1. El Cid invensible: Fray Bartolomé de las Casas
1.1. La disputa de Valladolid en 1550 y las Leyes Nuevas
Antes de que de Vargas Machuca pusiera un pie en América e, incluso, antes de que él mismo naciera, para sus intereses en las Indias se encontrará con dos obstáculos: primero, que después de 1510, como señalan Bernand y Gruzinsky en su Historia del nuevo mundo, ya ha pasado el tiempo de las grandes conquistas (aquellas que emprendieron Cortés, Pizarro y el mismo Colón) y ello implica que “por ese tiempo, por doquier engrosaban las
filas de los que llegaban demasiado tarde para repartirse los despojos: condenados a subsistir sin encomienda y, por tanto, sin acceso fácil a la mano de obra indígena, los nuevos inmigrantes estaban dispuestos a seguir a parientes lejanos ya instalados o a unirse
en exploraciones peligrosas”146. Entre ellos, como lo hemos visto, el mismo don Bernardo
de Vargas Machuca. Segundo, las consecuencias que trajo la famosa disputa de Valladolid, para todo aquel que quisiera hacerse a una encomienda o a los favores de la corte, después
144 Antonio de Remesal, Historia general de las Indias Occidentales y particular de la gobernación de Chiapas y
Guatemala… Prols. de Antonio Bartes Jauregui y Antonio de Bayadares, “Estudio Biográfico de fray Antonio de Remesal” por Francisco Fernández del Castillo. Guatemala, 1932. Citado en: Bejamín Flórez Hernándes. Pelear con el Cid después de muerto. México, UNAM.
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Bernardo de Vargas Machuca, Milicia…Vol. I. Madrid: Librería de Victoriano Suárez, 1892, 46.
146 Carmen Bernand, Serge Gruzinski.
Historia del Nuevo Mundo. Del descubrimiento a la conquista. La experiencia europea, 1492-1550. Méxco: FCE, 1996, 441.
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de 1550. Esta disputa giró en torno a la legitimidad de la conquista y la esclavitud indígena, sin dejar de tener vigencia en los años siguientes:
Todo ese viejo mundo estaba ocupado, por una razón o por otra en un gran debate sobre la legitimidad de la conquista y la esclavitud de los indios. Desde hacía medio siglo, el tema no había dejado de hacer correr la tinta y la sangre. Al menos, la polémica estaba a la altura del carácter excepcional de la situación. Por vez primera, una potencia europea se enfrentaba a la tarea titánica de gobernar un continente y de explotar poblaciones desconocidas e innumerables. Por vez primera debía interrogarse a sí misma sobre las condiciones de vida y de porvenir que le estaban reservadas147.
La disputa, en términos generales, contó con dos grandes representantes, aunque con ella tuvo que ver buena parte de la sociedad de aquel entonces: Fray Bartolomé de las Casas y Juan Ginés de Sepúlveda. El primero, se oponía a cualquier forma violenta de conquista, en detrimento de los conquistadores y en favor del control de la Corona sobre ellos; el segundo, apoyaba las formas violentas, sobre la idea del indio como bárbaro, favoreciendo así los métodos de los conquistadores y su autonomía, por encima del control que buscaba ejercer la Corona. Sin embargo, ambos polos de la discusión no tuvieron una posición equitativa, sino que la posición del segundo debía pasar por la severa observancia del primero. Para 1550, por ejemplo, de las Casas había logrado detener la impresión de las obras de Sepúlveda148. Sin embargo, vale destacar que
La controversia de Valladolid no fue decisiva, porque los jueces se dispersaron y nunca llegaron a una decisión común, y los dos contendientes se creyeron vencedores. Las Casas no consiguió que las conquistas se detuvieran y que las encomiendas desaparecieran, pero fue respetado y tuvo gran autoridad entre pensadores posteriores hasta después de su muerte. Así, a las Casas se le ha sido atribuida la influencia en la promulgación de las Leyes Nuevas y demás leyes proteccionistas anteriores149.
Aun así, aunque el resultado fue que los esfuerzos de Fray Bartolomé de las Casas, al querer obtener garantías legales para los indios, se tradujeron en: 1) consolidar la autoridad
147 Carmen Bernand, Serge Gruzinski.
Historia del Nuevo Mundo. Del descubrimiento a la conquista. La experiencia europea, 1492-1550. Méxco: FCE, 1996, 474.
148Donde básicamente “hacía de los indios unos seres de segundo orden, unos
homunculi, esclavos por naturaleza,
criaturas contaminadas por tantas impiedades y tantas ignominias. Ello equivalía prácticamente a poner a los indígenas por fuera de la humanidad […]. La denuncia del sacrificio humano o del canibalismo como crímenes contra natura se
adelanta la actual teoría de los crímenes contra la humanidad: ambas categorías justificaban una vigorosa intervención
armada por todo el planeta”. Carmen Bernand, Serge Gruzinski. Historia del Nuevo Mundo. Del descubrimiento a la conquista. La experiencia europea, 1492-1550. Méxco: FCE, 1996, 475. Para una mayor profundización sobre este tema: Anthony Pagden, La caída del hombre. El indio americano y los orígenes de la etnología comparativa. México: Alianza,
1982.
149Lucía Morales Guinaldo.
El indio y el indiano según la visión de un conquistador español del siglo XVI: Bernardo de Vargas Machuca (1555-1622). Bogotá: Universidad de los Andes, 2008, 97.
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real por encima de los males causados por la encomienda, sin que por ello se aboliera necesariamente la esclavitud y las pacificaciones violentas150; 2) en esta línea, que la corte comenzara a mermar los privilegios para los encomenderos, como el de la prevalencia de estos en su linaje151; y, 3) que esto terminó en la pobreza de lo recibido a cambio de sus
“valerosas” acciones152. Para comienzos del siglo XVII todavía la discusión estaba abierta,
en el sentido en que la resistencia de parte de los encomenderos la mantenía vigente. De modo tal que estos nuevos elementos, nos permiten caracterizar entonces a de Vargas Machuca como un caudillo en problemas, incluso antes de haber puesto un pie en América y, sus libros, aparecen en medio de un debate, todavía no superado, sobre la legitimidad de la conquista y de la esclavitud; la legitimidad del poder de los conquistadores y del poder de la corona.
Así, es claro que tanto en la Apología como en Milicia la discusión sigue vigente y que, aunque la Apología no viera la luz de la imprenta hasta muchos años después, en Milicia, de Las Casas puede verse cuestionado por un libro no menos peligroso en virtud de su sutilidad (en el sentido en que la corte aprobó su publicación). Nos asomamos entonces, de esta manera, al interés de Vargas Machuca por legitimar al caudillo por encima del pensamiento de las Casas y de los intereses de la corona, allí donde, no solo textos como este, sino como las Elegías de varones ilustres emergen, como insiste Luis Fernando Restrepo “cuando los privilegios de estos primeros conquistadores están siendo mermados
considerablemente por varios factores, entre ellos, las tendencias centralizadoras de la
150 Así lo definen Bernand y Gruzinski para un Perú devastado en 1542: “en España, Las Casas se extenuaba tratando de
obtener garantías legales para los indios. El dominico denunciaba el régimen de la encomienda como fuente de todos los males que habían caído sobre las poblaciones indígenas. En forma, a penas velada, el sistema favorecía la esclavitud de
los indios. Pero otras consideraciones materiales también reclamaban su abolición”, entre estas el descuido deliberado de
los indios de los cultivos y, por ende, el empobrecimiento del virreinato. Carmen Bernand, Serge Gruzinski. Historia del Nuevo Mundo. Del descubrimiento a la conquista. La experiencia europea, 1492-1550. Méxco: FCE, 1996, 457.
151 Un encomendero jamás estaba totalmente seguro de que su título iba a ser transmitido a sus descendientes ya que se
trataba de una merced real, de la cual (en teoría) podía ser despojado en cualquier momento y en esto radicaba una diferencia fundamental con respecto a los feudos y los títulos nobiliarios europeos. Jorge Gamboa, Encomienda… Bogotá:
ICANH, 22.
152 Resulta muy interesante apreciar que en la Nueva Granada casi ningún conquistador se sentía satisfecho con las
mercedes recibidas. Eso se aprecia en las Probanzas que se han analizado. Todos se quejaban amargamente por no haber
sido recompensados conforme a la “calidad” de su persona y a la magnitud de los servicios realizados. Siempre se
presentan como leales vasallos, que nunca dudaron en poner en peligro su vida y sus bienes, si Dios y el Rey así lo requerían, corriendo innumerables riesgos, sufriendo mil privaciones y enfermedades, hasta quedar en la más absoluta pobreza. Pero se sienten defraudados y agraviados por las ínfimas recompensas que han obtenido. Quejas de esta índole se repiten una y otra vez, hasta el cansancio. Jorge Gamboa, Encomienda… Bogotá: ICANH, 23.
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corona [en buena parte montadas sobre las ideas de Las Casas] y la catástrofe demográfica
indígena”153. De hecho,
En el siglo XVI, la cultura del conquistador siempre había fomentado un desprecio apenas disimulado hacia la autoridad imperial, una deslealtad potencial que se asentaba sobre la fina línea que había entre la amargura y el enfado [y la lealtad] de Bernal Díaz y Vargas Machuca, y la brutal rebelión de Gonzalo Pizarro y Lope de Aguirre154.