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2.2.- LA ECONOMÍA DEL DESARROLLO Y LOS MODELOS DINÁMICOS POSTKEYNESIANOS

SOBRE DESARROLLO

2.2.- LA ECONOMÍA DEL DESARROLLO Y LOS MODELOS DINÁMICOS POSTKEYNESIANOS

Bajo el paradigma keynesiano y tras la Segunda Guerra Mundial, la ortodoxia económica elaboró una serie de modelos sobre crecimiento económico, la gran preocupación de posguerra; dichos modelos eran de carácter dinámico, es decir, incluían como variable el tiempo. De todos ellos, el que más repercusión tuvo en la Economía del Desarrollo fue el conocido como modelo Harrod-Domar, que constituyó uno de los elementos más formalizados de la teoría de la modernización.

2.2.1.- El modelo Harrod-Domar y la doble función de la inversión.

El modelo Harrod-Domar no es más que la síntesis de otros dos, muy similares entre sí, desarrollados simultáneamente y de forma separada por los economistas Roy Harrod, británico, y Evesey Domar, norteamericano.

El objetivo del modelo es encontrar las condiciones necesarias bajo las cuales es posible crecer en pleno empleo o, lo que es lo mismo, el ritmo de crecimiento de la renta que permita mantener el pleno empleo95.

Los supuestos fundamentales del modelo pueden resumirse de la siguiente manera:

a) Se parte de una situación inicial de pleno empleo.

b) Se desestiman la existencia y los efectos de la intervención gubernamental y del comercio exterior.

c) Se considera que las propensiones media y marginal a ahorrar son iguales entre sí y constantes (s).

d) También se considera constante la relación capital-producto (v, el acelerador keynesiano).

e) Se acepta que la inversión absorbe todo el ahorro.

Las ecuaciones del modelo pueden expresarse como sigue:

a) La demanda del factor trabajo es igual a su oferta.

b) La inversión determina el nivel de demanda.

c) La inversión hace crecer la capacidad productiva.

95 Mieier y Baldwin (1973 [1957]) y Furtado (1972 [1967]).

La principal diferencia entre el modelo de Harrod y el de Domar reside precisamente en esta última ecuación, pues mientras Harrod la interpreta como que es el crecimiento de la renta el que determina la inversión, para Domar la inversión es la que determina el crecimiento de la renta vía capacidad productiva.

No obstante, ambos modelos llegan a la misma ecuación fundamental, que puede interpretarse como que la tasa de crecimiento de una economía que permite un crecimiento equilibrado será igual a la tasa de crecimiento de la inversión e igual al cociente entre la propensión marginal al ahorro y la relación capital-producto. Dicha tasa, también habrá de ser igual a la del crecimiento del factor trabajo, o tasa de crecimiento de la población, ya que la primera ecuación determina el equilibrio entre la demanda y oferta de dicho factor, condición necesaria del pleno empleo que debe mantenerse a lo largo del proceso de crecimiento económico en equilibrio. Además, estas tres tasas de crecimiento, renta, inversión y trabajo, tal y como se deduce del modelo, coinciden con la del comportamiento del factor capital.

Así pues, la condición de equilibrio que se deduce del modelo no es otra que la igualdad entre las tasas de crecimiento de la renta, la inversión, el factor capital, el factor trabajo y la población, que ha de coincidir con el cociente entre la propensión marginal al ahorro y la relación capital-producto96.

De esta forma es posible resumir los principales puntos del análisis en los siguientes:

a) La inversión es la variable clave del proceso de crecimiento, ya que por un lado genera renta aumentando la demanda, y por otro incrementa la capacidad productiva de la economía97.

96 El desarrollo analítico del modelo sería el siguiente, (sea D el símbolo del incremento).

Las ecuaciones del modelo son:

97 La doble función de la inversión queda recogida en estas dos ecuaciones: Y = (1/s).I; DY = (1/v).I.

b) Para que se mantenga la situación de pleno empleo, de la que se parte, es necesario que la tasa de crecimiento de la economía sea suficiente para absorber el ahorro y garantizar la plena utilización del equipo capital existente; el ritmo de crecimiento de la renta habrá de ser, por tanto, igual al cociente entre la propensión marginal al ahorro (s) y el acelerador (v).

c) Cualquier alejamiento de la tasa de crecimiento necesaria desencadenará un proceso acumulativo en sentido del impulso original. Por ejemplo, una disminución de la tasa de crecimiento de la economía provocará un exceso de capacidad productiva que hará disminuir el ritmo de crecimiento de las inversiones con lo que la renta crecerá menos, iniciándose así un proceso de recesión; si por el contrario, la tasa de crecimiento de la economía aumenta, se producirán estrangulamientos que conducirán a un aumento del ritmo de crecimiento de las inversiones, generando así un incremento de la tasa de crecimiento de la renta e iniciando un proceso expansivo. Se trata, pues, de un tipo de equilibrio inestable, conocido como equilibrio del filo de la navaja.

La importancia de este modelo radica en la doble función de la inversión, que se convierte en la clave del proceso de desarrollo, de forma que con una adecuada tasa de crecimiento de la misma es posible la expansión de una economía. Aquí reside otra de las ideas fuerza de la teoría de la modernización, lo importante es el crecimiento y la industrialización, y ello requiere de un plan de inversiones, extranjeras o financiadas con ahorro externo, que tornen el círculo vicioso de la pobreza, o el proceso recesivo, en un círculo de riqueza, o proceso expansivo. Había que superar la restricción que suponía un capital limitado; dado que la capacidad de ahorro interno de estos países era muy reducida, la inversión sería escasa, y dado que ésta es la variable clave en el proceso de crecimiento, resulta imprescindible cerrar la brecha entre ahorro existente e inversión necesaria recurriendo al ahorro externo; aparece así otra justificación teórico-económica de las inversiones extranjeras, el endeudamiento externo y la ayuda al desarrollo98.

2.2.2.- Valoración crítica.

Ni Harrod ni Domar elaboraron sus modelos pensando en los países subdesarrollados, más bien todo lo contrario, por lo que no cabe incluir a estos

98 Todaro (1988 [1983], pp. 98-99).

autores entre los economistas del desarrollo. Fueron otros autores los que trataron de aplicar el modelo Harrod-Domar a dichas economías, suponiendo la validez universal de los supuestos, teorías y conceptos elaborados en los países desarrollados e ignorando la doctrina del caso especial99; tampoco puede considerarse dicha aplicación como elemento de la Economía del Desarrollo, en el sentido de Hirschman, ya que no rechaza la monoeconomía.

Por referirnos a los supuestos del modelo podemos decir que ni siquiera son aceptables como simplificación de la realidad económica de los países desarrollados, por tanto, mucho menos lo son de la realidad de los subdesarrollados. En primer lugar, suponer el pleno en estas economías es totalmente inconsistente con la realidad; en segundo lugar, la importancia del comercio exterior de estas economías extravertidas en ningún caso puede desestimarse, y otro tanto puede decirse de la actuación gubernamental en estos países, intervencionista por excelencia; en tercer lugar, puede que las propensiones marginales y media al ahorro sean constantes e iguales, pero muy próximas a cero; en cuarto lugar, la relación capital producto puede que sea constante, pero también, en muchos casos, próxima a cero; y en quinto lugar, el funcionamiento del sistema financiero en los países subdesarrollados dista mucho de ser capaz de transferir el escaso ahorro hacia la inversión. Así pues, la inconsistencia de estos supuestos con la realidad conduce a que las conclusiones derivadas de este modelo no puedan o no deban, por sus efectos negativos, ser aplicadas las economías subdesarrolladas.

Además, el aumento adecuado del ahorro y la inversión se considera en el modelo como condiciones necesarias y suficientes para el crecimiento sostenido, sin tener en cuenta que dicha suficiencia dependerá sobre todo de las actitudes y mecanismos propios de los países subdesarrollados100.

El modelo de Harrod-Domar es tan sólo un modelo de crecimiento, no de desarrollo, y como tal ha de ser interpretado; en él no se contemplan elementos políticos, sociales, culturales o institucionales, lo cual limita enormemente su utilización en la tarea de entender los problemas del desarrollo en países distintos de para los que fue elaborado, y aún en estos.

99 Véase Higgins (1970 [1959], pp. 141-145).

100 Todaro (1988 [1983], pp. 98-99).

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