significante
La metáfora del Nombre del Padre es un proceso inaugural en la evolución psíquica en más de un aspecto. Además de permitirle al niño advenir Sujeto al acceder a lo simbólico (y a la práctica de la lengua materna) establece en el sujeto una estructura de división psíquica
(Spaltung) irreversible. Ahora bien, el principio que gobierna la metáfora
del Nombre del Padre se sustenta exclusivamente en un efecto significante, particularmente en una sustitución significante. El orden significante es, precisamente, el que hace que el sujeto llegue a su estructura de división. Esto equivale a decir que el sujeto esta dividido por el orden mismo del
lenguaje. Por otra parte, la metáfora paterna se apoya en la represión
originaria, es decir, en el advenimiento del inconsciente; por lo tanto, el
inconsciente, como tal, está también a su vez, sujeto al orden del
significante. Esta organización metapsicológica que constituye indudablemente el argumento más crucial a favor de la tesis del
inconsciente estructurado como un lenguaje, exige un examen detallado
tanto en sus principios constitutivos como en sus implicaciones.
Ya la noción de Spaltung merece varias observaciones terminológicas preliminares.
De acuerdo con J. Laplanche y J. B. Pontalis,172 el concepto de división
psíquica ya estaba formulado implícitamente en cierto número de trabajos psicopatológicos de fines del siglo XIX; especialmente en los trabajos sobre hipnosis e histeria. Expresiones como doble conciencia o disociación
psíquica, tal como aparecen en los Estudios sobre la histeria,173 deben ser
de división psíquica reaparecerá con mucha más precisión en los trabajos de P. Janet, pero sobre todo en los de J. Breuer y S. Freud. Luego se lo llamó sucesivamente de la siguiente manera: escisión de la conciencia,
escisión del contenido de la conciencia, escisión psíquica. La noción
freudiana del inconsciente se perfilará, tal como la conocemos, alrededor de esas expresiones. Desde 1893 Freud establece, sin discusión, que, en la histeria, el sujeto consciente está separado de una parte de sus
representaciones. El inconsciente aparece entonces como un lugar
autónomo que se constituye fuera del campo de la conciencia por medio de la intervención de la represión. En ese sentido ya podemos tomar esta división psíquica como una división del sujeto.
En la obra de Freud la división psíquica se expresa adecuadamente en el término Ichspaltung que ha sido traducido como escisión del yo.174 Esta
noción surgió progresivamente en la obra de Freud, principalmente en sus trabajos de 1927 a 1938.175 Y allí aparece como algo diferente de la
división psíquica propiamente dicha. Como lo señalan J. Laplanche y J. B. Pontalis,176 la escisión del yo es, ante todo, una escisión intrasistémica, o
sea una escisión interna del Yo. En cambio, la división psíquica es-
tablecida por Freud y Breuer en los Estudios sobre la histeria es una
escisión intersistémica. En una referencia rápida a la segunda tópica
podríamos citar aquí una división entre el yo y el ello.
La noción de Spaltung es, en la obra de Freud, relativamente polivalente Por un lado muestra que el aparato psíquico está dividido en instancias. Por otro lado indica que una instancia psíquica está a su vez dividida.
Finalmente precisa, a un nivel más amplio, que una parte de los contenidos psíquicos del sujeto están fuera de su alcance bajo la acción de la
represión.
Una última observación preliminar nos lleva al significado del término
Spaltung tal como aparece fundamentalmente en el campo de la psiquiatría
con la obra de E. Bleuler. De ninguna manera se pueden confundir la
Spaltung de Bleuler con la Spaltung freudiana. En la obra de Bleuler, el
término Spaltung tiene un sentido genérico muy particular que designa un hecho clínico esencial de las esquizofrenias.177 En ese sentido se inscribe a
la vez en un conjunto de consideraciones semiológicas y en un principio de organización del funcionamiento psíquico que nada tienen que ver con las perspectivas metapsicológicas del psicoanálisis. La referencia a la Spaltung de Bleuler, actualmente registrada con el término de "disociación", se refiere, en psiquiatría contemporánea, exclusivamente a los síndromes esquizofrénicos. En este sentido esta noción recubre nociones anteriores como la "discordancia" de Chaslin o la "ataxia intrapsiquica" de Stransky.
Para Lacan la Spaltung es indudablemente la característica más inaugural que define la subjetividad porque es precisamente lo que permite advenir al sujeto y estructurarse de acuerdo con cierto modo psíquico. No se trata, pues, de una escisión intrasistémica. La Spaltung no introduce tampoco en el registro de una escisión intersistémica. Según Lacan la Spaltung aparece como aquello que convierte al aparato psíquico en un sistema plurisis- témico. En ese sentido puede considerársela como división inaugural del
sujeto que proviene del propio vínculo del sujeto con un tercer orden que
es el orden simbólico, o más exactamente el orden que va a mediatizar la relación del sujeto con lo Real, uniendo, para el sujeto, lo Imaginario y lo Real. Esta operación se realiza con la instalación del proceso de la metáfora paterna después de la cual un símbolo del lenguaje (el Nombre del Padre S2) designará metafóricamente al objeto primordial del deseo que se ha vuelto inconsciente (significante del deseo de la madre, significante fálico S1):
Si el niño sigue nombrando, sin saberlo, al objeto de su deseo
significando el Nombre del Padre, cabe una única conclusión: el niño ya no
sabe lo que dice en lo que enuncia. Es otra manera de ver que el niño
accede al lenguaje sin saber lo que dice cuando habla. El lenguaje aparece entonces como una actividad subjetiva por medio de la cual uno dice algo
absolutamente diferente de lo que uno cree decir en lo que dice. Ese "algo
absolutamente diferente" se instituye fundamentalmente como el in- consciente que queda fuera del alcance del sujeto que habla, porque se encuentra constitutivamente separado de él.
Esta división subjetiva inducida por el orden significante hace que el lenguaje aparezca como aquello que condiciona al inconsciente haciéndolo aparecer y manteniéndolo en un lugar electivo. Lacan insiste:
"El lenguaje es la condición del inconsciente (...) El inconsciente es la implicación lógica del lenguaje: en efecto, no hay inconsciente sin lenguaje."178
Decir que el Sujeto está dividido es para Lacan lo mismo que decir que
no hay más Sujeto que el ser hablante (el parlétre). Esto implica reconocer
que la causa del sujeto se sustenta en la formación del inconsciente. En otros términos, es aceptar que el orden significante es el que causa al
sujeto, estructurándolo en un proceso de división que produce el advenimiento del inconsciente.
Estas tesis fundamentales del trabajo teórico de Lacan constituyeron un
didáctica hablamos del significante fálico, pero más allá de esta
simplificación conceptual no hay que olvidar que probablemente se trate de varios significantes diferentes, susceptibles de intervenir como significan- tes fálicos, puesto que todos son capaces de designar algo del orden del deseo de la madre. Llamaremos a estos significantes significantes
primordiales. Es decir que son significantes que se prestarían a posibles
sustituciones metafóricas al término de las cuales constituirán un núcleo inconsciente: lo reprimido originario.
Esa represión originaria de significantes primordiales debe ser situada nuevamente dentro de la teoría freudiana de la represión expuesta en 1915.181 Freud describía allí el proceso de la represión como un mecanismo
organizado en tres tiempos: a) la represión originaria; b) la represión propiamente dicha o represión a posteriori; c) el retorno de lo reprimido en formaciones inconscientes. La represión propiamente dicha sería
provocada por la represión originaria que afecta al núcleo de representa- ciones elementales fuertemente cargadas, es decir, esos significantes primordiales ligados al deseo de la madre. Esta catexia hace que el núcleo inconsciente originario sea fuertemente atractivo. Esa es la razón por la que Freud considera a la represión originaria como un proceso de contracatexia que "representa la defensa permanente de una represión originaria, pero que garantiza su permanencia. La contracatexia es el único mecanismo de la represión originaria".182
punto de ruptura decisivo con el pensamiento psico-analítico En estas condiciones podemos decir que el significante del deseo de la contemporáneo, como lo ilustra la controversia que se desarrolló durante el
célebre coloquio de Bonneval de 1960, organizado por H. Ey sobre el tema de "El inconsciente".179 En esa oportunidad, J. Laplanche llegaba a
conclusiones diametral -mente opuestas al adherir a la tesis del
inconsciente como condición del lenguaje, lo que llevó a Lacan a intervenir para precisar sus puntos de vista.180
A través de esta estructura de división del Sujeto, la represión originaria participa, en primer lugar, en el advenimiento del inconsciente. Hemos visto que esa represión originaria recaía electivamente sobre el significante del deseo de la madre (significante fálico). Por razones de economía
madre puede ser reprimido y mantenido en el inconsciente porque el significante Nombre del Padre es objeto de una poderosa contracatexia. Lo reprimido originario es capaz de ejercer una gran atracción sobre otros contenidos (significantes) eventuales. Y más aún si tenemos en cuenta que se le sumarán fuerzas de repulsión provenientes de instancias superiores como el yo y el superyó. La represión secundaria o represión propiamente dicha se elaborará sobre la base de este doble proceso. De este modo, la represión secundaria perpetúa, de alguna manera, la división del sujeto instaurada por la metáfora paterna. También establece el lugar del
un discurso, o sea una organización significante análoga a la de un
lenguaje del que el sujeto hubiera perdido el dominio. Por esa razón Lacan declarará que el inconsciente es el discurso del Otro (discurso del otro del sujeto que le es ajeno a causa de la Spaltung).
El advenimiento de esta organización significante dentro del inconsciente puede metaforizarse con el esquema que presentamos a
Así, esta cadena de significantes inconscientes será sometida al proceso primario. Los significantes reprimidos podrán entonces retornar siempre al sujeto gracias a sustituciones significantes metafóricas y/o metonímicas, como por ejemplo en el caso de un lapsus que irrumpiera en la cadena hablada consciente según el principio de una sustitución como: continuación:
Este esquema muestra el principio de la constitución progresiva de la cadena significante inconsciente que se organiza por medio de la intervención de "represiones metafóricas" sucesivas.
Además, como lo hace notar Lacan, "basta con una composición mínima de la batería de los significantes para que pueda establecer en la cadena significante una duplicidad que englobe su reduplicación del sujeto, y ese redoblamiento del sujeto en la palabra es donde el inconsciente podrá articularse como tal."183