Capítulo 3. De Cuba a Garín: grupos, estrategias y debates en la formación de las
4.2 Convergencias entre marxismo, nación y peronismo
4.2.3 Disputas por la “visión legítima” del marxismo: la polémica entre las
“El marxismo enseña a los comunistas a luchar también por sus palabras y sus significados y es el vocabulario preciso uno de los objetivos de esa lucha, pues una de las tareas fundamentales de la vanguardia de la clase obrera es la de llevar claridad, rigor científico a las masas, ya que vigor revolucionario les sobra.” (ERP [1971], 1973a: 35).
“El marxismo bien conocido y utilizado es un arma poderosa, conocido a medias o desconocido sirve solamente para complicar las cosas en lugar de ayudar a comprenderlas mejor. Un mal marxista, con poco estudio y muchas pretensiones, es como un jugador de fútbol que no levanta la cabeza: al final se enreda con la pelota y termina tirándola afuera. ‘Se marca sólo’ dirá la tribuna. Algo parecido le ha ocurrido a la izquierda en este país.” (FAR [1971], 1973a: 49).
Entre abril y mayo de 1971, un grupo de presos del ERP alojados en la cárcel de Encausados de Córdoba elaboró un documento polemizando con el reportaje a las FAR “Los de Garín”, recientemente publicado178. A su vez, ese año Olmedo alcanzó a redactar
un trabajo en respuesta de aquellos cuestionamientos. Denominados “Críticas del ERP al reportaje a las FAR” y “Nuestra respuesta elaborada por el compañero Olmedo”, ambos escritos fueron publicados en un cuadernillo de las FAR titulado “Aporte al proceso de confrontación de posiciones y polémica pública que abordamos con el ERP”. Luego fueron reproducidos por la revista Militancia (FAR [1971], 1973a y ERP [1971], 1973a). Se trató de una de las polémicas político-ideológicas más conocidas dentro del campo de las organizaciones armadas.
Como hemos señalado, la “posición bisagra” en que la organización buscaba instalarse implicaba una lucha por incidir tanto en las disputas por la “visión legítima” del peronismo como del propio marxismo. Tal como sugieren los epígrafes, esto último es lo que estaba en juego en la polémica entre las FAR y el ERP. Ambas organizaciones sostuvieron allí combatir por el significado de las palabras y el debate se nutrió de amplias citas a los clásicos del marxismo, ya sea del propio Marx como de Kautsky, Lenin o Engels. A su vez, las dos se acusaron mutuamente de desconocer el “marxismo auténtico” y de
178 Respecto de la autoría del documento, De Santis (entrevista en Martín, 2006b) afirma que entre los detenidos sobresalía la figura del “gringo” Domingo Mena. En ese sentido, a diferencia de lo que usualmente se menciona en la bibliografía, destaca que Santucho no participó en su elaboración, lo cual parece verosímil puesto que el líder del PRT fue apresado en Córdoba recién en agosto de 1971.
malentender las referencias citadas. Según los términos de Olmedo, para el caso de las FAR se trataba de derrotar “las posiciones ideológicas de la izquierda internacionalista (…) empleando sus mismas armas: con la teoría marxista” ([1971] 1973a: 38).
También hay que destacar que, como en el caso de toda polémica, ésta implicaba un terreno compartido sobre el cual disputar. Un lenguaje común que seguramente estuviera en la base de las simpatías que Roberto Santucho, el principal dirigente del PRT-ERP, manifestó por Carlos Olmedo179. De hecho, entre los grupos armados peronistas, las FAR
fueron la organización con la cual el PRT-ERP estableció relaciones más estrechas. Inclusive llegaron a realizar algunas acciones conjuntas que no dejaron de generar ciertos recelos entre las OAP180.
A continuación, analizaremos la polémica entre las FAR y el ERP distinguiendo los siguientes tópicos: 1) el punto de partida del análisis para trazar una estrategia revolucionaria en Argentina -nacional / internacional-; 2) el estatuto otorgado al marxismo -ciencia / ideología / bandera política- y 3) la forma de pensar la ideología, que en el debate resulta indisociable tanto de sus respectivas valoraciones del peronismo, como de sus ideas sobre la vanguardia que debía construirse.
El punto de partida de una estrategia revolucionaria en Argentina
Respecto de este punto, el ERP sostenía que debía partirse del análisis de la situación mundial puesto que la revolución socialista era “internacional por su contenido y nacional por su forma”. Primero, debía considerarse la situación económica y la dinámica de la
179 La muerte de Olmedo conmocionó a Santucho. Desde la prisión le envió una carta a su compañera donde le decía: “Recién tuve una noticia muy mala. (…) me enteré que Olmedo, uno de los muertos del FAR en Córdoba, era uno de los compañeros con que yo me reunía, el más preparado. Era muy bueno y muy posiblemente el principal dirigente del FAR. No sé si te conté alguna vez pero simpaticé mucho con él y discutimos a fondo varias veces. Era un muchacho rubio, de ojos azules y maneras muy suaves, un compañero extraordinario. (…) Es una gran pérdida para la revolución.” (Citada en Kohan, 2000a: 259).
180 La primera de esas acciones tuvo lugar el 10 de abril de 1972, cuando las FAR y el ERP mataron en Rosario al Comandante del II Cuerpo de Ejército, General Juan Carlos Sánchez, acusado de torturador. Según consta en un documento de las FAR, esta primera acción con una organización no peronista generó cierto desconcierto entre sus militantes y molestias en el resto de las OAP. Ello llevó a las FAR a especificar que con el PRT-ERP compartía los mismos enemigos y el objetivo final -el socialismo-, pero que los separaban profundas diferencias respecto del peronismo. De allí que, según aclaraba, pusiera expectativas distintas en su operar conjunto con el ERP que en la confluencia de las OAP, que consideraba prioritaria (FAR, 1972b). Unos meses después, las FAR, el ERP y los dirigentes montoneros presos en la cárcel de Rawson protagonizaron la fuga del penal que tuvo lugar el 15 de agosto de 1972. Finalmente, el 10 de diciembre de 1972 fue secuestrado Ronald Grove, un industrial de origen británico, gerente general del Frigorífico Anglo. Las tratativas por su liberación se hicieron en forma secreta, pero trascendió a la prensa que el autor del secuestro había sido el ERP. Luego, Grove relató ante el Foreign Office (el Ministerio de Asuntos Exteriores británico) los detalles de su secuestro y las conversaciones que mantuvo con sus captores, que en realidad eran militantes de las FAR, organización que había planificado el operativo con el ERP meses atrás (Grove, 1973 -le agradezco al investigador Michael Goebel el acceso a esta fuente-). Justamente en el período en que se concretó el secuestro, en que Perón estaba en la Argentina, se profundizaron las diferencias políticas entre ambas organizaciones y las FAR se negaron a volver a operar con el ERP, quien se los reprochó en una carta enviada a inicios de 1973. Intentando persuadirlas de lo contrario, allí el ERP apelaba a la tradición intelectual que unía a ambas organizaciones caracterizando a las FAR como “una organización armada marxista, que piensa que el peronismo es un paso hacia el socialismo.” (ERP, 1973b: 24).
lucha revolucionaria a nivel mundial y regional. Ello permitiría establecer sus posibilidades de desarrollo y su ritmo desigual; cuál era la clase revolucionaria y sus posibles aliados y la combinación de tareas y consignas del proceso en sus distintas etapas (democráticas, socialistas, nacionalistas) para cada región y país. En segundo lugar, debía estudiarse la relación de fuerzas entre las clases, también en el orden internacional y nacional. Respecto de las fuerzas contrarrevolucionarias, su organización, cohesión y contradicciones internas, como también las complejidades de sus Estados y Ejércitos. Y en relación con las fuerzas revolucionarias, su experiencia y conciencia, si ya habían constituido un partido y una fuerza militar y las características de ambos. Lo cual, permitiría establecer la dinámica futura de la lucha revolucionaria (corta o prolongada, guerra nacional, civil o una combinación de ellas, las características de la lucha en cada período, etc.). Según resumían los pasos de este análisis, primero debía considerarse la situación económica, política y militar del mundo, el continente, la región y finalmente del país. Y, a partir de ello, determinar las etapas y fases de la guerra revolucionaria, las tareas principales y secundarias de cada una de ellas, su duración aproximada, sus características políticas y militares, y las formas y condiciones en que se produciría la toma del poder en la Argentina. Desde esa perspectiva impugnaban a las FAR por considerar al país “como si fuera una isla” (ERP [1971], 1973a: 37-38).
Por el contrario, Olmedo sostenía que el planteamiento de una estrategia revolucionaria en la Argentina debía partir del análisis de los factores nacionales. Es decir, del estudio de sus condiciones específicas y del reconocimiento de la validez de la experiencia histórica de la clase obrera argentina. Ello no implicaba desconocer el contexto mundial, sobre todo considerando la historia colonial del país y el actual carácter dependiente de su economía. Pero, en consonancia con la perspectiva de Puiggrós (1965), afirmaba que las “causas externas” sólo podían obrar gracias a las “causas internas”, por lo cual eran éstas las que debían analizarse en primer término181.
Desde esas claves, criticaba a los militantes del ERP sosteniendo que en su esquema la historia argentina tenía muy poca importancia. No era más que una forma vacía, un receptáculo de un contenido que no surgía del proceso nacional mismo sino que le era insertado a partir de un largo análisis de la lucha de clases a nivel mundial. De allí que, considerada en último término, fuera utilizada a título casi anecdótico o ejemplificador. A su vez, les cuestionaba que a partir de la situación mundial presente, derivaran todas las
181 La influencia de la perspectiva de Puiggrós en el planteo de Olmedo también ha sido señalada por Kohan (2000a: 259).
tareas, plazos, consignas e incluso las formas y condiciones en que se realizaría la revolución en Argentina. Lo cual, para el dirigente de las FAR implicaba un total desprecio por la historia concreta del país y una “actitud catedrática” hacia el pueblo; ambos debían adaptarse a ese “libreto deducido de las condiciones económicas, políticas y militares universales”. En ese sentido, les objetaba que la forma en que se tomaría el poder Argentina no era algo que pudiera resolver hoy grupo armado alguno, sino que surgiría del desarrollo del proceso revolucionario y de la acción de la clase obrera misma. A partir de todo ello, les replicaba que, para los marxistas, la idea de dar un fundamento riguroso a la acción política no era novedad, pero que lo central siempre había sido el estudio de las formaciones económicas concretas. Y les señalaba que el propio Lenin, en las vísperas de la revolución de 1905, no había seguido la secuencia de análisis por ellos postulada sino que había escrito El desarrollo del capitalismo en Rusia. En definitiva, sostenía, el desprecio del ERP por la experiencia peronista no era más que “una versión en pequeño” de su actitud de ignorar la historia nacional en general (FAR [1971], 1973a: 45-48).
El estatuto otorgado al marxismo
En relación con este tópico del debate, los militantes del ERP afirmaban alternativamente que el marxismo era una ciencia, una ideología y una concepción del mundo. A su vez, rechazaban que no constituyera también una bandera política universal y que pudiera restringirse a su aspecto metódico instrumental, como sostenían las FAR. Desde una perspectiva internacionalista y en clave leninista, aseguraban que era posible una política marxista a nivel mundial dado que el imperialismo, como fase superior y última del capitalismo, había terminado por dividir a la población mundial entre capitalistas y asalariados. Aquella no sólo era factible sino también necesaria, salvo que se considerase que la explotación del capitalismo sobre los obreros argentinos fuera distinta a la ejercida sobre los demás trabajadores del mundo. Con todo, sostenían que, como quería Lenin, dicha política debía dar respuestas concretas a cada situación concreta (ERP [1971], 1973a: 36).
Por su parte, ya hemos mencionado que las FAR consideraban que el marxismo era un método de análisis para analizar realidades específicas. En principio, Olmedo sostenía que aquel se caracterizaba por su estatuto científico, cuya validez era pasible de ser comprobada por el curso de la historia. En ese sentido, no podía ser al mismo tiempo ni una ideología, ni una bandera política. Para sustentar su afirmación, reseñaba los objetivos de la obra de Marx, señalando que aquél se había limitado a defender la
vigencia de la concepción materialista de la historia como descripción científica, sin sostener jamás que pudiera levantarse como bandera política universal. Es más, les recordaba que el propio Marx había declarado no ser marxista, rechazando que su teoría pudiera suplantar el estudio de la realidad182. Es decir, que fuera convertida en un
esquema abstracto al cual aquella debiera adecuarse. Les devolvía también la cita de Lenin, advirtiéndoles que en política siempre había que partir de lo real y no de lo posible. Y añadía que “entre la realidad y la línea, hay que elegir la realidad”.
En definitiva, se trataba de una herramienta teórico-metodológica que les servía a los trabajadores para comprender, dentro de ciertos límites, la realidad concreta en que les tocaba actuar. Y, a partir de allí, poder forjar una política que respondiera a las condiciones particulares en que luchaban.
Desde esa perspectiva, sostenía también que la mentada política marxista a nivel mundial no existía. Sólo existían movimientos de liberación nacional que luchaban en distintos países contra el imperialismo a partir de las condiciones específicas de sus pueblos y de las banderas que aquellos habían hecho suyas. Era sobre la base de esas luchas concretas -y no de “organismos burocráticos” como la IV Internacional, les replicaba en alusión a las filiaciones del PRT-ERP-, que lo pueblos de Indochina habían logrado forjar su solidaridad activa contra el imperialismo. Sólo de ese modo, añadía, también podría surgir una política común combatiente en Latinoamérica. Se trataba, en definitiva, de una perspectiva en la que también estaba en juego el tipo de reelaboración que las FAR habían hecho de su propia experiencia guevarista (FAR [1971], 1973a: 41 y 44-45).
Ideología, peronismo y vanguardia
Respecto de estos temas, todo el planteo del ERP giraba en torno al ¿Qué hacer? de Lenin. Y ello porque, considerando que el peronismo expresaba una ideología burguesa, su objetivo era demostrar la necesidad de construir un partido de vanguardia marxista- leninista. Esa perspectiva era acompañada por abundantes referencias a Giap, para reforzar la idea que aquel partido era quien debía orientar política e ideológicamente el “Ejército del Pueblo”.
Para situar el debate, apuntemos brevemente que el texto leninista intentaba dar respuesta al gran enigma de la tradición marxista: cómo se generaba el pasaje de la 182 Olmedo citaba una carta de Engels a Schmidt fechada en 1890, donde aquel refería la conocida frase de Marx y afirmaba: “La concepción materialista de la historia también tiene ahora muchos amigos de ésos, para los cuales no es más que un pretexto para no estudiar la historia” (FAR [1971], 1973a: 41). El resto de la carta tenía un espíritu similar, que expresaba la perspectiva que Olmedo quería plantear. Allí, Engels enfatizaba que aquella concepción era “sobre todo, un guía para el estudio” y que había que examinar “de nuevo toda la historia, investigar en detalle las condiciones de vida de las diversas formaciones sociales”. (Engels, en Marx y Engels, 1957: 771).
“clase en sí” a la “clase para sí”. Lo cual, implicaba superar la escisión entre los trabajadores y la teoría revolucionaria. Combatiendo las corrientes “economicistas”, Lenin enfatizaba que la conciencia socialista no brotaba espontáneamente de la clase obrera. Sostenía que así como las condiciones objetivas de los trabajadores fomentaban su organización sindical, también hacían que sus luchas se restringieran a reivindicaciones inmediatas, limitándose a una “política trade-unionista”. Es decir, que no llegaran a plantearse por sí solos objetivos de tipo político como la toma del poder. Por ello afirmaba que “la conciencia política de clase” debía aportársele al obrero “desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos” (Lenin, 1960: 88). A su vez, el capitalismo también generaba que quienes tuvieran acceso al marxismo requerido para educar políticamente a las masas fueran sectores intelectuales provenientes de la burguesía. Por lo cual, también en este sentido “la conciencia socialista es algo introducido desde fuera” (Kautsky, citado por Lenin, 1960: 54). De ambas limitaciones surgía la necesidad de formar una organización política de revolucionarios profesionales donde convergieran los trabajadores más “esclarecidos” y la intelectualidad burguesa. A partir de dicha confluencia, y de la desaparición de toda distinción entre ambos, surgiría el partido de vanguardia de la clase obrera (1960: 116).
Carnovale (2011) ha señalado que si bien tanto en trabajos previos como posteriores al ¿Qué hacer? Lenin dio respuestas distintas a este problema, el PRT apeló a la noción de vanguardia presente en ese texto y a su consecuente modelo organizativo183.
Ahora bien, para sustentar la necesidad del partido y su impugnación del peronismo, los militantes del ERP remitían al texto de Lenin adentrándose en el tema a través de la cuestión de la ideología. El énfasis estaba puesto en que aquella siempre respondía a los intereses de una clase social, por lo que en la práctica sólo podían existir dos ideologías enfrentadas: la socialista y la burguesa. Ambas eran separadas tajantemente para demostrar que no podía haber al respecto término medio -o, dicho de otro modo, ninguna “tercera posición”-. De allí que subrayaran que cualquier intento de alejarse de la primera constituía una forma de fortalecer a la segunda184. Bajo ese ímpetu, los militantes del ERP
183 Según la autora (2011: 231), un modelo de vanguardia que el PRT concebía como “espacio de confluencia entre los intelectuales provenientes de la pequeña burguesía que acercan la teoría y la ciencia revolucionarias al proletariado y los obreros políticamente ‘avanzados’ (‘aquellos obreros que han comprendido cabalmente el papel histórico de su clase y están dispuestos a dedicarse por entero a la revolución que derribe al régimen burgués’)”.
184 Apuntemos aquí el fragmento del Qué hacer que citaba el ERP, puesto que buena parte del debate con las FAR se articuló en relación con la forma de interpretarlo: "Ya que no puede ni hablarse de una ideología independiente elaborada por las masas obreras en el curso de su movimiento, el problema se plantea así: IDEOLOGÍA BURGUESA o IDEOLOGÍA SOCIALISTA. No hay término medio (pues la humanidad no ha elaborado ninguna tercera ideología, además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al
mencionaban diversos dirigentes peronistas respecto de los cuales nadie podría decir que sostuvieran concepciones socialistas. Pero lo hacían en términos un tanto contradictorios con la propia perspectiva leninista sostenida, es decir, derivando la ideología sustentada de la clase social de pertenencia. Así, afirmaban que se podía ser “capitalista como Jorge Antonio y ser peronista”, ser “burócrata sindical como Rucci y tantos otros y ser peronista ortodoxo”, “ser general del ejército argentino y ser peronista”. Mientras que, en cambio, no se podía “ser marxista y ser capitalista, general del ejército o mantenerse en cualquier capa u otra clase social que no sea la obrera sin ser inconsecuente” (ERP [1971], 1973a: 36). En cualquier caso, el propósito era recalcar que un movimiento como el peronista, dada su composición policlasista y el carácter burgués de su ideología, jamás podría