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Efecto sobre el rendimiento y distribución entre sus

CAPÍTULO I. CRECIMIENTO Y RENDIMIENTO DE HABA (Vicia faba L.)

I. INTRODUCCIÓN

1.6. Influencia del genotipo y del ambiente sobre el desarrollo

1.6.4. Efecto sobre el rendimiento y distribución entre sus

La producción de grano en haba es muy sensible a la temperatura alta y estrés hídrico en floración. La temperatura óptima para el crecimiento de la planta oscila entre 10 y 30º C (Sexena, 1979). Durante los meses fríos las temperaturas son sub-óptimas por lo que pueden causar daño en el cultivo, particularmente en la floración, principalmente si las temperaturas son menores a 0 oC (Sexena et al., 1981). El incremento de la

temperatura en la primavera (mayor a la óptima) puede disminuir el rendimiento por estimular la caída de flores y vainas jóvenes, además de acortar la etapa reproductiva. En Europa y Australia, Pilbeam et al. (1989) y Adisarwanto y Knight (1997), apreciaron

en las siembras tardías una reducción en el rendimiento directamente relacionado a las elevadas temperaturas en el periodo de floración. En clima Mediterráneo Thomson et al. (1997), menciona que el rendimiento se incrementa cuando las temperaturas en el

periodo reproductivo son más bajas que en el vegetativo. Chavez y De Leon (2004), mencionan que el rendimiento en siembras tempranas se afectó principalmente por la incidencia de enfermedades de la raíz y tallo (Fusarium sp y Rhizoctonia sp)

provocadas por el exceso de humedad.

Bozoglu et al. (2002) en una serie de experimentos realizados durante 3 años (1998,

1999 y 2000) consecutivos para conocer el rendimiento de diferentes cultivares y líneas de habas encontraron que en el tercer año se presentó un incremento en la temperatura después del inicio de la floración, en relación a los dos primeros, acortando el periodo de floración a llenado de grano. Además se presentó una disminución en el rendimiento en promedio de 25%, asociado a una menor longitud y número de vainas por planta, aunque el ancho y diámetro de las mismas se incrementó.

Con el objetivo de estimar la capacidad y estabilidad del rendimiento de haba se realizaron una serie de experimentos (durante 3 años) en 12 localidades del oeste de Europa. En todos los ambientes y años se encontraron diferencias en el rendimiento y acumulación de biomasa, concluyendo que los factores climáticos que más se asociaron fueron la precipitación, temperatura y radiación solar, siendo el agua el factor más determinante ya que además depende de otros factores como el tipo de suelo y el movimiento del agua en el sistema suelo-planta. Un periodo de sequía después de la floración (3–5 semanas), especialmente acompañada de un incremento de la radiación solar y la temperatura, afecta directamente en el número de vainas por planta, resultando en una disminución drástica en el rendimiento. Esto se asocia principalmente a una pérdida de botones florales y/o aborto en el desarrollo del fruto y semilla (Dantuma, 1982).

Loos y Siddique (1997), con el fin de evaluar el ambiente sobre la producción de haba, evaluaron diferentes fechas de siembra encontrando que en siembras tempranas (mayo) las plantas son más vigorosas con mayor rendimiento, materia seca, índice de cosecha, vainas y semillas por m2 cuando la precipitación es suficiente y las temperaturas son más bajas. Por ejemplo, en el cultivar Fiord la antesis osciló entre 63–90 días después de la siembra, y por lo tanto el llenado de semilla se completó antes del inicio del periodo cálido y estrés por humedad.

Sau y Mínguez (2000) mencionan que con riego se incrementa el rendimiento en 66%. Además de que el peso y número de semillas m2 se reducen significativamente por

déficit de agua. Sin embargo, se incrementan por una radiación alta.

Pilbeam et al. (1989) realizaron un estudio con dos variedades de haba Alfred y Ticol

en 1986 y 1987. El ambiente influyó en la producción de biomasa, rendimiento e índice de cosecha. En 1987, la precipitación fue mayor que el año anterior promoviendo un incremento en la altura de la planta y por lo tanto la acumulación de biomasa fue mayor, sin embargo el rendimiento no se incrementó y el índice de cosecha fue menor. Durante 1986 se presentó un menor crecimiento de la planta atribuido al estrés hídrico en la etapa vegetativa, sin embargo para la etapa reproductiva las lluvias fueron altas, promoviendo la formación de vainas. Caso contrario ocurrió en 1987. La distribución de la precipitación pluvial durante el ciclo del cultivo puede limitar la actividad polinizadora (Scriven et al., 1961) y resultar en una pobre polinización y cuajado de vainas (Free y

Williams, 1976). Siddique et al. (1993) trabajando con diferentes experimentos de

campo durante 1991 y 1992 en 13 localidades de Australia para conocer el rendimiento de haba encontrando que presenta un gran potencial para crecer y desarrollarse en suelos de neutros a alcalinos (7.2–8.1). Durante 1991 y 1992 se presentó una precipitación durante el ciclo del cultivo (mayo–octubre) de 211 y 333 mm, respectivamente, por lo que el haba respondió positivamente al incrementarse las lluvias ya que el rendimiento fue de 1.22 y 2.87 ton ha-1. El mayor rendimiento se debió

a que en promedio existió un mayor número de vainas por planta, semillas por vaina y peso de semilla.

Loss et al. (1998), para evaluar diferentes zonas agroecológicas establecieron

experimentos de haba cv Fiord en seis localidades de Australia diferenciándose principalmente en la precipitación y reacción del suelo (pH), encontrando que la menor acumulación de biomasa (g m-2) ocurrió en Frankland donde la precipitación fue mayor (446 mm) este comportamiento se atribuye a que el pH del suelo fue extremadamente ácido (4.7). La mayor biomasa (880 g m-2) se encontró en Northam con una precipitación de 368 mm y un pH de 5.5, sin embargo, el mayor rendimiento (3571 kg ha-1) se encontró en la localidad Merredin con una precipitación de 300 mm y un pH casi neutro (7.5) este incremento se debió a un mayor índice de cosecha (46%), vainas por planta (10.8) y por m2 (607). Los autores concluyen que el principal factor limitante

para la producción de haba es la precipitación pero en este caso hay que tomar en consideración el pH del suelo.

En resumen el haba se adapta desde climas templados a semiáridos. La temperatura base del cultivo oscila entre 0 y 1.5 oC, una temperatura óptima en emergencia de 21 a 25 oC, temperaturas menores a 10 oC incrementan los días a emergencia. En el periodo vegetativo la temperatura base y óptima es de 0 a 23 oC y en el periodo reproductivo la temperatura óptima es de 19 oC. La temperatura mayor a 33 oC durante la floración provoca caída de flores e impide el desarrollo de la semilla. Los grados días desarrollo que requiere el cultivo durante su ciclo son de 2350 oCd. El haba es una planta cuantitativamente de día largo. El fotoperiodo base y crítico para el periodo reproductivo es de 12.5 y 14.0 h. respectivamente. Requiere de entre 300 y 400 mm de precipitación, mínimos para asegurar la producción con un óptimo de 700 mm. Sin embargo se debe considerar la distribución de lluvias durante el ciclo de cultivo, debe haber aproximadamente el 65% en el periodo reproductivo. Un periodo de sequía después de la floración afecta directamente el número de vainas. Los suelos profundos, fértiles y bien drenados son esenciales para un buen rendimiento. La textura óptima es media como los suelos francos, franco-arenosos y franco-arcillosos. El cultivo requiere de suelos de mediada profundidad entre 25 a 35 cm. El pH óptimo es entre 7.2, menor a 5 disminuye considerablemente la producción de semilla. El desarrollo adecuado del

cultivo se da en suelos sin problemas de salinidad (1.1–1.7 dS m-1), aunque puede llegar a tolerar ligeramente la salinidad.

II. MATERIALES Y MÉTODO