• No se han encontrado resultados

Educación en la libertad y la responsabilidad

2.1.2. La educación y el desarrollo de los valores humanos

2.1.2.7. Educación en la libertad y la responsabilidad

Nunca como hoy se ha hablado sobre la libertad, pero nunca como hoy la persona humana está corriendo el riesgo de esclavizarse o de sus propias creaciones (el abuso del intento, la manipulación del Internet…), o de falsos refugios que pretenda dar falsa calma (el uso de somníferos, las drogas, el alcohol), o de sus propias propuestas ideológicas (la búsqueda excesiva del placer, el afán de dominio y manipulación del otro, y la venta de su propia dignidad por dinero como el caso de la corrupción, coimas, etc.). Lo interesante está en que estas esclavitudes se presentan con la máscara de ofrecer plena libertad.

30 En el fondo del problema está el malentendido de que la libertad es mero inmediatismo o simple espontaneidad y, por lo tanto, puedo realizar lo que me venga en gana. Todo intento de orientar está fuerza caprichosa es interpretado como represión o autoritarismo. Inclusive los padres de familia y educadores tienen miedo de intervenir para no pasar por mandones. No se debe confundir la tolerancia hacia una conducta equivocada con la adecuada y exigente presentación testimonial del valor para reorientar dicha conducta, caso contrario, el proceso educativo podría capitular y cerrar su propuesta. Se impone, pues una clarificación en torno a la libertad. Desde, un punto de vista psicológico, la libertad es la capacidad que tiene el ser humano para decidir entre dos o más cosas. Así puede decidir ir a jugar o ir a trabajar. Sin embargo, el problema surge cuando se tiene que escoger entre dos cosas que atraen fuertemente. Este criterio es la verdad, es el bien. Se debe decidir por aquello que es más bueno, que es más certero. Pero ¿qué es más bueno?, aquello que me humaniza más me dignifica más.

Ahora bien, actuar con libertad exige que se eduque a la responsabilidad porque no hay libertad sin responsabilidad, y, no hay responsabilidad sin libertad. Lastimosamente, en la cultura actual se promueve muy poco la responsabilidad como capacidad para saber responder con los actos y reivindicarlos: Es todo lo contrario a tirar la piedra y esconder la mano. La responsabilidad conlleva a asumir todos los actos como propios y no descargar sus secuencias, o efectos sobre los demás. Así por ejemplo, un malentendido a afecto puede llevar a disimular o pasar por alto las responsabilidades que destruyen una conciencia fraterna y pacífica. Recuerdo haber encontrado a un joven que, en delante de su padre reclamaba más libertad, cuando ya estaba desaprobado en tres cursos en la Universidad: ¿De qué libertad se puede hablar en estas condiciones? Razón tuvo su padre de reclamarle mayor responsabilidad para que sea más libre.

Inclusive en todas las actividades humanas; jurídica, política, económica, culturales y educativas, siempre hay que buscar las responsabilidades

31 personales de aquellos que ejercieron en libertad el servicio de la autoridad. Nunca las instituciones pueden cubrir no proteger la responsabilidad personal de aquellos que tomaron decisiones libres. Hacerlo equivaldría a corromperlas por causa de las personas. La responsabilidad siempre recae sobre cada persona que integra una institución, la cual no se puede esconder o encubrir detrás de dicha institución. La propuesta de educar en libertar debe crear, por un lado, ambientes cargados de responsabilidad, de reivindicación de lo que se hace y de reconocimiento de las propias obras, sean estas buenas o malas, exitosas o fracasadas y por otro lado en una cultura que acentué la libertad es urgente que educar a la persona a tomar decisiones libres y responsables basándose en una correcta jerarquía de valores: Los contextos culturales pueden variar pero, el objetivo valorativo señalado debe orientar todo el proceso educativo.

La libertad indica la capacidad de impulsar, de estimular la voluntad para hacer bien, para obrar en el bien y construir contextos de crecimiento humano en la persona. El para indica también el horizonte hacia el cual se quiere lanzar para dignificar personas; perderlo es achatar la existencia humana en un temible presentismo que termina enfrascando todo deseo de desarrollo humano.

Ambos aspectos de y para son complementarios y no se pueden separar. Más aún, deben ser leídos a la luz de dos aspectos claves: la personalización como enriquecimiento en valores y virtudes de la persona y la socialización que permite proyectarse a las distintas actitudes de la convivencia humana, política, económica, jurídica y educativa.

La libertad en el contexto cultural actual, surge pues como un proceso educativo que debe profundizarse y reflexionar asumiendo en los educadores y en las personas que toman decisiones serias un compromiso de amplia envergadura. (Saavedra Alejandro, 2006, p. 56).

32 2.1.2.8. Educación y desarrollo de la sociedad en el amor

Todo ser humano nace, crece y se desarrolla en sociedad, en grupo, en comunidad, en familia: La sociedad está inscrita en lo más profundo de su ser: Negarlo equivaldría a desnaturalizar la misma convivencia humana social.

La persona pues, no está llamada a vivir como un hongo enfrascado y encerrada en cuatro paredes sin más visión de lo que piensa aisladamente: Tampoco está llamada a vivir como un parásito a expensas de los demás y siempre esperando a recibir cruzada de brazos. Ni tampoco a vivir vegetando dejando pasar el tiempo, sin proyectos, programas de vida.

En el debate filosófico, se puede encontrar algunas corrientes que han distorsionado este carácter social de la persona:

El existencialismo de Sastre propugnaba un ser- isla, en cuanto que la persona como pura libertad quedaba enfrascada en su existencia. Llega a desembocar en la náusea o vómito de la vida. El marxismo que reducía a la persona a un ser-grupo. La existencia personal quedaba diluida en la masa, en el grupo, en el partido. No contaba para nada la libertad, ni la existencia personal. El existencialismo de Heidegger que reduce la existencia humana a una simple cosa. El hombre arrojado, botado en el mundo como cosa entre las cosas. La existencia humana termina encerrada en este mundo.

El listado podría sugerir, pero lo que interesa es plantear que la socialidad tiene estrechísima relación recíproca con la visión personal. Por tal motivo, se ha de reconocer un intercambio recíproco entre el bien social. Aislar el bien personal, sería convertirlo en bien individual que desemboca irremediablemente en el egoísmo (afirmación del propio yo sin importar el bien social), y, aislar el bien social sería convertirlo en un equivocado comunismo (afirmación del grupo, del clan sin importarle el bien personal).

33 De este intercambio mutuo nace la solidaridad que, en estos últimos tiempos ha crecido en todos los campos humanos. Interesa precisar, ante todo, qué no es la solidaridad para luego poder entender lo qué es.

2.1.3. Elementos para un perfil del educador católico en el contexto