Es importante aclarar que lo que se buscaba con la implementación de estos cambios en la legislación a fin de volverla acorde con los ideales eugenésico era finalmente crear un hábito en la población que los hiciera ir actuando y decidiendo a favor de la raza:“El objeto de toda esa legislación sobre la herencia y sobre la raza, y el motivo de ese asesoramiento matrimonial, es de ir educando a la persona que quiera casarse y, por ende, a todo el pueblo, para que piense sana y naturalmente en pro de la salud biológica y el mantenimiento de una raza fuerte”245.
Ya se ha visto como la construcción de identificación nacional demandaba una operación discursiva que al realizarse desde el poder se basaba en los conceptos de inclusión – exclusión, pero además existe otra dimensión de esta operación discursiva que tiene que ver con lo regulatorio. Stuart Hall cita a Foucault y Althusser para señalar que ese
242 Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago,
Agosto 1939, p. 12.
243 Labarca, op. cit. pp. 92- 93. 244 Idem
245 Betzhold, op. cit. p. 129.
mismo proceso de identificación es una formación reguladora y regulada, desde el cual surgen modalidades disciplinarias, confesionales y pastorales de autovigilancia donde, por lo mismo, no basta con que la ley emplace, discipline, produzca y regule, sino que es necesaria una respuesta de los sujetos que acepten esa autoconcepción246. Por lo tanto el poder regulatorio produce sujetos que controla, no simplemente imponiéndose externamente, sino actuando como medio regulador y normativo a través de los cuáles los sujetos se forman247. Por ello es que la eugenesia no podía ser pensada sin la educación, pues para concluir con el proceso de identificación era necesario que los sujetos incorporaran en sus conciencias esta nueva forma de mirar el mundo.
El rol preponderante que la educación cívica adquirió entre los eugenistas, se concentró especialmente entre los años 1937 - 1939. Tal es el caso de Julio León que en 1937 propuso en su memoria que la eugenesia se incluyera en la ley, pero no sólo en su dimensión represiva, sino también en sus aspectos educativos248. Para mejorar la raza, el autor creyó necesario fortalecer el pensamiento eugénico en la conciencia de los niños. Además coincidió con la mayoría de las fuentes que entendieron esta misión educativa como un deber del Estado. El autor propuso que la labor fuera realizada exclusivamente por el Estado y que tuviera un carácter de obligatoria y gratuita249.
Se creía necesario llevar a cabo una intensa campaña de “impregnación eugenésica” antes de la implementación de las medidas o paralelamente a ella. Incluso en su clase inaugural sobre eugenesia en el Salón de Honor de la Universidad de Chile, el médico Carlos Ramírez planteó que de no inculcarse los principios eugenésicos, las medidas serían
246 Hall, op. cit. pp. 28- 30. 247 Ibid., p. 35.
248 León, op. cit., pp. 157 – 158. 249 Ibid., op. cit. p. 158.
contraproducentes:“Una vez efectuada la propaganda, creado el hábito y la costumbre de los principios eugenésicos, se legislará y esta “impregnación eugenésica” no será labor de días o meses, sino de años. Una legislación prematura sería contraproducente, sería impulsar hacia la unión libre incontrolada e incontrolable de los tarados o enfermos…”250.
Se creía que en la medida que el Estado entregara más educación y enseñanzas eugenésicas, se lograría hacer más responsable y concientes a los ciudadanos251, pues se entendía que la única forma de terminar con los problemas de la raza estaba en el cambio de las mentalidades: “Sólo con una buena educación desde el punto de vista eugenésico, pueden mejorarse las condiciones de nuestra raza”252.
Educar eugenésicamente no significaba enseñar sobre las leyes de la herencia, sino impulsar programas de educación sexual en los colegios, tanto para los alumnos como para los padres253. Las propuestas de educación sexual se produjeron ya desde las primeras décadas del siglo XX, lo que también demuestra el cambio social que estaba experimentando Chile y que permitía discutir sobre temas que no habían estado antes en la esfera de lo público. Así, en 1926, Eduardo Pradel en su memoria “Matrimonio Civil y Eugenesia” estimaba necesaria la vulgarización de lo que llamó la “Ciencia Moral de los Sexos”254. El mismo autor consideraba que una vez que se hubiese incorporado el estudio escolar de las “perfecciones sexuales”, se habría avanzado no sólo dentro del campo de la “verdadera moralidad”, sino que se conseguiría el matrimonio entre seres sanos de cuerpo y
250 Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago, Mayo 1939,
p. 31.
251 Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago, Junio 1939,
p. 63.
252 Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago, Agosto 1939,
p. 15.
253 Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago, Mayo 1939,
p. 30.
254Pradel, op. cit., p. 18.
espíritu, concientes de sus derechos y deberes255. Así, en los años venideros, continuaron las intenciones por implementar la educación sexual obligatoria en los establecimientos educacionales para lograr educar a la población en lo que refería a la reproducción256.
Por todo lo anterior es que algunos eugenistas como el médico Hans Betzhold, declararon que sería igualmente útil el formar en el país la carrera de “Médico Eugenista”, con el objetivo de que esos médicos cumplieran la misión de enseñar y educar a la población tomando en cuenta los principios y fines a los que la eugenesia propendía. Los hechos demuestran que la realidad no llegó a estar tan alejada de esta idea, pues el día 2 de octubre de 1938 bajo el título “Control eugenésico se implementará en el país” se anunció en el diario “El Mercurio” que el médico Hermes Ahumada, por orden del Ministro se Salud, iría a estudiar a Argentina todo lo referente a la eugenesia.
“El ministro de Salubridad doctor Prunés comisionó al doctor Hermes Ahumada para que estudie en Buenos Aires todo lo relacionado con la reglamentación y control eugenésico de los matrimonios, y el certificado prenupcial a fin de ver la posibilidad de implantar la aplicación en el país. El doctor Ahumada ha sido becado para perfeccionar sus conocimientos en la capital del Plata” 257.
Por lo tanto se pretendía que la eugenesia no fuera solo un tema que se discutiera entre la nueva élite de profesionales e intelectuales (jueces, políticos, abogados, médicos, etc.) sino que llegara a las masas, que finalmente se educara a la población, que ella supiera del tema, lo conociera y se instruyera. Para esto se creía necesaria una propaganda popular por
255 Idem
256 Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago, Octubre
1939, pp. 5 - 13.
257 Diario El Mercurio, 2 de Octubre de 1938, p. 33.
todos los medios conocidos258. Es decir, utilizar los medios de comunicación, como la radio y el cine para conseguir una audiencia masiva. El médico Hans Betzhold, catalogó como interesante la forma de propaganda con que Alemania divulgaba su programa eugenésico y señaló que continuamente el país estaba realizando grandes concentraciones populares, numerosas conferencias, cursos simultáneos en cátedras universitarias y escuelas superiores. Además de reiteradas funciones gratuitas en el cine, donde se pasaban películas en su mayoría científicas, filmadas para divulgar conocimientos básicos de eugenesia. Según sus datos, se repartían folletos ilustrados; calendarios murales con afiches alusivos, se organizaban grandes exposiciones sobre el tema de la eugenesia. El mismo autor afirmó que todas las escuelas alemanas habían sido dotadas de cuadros murales en que didácticamente se enseñaban asuntos eugénicos y que todos los cines tenían que exhibir, por lo menos una vez al año, en forma gratuita una de las tres películas oficiales alemanas sobre “Higiene de la Raza”259. Nuevamente vemos coincidir aquí el imaginario eugenésico con las nuevas formas de hacer política que durante la época se estaban inaugurando en Chile.
Por otra parte, es importante considerar, que esta dimensión reguladora del poder, que necesita la aceptación del sujeto para ser aplicada, no funcionaba solamente en la teoría, ya que en lo práctico lo que se pretendía era lograr un control sobre los cuerpos. Según Foucault, la sexualidad fue importante, particularmente porque como conducta corporal, estaba en la órbita de un control disciplinario, individualizador en forma de vigilancia permanente y además porque se inscribía, por sus consecuencias procreadoras, en procesos biológicos más amplios que ya no concernían solo al cuerpo del individuo sino que a la
258 Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago, Octubre
1939, pp. 5 - 13.
259 Betzhold, op. cit. p. 129.
unidad múltiple que constituía la población. A su entender, era desde esta concepción que surgía la idea médica de que la sexualidad, cuando era indisciplinada e irregular, tenía dos efectos. Uno sobre el cuerpo que era sancionado por todas las enfermedades individuales que el desenfreno sexual implicaba y un segundo efecto sobre la población, porque a quien era sexualmente “disoluto” se le atribuía una herencia o descendencia que también estaría perturbada para las generaciones venideras. Por tanto Foucault sostenía que la sexualidad representaba el punto de articulación de lo regularizador del cuerpo y la población260. Una idea similar expone María Soledad Zarate, al investigar acerca de las políticas de Salud en Chile desde principios del siglo XX, al señalar que ellas aspiraban sutil y limitadamente a modificar los comportamientos de las personas con su cuerpo, con sus padecimientos físicos y mentales261. Son, precisamente las mismas intenciones que desde 1926 y sobretodo entre los años 1936 – 1941, se mantuvieron presentes entre los eugenistas que pretendían que la población tomara conciencia sobre su reproducción a fin que se lograra llegar a un estado de “Natalidad Controlada”262.
La natalidad controlada provenía de las ideas del Neo Mathusianismo, que sostenía la teoría de que para mejorar la calidad de vida de la especie humana era necesario evitar la llegada al mundo de hijos indeseados. Para ello pretendían que los padres tuvieran solo el número de hijos que pudieran educar y mantener y que en caso de poseer cualquier enfermedad degenerativa, se abstuvieran de la procreación263. El Neo Mathusianismo se
260 Foucault, op. cit. pp. 227 – 228.
261 María Soledad Zarate (Compiladora), Por la salud del cuerpo: Historia y políticas sanitarias en Chile, Santiago,
Ediciones Universidad Alberto Hurtado, 2008, p. 18.
262 Ríos, op. cit., pp. 223 – 235 y Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y
Asistencia Social, Santiago, Octubre 1939, pp. 5 - 13.
263 Ríos, op. cit., p. 225.
diferencia de la eugenesia ya que mientras ésta se centra en el perfeccionamiento de la raza, el primero lo hace en el aumento de la riqueza264.
A partir de 1936, se incorporó como objetivo de estas propuestas el concepto de: “Maternidad Conciente”265. Se creía que las prácticas anticonceptivas debían ser ampliamente difundidas ya que así se lograría evitar el contagio venéreo, una maternidad preocupada de no traspasarle taras a su descendencia y finalmente la libertad de la mujer para procrear cuando lo deseara266.
“La maternidad conciente constituye un derecho inviolable de la madre; también constituye un derecho natural del hijo, el cual, al nacer, tiene derecho a vivir una vida sana; pero esto no podrá jamás conseguirlo si presenta un patrimonio hereditario morboso o si fue engendrado fuera de aquellas condiciones que lo habiliten para un desarrollo normal y no vaya a aumentar esa enorme falange de sub-normales, frutos de las perniciosas condiciones de la procreación.”267
Viendo el otro lado de la moneda se pensaba que la “maternidad inconciente” necesariamente generaba más miseria y que ésta provocaba el aumento de “la raza de pobres”268. Por lo mismo es que Guillermo Millas en su memoria de 1936 consideró necesario el terminar con la irresponsabilidad de las futuras madres limitando el número de hijos, sobre todo en las mujeres pobres269. Siguiendo esta misma lógica, el Juez de Menores Samuel Gajardo, quien en la mayoría de sus trabajos y publicaciones se refiere al problema
264 Grossi, op. cit., p. 54. 265 Millas, op. cit. p. 27. 266 León, op. cit., pp. 163 – 164. 267 Millas, op. cit. p. 27. 268 Ibid., pp. 41 – 43. 269 Ibid., p. 24.
social que generaba el abandono, la vagancia y la delincuencia infantil, también propuso un proyecto de ley destinado a lograr la “Paternidad Conciente.” La idea consistió en que a través de un examen científico, los padres no pudieran desconocer a sus hijos y por ende se les obligara a asumir su responsabilidad económica270.
Los eugenistas comprendieron que además de preocuparse por la reproducción, debían encargarse del cuidado de la madre y el hijo. Por ello es que también se manifestaron a favor de otorgarles protección buscando amparo para los casos de uniones ilegítimas271 o para situaciones en las que ambos hubiesen quedado abandonados272.
“Con la acción de estas oficinas eugenésicas se daría un alivio efectivo a aquel gran grupo de mujeres a quienes se da el nombre de “madres solteras”, ayudándolas a educar a sus hijos y re-insertarlas a la sociedad. Ellas también deberían controlar el aumento de la población. Estas oficinas se encargarían de orientar en cada caso para evitar descendencias dañadas y además controlar “casas cunas” para hacerse cargo de las criaturas cuando los padres por enfermedad o pobreza no puedan hacerlo. Y ocuparse de la alimentación básica del pueblo”273.
Del mismo modo, se elaboraron propuestas de “Seguros de Maternidad” que garantizarían a las mujeres que trabajaran una asistencia médica completa; matrona, acceso a remedios y un periodo de reposo pre-natal en el que no cesaría el pago de sus sueldos. Para financiar este seguro se esperaba que contribuyeran todos los ciudadanos, puesto que
270 Betzhold, op. cit. pp. 223 – 228.
271 Carlos Ramírez, “Eugenesia”, Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago, Mayo 1939,
p. 29
272 Betzhold, op. cit. pp. 222 - 229 273 Ibid., p. 156.
era toda la sociedad la que se beneficiaría 274. Sin embargo, también existieron medidas más radicales, que pretendían evitar el nacimiento de quienes pudieran degenerar la raza, aún después de haberse producido la concepción. Como lo señaló Eduardo Pradel en 1926:
“Los eugénicos preconizan el empleo del aborto artificial como medida de defensa social, en los casos en que el producto embrionario esté condenado a perpetuar anomalías congénitas. También lo recomiendan cuando una mujer fuere embarazada contra su voluntad por el marido en estado de embriaguez, por los peligros que entraña al producto lesionado por la blastoftoria”275.
Casi diez años más tarde, se continuó con esta idea cuando en 1935 el médico Isaac Horvitz, profesor agregado de Psiquiatría de la Universidad de Chile y Sub Director de la Revista Psiquiatría y Disciplinas Conexas, propuso en artículo de la misma revista la creación de un sistema de fichajes para interrumpir el embarazo cuando el nuevo ser ofrezca pocas garantías de utilidad social276. De acuerdo con las investigaciones de Andrea del Campo, en el debate médico sobre el aborto, en 1935, la propuesta del médico Víctor Gacitúa para legitimar el aborto causó un quiebre desde el punto de vista ético y moral entre sus pares. Hasta ese momento, el discurso médico se había mantenido unánime en rechazar la práctica, enfocándose en la persecución policial y en la demanda de una mayor protección social a las embarazadas desvalidas. El principal motivo de la propuesta de Víctor Gacitúa era terminar con las muertes que implicaba la práctica del aborto ilegal; sin embargo, Andrea del Campo también afirmó que “las conclusiones para erradicar el aborto
274 Ibid, op. cit. p. 222. 275 Pradel, op. cit., p. 59.
276Revista Psiquiatría y disciplinas conexas: Psico y neuropatología, psiquiatría forense, criminología, psicología, higiene y profilaxia
mentales, etc., Santiago, Universidad De Chile, N° 2, Año I, Marzo de 1936, p. 12.
clandestino en Chile tenían fundamentos de clase y una fuerte orientación eugenésica”277. Mientras que en la memoria de Oscar Antonio Ríos de 1940, se especificó que la tendencia moderna se manifestaba favorable a la declaración de licitud del aborto como medida eugénica y que éste debería ser permitido en los casos que existiera una herencia patológica de locura, sífilis, epilepsia, crimen, idiocía, cretinismo, etc. También, si un idiota embarazaba a una mujer, o en el caso contrario, resultara embarazada una mujer idiota, epiléptica o loca. El autor sostenía que el aborto también debería considerarse cuando un ebrio o borracho embarazara a una mujer contra la voluntad de ella278. Sin embargo, no todos los eugenistas estuvieron a favor del aborto, como demuestra Julio León que en su memoria no era partidario de considerarlo como una medida eugenésica: no obstante, ya que éste de todos modos se practicaba ilegalmente, creía que era necesario autorizarlo bajo formas científicas, es decir ejecutado por un médico facultado279.
Podemos comprobar que si bien algunos planteamientos, como la esterilización, el certificado médico prenupcial o el aborto, no fueron finalmente acogidos, no todas las medidas eugenésicas se perdieron en el olvido. La natalidad controlada no fue la única propuesta que finalmente fue incluida en la sociedad, pues la Educación Física y la regulación de los tiempos de ocio, también fueron temas importantes para la eugenesia y así lo consideró el Estado. Por ello es que en 1939 el médico Han Betzhold celebró la iniciativa de darle una orientación eugenética a la Educación Física Nacional280. Del mismo modo, aplaudió la preocupación del gobierno por organizar, desde la capital, trenes excursionistas
277 Del Campo, op. cit. pp. 147 – 152. 278 Ríos, op. cit., p. 221.
279 León, op. cit., p. 163.
280 Betzhold, op. cit. pp. 173 – 176.
para obreros, a fin de que disfrutaran de un día de descanso cerca del mar: “Es ésta nuestra primera tentativa de dirigir el descanso de nuestros obreros. De desear es que aquí se consoliden estas intenciones en una reglamentación completa y tal que impida que el alcohol empañe la alegría sana que debe caracterizar las distracciones que proporcione la organización dirigida del descanso.”281 Finalmente, esta medida llegó a concretizarse durante el mismo año a través del decreto-ley elaborado por Pedro Aguirre Cerda, en el cual se creó la institución: “Defensa de la raza y Aprovechamiento de las horas libres”.
Si el norte de todas estas medidas eugenésicas era la depuración de la raza, existía todavía un frente que cuidar, pues no podía pretenderse “sanar” a la totalidad de la población exigiendo incluso certificados y controles de salud para todos los chilenos y dar al mismo tiempo libre acceso a inmigrantes que llegaran con sus cuerpos “corrompidos por la enfermedad” 282. Otra rama de la eugenesia fueron las propuestas que se levantaron para controlar la inmigración. Ya en 1927, Domingo Nuñez en su memoria para optar al grado de Licenciado en la Facultad de Leyes y Ciencias Políticas de la Universidad de Chile, sugirió que todo inmigrante que deseara entrar al territorio de la República debería venir premunido de un certificado de salud en el que se acreditara que no padecía de sífilis ni de blenorragia. “Dicho certificado no será válido pasados treinta días a contar desde la fecha en que fue dado, a la fecha de la presentación a la autoridad sanitaria chilena”283.
También en 1939 se creyó que era de suma importancia, entender el control sobre la inmigración desde un punto de vista racial284. El médico Carlos Ramírez, argumentó que los estudios de los problemas que causaban la inmigración confirmaban que ella no podía
281 Ibid., pp. 191 – 192.
282 Los controles o certificados de salud para la población fueron propuesto por: Carlos Ramírez, “Eugenesia”,
Boletín del Ministerio de Salubridad Previsión y Asistencia Social, Santiago, Octubre 1939, pp. 5 – 13. y León, op. cit., p.