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MARCO TEORICO

2.3. Educación y Desarrollo Humano.

2.3.1. Educación Humanista.

Las transformaciones sociales, culturales, científicas, ecológicas, políticas y económicas que, entre otras, experimentan individuos, pueblos y naciones han dado origen a una serie de situaciones críticas que el mundo de hoy debe enfrentar. Por lo anterior, el papel que la educación desempeña en el “aquí y ahora” ha cobrado especial importancia debido al ritmo acelerado de los cambios que enfrenta la sociedad humana contemporánea.

De acuerdo a González-Garza (2001), enfrentar este desafío implica asumir una postura abierta al cambio, a la experiencia y al diálogo, por ser estos elementos los que conducen a incrementar la comunicación intra e interpersonal, las relaciones humanas comprometidas, la interdependencia responsable, la interdisciplina y la comunión entre todos los seres y las cosas creadas. La apertura es posible en la medida en que se promueve el desarrollo de la conciencia personal, de la conciencia social y de los valores universales que van más allá de las limitaciones propias del individualismo y el egocentrismo característicos de la época actual.

Sin duda alguna, el instrumento más utilizado por la comunidad humana para promover el cambio, el aprendizaje significativo y el desarrollo integral es la educación, concebida como un medio a través del cual se facilita y promueve la realización del infinito potencial innato propio de la naturaleza humana que, en estado de latencia, permanece en espera de ser realizado en su totalidad a lo largo de la vida. Desde esta perspectiva, la praxis educativa ha de constituirse en un espacio abierto que incida en la corriente vital de crecimiento, de tal manera que los valores y conocimientos se integren en un proceso básico, a través del cual el ser humano se haga a sí mismo (Hernández, 1998).

La educación humanista, centrada en la persona tiene como meta principal la promoción y facilitación del proceso de desarrollo integral de los dinamismos humanos fundamentales, como las potencialidades, las facultades y valores que residen en cada una de las dimensiones que conforman la naturaleza humana. De esta finalidad, se desprende una misión específica que consiste en (Rogers, 1989

b):

• Educar para la vida, en y para la libertad. • Respetar y celebrar las diferencias.

• Favorecer la interdisciplina y la interdependencia. • Promover el desarrollo integral de la conciencia. • Valorar más el ser que el tener.

• Facilitar la apertura a la experiencia, al diálogo, al encuentro y al cambio. • Reconocer, aceptar y favorecer el desarrollo de los diversos modos que el

ser humano posee para acceder al conocimiento de sí mismo y de la realidad circundante.

En síntesis, el objetivo de la educación centrada en el estudiante es ayudar a los alumnos a que se conviertan en individuos capaces de tomar iniciativas para la acción y de ser responsables de sus acciones; a que sean capaces de elecciones y autodirecciones inteligentes; a que tengan un aprendizaje crítico, capaz de evaluar las contribuciones dadas por otros; a que adquieran conocimientos

relevantes para la solución de problemas; a que incluso, sean capaces de adaptarse flexible e inteligentemente a nuevas situaciones problemáticas; a que hayan interiorizado un modo adaptativo de acercamiento a los problemas, utilizando toda la pertinente experiencia de libertad y creatividad; capaces de cooperar efectivamente con otros en esas actividades diversas y a que trabajen no para conseguir la aprobación de otros, sino en términos de sus propios objetivos socializados (Campos, 1984).

Lo que constituye la verdadera esencia de la educación humanista, en todas sus manifestaciones es el principio unificante, del cual se desprende una acción educativa que (González-Garza, 2001):

• Se centra en la persona del educando y en una relación interpersonal comprometida, aceptante, empática, congruente y auténtica, encaminada hacia el aprendizaje significativo, el desarrollo integral, la autorrealización y la trascendencia.

• Parte de un respeto absoluto a la persona del educando y de su propio ritmo, de tal forma que le permita ir realizando el potencial latente en cada una de sus dimensiones humanas y cuadrantes de conciencia.

• Reconoce y acepta los alcances y las limitaciones de los distintos niveles de desarrollo de la conciencia del ser, estar y actuar en el mundo y tiende a promover la disolución de las fronteras que los separan.

• Afirma que el educar no es un oficio, sino un arte que permite que el estudiante incorpore y asimile a su ser el conocimiento, integrándolo a sus propias estructuras y trascendiéndolas.

• Concibe a la educación como un proceso continuo, secuencial, integrador, envolvente y ascendente que favorece una praxis educativa, en la que se incluye la participación activa del alumno en su proceso de aprendizaje y desarrollo, así como la apertura al encuentro consigo mismo, con los demás y con el mundo que le rodea.

• Incluye en su misión formativa tanto contenidos teórico-conceptuales como habilidades, destrezas técnicas, siempre conjugadas con la experiencia, las inquietudes, los intereses y los valores de la comunidad de aprendizaje.

• Promueve y facilita el autodescubrimiento, la autoaceptación, autoestima, libertad responsable, creatividad, expresión de sí mismo, comunicación abierta, las relaciones ¡nterpersonales, formación valoral, la apertura al diálogo, a la experiencia y al cambio, así como al reconocimiento de nuevas alternativas y caminos que conduzcan a la realización integral del potencial humano, al compromiso social y a la trascendencia.

• Considera que el educador, al tener como fin principal el desarrollo integral armónico y pleno de significados de sus educandos, deja de ser un instructor para convertirse en un facilitador del proceso de enseñanza aprendizaje. Un maestro que invita, estimula, provee de recursos y acompaña al otro en su proceso de autorrealización y trascendencia de fronteras, polaridades y demarcaciones, promoviendo con ello el despertar al ser que es en esencia. Su quehacer educativo se centra en la relación interpersonal comprometida y respetuosa y promueve un ambiente cálido, comunitario, pluralista y promotor de la libertad, la responsabilidad, la creatividad, la expresión y el aprendizaje significativo.

2.3.2. Enfoque Centrado en la Persona y sus aportaciones a la