten algunos de sus propios semejantes, pero si el hombre está capacitado para gobernarse, por algo debe de ser, se lo aseguro; sólo le pido que tenga paciencia para dejar aclarada esta cuestión.
Recordemos que el hombre primitivo producía sonidos movido por la necesidad de comunicarse con sus semejantes, hasta que llegó a crear un lenguaje; también tenemos que aceptar que
pensaba en forma rudimentaria de acuerdo a sus necesidades, que no eran muchas en ese tiempo; sólo se reducían a comer y defenderse; aún ahora, en nuestros días, estamos aprendiendo a utilizar la mente por medio de prácticas superiores del pensa- miento, como es elevarnos al nivel de la meditación.
La meditación se lleva a cabo en un estado de armonía, en el que nos sensibilizamos en tal manera, que nos es fácil percibir la manifestación del Espíritu Creador, en ese algo inexplicable que nos llena internamente, cuando al meditar encontramos la forma acertada de proceder, sin que nos quede ninguna duda.
El número de los que saben meditar irá creciendo, en la medida en que comprobemos que en el plano espiritual se resuelven los problemas, de tal manera que nadie resulte afectado por una razón: como el hombre es una criatura de consciencia, y ésta emana del espíritu, si él se eleva a sus planos superiores, encontrará en ellos las soluciones justas y cabales.
Es conveniente reconocer que ya hemos avanzado algo desde la época en que el hombre vivía pensando solamente en subsistir. Esta idea era provocada por las necesidades físicas, de tal manera que la consciencia en el ser humano, apenas so manifestaba en el nivel primario del instinto. De ahí ascendimos a los diferentes grados de percepción, hasta alcanzar la sensibilidad espiritual, ya que la sensibilidad física es innata en el ser humano, en los animales, y hasta en las plantas. Seguimos progresando hasta llegar a ser intuitivos, como posiblemente sean también algunos animales; pero el
gran privilegio del hombre es que sólo él puede elevarse a los niveles superiores de la consciencia, en los cuales da testimonio de ser la criatura superior que el Ser Supremo creó a Su Semejanza, con mente creativa y albedrío, para que pudiera decidir por sí mismo, por el hecho de ser una criatura de consciencia espiritual.
El espíritu es la esencia intangible del hombre, pero no se manifiesta en el excesivo materialismo; tampoco se expresa en los estados pasionales. Es por eso que aquéllos que han amasado grandes fortunas, no logran tener paz interna, debido al acoso de la ambición y al temor de perder sus posesiones; esto los mantiene tan angustiados, que desconocen el placer de tener una expansión espiritual, único estado en el que realmente se puede sentir el placer de vivir. Así también, muchas gentes que creen vivir en libertad, se encadenan ellas mismas a múltiples conflictos emotivos, porque ignoran que el equilibrio entre la materia, la mente y el espíritu, aumenta las capacidades del hombre. Por otra parte, quienes gozan del privilegio de la salud, la derrochan torpemente por falta de voluntad para no sucumbir a las tentaciones que los dañan.
Por el hecho de no estar libre sentía en carne viva lo que pensaba, y en ocasiones fue patente que mi espíritu decayó a tal grado al tener esas crisis, que hasta llegué a desear haber sido cualquier animal, tanto para no estar encarcelado, como para no vivir en la Tierra como hombre.
Lo poco que había aprendido, no era suficiente para superar los conflictos que me producía mi ignorancia. Dentro de mí se entablaba n luchas desesperantes a tal grado, que hubiera queri-
do arrancar de mi memoria las enseñanzas de mi libro, así como mis propias conclusiones.
Hubiera deseado contar con un maestro que me guiara en esos conocimientos, para no desesperarme al estar desorientado en mi búsqueda. En ocasiones dejé todo en suspenso, pero el vacío en mi interior era tan grande, que prefería volver a comenzar, para sentir mi espíritu activo, al llevarme a las dimensiones de lo desconocido. En ellas lograba volver a sentir que escapaba do las presiones que me rodeaban.
El hábito de exaltarme que tuve desde niño, me hizo creer que yo era mis propias pasiones, es decir, confundí mi emotividad, con lo que yo o cualquier otro es: una criatura capaz de elevarse del plano emotivo al nivel mental, para poder pensar y razonar, e inclusive alcanzar el nivel espiritual, en el que se puede hacer consciencia, de todo lo que uno se propone.
Ésta fue precisamente la gran lucha que sostuve conmigo mismo, llevar a cabo el lento ascenso de controlar los impulsos agresivos, por medio del razonamiento; fue el primer esfuerzo que tuve que hacer, y que en realidad es el ejercicio más ele- mental del que nos podemos auxiliar, para empezar a entrever la posibilidad de cometer menos errores.
Sin querer me alejé nuevamente del tema, pero quiero que sepa, que en la misma forma en que usted reaccionó, yo también me desconcerté ante la imposibilidad de seguir adelante, a tal grado, que imaginé tener ante mí una inmensa laguna que no podía cruzar por falta de una embarcación. En mi caso.
la barca era el conocimiento que me hacía falta para seguir el rastro de la evolución del hombre. Lo que más me desanimaba, era pensar que todo mi esfuerzo iba a resultar inútil, en caso de que la supuesta evolución quedara en entredicho.
Meditaba y volvía a meditar, hasta que recordé que en mi libro había leído que las facultades superiores del hombre emanan del espíritu. Ahora ya no lo tomé como simple información ni lo puse en duda; lo comprobé en el conocimiento que extraía de mí mismo, cuando en mi libro no encontraba las respuestas.
Como nunca antes tuve la necesidad de pensar en serio, y menos aún de meditar, ignoraba que por medio de una elevación espiritual podía escalar los niveles superiores de la consciencia.
Ahora sí pude convencerme que la superioridad del hombre, depende de arribar a la fuente del conocimiento que está en nosotros mismos.
Llegué a pensar que no era posible que nacer, crecer y morir fueran el principio y fin de un ser con mente creativa, albedrío, voluntad e inteligencia; si así fuera, resultaría estéril e incongruente la creación de un ser dotado de tantas facultades superiores, susceptibles todas ellas de un desarrollo cuyo límite solamente puede ser. . .la dimensión del infinito.
¿Quién puede poner limitaciones a la mente creativa?
¿ Quién tiene la capacidad de frenar la voluntad del hombre? ¿Quién pude impedir su expansión espiritual?
¿Y quién podría demostrar que no provienen del espíritu las potestades superiores del hombre? y si alguien lo afirmara, ¿cómo podría definir en qué parte del cuerpo está la fuente de donde provienen la consciencia, la voluntad, la inteligencia, la capacidad de amar y de pensar? Además, ¿a qué cosa o entidad se le puede atribuir la creatividad del hombre en el campo de Las Ciencias, de Las Letras, de Las Artes en todas sus formas, incluyendo el arte de convivir y la ciencia de administrar y hasta de gobernar, cuando en este último cometido se cumpla todo lo que ofreció el que rige los destinos de un país?
Todo esto me inquietó profundamente; era como tener la certeza de la potencialidad del hombre como criatura espiritual, pero no podía agregar el eslabón que me faltaba para integrar al ser