3. MARCO TEÓRICO
3.5. U SO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN E INTENCIÓN DE EMIGRAR
3.5.1. Efectos de los medios de comunicación
En la actualidad los políticos se comunican con la ciudadanía a través de los medios de comunicación (Berelson, Lazarsfeld, y McPhee, 1954; Castells, 2007). Castells (2007) explica que los políticos necesitan caer bien a los medios para que éstos los apoyen o, al menos, no sean hostiles contra ellos; a su vez, los medios de comunicación necesitan de los políticos para llenar sus ciclos de noticias de 24 horas. Como ya se ha comentado eso no significa que todo el poder esté en manos los medios ni que las audiencias sean pasivas y sigan lo que los medios de comunicación expresen. Para explicar la relación que tienen los medios de comunicación y el sistema político según el país y su historia, Hallin y Mancini (2004) hablan de tres modelos de comunicación: el modelo de pluralismo politizado o modelo Mediterráneo (sur de Europa), el modelo corporativo democrático (centroeuropa) y el modelo liberal (Reino Unido, Irlanda, EEUU y Canadá). España pertenece al grupo de los países que se encuentran en una situación de pluralismo polarizado “en la que los medios de comunicación no actúan tanto como instancias independientes del poder político, sino que se conciben como una prolongación de aquellos” (Castromil, 2008). En su estudio sobre las elecciones generales de 2008 en España, Castromil (2008) añade que “los medios de comunicación prefirieron recurrir al ataque al adversario antes que a la defensa y promoción de la opción propia”; en concreto de las 1163 noticias analizadas, el 68,36% (795) eran negativas frente al 31,6% (368)
que se consideraban positivas. Así pues, los medios de comunicación españoles adquieren una estrategia de ataque y desprestigio a sus rivales. El autor Castells (2009) reconoce que, aunque el control de los medios de comunicación esté cada vez en menos manos mundialmente (y concentrado en Occidente) no existe todavía “ningún grupo de comunicación verdaderamente global” ya que “lo que es global son las redes que conectan la financiación, la producción y la distribución de los medios de comunicación dentro de cada país y entre países”. En la actualidad existen empresas multimedia globales que se conectan y organizan a través de alianzas estratégicas haciendo que el capital y la producción queden globalizados. Sin embargo, tendrán que adaptar sus contenidos a sus audiencias locales para conquistar las cuotas de mercado (Castells, 2009).
Lo que es innegable es que existe una concentración empresarial en la cual unas pocas corporaciones son dueñas de la mayoría de los medios de comunicación. Solo para Iberoamérica (Latinoamérica, España y Portugal) un estudio aseguró que tan solo 5 empresas eran dueñas del 90% de los medios de comunicación y que un 87% de las importaciones audiovisuales venía de Estados Unidos (Sánchez Ruiz, 2005).
Noam Chomsky y Edward S. Herman en su trabajo “Los guardianes de la libertad” relacionan el modelo de comunicación masiva estadounidense con una operación de propaganda a nivel mundial propiciada por una minoría adinerada. Explican que el propósito social de los medios de comunicación no es “el de permitir que el público efectúe un control significativo del proceso político proporcionándole la información necesaria para una inteligente asunción de sus responsabilidades políticas.
Por el contrario, el modelo de propaganda deja entrever que el propósito
social de los medios de comunicación es el de inculcar y defender el orden
económico, social y político de los grupos privilegiados” (Chomsky y Herman, 1990)
En las escuelas de periodismo se explica que los periodistas han de ser objetivos y plurales y algunos códigos de conducta apuntan a la necesidad de defender el derecho de la ciudadanía a estar informada, a no distorsionar información, a no aprovecharse de información obtenida por su condición de periodista y a no promocionar productos comerciales que dependan de sí mismos o del medio para el que trabajan (National Union of Journalists, 2017). Sin embargo, todas estas recomendaciones no se siguen en todos los casos; su cumplimiento dependerá de las leyes de medios comunicación y libertad de prensa que existan en cada territorio. Lipmann (1922) decía que “la prensa no sustituye a las instituciones. Es como un haz de luz que se desprende de un proyector que muestra un episodio tras otro. Pero los hombres no pueden hacer el trabajo del mundo guiados por esta luz. No se puede gobernar la sociedad a partir de estos episodios, incidentes y erupciones”. Y añade “la calidad de las noticias sobre la sociedad moderna es un índice de su organización social. Cuando mejor sean las instituciones, más intereses serán formalmente representados”. El autor explica que “en el mejor de los casos los medios de comunicación sirven y actúan como guardián de las instituciones; en el peor de los casos, pueden ser un medio usado por unos pocos para explotar la desorganización social”.
Según los autores Lunt y Livingstone (2001), en el mundo occidental las personas emplean muchas horas de su tiempo libre en medios de comunicación, probablemente más tiempo del que emplean conversando
en el colegio o en los trabajos. La sociedad está expuesta a toda clase de imágenes e información que puede ser cercana o distante en tiempo y espacio. “Los medios de comunicación desempeñan un papel clave en la forma en la que entendemos el mundo a nuestro alrededor; el término “nosotros” se vuelve culturalmente disperso como resultado de esos mismos procesos mediáticos” (Lunt y Livingstone, 2001).
El Instituto Nacional de Estadística realiza una encuesta no periódica llamada Encuesta de Empleo del Tiempo (EET) que “tiene como objetivo principal obtener información primaria para conocer la dimensión del trabajo no remunerado realizado por los hogares, la distribución de las responsabilidades familiares del hogar, la participación de la población en actividades culturales y de ocio, y el empleo del tiempo de grupos sociales especiales (jóvenes, desempleados, ancianos, etc.)”. La última que se hizo en 2010, según las notas de prensa del INE, arroja resultados para los años 2009-2010: “disminuye la participación en actividades de vida social y diversión y crece el tiempo dedicado a la informática (redes sociales, búsqueda de información, juegos informáticos…)” y añade dos datos importantes “casi el 30% de las personas realiza actividades relacionadas con la informática (frente al 17,3% en 2003)” y “aumenta el tiempo dedicado a los medios de comunicación (ver la TV, escuchar la radio, leer la prensa) hasta llegar a las tres horas diarias”.
Theodor Adorno y Max Horkheimer introdujeron el concepto de “Industria Cultural” en su trabajo “La industria cultural. Iluminismo como mistificación de masas” escrito entre 1944 y 1947. Los autores aseguran que todos los medios de comunicación son unánimes y que la cultura de masas está bajo monopolio. Así mismo, añaden que “el hecho de que los medios de comunicación son empresas se utiliza como ideología para
legitimar la basura que producen” (Horkheimer y Adorno, 2002). Como en cualquier empresa, se tiene que buscar un sistema que permita producir de una forma económicamente rentable, sobre todo por el hecho de que existen pocos centros de producción de información que tienen que entregar información a una audiencia mundial. La tecnología, en este caso, ayuda a este cometido.
En el sistema mass media normalmente los medios impresos son los que producen la información original, la televisión difunde la noticia masivamente y la radio personaliza la interacción (Bennett (1990). En la sociedad actual habría que añadir a esa cadena Internet en general y las redes sociales en particular. La investigadora Reig (2012) señala que “cuando hablamos de la red nos estamos refiriendo al medio más universal, con el ritmo de penetración social más rápido de la historia”. La autora explica que la radio tardó cuarenta años en llegar a los cincuenta millones de usuarios, la televisión trece e Internet tan solo cuatro. Reig describe a la sociedad actual como “colaborativa” ya que las redes sociales y de internet facilitan la participación de los ciudadanos en áreas que estaban reservadas tradicionalmente para las instituciones. “Los servicios de redes sociales satisfacen, como ninguna otra tecnología anterior (o quizá sólo el lenguaje), una sociabilidad que para el ser humano se está mostrando mucho más fuerte de lo que nunca pensamos” (Reig, 2012).
Ya se ha comentado que el ser humano vive de las historias que se le cuentan, antiguamente por las familias y comunidades, actualmente además por los medios de comunicación (Gerbner, 1969). Por este motivo han surgido tantas teorías, discusiones y estudios que intentar explicar si se producen efectos a corto plazo por imitación de conductas que se ven
en los medios de comunicación o y si existen efectos a largo plazo tras un tiempo de exposición prolongado a los medios. En este caso interesa presentar dos trabajos de referencia que hablan sobre la influencia que podrían tener los medios de comunicación en las decisiones migratorias.
DellaVigna y Ferrara (2015) consideran que, entre otras cosas, la televisión difunde información sobre las oportunidades que ofrece el mercado laboral tanto domésticamente como en el extranjero. Esto cobra especial importancia en países en desarrollo o zonas rurales ya que reciben información del exterior principalmente a través de la televisión (Fernandes, 2000; Johnson, 2001 y Scrase, 2002). Los habitantes de estas zonas en desarrollo conocen entonces mejores formas de vivir por lo que, siguiendo la hipótesis de “imitación”, éstos deberían de intentar conseguir esa calidad de vida emigrando a áreas y países en los que puedan tener mayor poder adquisitivo (DellaVigna y Ferrara, 2015). Sin embargo, no parece que en todos los casos sea así.
Braga (2007) estudió el impacto que podrían tener los medios de comunicación extranjeros en la decisión migratoria. En concreto, analizó el caso de Albania, un país que estuvo aislado política y económicamente hasta finales de los años 80 y en el cual la emigración internacional estaba prohibida. Los medios de comunicación estaban altamente controlados por el Partido Comunista que gobernaba el país. Los medios extranjeros no tenían cabida en Albania, pero dada la proximidad con Italia, los albanos podían ver televisión italiana. Esta ventana al exterior ayudó a crear una imagen de lo que significaba vivir en el extranjero y a imaginar una vida diferente si emigraban. Así pues, cuando el régimen comunista se colapsó en 1990 se produjo una ola migratoria sin precedentes. Braga quería comprobar si los medios de comunicación italianos influyeron en la
decisión migratoria así que para ello utilizó información de la Albanian
Living Standard Measurement Study (que incluye información sobre
migraciones), otras variables tradicionales (características individuales, familiares y geográficas) y, por último, si los individuos habían estado consumiendo medios de comunicación europeos (principalmente italianos). Los resultados muestran que la probabilidad de emigrar aumenta cuanto más cerca se encuentre el hogar del individuo de los transmisores italianos. En su artículo Braga concluye que “la televisión italiana no atrae a los albanos sólo a Italia, sino que los induce a moverse hacia diferentes países occidentales: la televisión italiana era simplemente una puerta al mundo, una forma de conocer y tal vez idealizar una cultura y un estilo de vida diferentes. La televisión italiana fue una manera fácil de conocer todo el mundo durante el período comunista: haber estado expuesto a la televisión italiana aumenta la apertura hacia otras culturas y, por lo tanto, la probabilidad individual de emigrar internacionalmente” (Braga, 2007).
Por otra parte, Farré y Fasani (2013) llegan a una conclusión opuesta en su estudio en el que investigan los efectos sobre emigración interna que tiene la exposición prolongada a la televisión en Indonesia. Se centran en la migración interna, en primer lugar, porque no hay información oficial suficiente para estudiar la emigración internacional; en segundo lugar, porque el tamaño de la población de Indonesia puede servir de ejemplo sobre migraciones internas a otros países con mucha población como India o China y, por último, porque la emigración doméstica es un fenómeno importante a diferencia de la emigración internacional que es más limitada. En definitiva, lo que quieren averiguar con este trabajo es si aquellos individuos que están más informados
emigran más o menos y llegan a la conclusión de que cuanto más se esté expuesto a la televisión menos se emigrará. En concreto, apuntan que aquellas personas que durante su adolescencia viven en zonas con menos exposición a la televisión emigrarán más que aquellos ciudadanos que consumieron televisión. La razón que dan es que, si tienes acceso a información podrás tomar decisiones más aceptadas, así pues, aquellos
ciudadanos indonesios en ausencia de información estaban
sobreestimando las ganancias netas de la migración interna (Farré y Fasani, 2013).
Comparando estos dos ejemplos se puede ver claramente que es posible que los medios de comunicación presenten un modelo a seguir que, en este caso, podría desencadenar la emigración, pero esto no siempre ocurre. “Los medios de comunicación ayudan a los emigrantes potenciales a construir imágenes de su futura vida” (Braga, 2007), pero hay que tener en cuenta que “el efecto de lo que la gente ve en la televisión o escucha en la radio depende del contenido no sólo en términos ‘absolutos’, sino en relación con los valores y creencias de los individuos” (DellaVigna y Ferrara, 2015).
Para concluir este capítulo es necesario hablar de cómo los medios españoles han estado cubriendo el reciente fenómeno de la emigración de jóvenes al extranjero desde 2008. Destaca el estudio reciente de la Universidad de Lleida “Information treatment of Young Spanish emigrants
in televisión news programmes and videos produced by emigrants (2009- 2015)”. Las autoras examinan “la representación de la emigración de
jóvenes españoles a Londres ofrecida por los principales programas de televisión españoles y por los propios emigrantes en las redes sociales” (Visa Barbosa, Soto Merola, y Rubio Ros, 2016). Se compararon el
contenido de doce piezas de noticias emitidas en televisión, un documental, una serie distribuida a través de redes sociales y, por último, se realizaron entrevistas a emigrantes jóvenes que habían emigrado a Londres. Según este estudio la emigración de jóvenes españoles no ha sido prioritaria en la agenda de los medios de comunicación y cuando se ha presentado, ha sido de una forma descontextualizada y simplista. Las autoras explican que los informativos no son el mejor espacio para hablar sobre la emigración de jóvenes españoles a Londres debido a su corta duración. Guardiola (2006) señala que “los informativos no son seguramente el espacio idóneo para tratar el tema de la inmigración desde un punto de vista social amplio y diverso” y, por extensión, se podría decir que tampoco lo son para hablar de emigración en profundidad. Guardiola explica que debido a la corta duración de los programas informativos (unos 30 minutos de media) no se produce un tratamiento reflexivo del contenido de las noticias lo cual impide su compresión.
Volviendo al estudio realizado por Visa Barbosa y cols. (2016), se ha comprobado que la narrativa que hacen los propios emigrados a través de redes sociales ofrece un retrato más preciso de la realidad que viven los emigrantes al mismo tiempo que sus historias y videos sirven como punto de encuentro entre emigrantes que quiere compartir sus vivencias y gente que quiere saber más sobre este fenómeno. Es importante destacar que solo algunas de las piezas de información que se han analizado provenientes de los medios de comunicación aborda el tema de las razones para emigrar de estos jóvenes retratados, y que cuando se nombra no llegan a analizar detalles o el contexto económico. En dos de las ocasiones, los emigrados aseguraron que se fueron a Londres por vivir
una aventura, pero no es la tónica general y matizan que probablemente nunca hubieran emigrado si su situación en España hubiera sido buena. Además, aunque en más de la mitad de los casos (7 de 12) las descripciones que se hacen de la emigración son positivas, se muestra una mezcla de situaciones, desde el dentista que gana 6.000 euros al mes al empleado de restaurante titulado en arquitectura que asegura que “este es el peor trabajo que he tenido en mi vida”. Las autoras explican que los entrevistados que habían emigrado a Londres reconocían que “esos programas solo muestran las mejores partes de la ciudad y que sus protagonistas son personas que emigraron hace tiempo, lo cual hace que no se sientan representados” (Visa Barbosa y cols., 2016). Tras el análisis a los trabajos audiovisuales producidos por los propios emigrantes contando sus historias y las de sus amigos emigrantes, los autores deducen que “la emigración de los jóvenes es vista como una forma de exilio forzado, consecuencia de la crisis económica española y de las malas acciones de los representantes políticos”. Además, sus historias positivas se centran en cuestiones como aprender un segundo idioma, la transición que experimentan hacia la etapa adulta, las historias de amor que se suceden y el aumento de la autoestima. En contraste, las historias negativas suelen estar relacionadas con la búsqueda de trabajo.
El anterior trabajo no tomaba en cuenta el conocido programa “Españoles en el mundo” ya que según las autoras no incluía referencias suficientes a la emigración juvenil española. Sin embargo, se considera importante nombrarlo, en este caso, ya que sirvió como ejemplo y fuente de inspiración de esta Tesis Doctoral. “Españoles en el mundo” es un programa de televisión que se emitió en España desde febrero de 2009 hasta abril de 2015. De género docu-reality, se emitía en La 1 de la
cadena de televisión pública RTVE (Radio Televisión Española) en horario de máxima audiencia (prime time) semanalmente además de sus numerosas repeticiones en otros horarios y días. Además de este principal programa, se hicieron variaciones como “Valencianos en el mundo” que se distribuían a través de la red de televisiones autonómicas FORTA (Federación de Organismos de Radio y Televisión Autonómica). En este programa un presentador introducía a esos “Españoles en el mundo” que vivían en ciudades extranjeras mientras estos hacían “de guía”. En cada capítulo eran estos españoles los que sumergían al espectador en los rincones del lugar visitado a la vez que contaban su historia. Normalmente se despedían preguntando ¿cuándo volverás a España? o ¿volverás a España? Casi siempre la respuesta era negativa o reían.
Este programa ha sido alabado por muchos, pero también criticado duramente ya que difundía sin tapujos la idea de que todos los españoles viviendo en el extranjero tenían una experiencia positiva y que esta información incorrecta y descontextualizada podría haber influenciado las decisiones migratorias de ciudadanos españoles. Sin embargo, como se ha comprobado años después, esta suerte solo la corrían una minoría y en la actualidad muchos de los españoles que emigraron no encuentran lo que fueron buscando y tienen que retornar a España. No se está argumentando que este programa podría haber influenciado a la juventud española a emigrar en busca de esa calidad de vida y triunfo internacional que enseñaban episodio tras episodio, pero siguiendo las teorías de la comunicación más recientes, este programa pudo significar el paso final que les llevó a tomar esa decisión migratoria en los casos en los que los individuos estaban casi seguros de que querían (o tenían) que emigrar.
En el artículo de Carmen Pérez-Lanzac publicado en El País en febrero de 2012 vemos casos concretos de españoles jóvenes y no tan jóvenes que emigraron “por necesidad” a Bergen (Noruega) debido a la crisis económica. En varias ocasiones se menciona el programa “Españoles en el mundo” (edición Noruega) como el desencadenante final que les impulsó a viajar al país nórdico. Uno de los entrevistados comenta: "Hace tiempo que se me habían acabado todas las ayudas. Mis padres, ya mayores, llevaban varios meses pagando los 540 euros de mi hipoteca. No me salía nada, las expectativas eran muy malas. Recuerdo que estaba en un bar que tenía al fondo la tele puesta. Echaban “Españoles en el mundo”. Salía