1. El Cid invensible: Fray Bartolomé de las Casas
1.2. La doble relación con la Iglesia, los Indios y el Rey
Después de esta breve digresión, fue durante su vuelta a España, entre 1595 y 1602, que de Vargas Machuca se dedicó a escribir la mayoría de su obra, a mostrar la vigencia de una disputa que todavía no estaba superada del todo, aunque sea más que evidente la superioridad de la corona sobre sus caudillos. Lo importante es que de aquí se puede decantar el tipo de relación que mantuvo un hombre como don Bernardo ante su rey y ante
la Iglesia, en el contexto de ese “desprecio apenas disimulado”155, por no ser remunerado
como correspondía. De modo que es necesario señalar que su relación al igual que muchos encomenderos con el Rey es dual. Si por un lado aspiró a recibir mayores beneficios de la encomienda y se vio a sí mismo reducido de frente a sus méritos, por otro,
mantuvo su lealtad y ostentó de ella en cada una de sus obras; recordemos que dice: “Las
causas que me obligaron a escribir este libro, la principal fue, servir a la Majestad Real”156
(afirmación inaugurada por Oviedo cuando dijo “…por servir a Dios y a su Majestad, y dar
a luz a los que estaban en tinieblas, y también por haber riquezas…”)157. Pero, por otra
parte, al mismo tiempo defiende que: “conocidamente siempre he servido a la Real Corona,
diré lo mucho que se debe a los descubridores y pobladores de Indias”158. Incluso,
…los unos y los otros acertarán á servir á su rey y señor y él honrará sus caudillos y pobladores con
premios honrados a quienes tan debidos son, pues en esta milicia el príncipe no hace el gasto, porque
153 Luis Fernando Restrepo,
Un nuevo reino imaginado. Las Elegías de Varones Ilustres de Indias De Juan de Castellanos. Bogotá: ICCH, 1999, 94.
154Matthew Restall-Felipe Fernández Armesto,
Los conquistadores: una breve introducción. Madrid: Alianza, 2013, 158.
155
Ibíd.
156
Bernardo de Vargas Machuca, Milicia… Vol. I. Madrid: Librería de Victoriano Suárez, 1892, 18.
157 Citado en David Brading, Orbe indiano-De la monarquía católica a la República Criolla 1492-1867. México: Fondo
de cultura económica, 1991, 69.
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el capitán ó caudillo que a su cargo toma la ocasión él hace la gente y la sustenta y paga y había de todo lo necesario, previniendo armas y municiones, sin que intervengan pagadores reales159.
De Vargas Machuca fiel a la dignidad del Cid, luchó constantemente por hacerse ver así y
no poco un caudillo rebelde, “ya que estuvo al tanto de las sublevaciones de indianos frente
a la corona, y es más que probable que estuviera bien enterado de la “Rebelión de
Alcabalas” en la ciudad neogranadina de Tunja entre los años 1592 y 1594”160. Incluso,
como amigo de Alonso de Carvajal (quien escribió el poema introductorio de Milicia Indiana), de seguro tuvo algún contacto con dicha rebelión en Tunja, puesto que Alonso fue uno de los directos acusados. De manera que en buena medida sus palabras también son la confesión de quien a pesar de haberse podido sublevar no lo hizo por principio.
De igual forma, su relación con la Iglesia. Mantiene sus actos en nombre de Dios y del
Rey, “No se mueve la hoja en el árbol sin la voluntad de Dios, y si Él es con nos, quién será
contra nos”161, dice; pero acorde a sus beneficios elige la posición de Juan Ginés de
Sepúlveda por encima de las ideas de Fray Bartolomé de Las Casas. El acuerdo es la evangelización; la disputa, sobre las formas de hacerlo; el acuerdo, el domino de España y el seguimiento del mandato de evangelización; la disputa, por la autonomía de los caudillos. De Vargas Machuca insistió constantemente en su importancia para traer nuevos
fieles a la Iglesia, es decir, traer los indios a la fe: “Si es verdad que pasaron apóstoles a
predicar el Santo Evangelio, como yo lo creo, y que de ello hemos hallado señales aunque no hay escritura divina ni humana por donde se pueda probar que los apóstoles fueron a las Indias Occidentales, pero piadosamente se puede creer, no los enseñarían invención de armas y modos y práctica de guerra, más que tan solamente tratar las cosas de nuestra santa
fe…”162. De tal forma que su apuesta por Sepúlveda, fue la apuesta por la “guerra justa” y
las doce objeciones a de las Casas que hizo en la ya citada contienda de Valladolid y que se pueden sintetizar así:
159
Bernardo de Vargas Machuca, Milicia… Vol. I y II. Madrid: Librería de Victoriano Suárez, 1892, 45.
160
Lucía Morales Guinaldo. El indio y el indiano según la visión de un conquistador español del siglo XVI: Bernardo de Vargas Machuca (1555-1622). Bogotá: Universidad de los Andes, 2008, 76.
161Bernardo de Vargas Machuca,
Milicia… Vol. I. Madrid: Librería de Victoriano Suárez, 1892, 66.
162
57
1) Es justa causa de guerra luchar contra los idólatras para sujetarlos, quitarles los malos ritos y enseñarles los correctos y evitar que impidan la predicación. 2) Se puede utilizar la violencia corporal frente a los indios. 3) Es justo hacer la guerra contra los paganos no solo contra los herejes. 4) Es justo hacer la guerra a los gentiles para quitarles la idolatría. 5) y 6) El Papa tiene jurisdicción sobre los infieles. 7) La Iglesia puede castigar a los idólatras que no guardan la ley natural, aunque no ocupen tierras de los cristianos, blasfemen al Creador e impidan la fe concurriendo otras causas justas. La idolatría es el más grave de los pecados. 8) Los indios son bárbaros aunque posean ciudades y policía. 9) La guerra no es impedimento para la conversión de los indios, al contrario, es útil para sujetar a los bárbaros y permitir la predicación de los frailes y clérigos. 10) Los infieles pueden ser forzados a que oigan la predicación. 11) Es mal menor hacer la guerra contra los indios para proteger a los inocentes. 12) Es mejor que los indios estén sujetos y después se predique el evangelio para que no impidan la predicación163.
De aquí que el indio, al mismo tiempo que el contendor, es aquel que debe y está por ser evangelizado. Una relación más que contradictoria, productiva, puesto que una vez dominado, se podía considerar más todavía como vasallo, cobijado por el mismo Dios y el mismo Rey de quien ha ganado la contienda. En este apartado se puede apreciar el sentido en el que Machuca insiste en que se ha de tener un sacerdote entre la hueste, con el fin de mantener la paz con Dios entre los soldados y se procure la evangelización de los contendores pacificados; solo que, por supuesto, el sacerdote como miembro (subordinado) de la hueste a cargo del caudillo y no como opositor sus formas de vida militar:
Dejando esto á consideración de cada uno, me vuelvo á mi camino y digo, que el caudillo llevará en su camarada y rancho al tal sacerdote, así para su regalo como para que todos le respeten: hará de decir la Salve todos los días, aunque vaya caminando y que su gente se confiese a su tiempo y que en esto haya mucha cuenta. Evitará á los soldados que no juren ni blasfemen y en esto se esmerará en castigarlo. Tendrá gran cuidado asimismo, cuando den la paz los indios, que el sacerdote trabaje con los mayores caciques reciban el Santo Bautismo…164
Por todo esto es que se puede sostener la idea de que antes de que Bernardo de Vargas Machuca consiguiera en 1601, tras la muerte de Miguel Ruíz de Alduayen, la alcaldía de Portobelo y el cargo de comisario de sus fortificaciones, su vida había estado marcada por su doble competencia con el Cid, aquel de la épica medieval y aquel que también después de muerto hizo meya con su postura radical ante los conquistadores en La brevísima relación de la destrucción de las Indias, donde dic desde el inicio:
163
Lucía Morales Guinaldo. El indio y el indiano según la visión de un conquistador español del siglo XVI: Bernardo de Vargas Machuca (1555-1622). Bogotá: Universidad de los Andes, 2008, 111.
164
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Considerando, pues, yo (muy poderoso señor), los males e daños, perdición e jacturas4(de los cuales nunca otros iguales ni semejantes se imaginaron poderse por hombres hacer) de aquellos tantos y tan grandes e tales reinos, y, por mejor decir, de aquel vastísimo e nuevo mundo de las Indias, concedidos y encomendados por Dios y por su Iglesia a los reyes de Castilla para que se los rigiesen e gobernasen, convirtiesen e prosperasen temporal y espiritualmente, como hombre que por cincuenta años y más de experiencia, siendo en aquellas tierras presente los he visto cometer; que, constándole a Vuestra Alteza algunas particulares hazañas de ellos, no podría contenerse de suplicar a Su Majestad con instancia importuna que no conceda ni permita las que los tiranos inventaron, prosiguieron y han cometido [que] llaman conquistas, en las cuales, si se permitiesen, han de tornarse a hacer, pues de sí mismas (hechas contra aquellas indianas gentes, pacíficas, humildes y mansas que a nadie ofenden), son inicuas, tiránicas y por toda ley natural, divina y humana, condenadas, detestadas e malditas165.
Queda por explicar, la relación que sostuvo con sus coterráneos tras su regreso y lo que esto influyó en su autoconstrucción, puesto que si su doble relación con el Cid influyó en su autoconstrucción como héroe, en tanto que heredero de una tradición medieval166 y, por
otra parte, con una posición de quien buscó recibir una contraprestación a cambio de sus servicios en la legitimidad de sus acciones, la relación con los otros españoles peninsulares también hubo de marcar su obra, en especial Milicia y descripción de las Indias. Allí se puede ver el sentido en que esto se parece a mirarse en dos espejos a la vez.