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I. Platón y la Academia

1.1. La filosofía como forma de vida en la Academia de Platón

1.1.7. El discurso filosófico de Platón

Hasta ahora, se ha hablado tan sólo del diálogo oral, tal como debía practicarse dentro de la Academia. Entonces, cabe preguntarse, por qué Platón escribió diálogos, si para él, el discurso filosófico hablado es superior al escrito. En el discurso filosófico oral existe la presencia viva de una persona, a la cual hay como preguntarle y la cual puede responder, afirmar una tesis, o defenderse a sí mismo. ―El diálogo es pues, personalizado, se dirige a tal persona y corresponde a sus posibilidades y necesidades‖. Pero para que brote el saber, habrán de necesitarse varias conversaciones para despertar o lograr brotar en el alma del interlocutor la virtud que será idéntica al saber. Así, lo interesante es que el diálogo no transmite un saber ya hecho, como una información, sino que es fruto del esfuerzo que el interlocutor conquista; este descubre por sí mismo, piensa por sí mismo y llega al saber de tal modo. Mientras que en el discurso escrito, no se pueden contestar las preguntas, es más impersonal y pretende dar un saber ya hecho de inmediato, y no comprende la dimensión ética que significa el adherirse voluntariamente a un diálogo. ―Sólo hay verdadero saber en el diálogo vivo‖117. Sin embargo, si Platón escribió diálogos, quizás se deba a que quiso dirigirse no sólo a los miembros de su escuela, sino a todos. Así como lo dice en el Fedro, ―el discurso escrito va a rodar por todos lados‖118.

Hadot apunta un aspecto interesante sobre Sócrates, ya que encontrarse con esta figura y presencia irónica a la vez que lúdica en la lectura de los diálogos platónicos, debe ser bastante desconcertante para el lector moderno, que quisiera encontrar en ello, el sistema teórico de Platón. Y a esto se suma, indica, las numerosas incoherencias doctrinales que se encuentran en el paso de un diálogo a otro. Los historiadores se ven en la obligación de admitir finalmente que, los diálogos platónicos no revelan más que de manera muy empobrecida e imperfecta, lo que podría ser la doctrina filosófica platónica. V. Goldschmidt, sostiene que ―los diálogos platónicos no fueron escritos para ―informar‖, sino para ―formar‖‖119. Ésta es, la intención profunda de la filosofía de Platón, que no consiste en construir un sistema

116 Ídem. 117 Ibíd., p. 85. 118 Ídem. 119 Ibíd., p. 86.

32 abstracto y teórico acerca de la realidad, para después por medio de sus diálogos ―informar‖ al lector al respecto, de manera metódica y sistemática. Sino más consiste en ―formar‖, es decir, en transformar a los individuos por medio de los diálogos, proporcionándoles la ilusión de asistir a estos, y transmitir de manera más vívida, ―las exigencias de la razón y finalmente la norma del bien‖120. El valor del diálogo escrito en la formación se halla en que enseña a practicar los métodos de la razón, los métodos dialécticos, y también los geométricos, los cuales permiten dominar al individuo, en todos los ámbitos, el arte de la medida y la definición. Esto es lo que Platón da a entender, en su escrito el Político, donde dice: ―Y, a su vez, ¿por qué hemos emprendido la búsqueda sobre el político? ¿Es por el político mismo por lo que nos la hemos propuesto o, más bien, para hacernos más hábiles dialécticos en todo tipo de cuestiones?121‖.

Hadot explica también que, para poder entenderse al elegir el bien, habrá que suponer la existencia de ―valores normativos‖, independientes de las circunstancias y de los individuos que fundamentan la rectitud y la racionalidad; ya que si alguien no admitiese que hay Formas de las cosas que son, entonces no sabría a dónde dirigir el pensamiento y destruiría así la facultad dialéctica: ―La afirmación de las Formas es pues inherente a todo diálogo digno de ese nombre‖122. ―Estas Formas son sobre todo los valores morales, que fundamentan nuestros juicios acerca de las cosas de vida humana: se trata ante todo de intentar determinar, en la vida del individuo y de la ciudad123‖. Se trata de la tríada de valores que se presenta de comienzo a fin en los diálogos, donde se habla ―de lo que es bello, de lo que es justo y de lo que está bien‖124. Por lo que Hadot expone que, ―el saber platónico, a semejanza del saber socrático, es ante todo un saber de los valores‖125. R. Schaerer, decía que ―la esencia del platonismo es y sigue siendo por tanto supradiscursiva‖126. Lo cual quiere decir que en el famoso diálogo platónico, no se dice todo, no se dice lo que son las Normas, las Formas, ni la Razón, ni el Bien, ni la Belleza. Por esto, Hadot dice que es algo ―inexpresable en el lenguaje e inaccesible a toda definición. Se experimenta o se muestra en el diálogo y también en el deseo. Pero nada se puede decir de ello‖127.

Finalmente, este modelo socrático-platónico con el cual nos hemos familiarizado, cumplió un papel muy importante a lo largo de la filosofía antigua, así fue común encontrar dos tipos de actividades filosóficas opuestas: la una constituyó la elección y la práctica de un modo de vida; y la otra un discurso filosófico, que igual forma parte de este modo de vida, y hace explícitas las presuposiciones teóricas que se hallan 120 Ídem. 121 Ibíd., p. 87. 122 Ibíd., p. 88. 123 Ídem. 124 Ídem. 125 Ídem. 126 Ídem. 127 Ibíd., pp. 88-89.

33 inmersas en este modo de vida. Pero que parece ser incapaz de expresar lo esencial: que para Platón vendría a ser, las Formas, el Bien, es decir, ―lo que se experimenta, de una manera no discursiva, en el deseo y en el diálogo‖128.

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