CAPÍTULO II. LA ENSEÑANZA DE LA PRONUNCIACIÓN INGLESA: ESTADO DE LA CUESTIÓN.
II. 3.3 ¿Cómo enseñar la pronunciación? ¿De modo implícito, o analítico?
II.3.8. Hacia el diseño de un programa de enseñanza de la pronunciación más integrado en la programación general de la lengua inglesa.
Como ya se ha explicado en los apartados I.2.4.3 y II.2.1.1., los lingüistas y teóricos seguidores de la metodología estructuralista se basaban en el análisis contrastivo de las lenguas bajo estudio como principal criterio a la hora de establecer las prioridades pedagógicas de un programa de instrucción de la pronunciación. Este es el
caso de Stockwell & Bowen (1965: 17), que aplicaron los siguientes criterios a la hora de establecer una secuencia pedagógica para la enseñanza del español a hablantes nativos del inglés: (a) jerarquía de dificultad, (b) funcionalidad, (c) problemas de entendimiento, y (d) congruencia de estructuras.
En la actualidad, la mayoría de los autores coinciden en que los objetivos y prioridades sobre los que se debe fundamentar la enseñanza y el aprendizaje de la pronunciación han de tomar en consideración no sólo los contenidos de pronunciación a enseñar, sino también los problemas y necesidades de los aprendices (Morley, 1979: 85; Stevick, 1978: 145; Acton, 1984: 75). Estas necesidades surgen de las características personales (edad, aptitud, actitud y motivación) y socioculturales de los aprendices, que, como bien se ha comprobado en los apartados II.2.1 y II.2.2., son factores que pueden condicionar en gran medida el nivel de adquisición del componente fonológico de la lengua inglesa que éstos logren.
Gimson (1994: 272) señala que los objetivos que se deseen lograr en un curso de pronunciación inglesa deben estar determinados por la edad, la habilidad del aprendiz y el uso que éste pretenda hacer de la lengua inglesa. Asimismo, diversos manuales de pronunciación que están dirigidos al profesor, como los de Haycraft (1971), MacCarthy (1978: 12) y Kenworthy (1987), Avery & Ehrlich (1992: xiii), coinciden con Gimson (1994) en varias de las prioridades sobre las que se debe fundamentar el diseño de un programa efectivo de enseñanza de la pronunciación: (i) las necesidades de los aprendices (es decir, el propósito para el que se va a utilizar la lengua que se encuentran aprendiendo), (ii) sus características (por ejemplo, el nivel de competencia de los alumnos), (iii) la longitud del curso y, por último, (iv) los objetivos que se deseen conseguir. Además, Kenworthy (1987: 123) aporta nuevos aspectos a tener en consideración: (i) problemas de alta prioridad (vitales para la inteligibilidad, para la comunicación misma), (ii) problemas de baja prioridad (que no afectan a la inteligibilidad) y, (iii) problemas de atención opcional (que afectan al acento del aprendiz).
La aportación de Firth (1992a: 174) a este debate va en la línea de los autores anteriormente citados, aunque añade nuevos matices, al proponer un proceso de cuatro
fases que se han de seguir para el desarrollo de un programa o curso de pronunciación inglesa:
i. Evaluación de las variables de los aprendices: edad, educación, futura ocupación profesional, actitud hacia la cultura de la L2, personalidad, etc.
ii. Recogida de muestras de habla de los aprendices. Como posibles técnicas se proponen actividades orales, lectura en voz alta o grabación de habla espontánea sobre un tema del interés de los alumnos.
iii. Análisis de la pronunciación de estas muestras, pero sólo en lo que afecta a la
comprehensibility (su comprensión por parte de un nativo). Se analizarán estas muestras según sus sonidos, acento léxico, acento rítmico y entonación.
iv. Y finalmente, diseño de un programa de pronunciación según las necesidades detectadas.
Del mismo modo, este autor (op. cit., 178) afirma que al análisis de las variables de los estudiantes y de su pronunciación se deben añadir otras consideraciones, como el nivel de competencia de los alumnos en lengua inglesa, la importancia que para ellos tiene la corrección en su pronunciación o el tiempo que tienen semanalmente para el aprendizaje de la lengua inglesa. Finalmente, según Firth (op. cit., 180), las actividades a incluir en el programa de instrucción deben perseguir el desarrollo de la capacidad comunicativa de los alumnos por medio de hábitos de habla normal.
De hecho, Crawford (1987: 112) se lamenta de que, en general, en la enseñanza del inglés sean siempre los aprendices los que se deben adaptar a los objetivos pedagógicos del programa, y no el programa a las necesidades y peculiaridades de los aprendices. Morley (1994: 69) propone corregir esta deficiencia formulando otro proceso de cuatro fases a seguir para diseñar un programa de enseñanza de la pronunciación inglesa dentro de un objetivo comunicativo global:
i. Una minuciosa valoración de las necesidades de los aprendices.
ii. Una especificación detallada de los objetivos que necesitan los aprendices a corto y largo plazo. Para ello los aprendices deben ser consultados.
iii. Preparación de programas e instrucción, tanto a nivel de grupo, como individualizados.
iv. Ejecución de la instrucción por medio de actividades contextualizadas de tipo comunicativo.
Pennington (1996: 256), por su parte, considera que estas necesidades o prioridades deben venir determinadas por los errores que cometen los aprendices con más frecuencia (normalmente, los fonémicos) y por los que provocan un mayor perjuicio a la inteligibilidad (normalmente, los prosódicos). Pavón (2000: 179) recoge las ideas expresadas por los autores anteriores y además realiza una propuesta integradora de las teorías del análisis contrastivo, del análisis de errores y de la metodología comunicativa:
i. Identificación de las áreas problemáticas potenciales a las que se debe enfrentar el aprendiz, una vez comparadas las fonologías de ambas lenguas por medio del análisis contrastivo.
ii. Concreción y clasificación tipológica de los principales errores que con más frecuencia comenten los aprendices en el manejo de la lengua inglesa. Una prueba de evaluación inicial puede ofrecer esta información.
iii. Lograr una comunicación efectiva e inteligible de los aprendices con hablantes nativos y no nativos del inglés según las necesidades comunicativas de los alumnos.
iv. Utilizar todo tipo de técnicas de enseñanza (el alfabeto fonético, música, mímica, etc.), materiales (diagramas, dibujos, grabaciones, etc.) y medios técnicos (casete, video, laboratorio de idiomas, etc.).
Para el diseño de un tratamiento de pronunciación inglesa, Catford (1987) utiliza como criterios la frecuencia de los elementos y su carga funcional, decantándose principalmente por los elementos prosódicos. Asimismo, Haycraft (1971: 2), Kenworthy (1987: 123) y A. Brown (1992b: 11) coinciden con Catford en considerar al acento léxico, al ritmo y a la entonación, como elementos altamente prioritarios en la enseñanza de la pronunciación inglesa. De hecho, hasta el propio Gimson (1994), en términos de prioridad, sitúa a la acentuación, al ritmo y a la entonación, por delante de los elementos segmentales para la consecución de lo que denomina Minimum General Intelligibility. Con este término, Gimson se refire a una pronunciación que sea
básicamente comprensible para los hablantes nativos del inglés y que igualmente le permita al aprendiz comprender a los hablante nativos.
En definitiva, para la mayoría de los autores consultados, los objetivos y las prioridades sobre los que se debe fundamentar la enseñanza y el aprendizaje de la pronunciación deben tener en cuenta muchos otros aspectos aparte de los contenidos. A modo de resumen y agrupados por diferentes bloques, presentamos a continuación todos los criterios o variables que consideramos que se deben tener en cuenta a la hora de desarrollar un curso o tratamiento de la pronunciación inglesa:
• Problemas de pronunciación de los aprendices: según una evaluación o análisis inicial de sus principales errores por medio de una prueba inicial de su pronunciación inglesa a nivel de fonemas, acento léxico, formas fuertes y débiles, acento rítmico, prominencia y patrones entonativos.
• Posibles áreas problemáticas: se deben determinar las posibles áreas problemáticas para los aprendices hispanohablantes de acuerdo con las implicaciones pedagógicas de la hipótesis del análisis contrastivo (Lado, 1957), la hipótesis de la percepción contrastiva (Flege, 1981) y la hipótesis del efecto imán perceptivo (Khul & Inverson, 1995).
• Necesidades lingüísticas de los alumnos: especificación detallada de las necesidades de los aprendices a corto y largo plazo, como por ejemplo, el objetivo para el que aprenden la lengua inglesa. Esta información se puede recoger a través de una encuesta inicial al comienzo del curso
• Características personales y socioculturales de los aprendices: edad, actitud, aptitud y motivación hacia el aprendizaje de la lengua inglesa, nivel sociocultural, nivel de competencia en lengua inglesa, formación en otros idiomas, exposición previa a la lengua inglesa, tipo de instrucción previa en pronunciación inglesa y necesidades educacionales y profesionales. Para recabar toda esta información de nuestros nuevos alumnos es conveniente realizar una encuesta inicial al comienzo del curso.
• El contexto del aprendizaje: enseñanza en el país de la L1 o en el país de la L2, enseñanza reglada o no reglada, y enseñanza del inglés como segunda lengua o como lengua extrajera.
• Características del curso: formación de los profesores en inglés y en pronunciación inglesa, importancia del componente fonológico en el currículo, medios técnicos y audiovisuales del aula, número de horas de instrucción semanales, duración del curso y número de alumnos por grupo.
• Aspectos metodológicos: tipo de metodología a emplear en la enseñanza del inglés (audiolingual, método directo, comunicativa, integradora, etc.). Se deben realizar actividades que fomenten una comunicación efectiva e inteligible de los aprendices con hablantes nativos y no nativos del inglés según las necesidades comunicativas de los alumnos.
Cabe señalar que para el diseño del tratamiento de pronunciación de nuestro estudio experimental, se tendrán en cuenta todos los criterios anteriormente expuestos. Por ello, será necesario diseñar una encuesta inicial que recabe todo tipo de información sobre las características personales y socioculturales de los aprendices, además de una prueba de evaluación inicial que muestre las carencias de los aprendices con relación a su pronunciación inglesa.
Por último, destacamos el manual de pronunciación inglesa The New Headway Pronunciation Course, que se divide en cuatro niveles, elementary (Cunningham & Moor, 1996), pre-intermediate (Bowler & Parminter, 1992), intermediate (Cunningham & Bowler, 1998), y upper-intermediate (Bowler & Cunningham, 1999), y que constituye un estupendo ejemplo de programa de enseñanza de la pronunciación inglesa que cumple con la mayoría de criterios establecidos en este apartado. Esta serie de manuales consigue integrar de un modo efectivo la enseñanza de la pronunciación inglesa en la enseñanza general del inglés, puesto que está diseñada como complemento de la popular serie de manuales de enseñanza del inglés, TheHeadway English Course.
En esta serie, por cada unidad de cualquiera de los niveles del The Headway English Course (que integra todas las destrezas), existe su correspondiente unidad de contenidos de pronunciación, conectados o muy relacionados, en la serie de libros complementarios de pronunciación inglesa del mismo nivel, The Headway Pronunciation Course.
Los autores de esta colección de cuatro niveles consiguen integrar de un modo sistemático, equilibrado (ya que cubre aspectos segmentales y suprasegmentales por igual), significativo (cada una de las actividades están elaboradas con material auténtico
en contextos reales), motivador (las actividades están diseñadas con sentido del humor), comunicativo (el objetivo de la mayoría de las actividades es la comunicación) e integrador (las actividades forman parte de una programación general de un curso de inglés junto con aspectos gramaticales y léxicos) la enseñanza del componente de la pronunciación inglesa en un contexto de instrucción formal. Cabe destacar que esta serie se lleva utilizando con gran éxito en muchas escuelas oficiales de idiomas de este país desde el año de su publicación.
Por todas las cualidades descritas con anterioridad, decidimos considerar al curso de pronunciación inglesa, The New Headway Pronunciation Course, como fuente potencial de valiosos materiales y actividades para el diseño del tratamiento de pronunciación de nuestro estudio experimental.