1.4 Transformaciones del mundo del trabajo en Colombia
1.4.3 Dupla trabajo-protecciones ¿Estado de Bienestar en Colombia?
En las discusiones globales sobre el mundo del trabajo, habíamos mostrado como hablar del trabajo era hablar también del estatuto del trabajo y del sistema de protecciones construidos para “domesticar” e humanizar el trabajo asalariado. No obstante, esta construcción del sistema de protecciones y del estatuto del trabajador en Colombia, ha sido más débil y cada vez más deteriorada desde 1990.
Existe una discusión sobre hasta qué punto los Estados latinoamericanos fueron o no estados de bienestar. Primero, debemos precisar que el Estado de bienestar tiene una relación profunda con el mundo keynesiano, pues este se caracteriza por “el funcionamiento del régimen fordista, por la regulación del mercado, y por el pacto social de defensa de los derechos humanos” (Rodriguez, 2001, pág. 221). Sin embargo, el origen del estado de bienestar, se encuentra relacionado con el de seguridad social que es anterior al del establecimiento del mundo keynesiano, por lo que es necesario establecer las concepciones del Estado de bienestar. El punto clave es que “a diferencia de la asistencia social propia de los sistemas de protección pre-capitalistas, el seguro
social representa la ejecución de un contrato en el cual los ciudadanos y el Estado están igualmente implicados” (Rodriguez, 2001, pág. 222)
Sin embargo, hay varios tipos de configuraciones o desarrollos. Una es la propuesta por el sociólogo danés Esping-Andersen en la que se distinguen 3 tipos de estado de bienestar (Esping-Andersen, 2000). Para Andersen, el primer tipo de estado es el liberal, el cual se focaliza en los más vulnerados y estigmatizados. El segundo sería un estado conservador que no busca la transformación social sino su estabilización y para ello construye un sistema de seguridad social que evite la extensión de la contradicción entra capital y trabajo y así mantener el nivel de jerarquías y status profesional. El tercer tipo de estado sería el estado social-demócrata el cual si a diferencia de los otros se interesaría por una redistribución del ingreso mediante impuestos y una red de protecciones contra todo tipo de riesgos.
La discusión de si en Latinoamérica y en Colombia, existió un estado de bienestar, y de qué tipo, debe pasar por el examen de los ejes que lo constituyen. Si bien como hemos visto, el trabajo asalariado y su red de protecciones, no constituyo una norma, el Estado Colombiano si se acercó a un modelo de estado de bienestar, pues el tránsito hacia un estado de bienestar estaba incompleto, y se encontraba en la progresiva extensión del trabajo asalariado a la mayoría de población, cuando empezó a desmontarse. Incluso en los países en las que el trabajo asalariado fue más bien hegemónico, el proyecto todavía estaba lejos de completarse (Castel, 2010).
El descredito del Estado de bienestar como proyecto creíble, estuvo motivado en un plano cultural por los nuevos imaginarios de centralidad del mercado, como mecanismo de asignación y distribución y del individuo ente otros, pero en un plano material, estuvo ligada “a las dificultades que se tenían para hacer ejercicio de los derechos sociales” (Rodriguez, 2001, pág. 224).
Con esta argumentación se creó la ley 100 de 1993 que introduce un nuevo modelo de seguridad social que redefine la ciudadanía y en ultimas se instala una especie de Estado de bienestar liberal, en el sentido de Esping-Andersen, que pretende una asistencia social para los pobres, al tiempo que profundiza mecanismos de mercado en la prestación de servicio sociales. Como bien lo expresa Oscar Rodríguez, “la tecnocracia…está interesada en mostrar que es posible avanzar en políticas sociales y de distribución del ingreso y de paso poner a funcionar un sistema que confía más en las
leyes del mercado que en el suministro del servicio de salud por parte del dominio de lo público” (Rodriguez, 2001, pág. 224). Mecanismos como los subsidios a la demanda, cobraron mayor relevancia como camino asistencialista, y cada vez más se alejaba de la posibilidad de construir los pilares de una noción coherente de ciudadanía.
Hemos visto entonces, que “las políticas de empleo” desde comienzos de los años 90, han ido en dirección contraria del fortalecimiento del trabajo asalariado, en las que se argumenta que son las redes de protección las culpables de impedir la creación de más trabajo.
Por otra parte, los sindicatos como organismos de negociación colectiva de las condiciones de trabajo, están cada vez más debilitados por diversos factores (amenazas, estigmatizaciones, miedos, contratos de trabajo más individualizados e individualismo de los trabajadores.). En América latina en los últimos años, por ejemplo, la tasa de sindicalización más alta, que en realidad es baja, ha sido la de Argentina con un 37% de trabajadores formales sindicalizados6. Le sigue Uruguay con un 25%, Brasil con 19,1%, Venezuela 13% y Chile 12%. Algunos países no superan ni el 10% de trabajadores sindicalizados como es el caso de Ecuador (6,7%), Colombia (4.7%) y Perú (4,5%) y que sin duda reflejan la precaria situación de estas asociaciones y por consiguiente la debilidad para negociar colectivamente unas mejores condiciones de trabajo.
No obstante, esta situación no ha devenido solo como precarización del trabajo, sino también en la disminución del trabajo asalariado como porcentaje del total de empleo. Según cifras de la OIT7, en Colombia el 54% de los empleos constituían un trabajo asalariado para el año 2000, y desde entonces viene disminuyendo hasta el actual nivel (año 2012) de 42%”. Es decir que menos de la mitad de los empleos está constituido por trabajo asalariado. Sin embargo, en la mayoría de países latinoamericanos, y que se caracterizaban por su subfordismo, el porcentaje de asalariados o se ha mantenido constante o ha aumentado levemente. Según datos del mismo artículo “Argentina pasó de 76,7% a 76,8%; Chile de 68,5% a 70,5%; Perú aumentó de 61,2% a 62,6%, lo mismo que Venezuela, que estaba en 57,6% y ascendió a 58,4%.”
6 Datos tomados de la página http://www.skyscraperlife.com/latin-bar/63026-ranking-paises-por-
tasa-de-sindicalizacion.html, basados en datos de la OIT. Consultado el 24 de abril de 2013
7 Datos tomados del artículo. El empleo asalariado no avanza según la OIT. publicado por la
revista Portafolio Versión Web consultada el 8 de noviembre de 2012. http://www.portafolio.co/economia/empleo-asalariado-no-avanza-colombia-segun-oit
Sin duda, la caída de más de 10 puntos porcentuales del empleo asalariado en 10 años, tiene varias interpretaciones. En el artículo consultado se señala, que una de las variables más importantes en esta caída está asociada al peso que tiene el empleo rural, ya que en las áreas urbanas el empleo asalariado es mayor del 50%. Sin embargo, sin negar la tradicional presencia de empleos atípicos en Colombia, también esto puede interpretarse, como el hecho de que el país “ha renunciado” en términos generales a incentivar el desarrollo del trabajo estable y que se empieza a ver plasmada en los caminos jurídicos que se han abierto desde el año 2000 con la ley 590, pero también, como veremos luego, con la ley 1014 de 2006 de fomento a “la cultura del emprendimiento”.
Hasta acá hemos transitado muy brevemente por las transformaciones del mundo del trabajo, para poder mostrar que el contexto en el que se despliega el emprenderismo es precisamente el de la crisis del modelo fordista de producción, y en el caso Colombiano, la crisis del modelo subfordista y la presencia tradicional de empleos atípicos.
Esto para mostrar que el emprenderismo es un discurso8que surge en un contexto social determinado y no como suele presentarse como una creación “desde la nada” (ex-nihilo).
En el siguiente capítulo, analizaremos el corpus teórico desarrollo por Dani Rodrick y otros académicos de la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, en el que hemos podido observar que hay una apuesta teórica para que el capitalismo se “reinvente” bajo la égida del emprendimiento y que denominan “capitalismo emprendedor”.
En los trabajos de Boltanski y Chiapello, habíamos podido observar como el capitalismo fordista se había reinventado, al absorber la crítica artista. El discurso del emprendimiento pretende entonces absorber la crítica del desempleo masivo y responder a su vez a nuevas demandas de personalización e individualización, más allá de las que brinda el actual capitalismo como la producción diferenciada de bienes, y que ahora necesita de nuevas experiencias, como la del status que otorga el ser empresario.
8 En este trabajo utilizamos el concepto de discurso propuesto por Michel Foucault, en La
Arqueología Del Saber, y que va más allá del significado tradicional, de referirse a un objeto, al
volverse el discurso una fuente constitutiva del objeto mismo. En este sentido, el discurso del emprendimiento no solo son palabras sino que deviene en prácticas y esta encarnado en instituciones e imaginarios colectivos.
fundamentos y tentáculos.
Introducción
El concepto de emprendedor ha remitido a diferentes significados a lo largo del tiempo, por lo que puede interpretarse como un concepto vacío que ha sido dotado de contenido según las finalidades.
La palabra emprendedor proviene del francés entrepreneur y el primer uso registrado es el utilizado por el economista Richard Cantillon a principios del siglo XVIII, para designar a aquellas personas que compraban un producto o servicio a un precio y luego lo vendían en el mercado a un precio incierto.
Dos siglos más tarde sería utilizado por Joseph Schumpeter, para caracterizar al “hombre de la innovación”. En efecto, Schumpeter define al emprendedor como “un hombre cuyos horizontes económicos no tienen limite y su energía es suficiente para salir de la propensión a la rutina y así realizar innovaciones” (Schumpeter, 1984, pág. 34). No obstante, implícitamente esta concepción del emprendedor estaba ligada a la del empresario. El “entrepreneur” era casi que un modelo para ciertas capas de la población y no precisamente un modelo para desempleados, asalariados y personas en situación de pobreza.
El discurso del emprendimiento9, de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, está ligado precisamente a la masificación pero también al hecho de que hay que actuar sobre distintos niveles, pues es un discurso que propone a su vez maneras de “estar con los
9En esta re-significación suelen establecerse diferencias entre emprendedores y empresarios. Por
ejemplo, se dice que “El emprendedor hace las cosas él mismo o las controla personalmente mientras el empresario delega y controla resultados…..El emprendedor hace muchas cosas mientras el empresario genera mucho valor…. El emprendedor premia el esfuerzo mientras el empresario premia los resultados...”.
Referencias tomadas aleatoriamente del blog de Santiago Antognolli, consultor y mentor de emprendimiento, pagina web http://www.sht.com.ar/archivo/entrepreneurs/empresario.htm#Autor. Consultado el 25 de abril de 2013
otros”, de percibir, de imaginar y sobre todo de ser en el mundo. Como suele repetirse en la literatura: emprenderista: “El emprendimiento es una actitud de las personas, una cultura, una capacidad central de las empresas y una característica del entorno competitivo en las ciudades y los países” (GEM, 2010-211, pág. 9)
Es necesario entonces comprender estos distintos niveles que pretende plantear la cosmovisión emprenderista.
Comenzaremos con la forma en que distintos académicos y teóricos, principalmente de universidades como Harvard, Yale y Oxford, han replanteado la concepción del desarrollo económico y posteriormente la forma en que se despliega su cultura.