Los de este eneatipo tienden a ser personas muy reservadas que valoran su soledad y a menudo se ofenden ante las intrusiones. Los Cinco tienden a sentirse invisibles y aislados de los demás, muy solos y apartados, lo cual no parece molestarles demasiado. Temerosos de ser absorbidos por otros, a menudo parecen esconderse de la vida y encerrarse en ellos mismos, man teniendo su propio mundo privado. Aunque la mayor parte del tiempo parecen observar más que participar activamente en lo que está pasando a su alrededor, a veces pueden ser bastante locuaces, a pesar de que transmi - ten la sensación de que viven dentro de su pequeño mundo particular.
Valoran la autosuficiencia y su autonomía, no quieren senti rse obligados a satisfacer las expectativas y exigencias de los demás y prefieren reservarse para ellos mismos. En consecuencia, suelen ser mezquinos y avaros en lo que respecta a ofrecerse a ellos y a sus recursos, de ahí el nombre de su tipo, Ego-Tacañería. Condicionados por una sensación interna de escasez y de vacío, se comportan como si tuvieran miedo de que se les puedan quitar lo poco que tienen y por ello necesitan protegerse. Temiendo que nada les vendrá de fuera, actúan como si no deseasen nada y además como si no les importase, convenciéndose a ellos mismos de que en realidad se sienten así, y limitando de esta manera la expresión de sus deseos.
Muchos Cinco parecen no tener emociones, estar secos y faltos de vitalidad. Aunque pueden experimentar intensas emociones y tener mentes muy activas y penetrantes, muestran muy poco de su mundo interior a los demás. Energéticamente pueden parecer enclenques y a veces incluso frági - les, como si no habitasen totalmente sus cuerpos. Es como si estuvieran al go apartados, negándose a penetrar enteramente en las cosas. Son profundamente sensibles, a veces como si fueran todo ellos terminaciones nerviosas, fáciles de perturbar y conmover, con una piel fina y delicada. Utilizan sus mentes para explorar, confiando en su conocimiento del territorio que tienen delante para entrar en él de forma segura. Muchos Cinco, sin embargo, viven enteramente en sus mentes, sustituyendo la experiencia real por sus formulaciones mentales.
Detrás de estos rasgos de la personalidad se encuentra la Idea Santa asociada con el Punto Cinco. Para entenderlo, necesitamos recapitular lo que sabemos del Punto Ocho. En el capítulo anterior comentamos que la Verdad Santa, la Idea Santa del Punto Ocho, es la percepción de que todo el cosmos es una sola cosa indivisible y que todas sus dimensiones son coemergentes e inseparables. Esto significa que todo el universo, desde las manifestaciones físicas hasta lo Absoluto, es una unidad, y por tanto la materia y el Espíritu son partes que se integ ran mutuamente. Desde este ángulo, vemos que todas las dualidades son ilusorias: lo Divino y lo mun dano, el bien y el mal, el ego y la Esencia, y nosotros y Dios. Sólo son diferentes partes del tejido único de la realidad. La Idea Santa del Punto Cinco, que tiene dos nombres, Omnisciencia Santa y Transparencia Santa, traslada el foco de atención desde ver este todo como la totalidad hasta verlo en el seno las diferentes manifestaciones. Dicho de otro modo, en vez de ver la realidad como una única cosa, desde esta perspectiva, el énfasis está puesto en la interconexión de todas las partes del cosmos y en algunas de las implicaciones de esta interpretación. De alguna manera, podemos considerar que la Verdad Santa se centra en la totalidad de la realidad y que la Omnisciencia Santa y la Transparencia Santa se centran en sus partes integrantes.
Almaas utilizaba los términos unidad y unicidad para diferenciar estas dos percepciones. La unidad se refiere a percibir la totalidad de la realidad, y es la perspecti va de la Verdad Santa. La unicidad se refiere a percibir que todas las manifestaciones independientes de la realidad constituyen una única cosa, y ésta es la perspectiva de la Omnisciencia Santa y la Transparencia Santa. Para aclararlo más, utiliza la analogía del cuerpo: mirar el cuerpo desde fuera y verlo como una única cosa sería comparable a la Verdad Santa, mientras que mirarlo desde dentro y ver todas las células, órganos y sistemas que lo constituyen sería comparable a la Omnisciencia Santa y la Transparencia Santa. O, volviendo a nuestra analogía, podemos decir que la Verdad Santa es
equivalente a percibir un océano como toda una masa de agua, mientras que la Omnisciencia Santa sería equivalente a percibir las diferentes olas y corrientes que conjuntamente lo forman.
Explorando la idea Santa del Punto Cinco con más detalle, nos con centraremos primero en la Transparencia Santa, pues es un poco más fácil de entender que la Omnisciencia Santa. La Transparencia Santa se refiere a la experiencia humana d e ser una parte individual del todo de la realidad. Una de las creencias primordiales de la personalidad, cualquiera que sea el eneatipo de que se trate, es que estamos separados definitivamente de todas las personas. Cuando vemos la realidad objetivamente desde el punto de vista de la Transparencia Santa, vemos que esto es una ilusión y no una verdad definitiva. Aunque nuestros cuerpos están físicamente separados, esta separación no es fundamental para nuestra naturaleza. Y mientras que cada uno de nosotr os es un individuo distinto con una apariencia, una historia y un carácter únicos, y poseemos cualidades diferentes de los demás, seguimos formando parte del cuerpo mayor que constituye toda la humanidad y a la vez el cosmos. Somos como las distintas células del cuerpo, cada con una estructura y una función particular, y sin embargo indiscutiblemente conectadas entre sí e integrando el mismo organismo.
Más allá de nuestra interconexión como miembros de la humanidad, como almas individuales somos una expresión y manifestación del Ser, vinculadas por nuestra propia naturaleza con el resto del universo. Nuevamente, del mismo modo que las células individuales, las paredes divi sorias que hay entre nosotros son porosas y transparentes y no son inherentemente determinantes ni limitantes. Desde la perspectiva iluminada de la Transparencia Santa, sabemos que somos manifestaciones o diferenciaciones individuales de la unicidad de la realidad, que formamos parte de ella y somos inseparables de ella. Nos percibimos, entonces, como partes de un Todo mayor, y aquí también vemos que la desconexión con el resto de la humanidad y el resto del cosmos es imposible.
Volviendo a la Omnisciencia Santa, podemos empezar a introducirnos en su significado preguntándonos por qué la palabra omnisciencia se utiliza en relación con la percepción de la unicidad, pues omnisciencia significa el estado de ser conocedor de todo o de tener una comprensión completa. Hay distintas maneras de entender la utilización de este término. Quizá el más simple tiene que ver con aquello en que consiste el desarrollo espiritual: es el proceso de un ser humano de volverse progresivamente más consciente de su naturaleza interior y de estar cada vez más en contacto con ella. La persona sabe literalmente cada vez más quién y qué es, y cuando este conocimiento es total, alcanza una conciencia completa de sí misma como expre sión individual del Ser. Esto es lo que suele conocerse en las distintas tradiciones como iluminación total: una comprensión completa de uno mismo y de su propia naturaleza. Como cada uno de nosotros es una manifestación inseparable del Todo, un alma individual que participa de la naturaleza de todas las almas y de todo el cosmos; conocerse completamente uno mismo implica conocer completamente el Todo también. Por tanto, la Omnisciencia Santa es la perspectiva del alma humana iluminada: se conoce completamente y, a través de este conocimiento, conoce completamente el todo del que forma parte.
Quizá el aspecto más profundo y difícil de entender de la Omnisciencia Santa es que cada uno de nosotros es una diferenciación de la mente Universal. En el capítulo anterior dijimos que el universo es una inteligencia viva. Observando la realidad de esta manera, cada uno de nosotros es un pensamiento expresado por esa Inteligencia. O, dicho de un modo algo diferente, cada entidad del universo es como un pensamiento distinto de la Mente de Dios. Por tanto, cada uno de nosotros es una expresión de Dios o de lo Absoluto, la naturaleza interior del universo que se manifiesta en su superficie externa.
Esto podría hacer surgir la pregunta de por qué lo Absoluto expresa cada uno de estos «pensamientos» que somos, que es lo mismo que preguntar por qué se produce la manifestación y qué sentido tiene la vida humana. Muchas tradiciones espirituales dicen que la función de nuestra existencia es que lo Absoluto pueda conocerse a Sí Mismo, y quizá ésta sea la respuesta más factible a esa pregunta. Cada alma, cada expresión de lo Absoluto, se hace consciente y conocedora de su Verdadera Naturaleza, lo Absoluto se conoce a Sí Mismo. Por tanto, cada uno de nosotros no es sólo una diferenciación de lo Absoluto sino una manera en que lo Absoluto se conoce a Sí Mismo.
La Santa Omnisciencia, por tanto, nos dice algo sobre la función de la existencia humana: de manera que Dios pueda conocerse a Sí Mismo; nos habla acerca del lugar de la humanidad en el cosmos: de
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ventanas transparentes de lo Absoluto; y sobre la naturaleza del Camino: la comprensión progresiva de nuestra propia naturaleza. La Transparencia Santa nos dice que mientras nos experimentamos a nosotros mismos como ventanas transparentes del Ser, sabemos que somos inseparables del resto de la creación. Simultáneamente a la pérdida de contacto con sus profundidades, un Cinco también pierde estas perspectivas de la realidad. De modo que no sólo pierde su sensación de conexión con el Ser sino también la sensación de interconexión con los otros y con el resto de la realidad. Al identificarse inevitablemente con su cuerpo durante la infancia, sus límites se vuelven definitivos para él, confinándolo y desconectándolo. Desarrolla la convicción de que está separado de todo y de todos, aunque obviamente a esta temprana edad tal convicción es sólo sentida difusamente, y únicamente más tarde se convierte en algo conceptual. La separación como algo fundamental sustituye a la interconexión, y como consecuencia, crece sin la sensación de tener un verdadero lugar o función en la sociedad humana y, más allá, en el universo.
Esta sensación de estar esencialmente separado es común en todas las estructuras del ego, no importa cual sea su tipo. Es una de las creencias más profundas de la personalidad y por tanto para la mayoría de la humanidad,
y para la mayor parte de nosotros, esto se vive como una sensación indiscutible de que las cosas son realmente así. Sólo cuando tenemos experiencias que nos llevan más allá de los límites de nuestra conciencia egoica sentimos que formamos parte del conjunto de la existencia como algo único.
Separado de los demás, contenido dentro de los límites de su cuerpo, el Cinco experimenta una sensación profunda de aislamiento. Crece sintiéndose apartado de los demás, viviendo en su pequeña burbuja, y raramente siente que forma parte de su familia o de su comunidad. Filtrada por la pérdida de la sensación de conexión que representa la Omnisciencia Santa y la Transparencia Santa, la experiencia de su primera relación con otro ser -su madre- es no sentirse totalmente vinculado a ella. El recuerdo de un Cinco de su primera relación a menudo está teñido por la sensación de que no se relacionaban totalmente con él, de que no fue profundamente amado, deseado o nutrido, una sensación de haber mamado vanamente de una teta seca. En su alma queda una sensación de privación, de que el contacto o el apoyo le fue negado. De forma aparentemente paradójica, con frecuencia ha experimentado a su madre como invasiva, intrusiva, manipuladora, absorbente y devoradora, alguien que no respetaba sus límites o su espacio. Aunque esto pueda sonar como lo contrario de una madre desentendida, la conexión está en la experiencia de una madre que no se relacionó, ni conectó, ni fue sensible a su realidad. Por el contrario, la madre parecía replegada en sí misma y, por tanto, incapaz de percibir realmente al Cinco o de satisfacer sus necesidades.
El Cinco termina sintiéndose no visto, no valorado y no entendido, y esto llega a formar parte de su sensación permanente del yo. De modo que en vez de experimentarse como alguien cuyas necesidades son evidentes y cuyo proceso interior es comprensible para otro ser, como ocurre en la Transparencia Santa, se siente invisible. No sólo siente que sus deseos y nece sidades no son vistos por los otros sino que también le parece que su mundo interior no puede ser apreciado por ellos. No cree que los demás puedan llegar a comprender su trabajo interior ni que puedan ser empáticos ni sentir compasión por él. Se experimenta como diferente a los demás, como alguien que carece de los rasgos humanos comunes. Le parece imposible conectar la separación entre él y los otros y sus límites le parecen impenetrables.
Esta sensación de invisibilidad y aislamiento constituye tanto su sufri miento como su defensa contra él. En respuesta a la distancia de su madre y a su s intrusiones insensibles, se aparta de ella para no experimentar el dolor devastador de sentirse abandonado. También es un intento de con - servación, de encerrarse y mantener una sensación del yo frente a la expe riencia de sentirse no visto. Este temor de perderse a sí mismo surge porque su conciencia no diferenciada totalmente es incapaz de distinguir claramente entre su madre y él mismo, y de este modo, si la madre no lo ve, empieza a perder la sensación de su propia realidad. La solución a la que su a lma llega, por tanto, es separarse y aislarse para sobrevivir.
Su alma está congelada en el estado del niño más allá de las lágrimas y de la rabia, cuando las necesidades son desatendidas y la resignación y la apatía asumen el mando. En su movimiento de apartarse, reproduce la experiencia de lejanía de su madre y por extensión la lejanía del Ser, y este
alejamiento constituye su estrategia dominante en la vida. Su madre se con vierte en los demás y en la propia vida, y él se retira física, emocional y energéticamente de todas las formas que su madre asume en su psique.
En resumen, se oculta de la vida, y por ello en el Eneagrama de las Acciones contra el yo, en el Diagrama 11, encontramos la ocultación en el Punto Cinco, que indica que se oculta de los demá s y al final se oculta tam bién de sí mismo. Se encierra en él mismo y prefiere permanecer en la peri - feria de las cosas, ya se trate de reuniones sociales, relaciones íntimas o cual quier otra forma de implicarse con los demás. Se retira y tiende a ser difícil de acceder a cualquier nivel, desde ser evasivo cuando se le pregunta dónde ha estado o no respondiendo al teléfono, por ejemplo, hasta actuar de forma esquiva cuando se intenta llegar a lo que le sucede interiormente. Quiera controlar la cantidad y la cualidad de sus interacciones, y protege cuidadosamente su privacidad. Esto lo vemos ejemplificado en lo poco que sabemos sobre las vidas personales de algunos Cinco famosos, como Bob Dylan y Georgia O'Keeffe. La sensación de autoencierro de Dylan es e vidente cuando evita el contacto visual con su audiencia durante los conciertos, o la de O'Keeffe en la vida aislada que lleva en el desierto de Nuevo Méjico.
Parte de la ocultación de un Cinco es su disimulo, principalmente para esconder sus pensamientos, sentimientos y deseos internos bajo un manto de indiferencia. Debido a esto, el disimulo -intentar que no parezca lo que es- está en el Punto Cinco del Eneagrama de las mentiras, como vemos en el Diagrama 12. Por ejemplo, si un Cinco siente algún peligro en responder a una pregunta conflictiva, será difícil obtener de él una respuesta franca. En vez de expresarse y arriesgarse a un desafío para el que no se siente preparado o correr el riesgo de irritar a alguien, oculta para sí lo que le pasa. En las discusiones, estará fácilmente dispuesto a manifestar su acuerdo con la otra persona, y más tarde se verá que mantenía una opinión totalmente diferente. Se amolda, dando la apariencia de coincidir con el otro en sus deseos, aunque calladamente intente hacer lo que deseaba en secreto desde el primer momento. Otras veces, se adapta hasta tal punto que pierde la noción de su propia intención. Aunque secretamente anhela ser visto, apre ciado, cuidado y amado, tiene miedo de tomar la iniciativa y finge indiferencia, esperando pasivamente ser advertido.
El disimulo de un Cinco le sirve para no meterse en líos y le ayuda a evi tar las confrontaciones, pero también refuerza su desconexión con los demás. Del mismo modo que pierde la conexión con los demás, también pierde una sensación de conexión con la propia vida, tanto interna como externamente. Se siente separado del resto de la realidad, excluido de su dinamismo. Parece como si su viveza y vitalidad fuesen efímeras y tenues, su energía, resistencia y vigor limitad os, y puede experimentarse a sí mismo incluso como irreal o fantasmagórico. Se siente pequeño, contraído, encogido, con una presencia delicada, débil e insustancial, y sus expresiones de exuberancia y animación aparecen momentáneamente y desaparecen rápido.
En términos freudianos, su energía instintiva está disminuida. Sus inver siones de amor y aprecio de los demás están bloqueadas e inhibidas, al igual que su libido, su impulso hacia ellos. En vez de ir hacia lo que quiere, se disuade a sí mismo de lo qu e desea y se mueve en dirección contraria de lo que quiere. Con la huella en su alma del fracaso de su madre a la hora de ser sensible y satisfacer sus necesidades, se resigna desde el comienzo, con - vencido de que no puede obtener lo que quiere, que no estará disponible, y que sea lo que sea lo que le den no será de cualquier forma lo que deseaba. De modo que para evitar el dolor de no obtener lo que desea y de reactivar su primera herida, puede experimentar interiormente profundos anhelos pero bloquear su expresión, pareciendo apático a los demás; o en el extremo, llega a dejar absolutamente de desear. Reprime sus deseos y lo que quiere, y aparentemente, sino realmente, deja de importarle todo. Como Horney explica al referirse al neurótico al que se refiere como tipo desapegado:
La persona resignada cree, consciente o inconscientemente, que es mejor no desear o esperar nada. Esto a veces se ve acompañado por una consciente visión pesimista de la vida, una sensación de que cualquier cosa es inútil y de que nada es lo bastante deseable como para esforzarse por ello. A menudo muchas cosas parecen deseables de una forma vaga e indolente pero no logran despertar un deseo vivo y concreto. Si un deseo o un interés provocan un
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entusiasmo suficiente como para atravesar la actitud de «no me importa», no tarda mucho en desvanecerse, y la superficie lisa de «nada importa» o «nada debería importar» se restable ce de nuevo. Esta falta de «ausencia de deseos» puede afectar tanto a la vida profesional como a la personal: el deseo de un trabajo diferente o de un ascenso, de un matrimonio, una casa, un coche o cualquier posesión. La satisfacción de los deseos puede verse principalmente como una