La puerta se abre y la ilusión del falo morazáni- co es disuelto por la inmensa figura del padre. Ha sido derrotado, su derrota es la derrota de la Federación, es Carrera, el feudalismo, la sombra del padre, exiliando al capitalismo. En la sección anterior, cubrí algunas tensiones que operaron en el aparato psíquico del Edipo de la trama, ahora es cuestión exponer la razón por la cual sus de- seos incestuosos se retiraron. Cómo se retiraron se explica en la narración histórica: Morazán es derrotado y se exilia en Perú (la trama es mucho más complicado de lo que aquí expongo, pero es- tas son las generalidades).
Retomo la analogía de base de este trabajo, el Edipo y el proceso económico. Las fantasías que el niño se formula en Edipo y la angustia que le causa la posibilidad de la castración obligan al niño a enfrentarse a la realidad de su cuerpo. Con ese cuerpecito de seis años no es capaz de sa- tisfacer sexualmente ni a la madre ni al padre, y tampoco puede llevar a cabo sus designios parri- cidas. La angustia de castración pesa tanto, que
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él termina por retirar las investiduras sexuales y regresarlas al yo. Se sublima al padre y se idealiza a la madre. Este último proceso se hará evidente en la siguiente sección.
¿Qué es lo que sucede entonces en la trama edí- pica de Morazán? Nada, eso es lo que sucede, nada, absolutamente nada, pues todo ha sido una fantasía, el inmenso trauma que han traído las guerras, la Federación centroamericana, todo se ha vivido en la fantasía del capitalismo.
Marvin Barahona (1980), en su trabajo Introduc- ción al estudio de la Identidad Nacional, avanza este argumento, el cual tengo el atrevimiento de considerar paralelo al propio:
“El divorcio entre el arsenal de ideas importadas de otras realidades y el contexto social real en el que éstas iban a ser trasplantadas se convirtió en la causa más importan de su fracaso.” (pg.31) Barahona comprende la disonancia entre los de- seos incestuosos, la angustia de castración y la realidad del cuerpo del sujeto edípico:
“La sociedad hondureña de la época no había creado las fuerzas internas necesarias para impul- sar desde dentro un proceso autónomo que cul- minara con la formación del Estado-nación como
José Manuel Cardona había ocurrido en Europa. Honduras no era una excepción; por el contrario, su experiencia confir- maba lo ocurrido a otros países latinoamericanos enfrentados a una situación análoga.” (pg.31) “la formación del Estado nacional requiere de la presencia de condiciones materiales, es decir eco- nómicas y sociales, que permitan su evolución y estimulen su desarrollo. Entre otras, la integración regional, una cierta homogeneidad económica y cultural y, especialmente, una conciencia colec- tiva de integración en un todo unificado” (pg.33) E, igualmente, conoce los designios de destruc- ción hacia el padre:
“los criollos sólo buscaban crear las condiciones propicias para ejercer el poder político en bene- ficio propio. Las medidas tomadas por el libera- lismo criollo durante el período de la federación centroamericana (1824-1838) no dejan duda de ello: la separación de la Iglesia y del Estado, la su- basta de los bienes nacionales, la liberación de la mano de obra servil y esclava, la secularización de los bienes eclesiásticos, tc, contribuían a eliminar los obstáculos que s e interpusieran en el camino hacia una hegemonía política indisputada” (pg.32) Barahona expande estos argumentos en Hon- duras: El Estado Fragmentado (1995), pasando
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por la política, la economía, el territorio nacional y otros. He escogido no entrar en específicos para permanecer en el Edipo.
Se pensaría que hubo una regresión, que des- pués de la Federación los Estados centroameri- canos abrazaron el “oscurantismo” del feudalis- mo, lo que sería una ridiculez, porque, como ya lo he dicho, el capitalismo Federal fue una fantasía, nunca sucedió. Lo que sí hubo fue un avance, no en la sociedad, sino en la trama edípica de la so- ciedad. Leticia de Oyuela (1994), en la que puede considerarse la mejor obra acerca del feudalismo hondureño, Un Siglo en la Hacienda: estancias y haciendas ganaderas en la antigua Alcaldía Ma- yor de Tegucigalpa (1670-1850), explica cómo funcionaba este sistema de nodos feudales y la relación patrón-siervo, además de concentrarse en la cosmovisión de los residentes en las hacien- das. Según Oyuela, las legislaciones emprendidas por una especie de burguesía criolla habían debi- litado el sistema de haciendas que terminaría por derrumbarse aproximadamente en 1850 (pg.165- 168).La caída de estos grandes nodos feudales es, en tiempo, cercana al proceso de centraliza- ción de la reforma liberal. José Guevara Escudero (2007) atribuye la entrada del capitalismo formal en Honduras al flujo de capital introducido por los Estados Unidos y los países europeos a media- dos de la década de 1870. Mario Posas y Rafaél
José Manuel Cardona del Cid (1983) describen la época pre-capitalista de la siguiente manera:
"Hacia mediados de la década de 1870, la for- mación social hondureña es avallasadoramen- te precapitalista, dominada por las actividades agrícolas de subsistencia. Las relaciones cua- si-serviles entre los grandes terratenientes que explotan y subordinan a las masas campesinas mediante formas precarias de tenencia de la tie- rra (colonato, aparcería, etc.) dominan el espa- cio." (pg.22)
Un proceso más que hay que tomar en cuenta es la llegada de inmigrantes para servir como mano de obra en el nuevo capitalismo hondureño. Cro- nológicamente, se aleja demasiado del estudio presente, por lo que remito a los estudios de Jor- ge Amaya, sobre todo Los Chinos de Ultramar en Honduras (2002) y Los árabes y palestinos en Honduras (2000).
En síntesis, el sistema feudal pervivió en Honduras hasta alrededor de 1870. La genitalización de la figura edípica de la trama se evidencia con el re- torno de Morazán en 1842 a Costa Rica y su cap- tura. Pasa que el personaje edípico ha elegido su objeto sexual, la administración del capitalismo, la Federación, y ahora, un adolescente, con su cuerpo en plena flor, viene a reclamarlo. Morazán
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es asesinado pero la trama continúa. La genitali- zación de la trama edípica morazánica refiere, en presente, a la creencia de un sistema administrati- vo ideal, es decir, un ejecutivo, legislativo y judicial son las mejores instituciones para guiar el destino de la patria (cosa del padre).
Aquí termina la historia de Morazán el héroe, sin que en esta sección se haya hablado de Morazán. Ha completado el ciclo heroico, ha hecho su viaje de iluminación, ha otorgado al pueblo el fuego y ha sido rechazado y asesinado.
Aun falta algo, el final de la trama edípica, la su- blimación del padre y la idealización de la madre. Morazán, ocupa al fin el lugar del falo.
José Manuel Cardona