Hoy, como en el siglo XIX, la clase dominante se enfrenta violentamen-
te, y como contra un poder extraño, contra las revueltas y revoluciones sociales y las infi ltrapara mejor prever sus movimientos y frustrarlos
16Cfr. mi El siglo de la hegemonía mundial de Estados Unidos. 17Cfr. mi Revolución mundial y medida geopolítica de capital.
desde el interior, por supuesto ahora de modo más sofi sticado, al estilo
CIA, etcétera.
La racionalidad capitalista, en lo que tiene de consciente y voluntaria, no puede calcularcon precisión estos levantamientos que hasta hoy han sido sorprendentes, pero ha podido desarrollar métodos probabilísticos y de represión y manipulación cada vez más complejos. Pero como el motivo de tales levantamientos es el propio capitalismo, en especial sus contradicciones, éstos no pueden dejar de brotar. El sistema no puede modifi car su esencia, su racionalidad no se trasciende a sí misma, no puede autorregularse para impedir tales subversiones sorpresivas, ni puede prever la medida de las revueltas ni desplegar siempre, por tanto, las medidas adecuadas para contrarrestarlas. No obstante no puede de- jar de insistir en vencer estos rebrotes y acabar con ellos pues tanto en el siglo XIX como en el XX hacen peligrar los equilibrios relativos del sistema,
es decir, las formas dadas de distribuirse las ganancias y de garantizar su reproducción.
En fi n, el capitalismo produce constantemente a sus propios sepultu- reros pero como enajenación y extrañamiento y sorpresa respecto de sí, por lo que no dejan de ser un poder extraño y amenazador.18 Así la con-
frontación con la revolución social tiene para el capitalismo siempre algo de abstracto, mecánico e inespecífi copor exterior.
La diferencia del siglo XX consiste en que a estas características bási-
cas y formales o generales del enfrentamiento del capital con la revolu- ción comunista —es decir, con el sujeto social en lo que tiene de histórica- mente trascendente respecto del capital— se añaden otras nuevas, más singulares, antes inexistentes, y que intentan ser más efi caces porque calan en la realidad específi ca de la revuelta y del sujeto en tanto tal.
En el siglo XX la relación entre el capital y la revolución comunista es,
además de formal y exterior, más específi ca y de interioridad. El capital intenta no sólo vencerlacomo a un poder extraño sino subordinarlavol- viéndola parcialmente —hasta donde sea posible— funcional e interior a las formas y estructuras de desarrollo del capitalismo. Se trata —ya que es imposible acabar con el sujeto revolucionario aunque cada vez deba ser intentado este imposible— de enderezar/trastocar su impulso y su acción trascendente en otra dirección, una que lo desnaturalice, que lo
aliene. Por cierto, el capital ha sido sistemáticoen esta empresa durante el siglo XX, después de dedicarse a combatir sóloexterior e inespecífi ca-
mente a la revolución durante el siglo XIX. Y como digo, sin dejar de llevar
hasta el fi n este combate.
Ahora bien, si el sistema capitalista no puede cambiar de índole pero ésta provoca siempre revoluciones, el desarrollo capitalista sigue el ca- mino que éstas le abren. Como no puede cambiar al objeto, hace mutar al sujeto.19
Ahora bien, ¿qué tuvo que hacer el pseudosujeto capital para trans- formar así al sujeto?, ¿cómo lo ha hecho hasta ahora? Sólo sabiéndolo podríamos enfrentarlo exitosamente. La solución histórica y estructural que el capital dio a su problema fue la siguiente: “Si no puedo cambiar mi realidad íntima y general, esa que provoca tanto malestar. Puedo sin embargo cambiar la estructura de mi cuerpo, es decir, cambiar la estruc- tura material de los objetos particulares tanto de producción como de consumo que me constituyen. Sobre todo, al cambiar la estructura mate- rial de los objetos de consumo en un cierto sentido que me sea convenien- te, puedo trastocar al sujeto, hacer mutar su conciencia al transformar sus percepciones; puedo hacer mutar su fi siología y además introducir en su cerebro los mensajes ideológicos que me convengan. Pero me res- ta todavía transformar las formas básicas de organización (familiares, domésticas, sexuales, procreativas) en que se parapeta y se reproduce ese sujeto, debo orientar su reproducción y su estructura a mi favor. En síntesis, para hacer mutar al sujeto debo transformar la estructura de los objetos que consume y lo constituyen así como sus formas de organi- zación reproductivas y arraigar estas modifi caciones en nuevos objetos de consumo ad hoc”.
Esta empresa histórica del capitalismo en el siglo XX se concretó sobre
todo después de la segunda guerra mundial, cuando ya existía una po- tencia hegemónica capitalista mundial: Estados Unidos. La explotación de plusvalor se orientó a la construcción de un nuevo cuerpo material de consumo y hacia la transformación de la familia monogámica que hasta aquí le había servido al capitalismo para reproducir a la fuerza de trabajo en una más compleja comunidad doméstica específi camente capitalista.
19Este punto se desarrolla en el ensayo inédito, “Subordinación real del sujeto social bajo
En otros términos, la subsunción real del proceso de trabajo inmediato bajo el capital y el tipo de tecnologías que incluye debió quedar confor- mada en el sentido preciso de una subsunción real del consumo bajo el capital, y ésta debió contener e impulsar y luego amarrar la transforma- ción de la comunidad doméstica capitalista. Cuando estos expedientes del capital contra el sujeto social se volvieron insoportables irrumpió la insubordinación, y en 1968 estalló de modo generalizado y espontáneo.
Como se ve, integro mi explicación de la historia del siglo XX —y en
particular del 68— según lo que entiendo por subsunción real del con- sumo bajo el capital. Debo insistir en que este concepto es radicalmente diferente al de sociedad de consumo y otros parecidos. La subsunción real del consumo bajo el capital incluye la necesidad de un cambio tecno- lógico que, a mediados de los años sesenta, puso en cuestión la división internacional del trabajo y la división entre el trabajo manual e intelec- tual, pero también puso en cuestión la funcionalidad de la familia mo- nogámica como núcleo de la reproducción de una fuerza de trabajo que debe servir al capital mundializado; así dio inicio una radical transfor- mación de la comunidad doméstica capitalista. Ambos procesos conmo- vieron agudamente la realidad de la juventud, en particular la estudiosa. ¿Hay que insistir en que la subsunción real del consumo bajo el capital y la tecnología totalitaria que contiene incluyen la presencia creciente de cada vez más poderosos medios de destrucción que se estrenaron duran- te la intervención de Estados Unidos en Vietnam y que la protesta de los estudiantes de todo el mundo contra esta guerra fue la antesala de los movimientos del 68?
En este punto cabe hacer la pregunta por lo que posibilitó la experien- cia del 68 como una revuelta integral y mundial. La protesta contra la guerra de Vietnam no puede ofrecer una síntesis sufi ciente del 68 pues los movimientos del 68 son una manifestación epidémica en todos y cada uno de los órganos del cuerpo mundial de la humanidad, una reacción integral —mundial y estructural— en términos económicos, sociales, sexuales, políticos y culturales, mientras que los movimientos antinu- cleares y la lucha contra la guerra de Vietnam se manifestaban contra las fuerzas productivas destructivas del capitalismo, en particular el estadounidense. Pero el movimiento internacional del 68 pudo erigirse contra todo el sistema en tanto que se orientó en contra del modo de vida capitalista positivamente afi rmado por sus fuerzas productivas técnicas
constructivas; se trató de un “gran rechazo” a la subsunción real del con- sumo bajo el capital. Ésta fue la causa del movimiento, y muy en especial de la agudización del proceso de transformación de la comunidad domés- tica capitalista.
Una época de revolución social se abre —dice Marx en el prólogo a la Contribución de la crítica de la economía política de 1859— cuando las fuerzas productivas de una sociedad chocan con las relaciones de produc- ción que hasta entonces les sirvieron de marco de desarrollo. Pero existe también otra manera —correlato de la anterior— de situar y explicar una época de revolución social. La situación se vuelve explosiva cuando el desarrollo de la base económica de una sociedad entra en contradicción con la estructura libidinal de esa misma sociedad. Esta tesis es rescatada creativamente en los escritos de Herbert Marcuse20 y antes aun en los de
Erich Fromm21 y Wilhelm Reich.22 Pues bien, de una sociedad tiene su
asiento concreto de la misma precisamente en la comunidad doméstica la estructura libidinal. Y la comunidad doméstica se ve constantemente presionada para transformarse funcionalmente en concordancia con la base económica toda. En tanto organización de las fuerzas productivas procreativas nucleares o de reproducción inmediata, la comunidad do- méstica se ve directamente afectada por la organización de las fuerzas productivas técnicas.
La década de los sesenta y en particular el movimiento de 1968 expli- citaron su preocupación libidinal como una de las reivindicaciones cen- trales del movimiento. Después de la Sex Pol de los años treinta, ha sido la única ocasión en la historia de la humanidad en que con toda claridad los agentes históricos tienen más o menos ante sus ojos y en la mano los motivos esenciales de su acción histórico-transformadora.
En lo que sigue observaremos esta síntesis histórica.
20Eros y civilización. Una investigación fi losófi ca sobre Freud (1953).
21 Erich Fromm, “Acerca del método y la tarea de una psicología social (psico)analítica”
(1932), en La crisis del psicoanálisis.