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CAPÍTULO I: Objeto y metodología de la investigación

2. JUSTIFICACIÓN Y RELEVANCIA DE LA EDUCACIÓN ECONÓMICA EN EL

2.6 Educación económica versus educación financiera

Este trabajo de investigación trata de fundamentar la necesidad de la enseñanza de la Economía en Educación Obligatoria, así como poner de relevancia el lugar que ocupa en la educación integral de los educandos. Pero no podemos obviar que hay muchas voces en contra. Existen razones que explican el porqué del “no” por parte de determinados ámbitos de la sociedad, y en especial, de la comunidad educativa, a que la enseñanza de la Economía forme parte, hoy por hoy, de los planes de estudio de la Educación Obligatoria en nuestro país con carácter no optativo. La falta de recursos financieros, la falta de formación del profesorado y su difícil ubicación en el ya comprimido horario

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escolar, son razones más que suficientes para determinados ámbitos educativos, para no defender la inclusión de esta materia en el currículo escolar. Si a ello añadimos que en muchas ocasiones esta educación se relega a cursos temporales impartidos por entidades como el Banco de España o la Comisión Nacional del Mercado de Valores, la identificación entre Educación Económica y Educación Financiera, así como la identificación de la Educación Económica con las entidades citadas, entidades asociadas a la Economía de Mercado, es inevitable, suscitando el consiguiente rechazo a esta disciplina

Es necesario romper esta identificación errónea. En primer lugar, porque la Educación Económica y la Educación Financiera no enseñan los mismos contenidos. Para poder entender los segundos, es necesario conocer los primeros. Podríamos por ello afirmar que la Educación Económica va mucho más allá de la Educación Financiera. Más aún, sin riesgo a equivocarnos podríamos afirmar que sin Educación Económica no es posible la Educación Financiera.

En segundo lugar, es importante atender al contexto en el que aparecen estos dos conceptos. En numerosas ocasiones, en la literatura económica, el término Educación Financiera se utiliza como sinónimo de Educación Económica. Tal es así que hoy son muchos los ciudadanos que identifican la economía de forma exclusiva con el lado financiero de la misma, cuando la Economía, realmente, y como acabamos de señalar, va mucho más allá de su dimensión financiera.

Sin embargo, no siempre fue así. Un viaje al pasado nos permite encontrar en autores de siglos anteriores, referencias a la Educación Económica que nos aproximan al concepto de "economía real". Es el caso de la definición dada por el economista británico Alfred Marshall: "La economía es el estudio de la humanidad en los asuntos cotidianos de la vida". Podríamos afirmar que esta frase, recogida en la obra de N. Gregory Mankiw, Principios de Economía (2012, p. 7), goza de absoluta actualidad, aunque date de 1890. Al hilo de esta afirmación de Marshall, Mankiw se pregunta si no sería conveniente que los estudiantes de inicios del siglo XXI incorporasen en su formación el estudio de la economía. Y aduce tres razones que no sólo justifican la necesidad de la enseñanza de la Economía, sino que actualizan la afirmación de Marshall. La primera de estas razones hace referencia a la necesidad de entender el mundo en el que vivimos; la segunda, al hecho de que todos los ciudadanos participamos en la economía con nuestras decisiones

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económicas, ya sean de consumo, ahorro, producción, etc.; y la tercera está relacionada con la comprensión de las propuestas de política económica que nuestros gobernantes elaboran o adoptan, favoreciendo de esta modo la formación de un criterio de voto o de juicio fundamentado. Con esta definición dada por Marshall, observamos la clara diferencia entre Educación Financiera y Educación Económica. La primera busca formar al individuo en la gestión del capital y de los riesgos financieros asociados al mismo. La segunda pretende transmitir conocimientos básicos que permitan a todo individuo entender el funcionamiento de la economía en la que está inmerso de tal forma que ese conocimiento le sirva para sustentar sus decisiones futuras como consumidor, ahorrador, empresario, directivo, político o inversor, y también como ciudadano, buscando la formación del educando tanto en su dimensión académica como en su dimensión humana. La primera estaría más relacionada con la gestión de la riqueza acumulada, la segunda con el cómo generar dicha riqueza y cómo distribuirla de tal forma que el impacto social de ambas acciones siempre sea positivo.

Ahora bien, es posible que no nos equivoquemos si afirmamos que la anterior es una definición que no está completa. Y a esa frase de A. Marshall deberíamos incorporar otra, esta vez de Joseph Schumpeter: "(...) la economía utiliza técnicas que no son de uso común por parte del público en general" (2012, p. 42). Tenemos aquí una afirmación que evidencia la necesidad de un aprendizaje, de un estudio de esta disciplina que no puede ser resuelto con la mera lectura de manuales económicos, sino que necesita ser satisfecha en el ámbito educativo. Y continúa este economista recordando algo fundamental, como es el hecho de que esta ciencia para ser enseñada necesita que quien la transmita elimine una serie de obstáculos en su didáctica, siendo el más grave de ellos, el componente ideológico. Probablemente la tendencia a manipular los fenómenos económicos por parte de unos y otros sea un hecho que ha provocado que esta ciencia sea mal vista por todos aquellos a los que les resulta un campo de conocimiento y actividad ajeno, cuando la realidad es que todos y cada uno de los ciudadanos de este mundo hacemos economía y jugamos a diario en el campo de la economía. Por lo que, a nuestro modo de ver, urge la necesidad de cambiar esta visión negativa de la Ciencia Económica. Y para ello, en palabras de Schumpeter, debemos "eliminar el problema de la tendenciosidad ideológica" (2012, p. 71). Sólo así conseguiremos que no suscite rechazo en el ciudadano.

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En la actualidad, son muchos los organismos internacionales que gestionan cuestiones de carácter económico como es el caso del Banco Mundial, el FMI o la OCDE, organismos que, a la hora de referirse a la Educación Económica, en la mayoría de los casos hacen uso del término Educación Financiera. Es el caso del trabajo citado en líneas superiores bajo supervisión de la OCDE, Improving Financial Literacy (2005), trabajo que constituye el mayor estudio sobre Educación Financiera a nivel internacional realizado hasta entonces y dirigido tanto a los países miembros de este organismo internacional como a los que no lo eran. La OCDE animó a estos países a sensibilizarse con una carencia educativa en el currículo escolar, injustificable para este organismo, como era la Educación Financiera, y a incluirla en los programas escolares teniendo siempre en cuenta que "las audiencias son diferentes debido a factores económicos, sociales, demográficos y culturales que cambian de acuerdo con las características de los habitantes de cada región y país" (García de Güémez y Lembert, 2015, p. 5).

La OCDE expuso una serie de razones para impulsar la introducción de la Educación Financiera en el currículo escolar. Ahora bien, este organismo de cooperación internacional estableció que, si bien, el objetivo de la Educación Financiera era formar al educando para facilitar su acceso al mundo financiero, esta formación debía ir, no sólo de la mano de la Educación Financiera, sino también de la mano de la Educación Económica, cuestión fundamental que no queda recogida en el título del informe, Financial Literacy, por lo que es fácil que conduzca a engaño. Por ello, de las razones aducidas, destacamos aquellas relacionadas con ésta última (García de Güèmez y Lembert, 2015, pp. 5-6):

• Fomentar la responsabilidad del individuo en las decisiones de la vida: educación, vivienda, seguridad social, planes de salud.

• Reforzar valores y costumbres sanas que hagan, frente a las agresivas prácticas de mercadotecnia y consumismo, así como la importancia de generar consumidores críticos desde edades tempranas.

• Concienciar a los usuarios de que existe una mayor expectativa de vida, por lo que también existe un mayor impacto en sus decisiones (económicas).

Finalmente, en relación con esta diferenciación de términos, el profesor José Antonio Marina publicó en el año 2015 el artículo No a la Educación Financiera en la escuela, tras la decisión de la OCDE de introducir la evaluación de conocimientos financieros en el informe PISA 2012 y PISA 2015. Esta decisión la toma este organismo

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años después de crear en el año 2008 la plataforma International Network for Financial Education con el objetivo de promover la colaboración internacional entre distintos actores del mundo financiero en cuestiones relacionadas con la Educación Financiera en los colegios. Hablamos de conocimientos relacionados con la función y el valor del dinero; medios de pago; intermediarios financieros; ahorro, presupuesto y deuda; productos financieros; tipos de interés; derechos y obligaciones de consumidores e inversores (Vaquero, A., 2015, p. 26).

En el artículo referido, el profesor Marina, exponía lo siguiente:

Esto, sin duda, es útil, pero creo que lo que necesitamos es que nuestros estudiantes tengan una formación económica básica, y no una mera educación financiera. Como saben los especialistas, la Economía Financiera es una disciplina que trata del funcionamiento básico de los mercados financieros y de sus instituciones (por ejemplo, los bancos), de la asignación de recursos monetarios, de los riesgos, y de los instrumentos financieros y su uso. Es sólo una parte de la economía, y reducir la educación económica a ella implica un sesgo que me parece sectario y perjudicial, porque somos víctimas de una hipertrofia de la economía financiera. La economía financiera ha tomado un auge exagerado en relación con la economía real (Marina, 2015).

Sobre dicha cuestión, esta investigación comparte absolutamente la argumentación del profesor Marina recogida en el citado artículo, considerando fundamental diferenciar la Educación Económica de la Educación Financiera, las cuales son próximas pero distintas.

En el mes de Julio del año 2017, el profesor Marina insistirá con un nuevo artículo sobre la cuestión:

Es imprescindible (que el ciudadano) comprenda los mecanismos económicos. (...). Gran parte de nuestras decisiones políticas, familiares y personales tienen un componente económico, y debemos comprender. Pero la educación financiera no es suficiente. Un ciudadano debe poder entender las noticias económicas de un periódico (Marina, 2017).

De esta afirmación, podemos concluir que la Educación Económica no busca otro fin que no sea facilitar al alumnado la comprensión de la realidad, no ya sólo económica, sino también social y política, al tratar numerosas cuestiones relacionadas con la vida cotidiana de las personas. Es una disciplina que necesariamente empuja al estudiante a la

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reflexión, y a medida que avanza en su estudio, le va dando herramientas que le permitirán contribuir a mejorar la realidad económica y social, propia y del entorno.

Con todo ello no buscamos otra cosa que dejar clara la diferencia entre Educación Económica y Educación Financiera, siendo la primera el campo de investigación de esta tesis doctoral. Antes de adentrarnos en el corazón de este proyecto de investigación, consideramos muy importante que dicha diferencia entre ambos conceptos quede establecida. No en vano, y tal y como ya hemos señalado, el término "financiero" provoca un fuerte rechazo en amplios sectores de la sociedad educativa, no ya sólo en nuestro país, sino también a nivel internacional.

Al hilo de lo anterior, hemos de manifestar que el rechazo a la inclusión de esta disciplina en la programación escolar correspondiente a la Educación Obligatoria no es un problema banal. Como afirmaba el economista Álvaro Flórez Estrada en su obra Curso de Economía Política, "no hay clase de personas a quienes su estudio no sea muy útil" (1835, p. 7). Flórez Estrada insistirá en que el conocimiento de la Ciencia Económica por parte de la sociedad será motivo de prosperidad económica, mientras que el desconocimiento de dicha ciencia provocará el retraso económico de dicha sociedad (1835, p. 10).

Sobre este sentimiento de rechazo suscitado por la ciencia económica, reflexiona Schumpeter cuando habla de "hostilidad" (2012, p. 54), y sitúa el origen de este sentimiento ciudadano hacia la economía en el siglo XVIII con la Escuela Fisiocrática francesa. El autor menciona algunos de los factores que, a lo largo de la historia y hasta nuestros días, han conducido hacia esta visión negativa de la Ciencia Económica. Entre otros, la falta de comprensión y entendimiento de los conceptos económicos por parte de una gran mayoría de ciudadanos, lo que les impide un análisis certero de las circunstancias, de los hechos y de las decisiones de carácter económico. Así mismo, se da a menudo una errónea identificación entre economía y capitalismo, y decimos errónea en tanto en cuanto la primera es una ciencia y el segundo un sistema económico. Este trabajo versa sobre la educación en Economía sin pretender asociarla a ningún sistema ni a ninguna corriente de pensamiento.