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Dr Emmett E Miller

In document Louise L Hay Gratitud (página 82-85)

El doctor Emmett E. Miller tiene en su haber más de veinticinco años de éxitos enseñando a las personas a aumentar su salud y su bienestar. Sus casetes de relajación y visualización, entre las cuales I am [Soy], Letting Go of Stress

[Liberación del estrés] y Healing journey [Viaje sanador], son un modelo aceptado en todo el mundo y su uso está muy extendido entre los atletas olímpicos, los directivos de empresas, los médicos y otras personas que se dedican a las artes curativas. Su último libro se titula Deep Healing: The Essence of Mind/Body Medicine [Curación profunda: La esencia de la medicina del cuerpo-mente].

¡Mira mi vida! ¿Debo sentirme agradecido o timado? ¿Está el vaso medio vacío o medio lleno?

Podría quejarme de que los rosales tienen espinas, o agradecer que algunos arbustos espinosos tengan rosas. En un sentido puramente intelectual o «científico», estas dos actitudes son equivalentes. Pero en la vida real tiene una enorme importancia cuál de las dos elegirnos.

Cuando la imagen que tenemos de nosotros en relación con el mundo nos retrata como víctimas, la sensación de impotencia que eso nos produce se transmite a todo nuestro organismo. La consecuencia de esta actitud puede ser un mal funcionamiento o un colapso de un órgano o sistema orgánico.

Ya sea que sintamos gratitud y plenitud, o que tengamos una sensación de pérdida, privación y resentimiento, cada uno de estos estados anímicos genera su correspondiente estado químico interno, que, a su vez, produce comportamientos característicos que conducen a determinados resultados: salud o enfermedad, poder o impotencia, realización o insatisfacción, éxito o fracaso.

En el ejercicio de mi profesión (medicina del cuerpo-mente), la importancia de la gratitud es extraordinariamente clara en el sentido psico-fisiológico: las personas agradecidas sanan más rápido, son capaces de eliminar con más facilidad de su vida los comportamientos dañinos y son más felices.

En mis veintitantos años de experiencia, he hecho un interesante descubrimiento. Hay personas que aceptan lo que les enseño y hacen profundos

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cambios en su vida; hay otras, cuyos síntomas y enfermedades son exactamente los mismos, a las que les cuesta sanar o cambiar su comportamiento. Los pacientes que

agradecen las sesiones que tenemos, que valoran la energía y el enfoque que les proporciono, son los que mejoran. Las personas que desconfían, que piensan que las sesiones deberían ser más largas o menos caras, que se preguntan si no las estaré «timando», son mucho más lentas para cambiar. En cuanto a la sucesión de los acontecimientos, queda claro que la gratitud (o su falta) va primero.

Nuestro modo de ver el mundo configura nuestra reacción ante los retos que nos presenta la vida. El sentimiento de gratitud nos capacita para elegir sabiamente nuestra forma de sentirnos, lo que decimos, lo que creemos, lo que hacemos.-. Qué absurdo es que centremos la atención en la «mitad vacía», nosotros los estadounidenses, que somos más ricos y consumimos diez veces más recursos que el 95 por ciento de la población mundial, que normalmente vivimos veinticinco años más que nuestros bisabuelos, que disfrutamos de libertad y tenemos un gran potencial personal. La gratitud nos lleva a ver aquello que está a nuestro alcance, lo que podemos desarrollar.

Al fin y al cabo, no hay nada con qué trabajar en la parte vacía del vaso. Sin la actitud de dar gracias se produce una sensación de carencia, bien conocida para el 60 por ciento de estadounidenses con exceso de peso. De modo similar, los fumadores, los bebedores y los drogadictos, cuya calidad de vida está en constante deterioro, son incapaces de tomar la aparentemente sencilla decisión de hacer lo que dicen y creen que desean hacer. Estas personas se encuentran en un involuntario estado de negación: la negación de la riqueza que tienen dentro. En comparación, la conciencia de la plenitud de su yo superior haría que sus compulsiones desaparecieran.

Sin la percepción de lo que uno es realmente, es difícil discernir el verdadero valor de cualquier cosa que ocurra en la vida, a excepción de la sensación inmediata y pasajera de la gratificación instantánea.

Círculo vicioso, círculo virtuoso

Cuando sentimos gratitud, participamos a los demás de nuestra plenitud; las personas se sienten valoradas y atraídas por nuestra energía. El resentimiento, la amargura y la actitud de victima tienden a repeler a los demás, y entonces nos sentimos menos apoyados. De igual modo, cuando nuestra falta de gratitud nos

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lleva a la impotencia y la enfermedad, nos sentimos «timados», pensamos que nuestra salud decae mientras los demás disfrutan.

Gratitud aprendida

En el campo de la psiconeuroinmunología, ahora tenemos la seguridad de que ciertas emociones, creencias e interpretaciones (nuestro mapa del mundo) tienen un profundo efecto en el funcionamiento del cuerpo, de lo cual depende que nos pongamos enfermos u opongamos resistencia a la enfermedad. Más espectaculares son los estudios sobre la «impotencia aprendida». Sean cuales fueren las dificultades o crisis de nuestra vida, si nos sentimos impotentes ante ellas, tenemos muchas más probabilidades de enfermar.

En mi opinión, el estado mental que llamamos gratitud no es innato, sino algo que aprendemos. La gratitud tiene que ver con sentirnos llenos, completos, capaces, con el hecho de sentir que tenemos todo lo que necesitamos y que nos lo merecemos; miramos el mundo desde la perspectiva de que somos personas valiosas. La experiencia del grado de realización y plenitud que es posible alcanzar es lo que nos lleva a la capacidad de sentir gratitud- Sin gratitud, tendemos a sentirnos incompletos, engañados, faltos de algo; en una palabra, impotentes.

Si no tuviste la suerte de que te enseñaran la actitud de dar gracias en tu infancia, puede que de vez en cuando caigas en la desesperación, el resentimiento y la desdicha. Eso todavía me ocurre a mí a veces, y cuando me pasa, simplemente recuerdo con gratitud mis motivos para hacer las cosas que hago, mi misión personal en la vida y mis sueños. Puede tardar un poco, pero con la atención centrada en mi interior y la visualización, la actitud de dar gracias siempre vuelve. Después de todo, igual que tú, «soy lo que pienso».

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A GRATITUD TRASCENDENTAL

In document Louise L Hay Gratitud (página 82-85)