• No se han encontrado resultados

Evolución vinculada a la idea de progreso: orientar la discusión y el análisis

Si durante el diálogo o debate entre creacionismo y evolucionismo la cuestión queda en el terreno del progreso, podemos orientar la discusión para hacer emerger obstáculos de representación sobre la evolución. Por ejemplo con aportes de otros autores tales como el biólogo y entomólogo Edgard O. Wilson, quien fundara la so- ciobiología y usara como criterio de progreso evolutivo el concepto y aumento de bio- diversidad. Y los del paleontólogo, teórico biólogo especialista en mamíferos George Simpson9 (1902-1984) como uno de los que forjaron la nueva síntesis con críticas a la noción antropocéntrica de progreso, en el caso que se entendiera a la evolución como ascenso hacia el ser humano. Argumentando por ejemplo en El sentido de la evolución (1961, pág. 501), una de sus obras, que “...muchos, en realidad casi todos los tipos inferio- res dentro de cada phylumse han extinguido, pero los grandes grados de organización per- sisten. Este hecho asombroso ha confundido a algunos que creen que la evolución progresiva implica el reemplazo constante de todas las formas inferiores por las superiores…”

Luego se pueden aportar ideas de otros destacados referentes científi cos, a saber: que para uno de los más sólidos evolucionistas contemporáneos, Francisco José Aya- la, no existe ningún criterio de progreso que sea el mejor en abstracto. En cuanto a los divulgadores científi cos, Richard Dawkins10 y el citado Stephen Jay Gould, manifi estan posiciones diferentes y encontradas sobre el progreso evolutivo. El primero defi ende una visión según la cual los organismos son instrumentos de los genes -conserva la idea de adaptación por sobre el azar y la evolución gradual-; y el segundo privilegia o le da mayor importancia a la dimensión orgánica por sobre la focalización de los genes como unidades de SN, priorizando creencias sobre la evolución como el reino de la contingencia y/o casualidad y que la misma avanza por saltos y no gradualmente.

También puede resultar interesante recuperar algunas nociones y conceptos de otros representantes de la síntesis moderna para sostener argumentos en el deba- 9 Simpson, G. (1902-1984) paleontólogo, teórico biólogo especialista en mamíferos. Pionero en la lucha contra el problema de las tasas de evolución e interesado en el patrón de largos períodos de estabilidad de las especies, intercaladas con el cambio relativamente rápido; después que los creacionistas habían visto estas “discontinuidades” como evidencia de que la evolución no había ocurrido y que Darwin hubie- ra considerado las lagunas en un registro fósil como imperfecta.

te, tales como los del genetista Theodosius Dobzhansky (1900-1975), del zoólogo Ernst Mayr (1904-2005), del botánico George Ledyard Stebbins y del zoólogo Julian Huxley (1887-1975). Dobzhansky propuso que la evolución puede percibirse como un cambio de frecuencias génicas en el seno de una población. Mayr en su libro Sis- temática y origen de las especies, establece dos nociones que permiten comprender cómo se forman las nuevas especies: el concepto biológico de especie y el modelo de especiación geográfi ca.

Conectar lo anterior a los defensores de la teoría sintética, ayuda a entender que la evolución de las especies resulta de la interacción entre la variación genética que se origina en la recombinación de alelos y las mutaciones y la selección natu- ral. Lo cual tiene peso específi co, pues durante más de medio siglo atrás, la teoría sintética ha dominado el pensamiento científi co acerca del proceso de evolución. Y ha sido enormemente productora de nuevas ideas y nuevos experimentos a medida que los biólogos trabajaban para desentrañar los detalles del proceso evolutivo, a pesar que algunos aspectos de la teoría sintética fueron puestos en tela de juicio re- cientemente, en parte como resultado de nuevos avances en el conocimiento de los mecanismos genéticos producidos por los rápidos progresos en biología molecular y, en parte, como resultado de nuevas evaluaciones del registro fósil.

Sin embargo, las controversias actuales, que se refi eren principalmente al ritmo y a los mecanismos del cambio macroevolutivo y al papel desempeñado por el azar en la determinación de la dirección de la evolución, no afectan a los principios bási- cos de la teoría sintética. En cambio, prometen proporcionarnos una comprensión mayor que la actual acerca de los mecanismos evolutivos. En el análisis realizado sobre evolucionismo y creacionismo, cabe recordar que Ernst Mayr defi ne al darwi- nismo como una concepción opuesta al fi nalismo, que otorga a la selección natural un papel importante en la evolución, como una nueva visión del mundo, como anti- creacionismo y como nueva metodología. Según este autor, las especies además de constituir las unidades básicas de clasifi cación, representan también las unidades básicas de la evolución.

Para ir cerrando el tema, una síntesis explicativa de los últimos autores citados puede ayudar a cerrar el diálogo-debate de esta parte tratada y por qué no de este capítulo, dejando abierta la posibilidad de conectar y profundizar algunos de los as- pectos y conceptos tratados en el próximo de este libro, en el que discutiremos las re- presentaciones de la evolución. Finalmente diremos que es posible encontrar casi en

EVOLUCIONISMO Y CREACIONISMO

todas partes progreso evolutivo en un sentido genuino de la palabra, tal como Daw- kins argumenta; y que la sola idea de aplicar cualquier noción de progreso a la evo- lución, venía a ser sólo el producto de la vanidad antropocéntrica, como Gould creía. Para ser prudentes y más justos en el razonamiento, habría que considerar al menos lo expresado por Francisco Ayala hace más de cuarenta años -en 1967, dos años an- tes que un par de humanos alunizaran por primera vez mientras el restante viajero en una cápsula orbitaba el satélite natural visitado-: “la Selección Natural, no es un espíritu benevolente que guía la evolución hacia el éxito seguro. Es un agente que provoca cambios genéticos que parecen tener un propósito; porque están dictados por los requerimientos del ambiente. Pero el resultado fi nal puede ser la extinción”.