3. MARCO TEÓRICO
3.3. T EORÍAS SOBRE MIGRACIÓN
3.4.1. Felicidad, satisfacción con la vida y emigración
ello, el individuo emigra debido a un conjunto de variables que finalmente le llevan a decidir si emigra o no. Las teorías sociales y económicas se han centrado en la intervención de determinadas fuerzas de atracción y de empuje donde la búsqueda de un mejor salario o la mejora de la situación económica es una variable de gran poder de predicción de la migración internacional. Por ejemplo, Graham y Markowitz (2011) detectaron que cuando los individuos están satisfechos con su situación económica tienen menos probabilidades de emigrar. Sin embargo, el factor económico no actúa como única fuerza para tomar la decisión de emigrar pues, existen otros factores (algunos no observables) que también actúan en ese proceso de decisión, formándose interacciones entre los determinantes que da lugar a un complejo modelo individual y social para poder explicar por qué se emigra y por qué unos individuos emigran y otros no ante una situación de vida semejante (Massey, Axinn, y Ghimire, 2010). Como Layard (2005) señala, además de los determinantes estrictamente económicos, los aspectos sociales y psicológicos también deben ser integrados en el modelo explicativo de la migración. Actualmente, en la literatura sobre las migraciones hay un creciente interés por el estudio del bienestar subjetivo y, especialmente, sobre la cuestión de si la migración incrementa o no la satisfacción con la vida en general (Kóczán, 2016).
Factores como la falta de oportunidades laborales y educativas, bajas expectativas de ingresos económicos o la mejora en los beneficios sociales
y públicos son elementos que se han explorado ampliamente en la literatura (Berger y Blomquist, 1992; Gibson y McKenzie, 2011; Kennan y Walker, 2011; Stark y Wang, 2000). Sin embargo, hay otros factores no directamente observables que también forman parte de las variables que están relacionadas con la intención de emigrar al extranjero como el grado de felicidad percibido o la satisfacción subjetiva de la propia vida (evaluación de la calidad global de la propia vida donde la satisfacción con la vida es uno de sus principales componentes) (Otrachshenko y Popova, 2014). El tema del bienestar subjetivo, la satisfacción con la vida y la felicidad percibida es central dentro de la denominada Psicología Positiva que se focaliza en las fortalezas humanas y las experiencias positivas y no en las patologías (Seligman y Csikszentmihalyi, 2000; Vera Poseck, 2006).
El bienestar subjetivo tal y como es caracterizado por Diener (1984) tiene un carácter subjetivo, es valorado en función de la propia experiencia del individuo (aspecto emocional) y tiene una dimensión global ya que supone una valoración de todos los aspectos de la vida de uno mismo. Y, además, se trata de una valoración (aspecto cognitivo) del propio bienestar en términos positivos. La satisfacción con la vida es uno de los principales componentes del bienestar subjetivo (Diener, 1994). La felicidad alude a un estado psicológico de tipo emocional y cognitivo. Selezneva (2011) señala que la felicidad refleja en qué grado los individuos juzgan la calidad global de su vida como favorable mientras que el bienestar subjetivo representa la experiencia vivida como una evaluación retrospectiva y la calidad de vida es una reflexión que el sujeto realiza sobre las condiciones objetivas de su propia vida. En definitiva, el bienestar personal es un juicio personal sobre aspectos positivos que
generan una evaluación global de la vida de los individuos. La escala de Diener, Emmons, Larsen, y Griffin (1985) es la que mayoritariamente se utiliza para medir el constructo de satisfacción con la vida, demostrando unas propiedades psicométricas muy buenas y una estructura unidimensional con cinco ítems en diferentes contextos sociales (Atienza, Pons, Balaguer, y Garcia-Merita, 2000; Pavot y Diener, 1993; Pavot, Diener, Colvin, y Sandvik, 1991; Pons, Atienza, Balaguer, y Garcia-Merita, 2002).
En nuestra investigación los términos bienestar subjetivo, satisfacción con la vida y felicidad se utilizan de forma indistinta en el sentido de una valoración positiva de la propia vida del sujeto ya que el objetivo de nuestra investigación no es profundizar en sus posibles diferencias conceptuales sino en mostrar cómo se relaciona la valoración positiva que el individuo hace de sí mismo con la intención de emigrar y con la experiencia de la emigración. Los investigadores también señalan la similitud entre los términos. En el estudio coordinado por Javaloy, Páez, Cornejo, Besabe, Rodríguez, y cols. (2007) sobre el bienestar y la felicidad de la juventud española se utilizan también los términos de bienestar subjetivo y felicidad de forma indistinta. Javaloy y cols. (2007) afirman que el “bienestar subjetivo, satisfacción con la vida y felicidad son prácticamente intercambiables en los estudios sobre esta temática y que todos ellos constituyen el aspecto psicológico más importante de lo que se denomina calidad de vida. Más concretamente, estos términos hacen referencia al grado en que una persona evalúa la calidad global de su vida de una forma positiva, es decir, cuánto le gusta a una persona la vida que lleva”. La calidad de vida es considera por Diener (2006) como el grado deseable o indeseable de la vida de una persona, poniendo más énfasis en
los aspectos externos u objetivos (ingresos, factores ambientales) que en los subjetivos o valorados por la propia experiencia del sujeto y sus reacciones. También Triadó, Villar, Solé y Osuna (2005) señalan que “la manera de estudiar el bienestar con más tradición es asociarlo a la experiencia subjetiva de felicidad. Esta experiencia subjetiva aparecería como resultado de un balance global entre las situaciones de placer y displacer, entre los buenos y los malos elementos de nuestra vida. Desde un punto de vista científico, el concepto de bienestar subjetivo ha recogido en gran medida el estudio de esta experiencia emocional de las personas en determinado momento vital, su satisfacción respecto a cada dominio vital y la valoración global respecto a la propia vida” (p. 348).
La satisfacción con la vida y la felicidad percibida están relacionados, entre otros aspectos, con la salud, los ingresos económicos, la autoestima y la personalidad, especialmente la extraversión (afecto positivo) y el neuroticismo (afecto negativo) (García-Martín, 2002). Layard (2005) plantea un modelo de los “siete grandes factores” que están relacionados con la felicidad, que por orden de importancia son los siguientes: relaciones familiares, situación económica, empleo, relaciones sociales, salud, libertad personal y valores personales. La OECD (Organisation for Economic Co-operation and Development, 2004) ha elaborado un indicador denominado “Better Life Index” (Índice para una vida mejor) donde además del empleo, el salario y las variables familiares, se incluyen factores relacionados con el emplazamiento o lugar de residencia, compromiso cívico o social y el impacto medioambiental. En su página web se ofrecen datos actualizados donde se compara el bienestar de las sociedades de los países miembros de la OECD en once ámbitos: empleo, ingresos, vivienda (condiciones materiales de la vida) y comunidad,
educación, equilibrio laboral-personal, medio ambiente, participación ciudadana, salud, satisfacción ante la vida y seguridad (calidad de vida).
La mayoría de los estudios señalan que los niveles bajos de felicidad y de satisfacción subjetiva se relacionan con una mayor intención de emigrar (Creighton, 2013; Ivlevs, 2014; Van Dalen y Henkens, 2013). Además, esa variable de satisfacción tiene un efecto indirecto (variable mediadora) sobre la variable económica como factor clave para decidir emigrar (Otrachshenko y Popova, 2014). Sin embargo, los resultados no son concluyentes.
Diferentes factores pueden afectar al grado de felicidad y bienestar subjetivo del individuo, siendo el nivel económico del individuo fundamental, pero su efecto suele interaccionar con otros factores también importantes. Bartram (2011) destaca la relación entre la felicidad y los ingresos económicos. En el estudio de Dolan, Peasgood y White (2008) se destacan los problemas de salud, la separación, el desempleo (problemas económicos) y la falta de contacto social como variables fuertemente vinculadas de forma negativa con el bienestar subjetivo. Por su parte, Kahneman y Deaton (2010) señalan que un nivel económico alto mejora la evaluación cognitiva que el individuo hace de su vida, pero no el bienestar emocional. Por lo tanto, se espera una relación o asociación positiva entre nivel económico y grado de felicidad y bienestar subjetivo del individuo, justificando de este modo que la felicidad y el bienestar subjetivo son variables que intervienen en la intención de emigrar (Cai, Esipova, Oppenheimer, y Feng, 2014; Simpson, 2013). Las teorías psicológicas de la acción razonada y la conducta planeada plantean que la intención individual predice la decisión y el comportamiento reales (véase Ajzen, 1991, Ajzen y Fishbein, 1975, 2005).
Una de las variables psicológicas que se ha estudiado en nuestra investigación vinculada con la emigración de los jóvenes españoles es el grado de felicidad que manifiestan y su satisfacción con la vida. En nuestro estudio se dispone de información de jóvenes que no han emigrado y jóvenes que ya son emigrantes. Probablemente esas variables psicosociales intervienen en la decisión de emigrar, pero nuestro diseño de investigación no es longitudinal y, por lo tanto, no se puede abordar qué niveles presentaban los sujetos antes de la emigración para poderlos comparar con sus niveles después de la emigración. El diseño transversal de nuestro estudio tiene como objetivo comparar si hay diferencias estadísticamente significativas en los niveles de felicidad y satisfacción con la vida, entre otras variables, entre los grupos de jóvenes no emigrantes y emigrantes y, además, si las diferencias se detectan entre los dos tipos de emigrantes: aquellos que opinan que la principal causa de su emigración fue la falta de trabajo en España y aquellos que señalan que emigraron por otras causas, no laborales.