Para entender mejor esta nueva concepción -fruto del estudio- y proceso repre- sentativo de lo que allí -en la cantera canadiense- aconteció, consideremos al menos dos errores:
1. En primer lugar, citar estirpes que no hayan tenido éxito como clásicos de evolución. Intentamos con esto, extraer una línea de avance de toda la topo- logía de ramifi cación copiosa viéndonos atraídos por arbustos tan cercanos al borde de la aniquilación total, que sólo conservan una ramita superviviente. Luego ésta es vista como el colmo de los logros progresivos en vez de inter- pretarla como resultado, probablemente, de la última boqueada de un linaje más rico. El autor se vale de un ejemplo y cita el caballo de batalla (acom- pañando con una fi gura ilustrativa de genealogía del mismo, como versión original de la escala de su progreso), argumentando que hay una conexión evolutiva sin solución de continuidad que enlaza Hyracotherium -antes Eohip-
LAS REPRESENTACIONES DE LA EVOLUCIÓN
pus- con los modernos equus -más grandes, menos dedos y dientes con co- ronas más altas-. En tal ejemplo, lo que se afi rma es la idea que la secuencia Hyracotherium-Equus no es una escala, ni tan sólo una estirpe central; es una ruta laberíntica entre miles de un matorral complejo, sosteniéndose que en tal ruta se ha conseguido prominencia sólo por una irónica razón, la de que todas las demás ramitas se han extinguido, instalando con ello la posibilidad de nueva representación más cercana a la realidad evolutiva. En tal sentido representativo, Equus es la única ramita que queda y por ello se coloca en el extremo de la escala en nuestra falsa iconografía. De esta manera, los caba- llos son un ejemplo relativo de la evolución progresiva, porque su arbusto ha tenido poco éxito. Al preguntarnos ¿Por qué cuesta tanto encontrar otras realidades evolutivas?, quizás una respuesta sea que no tenemos un acervo de conocimiento basado en evidencias como las planteadas al principio del capítulo, que den cuenta de la evolución del mecanismo regulatorio para in- activar genes Hox en poblaciones celulares seleccionadas. La iconografía y la narrativa empleada en el texto, hace notar la difi cultad humana para escu- char y ver fácilmente una imagen de historia evolutiva aplaudiendo triunfos reales como la de los murciélagos, antílopes o roedores, los cuales pueden ser considerados verdaderos “campeones” de vida mamífera.
2. El segundo error señalado por el autor, lo constituye el hecho de abando- nar la escala y reconocer el carácter ramifi cante o divergente de las estirpes evolutivas, ilustrando el árbol de la vida de manera convencional para validar esperanzas de progreso predecible. Es típico que tal árbol crezca con pocas limitaciones cruciales sobre su forma. Por un lado, porque es muy común encontrar representaciones tales como “cualquier grupo taxonómico bien de- fi nido puede trazar su origen hasta un antepasado común único”; luego “un árbol evolutivo debe tener un tronco basal único” (criterio monofi lético por sobre el polifi lético). Por otro lado, porque todas las ramas del árbol mueren o bien se ramifi can más. La separación es irrevocable; las ramas diferentes nunca se unen. Lo cual puede ser considerado como válido para animales plurice- lulares complejos, aunque no aplicable para toda la vida; ya que hibridación entre estirpes distantes se da frecuentemente en plantas, produciendo un árbol de vida parecido más a una red que a un arbusto convencional.
Se expresatambién en el relato de La vida maravillosa que dentro de las limita- ciones propias del monofi letismo y divergencia, las posibilidades geométricas de los árboles evolutivos son casi infi nitas; ya que los mismos pueden expandirse hasta una anchura máxima y posteriormente estrecharse continuamente -análogo a la forma que adopta un típico árbol de Navidad-. O por lo contrario, diversifi carse rápidamen- te y después mantener su anchura mediante un balance continuo entre innovación y muerte. También se advierte la posibilidad alternativa que de modo similar a lo que sucede realmente a una planta rodadora, se pueda producir una compleja rami- fi cación cruzada, lo cual es muy pocas veces captado en manuales y libros de texto, predominando en la iconografía convencional, adherencia a un modelo primario de- nominado “cono de diversidad creciente”, una especie de árbol de Navidad al revés.
Representación de árbol invertido que se interpreta (frecuente y erróneamente) como que la vida empieza con lo restringido y simple, progresando hacia arriba, más y mejor. Al mostrarse la fi gura de otro caso, el de celomados -animales con una cavidad en su cuerpo-, la iconografía muestra el origen regular de todo lo que evoluciona a partir de un simple gusano plano. El tronco del árbol se escinde en unas pocas ramas básicas; ninguna de éstas se extingue sino que se diversifi ca cada vez más, con un número de subgrupos en aumento continuo. Más adelante se citan otros ejemplos representativos de errores por usar iconografías tradicionales y pre- juicios. Tal es el caso del género “Limulus polyphemus” o las denominadas “cacero- las de las Moluscos” que datan de sólo 20.000.000 de años. Es común encontrar que se las representa mal desde la escala de su vida (200 millones de años) y son juzgadas frecuentemente como simples -por consideradas equivocadamente como fósiles vivientes al producir pocas especies o bajo potencial evolutivo para la diver- sifi cación- y desde el cono de diversidad creciente, como antiguas. Lo cual no es una representación correcta, por ser un caso de especies modernas, morfológicamente semejantes a sus formas primitivas.